A principios de 2011, el equipo de eficiencia energética del Ministerio de Justicia croata se inquietó por las altas tasas de consumo de agua registradas en la prisión de Lepoglava, una penitenciaría que data de la época del imperio austrohúngaro. Un examen de las tuberías subterráneas permitió identificar una gran pérdida, cuya reparación costó 4.000 dólares. Esto permitió ahorrar 225.000 al año.