Mujeres forjan la paz en la frontera entre Kirguistán y Tayikistán

Neighbours Bubuaisha Kurbanova and Nodira Avezova
Bubuaisha Kurbanova y Nodira Avezova viven en lados opuestos de la frontera entre Kirguistán y Tayikistán. Foto: Aijamal Duishebaeva/ONU Mujeres

El PNUD trabaja con ONU Mujeres,  Programa Mundial de Alimentos, the Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación y UNICEF  para fortalecer capacidad local en la prevención de conflictos, negociación y la consolidación de la paz.

Bubuaisha Kurbanova y Nodira Avezova han sido vecinas por más de 15 años. Kurbanova, de 49 años, es profesora en Ak-Tatyr, un pueblo en Kirguistán. Avezova, de 51 años, es médico y vive en Chorku, justo del otro lado de la frontera, en Tayikistán. La “frontera” está señalada por una valla de madera donde Kurbanova y Avezova suelen encontrarse para charlar.

“Somos muy amigas”, dice Avezova. “Cuando necesito algo, ya sea un consejo o un poco de sal, Aisha (Bubuaisha) es la primera persona a quien recurro. Compartimos nuestras alegrías y tristezas; cada una de nosotras va a las fiestas que organiza la otra y cuida de sus hijos”, cuenta.

En la era soviética, Kirguistán y Tayikistán eran un solo país. Tras la disolución de la Unión Soviética, ambos se independizaron en 1991 y en algunas zonas la definición de la frontera ha sido confusa y disputada.

En mayo de 2014, cuando las comunidades a lo largo de la frontera entre Kirguistán y Tayikistán comenzaron las contiendas por el acceso a la tierra y al agua, estas dos amigas no se imaginaron que el conflicto llegaría a sus casas; pero llegó.

“Nadie sabe cómo empezó todo o quién inició el conflicto”, dice Avezova. “Lo único que supimos fue que la casa de una familia kirguisa fue destruida por tayikos, y que los kirguisos incendiaron una gasolinera tayika...pero quién empezó y por qué, continúa siendo un misterio”, asegura.

En los últimos años ha habido múltiples contiendas a causa de los escasos recursos naturales y la infraestructura de la era soviética a lo largo de la frontera entre Kirguistán y Tayikistán, que han desdibujado algunas zonas y secciones en disputa.

Cuando comenzó el conflicto en sus pueblos, Kurbanova y Avezova dejaron de hablarse, pero pronto se dieron cuenta de que necesitaban un enfoque diferente.

Tajik Kyrgyz women
Kyrgyz y Tajik, mediadoras en un puente que divide a los dos países. Foto: Aijamal Duishebaeva/ONU Mujeres

“Sabíamos que esta es la tierra donde viviríamos. Este es nuestro hogar, y no nos iremos a ningún otro lugar. Para vivir y prosperar aquí, necesitábamos paz”, explica Kurbanova. “Nos necesitamos mutuamente.” Las mujeres mediaron entre sus vecinos e iniciaron reuniones intercomunitarias para resolver la disputa.

En diciembre de 2015, Kurbanova y Avezova se unieron al “Proyecto de cooperación transfronteriza para la paz y el desarrollo sostenibles” como movilizadoras comunitarias.

ONU Mujeres comenzó una iniciativa en alianza con el Programa Mundial de Alimentos (PMA), la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO), el Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia (UNICEF) y el Fondo de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD), con financiamiento de la Oficina de las Naciones Unidas de Apoyo a la Consolidación de la Paz y la Agencia Suiza para el Desarrollo y la Cooperación.

El proyecto ayudó a las dos mujeres a fortalecer sus habilidades de prevención de conflictos, negociación y consolidación de la paz. Aprendieron a identificar los factores de riesgo en sus comunidades y desarrollaron soluciones sostenibles para mitigar los conflictos por los recursos naturales cada vez más escasos. Por ejemplo, 24 mujeres recibieron capacitación para construir calentadores de agua solares, ya que la tala de árboles para utilizarlos como combustible ha sido un constante motivo de tensión entre las comunidades en ambos lados de la frontera.

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Amir Madamoniv, Coordinadora de Programa de ONU Mujeres, se reúne con mujeres que viven a lo largo de la frontera entre Tayikistán y Kirguistán. Foto: Aijamal Duishebaeva/ONU Mujeres

Para Avezova, es crucial trabajar con adolescentes y jóvenes para seguir avanzando. El proyecto ha iniciado actividades para celebrar los días festivos de Tayikistán y Kirguistán, ferias agrícolas, campeonatos deportivos y exposiciones fotográficas para atraer a la juventud. “Necesitamos inculcar a los niños una cultura de respeto y coexistencia pacífica”, dice Avezova. “Como bien dice mi mamá, primero hay que barrer el jardín del vecino para que el viento no arrastre las hojas (de su jardín) a tu jardín”.

*Historia publicada originalmente por ONU Mujeres.

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