Belarús: un nuevo enfoque para la gestión de recursos

Suelos secos, escasa vegetación, un silencio ensordecedor que solo interrumpe el rugir del viento: la ciénaga bielorrusa de Bartenikha fue devastada por décadas de una mala gestión en la extracción de turba.
No obstante, recientemente las plantas y la vida silvestre nativas han empezado a regresar a la zona. Los esfuerzos del PNUD y sus socios para ayudar a rehidratar la ciénaga de Bartenikha y otras 14 ciénagas bielorrusas han aumentado las capacidades locales para la gestión del suelo y han traído como consecuencia la restauración de más de 28.000 hectáreas de turberas.
Aspectos Destacados
- 28.000 hectáreas de turberas explotadas convertidas en humedales.
- Restauración de hasta el 96% de la vegetación y hasta el 48% de la vida silvestre en las zonas reclamadas.
- Se han reducido las emisiones de carbono en 300.000 toneladas al año.
Las turberas son un recurso natural fundamental de Belarús, pues absorben significativas emisiones de carbono, y los residentes cuentan con ellas para la caza, la pesca y la recolección de hierbas y bayas.
Sin embargo, a partir de los años cincuenta, empresas de ingeniería hidráulica empezaron a extraer la turba —una fuente abundante y barata de combustible — de las ciénagas. Para facilitar la extracción, llevaron a cabo proyectos a gran escala para drenar el agua de las ciénagas.
Como resultado de esto, se registraron violentos incendios en las tierras secas, que provocaban la emisión, en lugar de la absorción, de dióxido de carbono. Los aerosoles y gases tóxicos emanaban al aire, y el Gobierno se vio forzado a gastar millones de dólares para combatir los incendios.
Una solución simple pero poderosa
En 1999, el PNUD unió fuerzas con la Real Sociedad Protectora de las Aves de Reino Unido, la Iniciativa Darwin para la Supervivencia de Especies, la ONG nacional APB-Birdlife Belarús y la Academia Nacional de Ciencias para desarrollar nuevas capacidades nacionales dirigidas a la evaluación y gestión de los recursos de los humedales. El primer paso fue la realización de un experimento en tres turberas para determinar los niveles de agua óptimos para la biodiversidad y la actividad económica.
Después, en 2006, el PNUD, el Fondo para el Medio Ambiente Mundial y APB-Birdlife Belarús lanzaron una iniciativa —con un 65% del financiamiento proveniente del Gobierno— para crear un marco de políticas para la gestión sostenible de las turberas. Reunieron a funcionarios de los ministerios de recursos forestales y medio ambiente, así como a grupos ambientalistas y miembros del sector de extracción de turba, para analizar las prioridades en el uso del suelo y desarrollar un plan rentable para rehumedecer 15 turberas afectadas en las regiones de Minsk, Brest, Vitebsk, Grodno y Gomel.
El PNUD también ayudó a las compañías locales de energía hidráulica a modificar sus operaciones de excavación de canales de drenaje para redirigirlas a la construcción de esclusas y presas para rehumedecer las turberas.
Hoy, las 15 turberas han sido reactivadas, y las plantas y aves han regresado a las respectivas zonas. Para quienes viven cerca de las ciénagas, esto significa el regreso de la caza, la pesca y las actividades de recolección que fortalecen sus ingresos. Esto también abre las puertas al ecoturismo, y se ha ahorrado por lo menos un millón de dólares anuales en extinción de incendios.
Las presiones del mercado para la extracción de turba para combustible y fertilizantes siguen siendo fuertes, pero el Gobierno está colaborando para proteger cerca de 20 cenagales que permanecen en estado natural, y procura introducir planes de gestión de suelos en todos los distritos administrativos del país para 2015.