Una alianza imprescindible para lograr la Agenda 2030

13 de Febrero de 2023
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La financiación flexible y predecible permite a los organismos de la ONU responder con rapidez y agilidad en tiempos de crisis. En países como el Afganistán, el Yemen y Ucrania, el PNUD implementa proyectos y programas que ayudan a proteger los medios de vida y mejorar la resiliencia de las comunidades vulnerables.

Foto: PNUD Yemen

La ONU ha estimado que el mundo necesitará invertir anualmente entre 3 billones y 5 billones de los Estados Unidos (USD) para lograr los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS) para 2030, mientras que la pandemia de COVID-19 ya ha aumentado esa estimación en 2 mil millones de USD adicionales al año (en inglés).

Además, la perspectiva económica global que es en gran medida frágil, los impactos del cambio climático y las crecientes tensiones geopolíticas han llevado a un gran deterioro de las finanzas públicas internacionales, dando como resultado que 51 economías en desarrollo estén altamente endeudadas, con una variedad de impagos acechando en el horizonte para los países en desarrollo que se encuentran ya sobreendeudados.

Teniendo en cuenta este escenario incierto de crisis agravadas, se le pide al sistema multilateral que se adapte mejor a su propósito de apoyar los bienes públicos globales y superar los desafíos mundiales.

Es imperativo que instituciones como la ONU y las Instituciones Financieras Internacionales (IFI) fortalezcan su alianza para brindar un apoyo coordinado, efectivo y específico a las necesidades crecientes de financiamiento de los ODS de los países en desarrollo.

En este contexto, y en respuesta a la Agenda de Acción de Addis Abeba y la Hoja de Ruta para el Financiamiento de la Agenda 2030 para el Desarrollo Sostenible del Secretario General de la ONU, el sistema de las Naciones Unidas y las IFI se han esforzado por trabajar más estrechamente para promover sistemas financieros sostenibles e innovadores a nivel nacional, así como también catalizar más financiación privada.

Por ejemplo, en 2018 el Secretario General de la ONU, António Guterres, y el expresidente del Grupo del Banco Mundial, Jim Yong Kim, firmaron un marco de asociación estratégica que consolidó su compromiso de cooperar para ayudar a los países a implementar la Agenda 2030 para el Desarrollo Sostenible.

Las agencias de la ONU han desarrollado alianzas financieras y no financieras con las IFI con el fin de ayudar a los gobiernos a aprovechar la financiación, la experiencia técnica y la promoción de una gama amplia de recursos. Al unir fuerzas, las agencias de la ONU y las IFI pueden usar y complementar sus respectivas ventajas comparativas en apoyo de las prioridades nacionales de desarrollo y maximizar su impacto sobre el terreno.

La semana pasada, la Junta Ejecutiva del Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD) celebró su primera sesión regular del año en Nueva York. Quedó claro que los Estados Miembros están ansiosos por ver un mayor compromiso con las IFI para lograr resultados de desarrollo sostenible a gran escala. Tal y como nos acercamos a la Cumbre de los ODS, queda patente que no podemos hacer negocios como de costumbre. Necesitamos poner todas las manos a la obra para avanzar hacia el 2030.

Este llamamiento a la acción conjunta también debería ser una oportunidad para que los Estados miembros, generalmente los mismos donantes que financian el sistema de la ONU y las IFI, reflexionen sobre la arquitectura financiera global del Sistema de la ONU para el Desarrollo (UNDS por sus siglas en inglés). Este, necesita recursos predecibles, no asignados y flexibles para llevar a cabo sus funciones básicas y preservar los valores fundamentales del multilateralismo, el universalismo y la eficacia del desarrollo.

No obstante, un informe (en inglés) de la Fundación Dag Hammarskjöld señala que la financiación de los países del Comité de Asistencia para el Desarrollo (CAD) de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE) al UNDS está más proyectada y es más específica que la del Banco Mundial y el Fondo Monetario Internacional, o los bancos regionales de desarrollo.

En este momento de inmensa incertidumbre global, siguiendo el Plan Estratégico del PNUD, la organización está incrementando su compromiso con las IFI para ayudar a los países a acceder al capital, la experiencia técnica y las alianzas necesarias para lograr los ODS.

Desde 2017, el PNUD ha movilizado más de 1.850 millones de USD de los socios de las IFI, tanto directamente a través de donaciones como indirectamente a través de financiamiento gubernamental para respaldar la implementación de préstamos.

En muchos estados frágiles y afectados por conflictos, las agencias de la ONU, como el PNUD, se quedan en el terreno y cumplen, a veces en nombre de las IFI que no siempre pueden operar plenamente en estos entornos. El PNUD trabaja en estrecha colaboración con el sistema humanitario y en los pilares de desarrollo, paz y derechos humanos del sistema de las Naciones Unidas.

La financiación flexible y predecible permite a los organismos de la ONU responder con rapidez y agilidad en tiempos de crisis. En países como el Afganistán, el Yemen y Ucrania, el PNUD implementa proyectos y programas que ayudan a proteger los medios de vida y mejorar la resiliencia de las comunidades vulnerables.

Los Estados Miembros y los accionistas de los bancos multilaterales de desarrollo y otras IFI reconocen los mandatos de muchas agencias de la ONU e IFI que tienen sinergias y se complementan. Las alianzas son o deberían ser obvias en áreas como finanzas sostenibles, acción climática, crisis y fragilidad y alivio de la pobreza.

Sin embargo, a medida que el mundo hace frente a desafíos globales sin precedentes que también requieren niveles de alianzas sin precedentes y un sistema multilateral sólido, los Estados Miembros deben permitir un compromiso más arraigado entre el UNSD y las IFI a través de un compromiso político robusto respaldado por una arquitectura financiera en línea con un mundo que va hacia 2030.