El huracán Melissa es un llamado a prepararnos para tormentas aún mayores

Es necesario seguir trabajando en muchos frentes para crear resiliencia a largo plazo

24 de Noviembre de 2025
Young man in gray t-shirt with crossbody bag amid rubble on street; damaged buildings in back.

El huracán Melissa, una de las tormentas más fuertes jamás registradas, arrasó el Caribe con vientos e inundaciones, causando daños generalizados.

Foto: PNUD Jamaica / Gillian Scott

El huracán Melissa fue verdaderamente devastador. Pocos momentos me han afectado tanto como ver a comunidades, que aún se recuperan del huracán Beryl del año pasado, preparándose una vez más para una tormenta de la que no podían huir.

Clasificada como una de las tormentas más fuertes jamás registradas, el huracán Melissa arrasó en el Caribe con vientos e inundaciones. Solo en Jamaica, más de 4,8 millones de toneladas de escombros bloquean carreteras y ríos. En Cuba, casi 735.000 personas fueron evacuadas. En toda la región, miles de viviendas, granjas y negocios quedaron en ruinas. 

En un mundo que se calienta, estas tormentas ya no son “una vez en la vida”. Se están convirtiendo en la nueva normalidad. Incluso los países que planifican cuidadosamente se ven desafiados por huracanes más poderosos, impredecibles y devastadores de lo que sus sistemas tal vez puedan soportar.

 

Una región en la primera línea de los eventos climáticos extremos 

Para el Caribe, Melissa es el capítulo más reciente de un patrón que lleva décadas gestándose. Desde Gilbert en 1988 y Mitch en 1998, pasando por Irma y María en 2017, Dorian en 2019 y Beryl el año pasado, la región ha visto cómo los huracanes se vuelven más fuertes, rápidos y frecuentes.

La ciencia ya lo había advertido: con el aumento de las temperaturas del océano, esto sucedería. Ahora es una realidad. Comunidades que antes enfrentaban una tormenta severa cada década ahora se enfrentan a huracanes de mayores repercusiones cada temporada. 

La preparación ayudó a salvar vidas: se emitieron alertas tempranas, se abrieron refugios y miles de personas fueron trasladadas fuera de peligro. Pero Melissa también dejó claro que aún queda mucho trabajo por hacer. La intensificación rápida, las lluvias extremas y trayectorias impredecibles están llevando a las agencias de respuesta al límite de su capacidad y revelando las debilidades inherentes a su nivel actual de desarrollo. 

A pesar del progreso significativo en el desarrollo humano en América Latina y el Caribe, el 31 % de la población sigue viviendo en situación de vulnerabilidad socioeconómica. Basta una sola crisis, climática u otra, para frenar el desarrollo humano, porque las personas y las instituciones carecen de los recursos y mecanismos necesarios para hacer frente a estos impactos. 

Tras más de dos décadas de trabajo en reducción del riesgo de desastres, puedo afirmar con seguridad que la resiliencia no es solo la capacidad de una persona para recuperarse. Consiste en contar con sistemas que ayuden a las comunidades a resistir choques periódicos y mantenerse en un camino sostenible y próspero. 

Depende de las decisiones tomadas mucho antes de que impacten los desastres: cómo se planifica el uso del suelo, cómo se construyen las viviendas, cómo se mantiene la infraestructura crítica, cómo se capacita y equipa a las comunidades, y cómo invierten los gobiernos cuando el cielo aún está despejado. El objetivo es construir sistemas que puedan responder no una sola vez, sino repetidamente; no solo ahora, sino también en el futuro cercano y lejano. 


La construcción de resiliencia

El huracán Melissa dejó varias lecciones importantes. Las alertas se emitieron a tiempo, pero aún así muchas personas no quisieron evacuar. Persisten déficits de confianza en que los refugios puedan ofrecer lo básico. La pobreza y la tenencia de tierras explican por qué los grupos más vulnerables fueron los más afectados: sus viviendas eran antiguas, construidas de manera deficiente y con materiales de baja calidad. 

La ausencia de una planificación eficaz del uso del suelo y de medidas de control del desarrollo contribuyó a la magnitud de los daños y pérdidas. Los asentamientos informales en zonas propensas a inundaciones colapsaron ante precipitaciones que superaron el promedio mensual durante el paso del huracán. 

Melissa expuso a quienes a quienes no cumplieron con las normas de construcción ni invirtieron en un mantenimiento adecuado. Más importante aún, demostró que los edificios con techos construidos según los códigos y estándares vigentes resistieron el huracán de categoría cinco, desmintiendo la idea de que todas las casas dañadas debían ser reemplazadas por techos de concreto.

La verdadera prueba de la recuperación será si el país toma estas lecciones y se asegura de que los sistemas que reconstruya hoy puedan resistir el próximo huracán. Debemos reconstruir con ese objetivo en mente: reforzar los estándares de construcción, abordar desigualdades en la tenencia de la tierra, practicar una planificación del uso del suelo más rigurosa, invertir en barreras naturales y garantizar que los sistemas de alerta temprana se traduzcan en acción temprana. La recuperación debe centrarse en la resiliencia desde el primer día, no como algo secundario. 


Herramientas modernas para reconstruir mejor 

En toda la región, los gobiernos tienen acceso a herramientas avanzadas. En Jamaica, por ejemplo, el Jamaica Systemic Risk Assessment Tool (J-SRAT; enlace disponible en inglés) integra datos de exposición a amenazas, proyecciones climáticas y datos de infraestructura para identificar dónde podrían golpear con mayor fuerza las tormentas futuras. 

Usar estos conocimientos en la reconstrucción permite reubicar infraestructura crítica, reforzar edificaciones, rediseñar drenajes y reencauzar carreteras. 

Desde el PNUD estamos ayudando a toda la región para consolidar este cambio. Los gobiernos reciben apoyo técnico avanzado para actualizar códigos de construcción, mejorar evaluaciones de riesgo y expandir sistemas de alerta temprana que lleguen a cada hogar. Estos esfuerzos garantizan que las decisiones de reconstrucción sean estratégicas y de largo plazo, no impulsadas solo por las urgencias inmediatas.  

Graphic satellite map showing a tropical cyclone with a bright eye over the western Caribbean.

El huracán Melissa es el capítulo más reciente de un patrón que lleva décadas gestándose, con tormentas cada vez más fuertes y frecuentes.

Foto: Zoom Earth

Prepararse para el futuro

Los desastres van mucho más allá del daño físico: interrumpen ingresos, desestabilizan familias y profundizan desigualdades. 

Después de cada huracán, miles de pequeños negocios, como comerciantes, agricultores o proveedores de servicios, deben reponer equipos, inventario e ingresos. Solo cuando estas actividades se recuperan, las comunidades pueden pasar de rearmar lo perdido a prepararse para el futuro. 

Por eso un programa de recuperación resiliente debe comenzar desde el primer día, con intervenciones tempranas que estabilicen la situación y conecten la supervivencia inmediata con la resiliencia a largo plazo. En las primeras semanas tras Melissa, desde el PNUD hemos apoyado a los gobiernos con soluciones prácticas: desde crear empleos temporales para la remoción de escombros y reparación de infraestructura comunitaria, hasta restablecer el acceso a agua, electricidad y servicios públicos. 

A medida que las comunidades se estabilizan, el apoyo se orienta a reconstruir mejor. En el PNUD estamos proporcionando subvenciones dirigidas para que pequeñas empresas reabran, y desplegando sistemas solares para mantener clínicas, refugios y centros comunitarios en funcionamiento cuando la red eléctrica falla. En zonas costeras, se están restaurando manglares y otros amortiguadores naturales para proteger las costas de marejadas y erosión. 

En conjunto, estos esfuerzos constituyen los cimientos de la estabilidad socioeconómica y de la resiliencia a largo plazo. 


Financiar la recuperación sin sacrificar el desarrollo 

Un futuro resiliente también depende de cómo se financia la recuperación. Con mucha frecuencia, los países deben desviar presupuestos destinados al desarrollo para cubrir emergencias. Cuando los desastres ocurren año tras año, esto se convierte en un ciclo perverso: los fondos destinados a reducir la vulnerabilidad se utilizan para limpiar sus consecuencias. 

En el Caribe, el Caribbean Catastrophe Risk Insurance Facility (CCRIF, enlace disponible en inglés) ofrece un seguro paramétrico que proporciona pagos rápidos basados en condiciones predefinidas como velocidad del viento o niveles de lluvia. Esto permite a los gobiernos acceder a fondos en menos de 14 días, apoyando la respuesta inmediata y reduciendo la presión fiscal. 

Pero a medida que las tormentas son más destructivas y los costos de recuperación aumentan, incluso los pagos rápidos ya no alcanzan. Necesitamos de manera urgente que sea más operacional y capitalizar el Fondo para Pérdidas y Daños (enlace disponible en inglés), que puede proporcionar la escala de financiamiento necesaria para una reconstrucción resiliente y no solo soluciones temporales. Esto debe ir de la mano del Santiago Network (enlace disponible en inglés), donde los países pueden acceder a la experiencia técnica para convertir ese financiamiento en infraestructura más fuerte y sistemas de protección comunitaria que reduzcan pérdidas futuras. 


Elegir lo que viene después

Habiendo crecido y trabajado en todo el Caribe, he visto cómo las tormentas moldean no solo los paisajes, sino también el carácter de comunidades enteras. El instinto de recuperarse, de empezar de nuevo, reconstruir y apoyarse unos a otros es parte de quienes somos.

Sin embargo, el huracán Melissa ha demostrado que esta resiliencia debe evolucionar. No basta con reconstruir; debemos reconstruir con un propósito. Le debemos a la próxima generación aprovechar las lecciones de este momento para fortalecer los hogares, proteger los ecosistemas y preparar a las comunidades mucho antes de que la próxima tormenta se acerque desde el mar. Si aprovechamos esta oportunidad, este momento de devastación podría sentar las bases para una Jamaica más segura y resiliente y, en última instancia, para todo el Caribe.