Discurso del Administrador del PNUD en ocasión de la segunda sesión anual de la Junta Ejecutiva 2026
26 de Agosto de 2026
El siguiente discurso se presenta tal y como se preparó para su entrega.
1. Introducción
Sr. Presidente,
distinguidos Miembros de la Junta Ejecutiva,
Es un privilegio participar en este segundo período ordinario de sesiones de la Junta Ejecutiva del Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD), el Fondo de Población de las Naciones Unidas (UNFPA) y la Oficina de las Naciones Unidas de Servicios para Proyectos (UNOPS). El próximo mes se inaugurará el 81º período de sesiones de la Asamblea General de las Naciones Unidas. Será un reflejo de nuestro mundo profundamente fracturado. Conflictos persistentes, crecientes presiones climáticas, rápidos cambios tecnológicos y una crisis de confianza en las instituciones.
Sin embargo, en medio de estas presiones, emerge una verdad cada vez más clara. El desarrollo no es algo periférico en este mundo cambiante. Es fundamental para la forma en que lo configuramos. El desarrollo es la forma en que construimos prosperidad y estabilidad. La forma en que creamos oportunidades para las mujeres y los jóvenes. La forma en que garantizamos que la tecnología se convierta en un puente hacia las oportunidades, no en una nueva línea divisoria. Y la forma en que restauramos la confianza entre las personas, las instituciones y los sistemas destinados a servirles.
Ningún país puede asegurar un progreso duradero por sí solo. El futuro requiere que los países, las comunidades y los socios trabajen juntos para construir resiliencia, seguridad y prosperidad.
Lo vi claramente durante mi misión conjunta en el Afganistán con el Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados. Allí, el desafío no es simplemente crear medios de vida. Es conectar a las personas, los mercados, las finanzas y las cadenas de valor para que las oportunidades locales se traduzcan en puestos de trabajo, ingresos y una mayor estabilidad.
Ese es el papel que debe desempeñar el desarrollo. No llevar a cabo proyectos aislados, sino crear sistemas más sólidos. No impulsar medios de vida desconectados de los mercados, sino economías conectadas con las oportunidades regionales y mundiales. Y no concebir el desarrollo como una ocurrencia tardía de la geopolítica, sino como una de las formas en que la moldeamos.
Para conseguir estos objetivos a gran escala, el desarrollo debe ocupar un lugar central en el debate político mundial. Y para desempeñar ese papel, el desarrollo mismo debe cambiar. Cómo programamos. Cómo colaboramos. Cómo financiamos. Y cómo ejecutamos. No se trata de cambiar por cambiar, sino de impulsar un cambio que genere un impacto mayor.
Este es el tema sobre el que quiero debatir hoy con ustedes: ¿cómo está cambiando el PNUD y cómo podemos construir un modelo de desarrollo capaz de ofrecer resultados en un mundo cambiante y dotarlo de los recursos que necesita para tener éxito?
2. De la ayuda a la inversión: hacer que la financiación para el desarrollo funcione de otra manera
En las conversaciones que he mantenido con gobiernos, socios y comunidades sobre el terreno a lo largo de estos últimos meses, un mensaje ha quedado claro: el modelo de desarrollo está cambiando.
Durante decenios, la ayuda contribuyó a lograr un progreso extraordinario. Ayudó a reducir a la mitad la pobreza extrema. Ayudó a reducir drásticamente la mortalidad infantil. Ayudó a los países a crear instituciones, ampliar servicios y mejorar la vida de millones de personas.
El comercio y la inversión ayudaron a fomentar estos logros, al tiempo que la asistencia ayudó a los países a sentar las bases que lo hicieron posible. Ese papel sigue siendo esencial. Pero el mundo ha cambiado.
Las necesidades de desarrollo están cada vez más interconectadas, los recursos públicos se encuentran bajo presión y la financiación necesaria para alcanzar los Objetivos de Desarrollo Sostenible es muy superior a lo que la ayuda puede proporcionar por sí sola.
Esto no hace que la ayuda sea menos importante. Hace que la forma en que la utilizamos sea más importante.
Por tanto, el papel de la financiación para el desarrollo debe evolucionar. De la ayuda a la movilización de inversiones a gran escala, utilizando los escasos recursos públicos de forma estratégica para fortalecer las instituciones, reducir el riesgo y movilizar flujos de financiación mucho mayores.
Esta transición ya está en marcha y los Estados Miembros la están liderando. Movilizando recursos, estableciendo asociaciones y desarrollando soluciones en torno a los objetivos que se han fijado.
El Compromiso de Sevilla, adoptado el año pasado, ofrece un plan de acción para abordar el déficit anual de 4 billones de dólares de los Estados Unidos ("dólares" a partir de ahora) en la financiación de los ODS. La urgencia es cada vez mayor. La asistencia oficial para el desarrollo (AOD) cayó un 23,3 % en 2025 y se prevé que disminuya otro 6,9 % este año. Las contribuciones básicas al sistema de las Naciones Unidas disminuyeron un 27 % en 2025, el mayor descenso anual registrado. Esa es precisamente la razón por la que cada dólar destinado al desarrollo debe rendir más.
Un dólar destinado al desarrollo puede financiar un proyecto o puede hacer algo más. Puede fortalecer un sistema. Puede reducir el riesgo. Y puede ayudar a desbloquear inversiones varias veces superiores.
Por tanto, la cuestión no es determinar qué es más importante, si la ayuda o la inversión. La cuestión es cómo utilizamos los recursos para el desarrollo para desbloquear inversiones, ampliar las oportunidades e impulsar a mayor escala las soluciones que funcionan.
3. Para los gobiernos: hacer que cada dólar rinda más
Los países saben que un desarrollo duradero no puede depender indefinidamente de recursos que provienen de otros lugares. Quieren movilizar un mayor volumen de recursos propios, acceder a capital en condiciones más justas e invertir en sus propias prioridades. Esto es lo que piden nuestros socios. Y aquí es donde el PNUD está centrando sus esfuerzos.
Entre 2022 y 2025, el PNUD ayudó a los países a alinearse y movilizar 920.000 millones de dólares para los Objetivos de Desarrollo Sostenible. No porque el PNUD se convirtiera en prestamista, sino porque nos convertimos en un conector más fuerte entre el desarrollo y la financiación y ayudamos a los países a crear las políticas, las instituciones y los entornos de inversión que permiten que el capital fluya.
Nuestro planteamiento es sencillo. Ayudamos a nuestros socios a que recauden más, se endeuden mejor y compartan lo que funciona.
Primero, recaudar más. Los recursos públicos nacionales son la base más sostenible para financiar el desarrollo. A través de la iniciativa Inspectores Fiscales Sin Fronteras de la Organización de Cooperación y Desarrollo Económicos (OCDE) y el PNUD, los países en desarrollo han generado ingresos nacionales adicionales por valor de más de 2.700 millones de dólares.
Segundo, endeudarse mejor. El costo del capital es una cuestión de desarrollo. Porque el precio que paga un país por pedir prestado determina las decisiones que puede tomar. Escuelas. Infraestructura. Puestos de trabajo. Sin embargo, con demasiada frecuencia, los países pagan una prima no por los riesgos a los que se enfrentan, sino por los riesgos que otros perciben. Por eso el PNUD trabaja con los gobiernos para fortalecer las calificaciones crediticias soberanas, desarrollar marcos de bonos sostenibles y mejorar la gestión financiera pública. Junto con sus socios, el PNUD ha ayudado a varios países, desde México hasta Tanzania y el Ecuador, a movilizar 31.500 millones de dólares a través de bonos soberanos. Y a través de nuestra iniciativa sobre las calificaciones crediticias en África (Africa Credit Ratings Initiative), estamos ayudando a los gobiernos a fortalecer los sistemas de datos y a colaborar de manera más eficaz con las agencias de calificación para que el riesgo se evalúe con mayor precisión y los países puedan acceder al capital en condiciones más justas.
Tercero, compartir lo que funciona. La experiencia ya no viaja en una sola dirección. Los países que antes se beneficiaban de la experiencia de otros ahora la proporcionan. Colombia, por ejemplo, fue uno de los primeros receptores de apoyo de Inspectores Fiscales Sin Fronteras. Hoy en día, su administración tributaria está ayudando a Guatemala a fortalecer su capacidad para abordar los riesgos de evasión fiscal socios a las empresas multinacionales.
Eso es lo que debería hacer el desarrollo. Crear capacidad que perdure y experiencia que viaje.
Los países de todo el Sur Global resuelven cada vez más sus problemas juntos, compartiendo conocimientos, tecnología y soluciones basadas en su propia experiencia.
Junto con la Oficina de las Naciones Unidas para la Cooperación Sur-Sur, organizada por el PNUD, conectamos esos conocimientos, esa financiación y esa experiencia con nuestra presencia y programación en los países.
Mediante el establecimiento de vínculos con las iniciativas de la red mundial del PNUD, como el Fondo Fiduciario Pérez-Guerrero, financiado por el Grupo de los 77 y China, el Fondo de la India, el Brasil y Sudáfrica, el Fondo de Asociación entre la India y las Naciones Unidas para el Desarrollo, y el Mecanismo ONU-China ayudamos a ampliar la cooperación Sur-Sur.
Esto es más que un intercambio de conocimientos. Es un nuevo modelo de asociación basado en la conexión de capacidades. Países que comparten lo que funciona, movilizan en mayor medida sus propios recursos y acceden al capital en mejores condiciones. Eso representa una mayor apropiación del desarrollo y es la base del nuevo modelo de desarrollo que estamos construyendo juntos.
4. Sector privado: aportar capital, tecnología y empleo al desarrollo
Una parte esencial de la respuesta consiste en que los países financien una mayor parte de su propio desarrollo.
Pero esa no es la respuesta completa. Los recursos públicos nacionales no pueden proporcionar por sí solos la inversión necesaria para alcanzar los Objetivos de Desarrollo Sostenible. Tampoco pueden, por sí mismos, conectar a los países con las fuerzas que determinan cada vez más el crecimiento y la competitividad.
Acceso al capital, a la tecnología, a los mercados y a las cadenas de valor mundiales. Estas ya no son cuestiones separadas. Juntas, determinan cada vez más si los países crean empleo, atraen inversiones y compiten en la economía mundial.
Por eso es importante para el desarrollo intensificar los esfuerzos para atraer capital privado. Y no solo porque aporta financiación, sino muchas cosas más. Innovación, tecnología puntera, espíritu empresarial, acceso a los mercados y puestos de trabajo.
La inversión no solo financia el desarrollo. Conecta a los países con las oportunidades. Si se ejecuta correctamente y de forma equitativa, puede acelerar el progreso y aumentar la prosperidad.
Por eso el PNUD trabaja cada vez más con el sector privado como socio estratégico para el desarrollo. Y por eso creamos nuestro Acelerador de Inversiones. Para convertir las ambiciones nacionales en oportunidades de inversión. Para conectar el capital mundial con las prioridades de los países. Y para convertir los compromisos de desarrollo en puestos de trabajo, crecimiento y prosperidad compartida.
Lo hacemos por tres vías.
En primer lugar, generamos confianza. El capital huye de la incertidumbre. Sigue a la confianza. Por eso el PNUD ayuda a los países a desarrollar las políticas, instituciones y sistemas que hacen posible la inversión.
Políticas y regulaciones en materia climática que convierten los compromisos en oportunidades de inversión creíbles, marcos de lucha contra la corrupción que el PNUD apoya en más de 60 países y unas instituciones públicas más sólidas que generan confianza y crean previsibilidad. Porque los países con instituciones fiables y capaces están mejor preparados para reducir el riesgo, movilizar recursos internos y atraer capital para el desarrollo.
También ayudamos a construir los sistemas que necesitan los gobiernos y de los que los inversores, cada vez en mayor medida, esperan disponer. Normas internacionales sobre sostenibilidad. Una infraestructura pública digital que amplía el acceso a la financiación, mejora los servicios públicos y crea nuevas oportunidades para los ciudadanos.
Tomemos el caso de Viet Nam. El capital necesario para la transición ecológica ya existía, pero los riesgos de mercado seguían siendo demasiado altos. El PNUD ayudó a construir marcos normativos, a desarrollar una taxonomía verde y una infraestructura para el mercado del carbono, y a fortalecer la capacidad de las entidades bancarias. Nuestro organismo no proporcionó la financiación; ayudó a crear la confianza que hizo posible su movilización.
En segundo lugar, ayudamos a conectar la ambición con la inversión. Porque las buenas políticas no se traducen automáticamente en inversiones. Necesitan socios financieros, proyectos financiables y carteras de inversión.
Esto es especialmente importante en los mercados de alto riesgo y de último tramo. Por eso trabajamos en estrecha colaboración con el Fondo de las Naciones Unidas para el Desarrollo de la Capitalización (FNUDC). En conjunto, la alianza entre el PNUD y el FNUDC ofrece a los gobiernos un verdadero continuo de las políticas al capital: una vía integral desde el diseño de políticas hasta la financiación a gran escala. El PNUD crea las condiciones para la inversión. El FNUDC aporta la capacidad especializada del sistema de las Naciones Unidas para estructurar instrumentos financieros y asumir riesgos tempranos y calculados para demostrar que los mercados ofrecen condiciones propicias para la inversión. El nuevo fondo mancomunado de políticas a capital del PNUD y el FNUDC, que aspira a movilizar 500 millones de dólares, está diseñado para poner en práctica ese enfoque.
También ayudamos a los inversores a identificar oportunidades concretas. A través de nuestros Mapas de Inversores para los ODS, los inversores pueden identificar cientos de oportunidades en diferentes países, sectores y Objetivos de Desarrollo Sostenible. Solo en Nigeria, esta herramienta ya ha ayudado a asegurar 15 millones de dólares en inversiones acordes con los ODS para pymes propiedad de mujeres. En Serbia, el Mapa de Inversores identificó un potencial de inversión directa de 8.300 millones de dólares, con efectos económicos más amplios de hasta 20.000 millones de dólares.
A través de la Plataforma del PNUD e Italia para el Apoyo a la Inversión y la Asistencia Técnica (PISTA), hemos ayudado a desbloquear alrededor de 100 millones de dólares en financiación mediante deuda y capital para proyectos climáticos, y se prevén otros 300 millones de dólares en 2026.
Pero la inversión no es un fin en sí mismo. Su valor se mide por el cambio que genera para las personas.
En Mauritania, la plataforma PISTA ha ayudado a llevar energía solar a 200 aldeas, lo que significa electricidad para las escuelas, un mejor acceso a los servicios de salud y nuevas oportunidades económicas.
Además, a través del Mecanismo de Alcaldes UE-PNUD para el Crecimiento Económico, ayudamos a ciudades de Armenia, Georgia, Moldova y Ucrania a crear carteras de inversión y a entrar en contacto con socios financieros.
Porque, en última instancia, la inversión es un medio para conseguir un fin: mejores vidas, más opciones, mayores oportunidades y una mayor resiliencia.
En tercer lugar, conectamos a los países con las tecnologías y los mercados que están configurando el futuro. La inteligencia artificial está transformando ya las economías, las perspectivas de desarrollo y la competitividad mundial. Por tanto, la cuestión ya no es si la IA influirá en el desarrollo. Ya lo está haciendo. La cuestión es quién participará en ese futuro. No podemos permitir que el acceso a la IA se convierta en otra brecha global.
Por este motivo, diseñamos la Iniciativa de 10.000 millones en IA para África junto con el Banco Africano de Desarrollo, centrada en la creación de carteras de inversión para la infraestructura de IA. También por este motivo se anunció una nueva plataforma de capital riesgo de 50 millones de euros para la IA en África en el Foro de Nairobi sobre la IA. Porque el futuro de la inteligencia artificial no debería simplemente diseñarse para los países en desarrollo. Debería construirse con ellos.
A través de asociaciones con empresas como Samsung, HP y Mastercard, el PNUD combina el acceso a la tecnología, los conocimientos especializados y los mercados para ampliar la inclusión digital, fortalecer el espíritu empresarial y acelerar el desarrollo sostenible.
Asimismo, trabajamos con socios del sector privado en Turquía para conectar a productores rurales, emprendedores y pequeñas empresas con los mercados digitales, las capacidades y las cadenas de valor, convirtiendo así las oportunidades locales en inversión y crecimiento.
Ese es el modelo que estamos construyendo. Gobiernos que establecen prioridades y proporcionan financiación, capital privado en cantidad suficiente, un sector privado que traduce la innovación en empleos, crecimiento y resiliencia y un desarrollo que conecta esas capacidades con las prioridades nacionales. Y todo ello, de manera inclusiva, equitativa y que ofrezca resultados para todas las personas.
5. Crisis: donde más importan el desarrollo y la inversión
La inversión en desarrollo es también inversión en seguridad humana.
Hoy en día, más de la mitad del trabajo del PNUD tiene lugar en entornos frágiles y afectados por conflictos. Las crisis no destruyen simplemente la infraestructura. Destruyen los medios de vida, debilitan las instituciones, erosionan la confianza de la población en que el mañana puede ser mejor y suponen el mayor riesgo para los logros que tanto ha costado alcanzar en materia de desarrollo.
Las necesidades humanitarias nunca han sido mayores. Al mismo tiempo, la financiación humanitaria se encuentra sometida a una presión sin precedentes. Esto está ampliando la brecha entre la respuesta de emergencia y la recuperación a largo plazo. Una brecha en la que viven millones de personas.
Esto es importante, porque la recuperación no comienza cuando termina una emergencia. Comienza mientras la emergencia todavía se encuentra activa. La acción humanitaria sigue siendo indispensable, particularmente en los momentos inmediatamente posteriores a una crisis.
Salva vidas.
Pero junto a esa respuesta que salva vidas, el desarrollo debe comenzar a reconstruir los cimientos de los que depende la recuperación. Restaurando servicios. Reconstruyendo instituciones. Revitalizando los mercados locales. Y creando las condiciones necesarias para la inversión futura.
La elección no es entre acción humanitaria y desarrollo. Necesitamos ambos.
Por eso, el informe emblemático del PNUD Moving Beyond Crisis sitúa el desarrollo en el centro de la respuesta a las crisis. Porque ir más allá de las crisis significa conectar la recuperación inmediata con la resiliencia a largo plazo. Significa impulsar el desarrollo desde el primer día. Sentar las bases para la recuperación desde el principio, de modo que los escasos recursos humanitarios puedan seguir centrándose en salvar vidas mientras la inversión en desarrollo restaura los medios de vida, los servicios, las instituciones y la resiliencia a largo plazo.
Y también aquí las asociaciones marcan la diferencia. Junto con el Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados (ACNUR) y la Organización Internacional para las Migraciones (OIM), apoyamos a 27 Coordinadores Residentes y equipos de las Naciones Unidas en los países para ayudar a los gobiernos a encontrar soluciones duraderas para más de 16,9 millones de personas desplazadas internas y retornadas, frente a los 11,4 millones de 2024. Junto con las instituciones financieras internacionales, contribuimos a llevar financiación allí donde, de otro modo, la inversión tendría dificultades para llegar. En Ucrania, el apoyo del PNUD ha ayudado a desbloquear 1.600 millones de dólares en financiación para la recuperación por parte del Banco Europeo de Inversiones.
Cada dólar invertido en asistencia técnica generó aproximadamente 70 dólares en recuperación de infraestructuras. Además, a través de los fondos mancomunados, ayudamos a los gobiernos a movilizar mayores inversiones públicas y privadas. En Colombia, el Fondo de Soluciones de las Naciones Unidas para el Desplazamiento Interno ayudó a movilizar 2.500 millones de dólares en inversión pública nacional.
En conjunto, estos ejemplos muestran lo que significa ir más allá de las crisis. El desarrollo en contextos de crisis consiste en conectar la recuperación inmediata con la resiliencia, la prevención y la preparación a largo plazo. Esta es la razón por la que los recursos básicos y flexibles son tan importantes. Porque las crisis no esperan a los ciclos de financiación. Los recursos básicos permiten al PNUD actuar con prontitud, responder de inmediato y movilizar financiación adicional cuando los países más la necesitan. En el Líbano, la inversión del PNUD a través de fondos básicos logró un efecto multiplicador de 1 a 50 en la recaudación de fondos para responder a las necesidades derivadas de la crisis y la recuperación.
Pero la financiación por sí sola nunca es suficiente. La recuperación depende, en última instancia, de las personas. Personas que reconstruyen sus comunidades. Personas que restauran las instituciones locales. Y personas que dan forma a su propio futuro. Por eso los Voluntarios de las Naciones Unidas siguen siendo una parte tan importante de nuestro trabajo. Prestan servicio en 172 países y territorios, y tres cuartas partes de ellos son voluntarios nacionales que trabajan en sus propias comunidades. Nos recuerdan algo fundamental: que el desarrollo no es algo que proporcionamos a las personas, sino algo que construimos con ellas.
6. Un PNUD cambiante: un socio para el desarrollo preparado para el futuro
Como dije al principio, el desarrollo está cambiando, y las instituciones que apoyan el desarrollo deben cambiar con él. No podemos construir el modelo de desarrollo del mañana con el modelo operacional de ayer.
Por eso el PNUD está cambiando. En nuestra forma de colaborar, de financiar nuestro trabajo y de organizarnos para lograr un impacto mayor. Esto no es un cambio con el mero objetivo de cambiar. Nuestro principio rector es sencillo: toda reforma debe fortalecer nuestros resultados, y todo cambio debe reforzar la confianza depositada en nuestro organismo.
Esta es también la ambición que subyace a la iniciativa ONU80 del Secretario General. El PNUD está plenamente comprometido con este esfuerzo. Estamos reduciendo las duplicidades y mejorando la eficiencia en el seno del PNUD y en todo el sistema.
Hemos actuado con prontitud para adecuar nuestras estructuras, nuestra presencia, nuestra plantilla y nuestro modelo operacional a las realidades actuales. Estamos reforzando la disciplina en el gasto, ampliando los servicios compartidos y la automatización, invirtiendo en tecnologías digitales, datos e inteligencia artificial y forjando nuevas alianzas.
Todo ello para garantizar que cada dólar invertido en el PNUD y en el sistema de las Naciones Unidas con fines de desarrollo logre un mayor impacto.
Hoy en día, el PNUD sigue siendo resiliente a pesar de enfrentarse a uno de los entornos más complicados de los últimos decenios en lo que se refiere a la financiación. Esto refleja vuestra continua confianza en nuestro valor y en nuestra capacidad para lograr resultados. Sin embargo, el panorama de la financiación está cambiando y nuestro modelo de colaboración está cambiando con él.
Estamos ampliando nuestra base de contribuyentes. Nuevos socios estratégicos están aportando unos 350 millones de dólares al PNUD, tanto en forma de recursos básicos como complementarios, y estamos profundizando nuestras relaciones con los contribuyentes de recursos complementarios más allá de la financiación para programas, lo que está ayudando a cerrar la brecha de financiación básica.
También estamos ampliando el uso de mecanismos de financiación mancomunados y flexibles. El PNUD, en su calidad de principal participante en fondos mancomunados y programas conjuntos interinstitucionales, además de acoger la Oficina de los Fondos Fiduciarios de Asociados Múltiples, ayuda a transformar las prioridades colectivas en acción colectiva.
Además, hemos reformado la arquitectura de nuestro mecanismo temático flexible, las ventanillas de financiación, en consonancia con el Plan Estratégico y con nuestros proyectos emblemáticos institucionales. Porque los recursos flexibles ofrecen mayor rentabilidad en términos de desarrollo. Nos permiten trabajar en todos los sectores, conectar las instituciones y ayudar a los países a abordar desafíos que no encajan claramente en los compartimentos estancos de financiación tradicionales.
Esta es también la lógica que subyace a nuestro enfoque basado en carteras. En lugar de financiar proyectos aislados, agregamos conjuntos de inversiones conectadas que permiten hacer frente a los desafíos nacionales desde varios ángulos de manera simultánea. El año pasado, el PNUD invirtió 175 millones de dólares en 70 carteras de este tipo. Inversión en estrategias coherentes, no en proyectos individuales. Trabajamos en todo el sistema de las Naciones Unidas, incluso en entornos frágiles como Libia, Timor-Leste y Venezuela, donde colaboramos con otros organismos de las Naciones Unidas.
Pero, quizás, el cambio más significativo es el que se está produciendo en nuestra relación con los propios países en los que se ejecuta el programa. La financiación gubernamental para el desarrollo alcanzó casi 1.600 millones de dólares en 2025 y en la actualidad representa el 29 % de las contribuciones totales del PNUD. Esto supone un cambio fundamental.
Cuando los países en desarrollo invierten sus propios presupuestos nacionales a través del PNUD, se invierte el guion tradicional. El PNUD ya no es simplemente un proveedor de ayuda. Nos convertimos en una plataforma a través de la cual los países avanzan en las prioridades que ellos mismos han establecido. Un socio que aporta conocimientos especializados. Un socio que logra resultados con rapidez. Un socio que proporciona la transparencia y la rendición de cuentas que los gobiernos esperan. Un coinversor en las vías de desarrollo de los países. Porque los países son dueños de su desarrollo. Ellos marcan el camino y quieren asociaciones construidas en torno a sus propias prioridades.
Estamos modernizando y adaptando nuestro modelo operativo en consecuencia, reforzando nuestra propuesta de valor, integrando la financiación gubernamental para el desarrollo de manera más sistemática en la participación a nivel nacional y simplificando nuestra forma de trabajar.
Nuestras asociaciones con las instituciones financieras internacionales están evolucionando en la misma dirección. Estamos yendo más allá de la ejecución de proyectos hacia una cooperación más profunda en materia de reforma de políticas, estrategias de financiación y carteras de inversión. Por ejemplo, el nuevo Mecanismo de la Dirección General de Protección Civil y Operaciones de Ayuda Humanitaria Europeas (ECHO), el BEI y el PNUD para la Inversión Más Allá de las Crisis desbloqueará hasta 400 millones de euros en préstamos del Banco Europeo de Inversiones (BEI) para los países afectados por crisis. Nuestro nuevo marco de cooperación con el Banco Mundial combinará nuestras fortalezas respectivas para crear unas condiciones de mercado favorables, desbloquear la financiación privada y apoyar la creación de empleo. Pronto se pondrán en marcha proyectos piloto en el Yemen, Haití, el Líbano, Ghana y Nepal. Los nuevos acuerdos de asociación que se pondrán en marcha este otoño con el Banco Europeo de Reconstrucción y Desarrollo, el Banco Asiático de Inversión en Infraestructura y el Banco Europeo de Inversiones ampliarán aún más el acceso a la innovación, los conocimientos especializados, la tecnología y la escala necesaria.
Sin embargo, es necesario redoblar nuestros esfuerzos. Debemos modernizar nuestros marcos de colaboración, simplificar nuestros procesos de participación, mejorar nuestras capacidades e invertir en la próxima generación de talento a través de nuestra estrategia People for 2030.
Entretanto, me gustaría mantener una conversación abierta con la Junta sobre cómo continua adaptando nuestro modelo operativo a un mundo que cambia con rapidez. ¿Cómo debemos dirigir los recursos allí donde puedan lograr un mayor impacto? ¿Cómo perfeccionar nuestros enfoques de financiación para que respondan con mayor eficacia a las prioridades de los países? ¿Y cómo podemos fomentar la innovación mientras gestionamos los riesgos de manera responsable?
El mundo no esperará a que las instituciones multilaterales se actualicen. El PNUD debe seguir cambiando. Con más rapidez. De forma más inteligente. Y más cerca de los países a los que servimos. Porque, en última instancia, la reforma consiste en aumentar nuestra repercusión y ayudar a los países a configurar su propio futuro.
Miembros de la Junta, son ustedes un socio indispensable en este proceso, guiando la evolución del PNUD y asegurando que nuestras reformas sigan respondiendo a las necesidades de los Estados Miembros.
7. Conclusión
Sr. Presidente,
Distinguidos miembros de la Junta,
Excelencias,
Al comienzo de mi intervención señalé que el desarrollo es esencial para la forma en que configuramos un mundo cambiante. Sigo convencido de que así es. Porque el desarrollo es donde se construye la prosperidad. Donde se fortalece la resiliencia. Y donde se restaura la confianza en las instituciones.
La reciente evaluación de la Red de Desempeño Multilateral (MOPAN) reconoció el progreso que ha logrado el PNUD al convertirse en una organización más fuerte, incluso en los ámbitos de la auditoría y la evaluación independiente. Hemos hecho nuestros deberes. Paso a paso, nos estamos volviendo más ágiles. Más eficientes. Y más eficaces. Pero hay una limitación que no podemos superar mediante reformas.
La financiación.
No podemos seguir absorbiendo el efecto de la disminución de los fondos básicos sin que ello afecte a las capacidades en las que ustedes mismos se apoyan. Nuestra capacidad para actuar con prontitud. Nuestra capacidad para innovar. Y nuestra capacidad para forjar nuevas asociaciones que desbloqueen inversiones mucho mayores.
Vista así, la financiación básica no es simplemente una contribución al PNUD. Es un capital crucial para el desarrollo. Por ello, quiero agradecer calurosamente a los 32 Estados Miembros que contribuyeron a los recursos básicos en 2025. Agradezco enormemente su apoyo, ya sea nuevo o continuo. Estoy especialmente agradecido a aquellos socios que realizan su contribución a principios de año. Ese oportuno apoyo proporciona al PNUD la previsibilidad necesaria para planificar con antelación, actuar con rapidez y poner cada dólar a trabajar allí donde más se necesita.
Cada dólar de recursos básicos que se invierte en desarrollo moviliza aproximadamente 10 dólares en otros recursos. Pero su verdadero valor no puede medirse solo por su efecto multiplicador. La financiación básica nos permite mantener la presencia cuando las condiciones se deterioran.
Trabajar donde los riesgos son más elevados. Invertir pronto, antes de que las crisis se vuelvan más costosas. Y pasar de proyectos a carteras con el máximo impacto.
En resumen, los recursos básicos proporcionan la plataforma que nos permite lograr resultados. Si no revertimos el actual descenso de la financiación básica, corremos el riesgo de perder hasta un 40 % del impacto que logramos en favor de las personas a las que servimos.
Por tanto, la pregunta que se nos plantea no es si el mundo puede permitirse un nuevo modelo de desarrollo. Es si podemos permitirnos no construir uno. Un modelo que combine la solidaridad con la inversión. La apropiación nacional con la colaboración internacional. Y la ambición con resultados cuantificables.
El mes próximo, la Asamblea General se preguntará si el multilateralismo todavía puede dar resultados. Nuestra respuesta debe ser clara. Sí. Pero solo si nos juzgamos a nosotros mismos por los resultados. Instituciones que funcionen. Servicios que lleguen a las personas. Empleos que creen oportunidades. E inversiones que fortalezcan la resiliencia.
Por tanto, hago un llamamiento claro a esta Junta. Protejan los cimientos. Protejan los recursos flexibles y previsibles que permiten al PNUD actuar con prontitud, innovar y lograr resultados. Y construyamos juntos este nuevo modelo de desarrollo.
Gracias.