Filas de personas esperaron para recoger agua potable durante la sequía en Cape Town, Sudáfrica, en enero de 2018. ©Mark Fisher/Shutterstock.com

 

Los temores de que las ciudades se queden sin agua se han vuelto muy reales en varias partes del mundo y, de forma más reciente, en Asia Meridional en lugares como Karachi, Islamabad, Chennai y Delhi. Estas crisis revelan varios problemas subyacentes con la gestión y distribución de los recursos hídricos.

Las zonas urbanas solo ocupan un pequeño porcentaje de la superficie de la Tierra, pero en ellas vive más de la mitad de la población mundial. La respuesta tradicional ante la creciente necesidad de agua ha sido traer suministros desde lugares cada vez más lejanos. Si bien esta solución pareciera una hazaña tecnológica, suelen fallar con el servicio a todo el mundo, ya que la distribución puede ser deficiente incluso en condiciones normales. Las ciudades necesitan ser mucho más inteligentes respecto a cómo gestionar sus recursos hídricos si se quiere seguir el ritmo de las economías y poblaciones urbanas en crecimiento.

A continuación, se exponen  cuatro formas de lograrlo:

Gestión de cuencas hidrográficas: incentivar el uso de la tierra y de los métodos agrícolas que reducen la evaporación y ayudan con la infiltración del agua de lluvia, que no solo es necesaria para la alimentación de las aguas subterráneas, sino también ayuda a reducir la variación estacional y el riesgo de inundación. La gestión de las cuencas hidrográficas también incluye la preservación de la calidad de las aguas, lo que puede reducir el costo de tratamiento. Un buen ejemplo es Nueva York, la ciudad con el mayor abastecimiento de agua no filtrada del mundo. La protección de la cuenca hidrográfica ha supuesto un ahorro de 10 mil millones de dólares que habría costado una planta de filtración.

Reutilización de las aguas: los flujos de agua mundiales son cíclicos, pero los sistemas de aguas urbanas diseñados tradicionalmente son lineales, con una reutilización limitada. Albergar un porcentaje cada vez mayor de la población mundial en un espacio limitado requiere un refuerzo casi revolucionario del ciclo urbano del agua, lo que significa un uso más eficiente y un mejor reciclaje del agua. Para ello se necesita una mejor atención en la gestión de la calidad del agua y erradicar la contaminación del agua. Las soluciones basadas en la naturaleza tienen mucho que ofrecer para garantizar una sostenibilidad rentable y a largo plazo.

Gestión de la infraestructura: los gestores de numerosos sistemas de agua corriente de todo el mundo necesitan aumentar la cobertura de servicios y reducir las pérdidas físicas.

La exclusión de una gran parte de la población del acceso al agua corriente produce las paradojas de residentes urbanos con ingresos bajos que pagan mucho por un servicio comparativamente inferior. Estas desigualdades incluso pueden provocar robos intencionados de las tuberías. Tanto la distribución excluyente como el racionamiento del agua, donde las tuberías están casi vacías o sin presión, contribuyen a daños en la red deliberados o involuntarios y un aumento de las pérdidas.

Las tuberías con fugas son una consecuencia directa de un mal mantenimiento. Aunque gran parte del agua no facturada o contabilizada se puede usar de forma beneficiosa o incluso para la alimentación de aguas subterráneas, es un síntoma de mal mantenimiento. Una gestión hábil de la presión es necesaria para conservar tanto la cantidad como la calidad del agua corriente.

Comunicación con los usuarios: los usuarios urbanos del agua tienen que llegar a un acuerdo sobre una visión común del sistema completo, que a su vez necesita ser sustentado por reglas e incentivos adecuados. Aunque haya reglas sobre producción limpia o tratamiento de residuos, estas solo serán respetadas si hay un acuerdo general sobre la importancia del agua limpia y reutilizable. La tarificación del agua es una herramienta importante para incentivar el buen comportamiento. Las tarifas progresivas del agua en el hogar pueden diseñarse para promover la recuperación de gastos, la cobertura universal, el suministro equitativo y la reducción de residuos.

La crisis tras periodos de sequía o a la disminución del almacenamiento de agua no solo demuestra carencias en la gestión, sino que también expone contradicciones e injusticias que han ocurrido siempre. En Cape Town, hacer cola en los grifos públicos era una amenaza de pánico para algunos, mientras que para otros había sido la realidad desde hace años. El conflicto, el pánico y las preocupaciones a las que algunos solo hacen frente durante periodos excepcionales de escasez de agua, puede ser parte de la lucha diaria de otros.

El cambio climático no es la causa mundial de la crisis de las aguas urbanas. Más bien, sus extremos muestran la existencia de amenazas subyacentes para la seguridad de las aguas urbanas.

Tal como el cólera fue apodado como “el mejor reformador sanitario”, hagamos que el cambio climático sea el detonante para que los gobiernos de las ciudades detengan las injusticias y paren el despilfarro.

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