¿Cómo logramos desarrollar un Plan de Ordenamiento Territorial, ejemplar para Colombia, que apropia una perspectiva integral de género, desde su formulación y en su contenido?

7 de Marzo de 2023

Construcción participativa del POT en Mosquera (Cundinamarca), con apoyo del PNUD en Colombia

Quisiéramos comenzar con una historia que conocimos de varias mujeres en Mosquera, un municipio aledaño a Bogotá en el centro de Colombia. Ellas nos contaron lo que siempre enfrentaban de noche, cuando salían de trabajar, en una bodega de almacenamiento ubicada a las afueras del casco urbano. El camino largo de regreso a casa se convertía, noche tras noche, en una travesía indeseable. Aún con el frío de la Sabana que les golpeaba en la cara, y por más abrigadas con bufandas, gorras o pasamontañas que estuvieran, no podían dejar de estar alertas ante cualquier situación de peligro en su desplazamiento para volver con sus familias.

El tránsito entre la bodega de su trabajo y sus hogares es largo, oscuro y en las noches muy solitario. Las mujeres que allí transitan esa ruta se sienten inseguras y vulnerables. No siempre pueden ir acompañadas, ni cuentan con vehículo propio para su movilidad. La única forma de evitar este recorrido más directo, aunque inseguro, les implicaría un desplazamiento de 20 minutos adicionales de tiempo. Su trabajo en la bodega y los turnos de noche son su única posibilidad de ingresos, aunque esto implique un riesgo de seguridad y falta de tranquilidad. Para ellas, la noche es más oscura que para los demás.

Sus historias nos muestran cómo ser mujer en este espacio dentro del territorio, que implica relaciones productivas y la propia experiencia de habitar la ciudad, se torna limitante e insegura para un grupo poblacional. Es una realidad que enfrentan muchas más mujeres no sólo en Mosquera, sino en Colombia y en Latinoamérica, y que devela una desigualdad de género latente alrededor de la planeación de las ciudades. No existe neutralidad en la distribución y planeación del entorno urbano, y esto ha provocado que se reproduzcan dinámicas tanto de discriminación e injusticia espacial, para poblaciones que terminan siendo dejadas atrás en el ordenamiento territorial.

Este enfoque estuvo siempre en nuestra prioridad durante la apuesta de lograr una nueva forma de distribuir y planear el territorio, durante el proceso de formulación de un nuevo Plan de Ordenamiento Territorial para el Municipio de Mosquera, apoyado en los últimos 18 meses por el PNUD en Colombia. Decidimos aportar una mirada mucho más integral y diferencial al momento de repensar el espacio público, para reducir las brechas de accesibilidad y disfrute de derechos para todas las personas, como base para el logro del desarrollo sostenible, integral y diverso para el crecimiento de Mosquera.

Durante este proceso, se hizo una revisión de las prácticas que determinan los parámetros del ordenamiento territorial, en el marco de los principales objetivos del Área de Gobernabilidad Democrática del PNUD. Estas prácticas involucraron perspectivas relacionadas con la sostenibilidad y la calidad de vida, para apostarle a la consolidación de un territorio que asegure una distribución equitativa del acceso a los diferentes espacios dentro la ciudad, a partir de la vinculación efectiva de la sociedad civil como protagonista e incidente en la planeación.

Para garantizar un proceso de gobernanza efectivo en el desarrollo sostenible, se buscó que los acuerdos institucionales sobre el ordenamiento estuvieran soportados en el trabajo conjunto entre la Alcaldía Municipal, la sociedad civil y el sector privado. Se implementó una contundente y eficaz estrategia de participación y diálogo ciudadano, que puso a las mujeres en el centro de la discusión sobre su territorio, lo que garantizó su incidencia y la inclusión de sus propuestas en el articulado final del Plan de Ordenamiento Territorial, el cual se ha sometido a la concertación de la autoridad ambiental.

En más de 90 espacios de diálogo y participación ciudadana para la construcción del POT, las mujeres han representado un 48% de la totalidad de participantes y un 46% de la población total de la estrategia de fortalecimiento de las capacidades implementada a favor de las organizaciones y los actores a nivel local y territorial, con la intención de que pudieran incidir de forma directa y efectiva en la toma de decisiones sobre el ordenamiento de su territorio. Para el equipo del proyecto, la fuerza de las interacciones femeninas generó la necesidad de promover mecanismos institucionales que aseguren un sistema participativo y abierto a formular propuestas, desde las bases sociales y comunitarias, con el fin de dar solución a las problemáticas que afectan de forma diferencial a las mujeres en el territorio.

Esta experiencia resultó en un ejercicio innovador y ejemplar. Son muy pocos los procesos de ordenamiento implementados en Colombia en los que se haya avanzado en alguna integración de la perspectiva de género en los Planes de Ordenamiento Territorial (POT). En el acompañamiento que el PNUD ha brindado al municipio de Mosquera, se ha buscado que este impulso vaya más allá de habilitar algunos espacios de participación para las mujeres o bien, que este enfoque se traduzca en un lector de componentes. Por el contrario, la apuesta se ha centrado en proponer la inclusión contundente de un capítulo por cuenta propia: “Componente programático para el enfoque de género y diferencial en el Plan de Ordenamiento Territorial de Mosquera”.

Lo novedoso y prometedor de este ejercicio es que logramos que este POT desarrolle un capítulo exclusivo (tanto en su diagnóstico, como en su formulación y articulado) para entender y atender las problemáticas de género relacionadas con el ordenamiento territorial que, además, ha sido construido de la mano de las organizaciones de mujeres mosquerunas y desde la base social de sus necesidades. Esto se traduce en la apuesta por programas y proyectos específicos con enfoque de género y, por ende, en inversiones directas para reducir significativamente las brechas de las mujeres en su derecho a la ciudad.

La apuesta por la equidad de género dentro de este plan de ordenamiento territorial es esencial para garantizar la aplicabilidad y el éxito de las acciones priorizadas y elegidas. Esta visión se expresa en tres líneas de acción dentro del instrumento: productividad, seguridad humana y gobernanza del territorio (participación).

Para el escenario de productividad, esta línea se expresó en dos proyectos específicos. El primero, titulado “Sistema de equipamientos de cuidado”, que busca generar equipamientos comunitarios en función de un urbanismo del cuidado y que, además, reconoce que la planeación debe tener en cuenta que los espacios públicos, los equipamientos y la vivienda afectan diferencialmente a los actores sociales, y que la división sexual del trabajo ha establecido cargas sobre las tareas del cuidado en las mujeres y ha aumentado sus horas de trabajo diario y no remunerado.

Un segundo proyecto involucra un “Sistema de aprovechamiento para la productividad”, el cual considera que la pobreza relativa de las mujeres y la intersección de este factor con otros rasgos de discriminación potencial, como etnia, edad, capacidad funcional, así como las cargas familiares en hogares monoparentales y unipersonales, establecen diferentes limitantes para el acceso equitativo a oportunidades de empleo para las mujeres y una remuneración no equilibrada por la venta de su fuerza de trabajo.

Para alcanzar estas apuestas, el plan de ordenamiento propuesto se diseñó a partir del acompañamiento de los procesos productivos liderados por organizaciones de mujeres (o con liderazgo femenino) presentes en el municipio de Mosquera, como es el caso de las 8 cooperativas de reciclaje dirigidas por mujeres que han consolidado un esquema de trabajo para este gremio, con rutas de recolección y distintivos para su respectiva identificación.

Ahora bien, el caso de la línea de acción de “Seguridad humana” partió de la premisa de que el acceso a los bienes y servicios del municipio está diferenciado según el género, debido a que las condiciones de (in)seguridad presentes en el territorio, tienen un impacto mayor sobre las mujeres, ante el riesgo de ser víctimas de ataques sexuales y otras formas de violencia.

Recordemos la historia con la que iniciamos la reflexión en este blog: la percepción de seguridad condiciona el tránsito y aprovechamiento de los espacios libres, comerciales, equipamientos y zonas de recreación.

Por lo anterior, se propone el programa de “Fortalecimiento del sistema de alumbrado público y la red de espacio público” del municipio, el cual busca reducir los índices de violencia basadas en género, al priorizar aquellos sectores que las mujeres mosquerunas consideraron más inseguros para el desarrollo de sus actividades, tránsito y desplazamiento.
Finalmente, la línea de “Gobernanza del territorio (participación)”, busca establecer rutas directas que tengan en cuenta los procesos de participación ciudadana incidente con perspectiva de género para, así, incentivar la participación permanente de las mujeres frente a la toma de decisiones; el seguimiento de las políticas públicas, sus programas y proyectos; y la inversión de los recursos públicos de forma eficiente y efectiva.

Esta experiencia de inclusión del género, como principio orientador del ordenamiento territorial, enseña que existen desafíos permanentes para que la participación de las mujeres en la toma de decisiones sobre su espacio no se reduzca únicamente al diálogo, sino que genere incidencia y resultados concretos en la política pública. También evidencia una ventana de oportunidades en el país para mejorar considerablemente la calidad de vida de este grupo poblacional, por medio de su vinculación activa y permanente en los ejercicios de planeación, como un requisito fundamental y obligatorio de estos procesos.

Actualmente, el marco normativo que orienta la planificación del territorio en Colombia no exige, y ni siquiera sugiere, el despliegue de esfuerzo alguno para que los planes de ordenamiento incluyan propuestas directas y pensadas para las mujeres, y mucho menos para que dichas propuestas sean presentadas por liderazgos y organizaciones femeninas, a partir de sus propias experiencias y vivencias en el territorio.

Desde el PNUD, contamos esta buena experiencia como un modelo de pensamiento sobre la planeación territorial enfocada en el desarrollo humano sostenible, desde el que logramos escalar la perspectiva de género en la planificación del territorio y lograr así que se convierta en un principio del ordenamiento, ojalá replicable para el resto de Colombia, en el que las mujeres tengan la oportunidad de incidir directamente en los procesos decisivos de su entorno.

Finalmente, soñar con una ciudad que se reconoce en el género y los abordajes diferenciales, como determinantes que condicionan la subjetivación para habitar los espacios, exige un abordaje de la planificación que incluya estas lógicas dentro del territorio, teniendo en cuenta que las necesidades de las mujeres son fundamentales y decisivas en la vivencia de ciudad, pues, en palabras de la arquitecta y urbanista Zaida Muxi, “una ciudad con perspectiva de género, es una ciudad que piensa en todos”.

 

Por: Liza Gruesso | Analista en Área de Gobernabilidad Democrática – PNUD en Colombia
Laura Urrego | UNV Joven