Captura de pantalla del Administrador del PNUD, Achim Steiner, de la sesión de la Junta Ejecutiva del 4 de junio de 2020.

 

Sr. Presidente

Miembros de la Junta Ejecutiva

Sus Excelencias, colegas y amigos

Quiero darles la bienvenida a la Sesión Anual de la Junta Ejecutiva de 2020.

Es difícil asimilar todo lo que ha cambiado en el transcurso de apenas unos meses.

Desde la reunión de la Junta Ejecutiva, en febrero, la COVID-19 ha dejado expuestas todas las dimensiones de la vulnerabilidad humana por primera vez en una generación, y el desarrollo humano, la medida combinada de la educación, la salud y los niveles de vida del mundo, está camino a retroceder por primera vez desde 1990, cuando comenzaron a llevarse registros.

En retrospectiva, 2018 y 2019 —los primeros dos años del Plan Estratégico del PNUD— se ven como años de una era mucho más simple. Pero al igual que el decenio al que pusieron fin, fueron años turbulentos. En una ciudad tras otra, la gente tomó las calles para protestar contra el aumento de la desigualdad, la presión sobre los servicios sociales, la falta de confianza y los daños climáticos. Fue ese el telón de fondo para el Década de Acción para los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS), que comenzó en enero.

Actualmente, la pandemia de la COVID-19 ha puesto de manifiesto las consecuencias de construir sociedades sobre las espaldas de los más desfavorecidos. Por otro lado, el caos que el ciclón Amphan dejó tras de sí en la India y Bangladesh el mes pasado, y la destrucción que han sembrado las langostas en África Oriental y en ciertas regiones del Medio Oriente y África Meridional, demuestran que las emergencias en materia de desarrollo no cederán en su avance.

Ante la perspectiva de que 60 millones de personas más caigan en la pobreza extrema en 2020, los gobiernos y las sociedades se enfrentan a una serie de decisiones urgentes y complejas a medida que se esfuerzan por salvar vidas y fijar el curso hacia el futuro. En vista de lo anterior, Excelencias, es fundamental que #NextGenUNDP se esfuerce al máximo y coopere estrechamente con los países, trabajando hombro a hombro con el resto de la familia de las Naciones Unidas.

Tal es el contexto en que nos reunimos hoy, usando herramientas virtuales que nos resultan cada vez más familiares, para examinar los avances realizados hasta ahora en el Plan Estratégico 2018-21 del PNUD. El examen de mitad de período permitió demostrar que el PNUD ha sido eficaz al ayudar a los países a reducir la pobreza y la desigualdad en un período sumamente turbulento. Al mirar más allá del fin de la pandemia de la COVID-19 para trazar juntos el camino que nos llevará al futuro, es fundamental que intensifiquemos ese apoyo, con los ODS como principio rector. Pero primero, hagamos un repaso de lo que hemos logrado hasta ahora.

Examen de mitad de período del Plan Estratégico

Hace dos años, y en virtud de este Plan Estratégico, nos trazamos un ambicioso objetivo conjunto: lograr que el PNUD estuviera listo para la reforma y centrado en el futuro, en el contexto de lo que la Vicesecretaria General, Amina Mohammed, definió como “la transformación más profunda del Sistema de las Naciones Unidas para el Desarrollo en la historia”. Ahora que estamos a medio camino del Plan Estratégico, el progreso en materia de desarrollo está bien encaminado, y la agenda de transformación, si bien dista de estar completa, está avanzando satisfactoriamente.

Pobreza

Por ejemplo, en los últimos dos años, el PNUD ayudó a 48 millones de personas a acceder a los servicios básicos. Continuamos promoviendo el uso de índices de pobreza multidimensional, y ayudamos a 30 Gobiernos a elaborar los suyos. En el Informe sobre Desarrollo Humano 2019 se hizo hincapié en una nueva generación de desigualdades —desde la brecha digital hasta el acceso a la educación superior— y en la importancia de ir más allá de los ingresos, de los promedios y del presente para mitigarlas.

Gobernanza

La gobernanza fue la esfera en la que más invirtió el PNUD durante este periodo, y un 25 % de nuestro gasto destinado a ese ámbito provino de los gobiernos donde se ejecutan programas. Esto demuestra que somos un socio de confianza y que los países donde se ejecutan programas canalizan a través del PNUD una proporción cada vez mayor de la financiación destinada al desarrollo.

Nuestra cooperación con el Gobierno de Bangladesh para la digitalización de los servicios públicos permitió ahorrar US$ 8.000 millones y 2.000 millones de jornadas laborales que se habrían desperdiciado, y evitó 1.000 millones de visitas presenciales a las oficinas públicas. El PNUD promovió el fortalecimiento de los derechos humanos y de los sistemas de Estado de derecho en más de 70 países, y trabajó para prevenir el extremismo violento en 34 naciones.

Resiliencia

Nueve de nuestros diez programas más importantes se llevan a cabo en países frágiles o afectados por crisis, donde el PNUD promueve una cooperación más estrecha entre los agentes humanitarios, del desarrollo y de la paz. En Iraq, nuestro Servicio de Financiación para la Estabilización ha ayudado a 8,5 millones de iraquíes desde 2015, la mitad de ellos mujeres. En Yemen, nuestra alianza por US$ 400 millones con el Banco Mundial, que permitió vincular la respuesta ante las emergencias con el fortalecimiento de la resiliencia, posibilitó la creación de más de 10,7 millones de jornadas de trabajo de empleo de emergencia que ayudaron a estabilizar la economía local.

Pude ver el valor del enfoque integrado del PNUD en los contextos de fragilidad cuando visité Sudán en enero. En ese país, promover la gobernanza inclusiva y revitalizar la economía son aspectos clave para mantener la paz, lograr la transición hacia un gobierno democrático civil y crear un mejor futuro para todos.

Medio ambiente

Gracias al PNUD, los países pudieron acceder a US$ 1.000 millones en fondos verticales. Por ejemplo, implementar la cartera climática y ecológica diseñada por el PNUD en 2019 permitiría reducir en 275 millones de toneladas las emisiones de CO2, lo que equivale a sacar de las calles 59 millones de vehículos por un año.

Nuestra nueva oferta integrada para los pequeños Estados insulares en desarrollo abarca la economía azul, la transformación digital y la acción por el clima, con especial hincapié en las finanzas durante todo el proceso. La Iniciativa de Ordenación de la Pesca Oceánica en las Islas del Pacífico demuestra el potencial de la economía azul: con el apoyo del PNUD, las cuatro especies de atún se están pescando de manera sostenible, mientras que la contribución de los recursos pesqueros de atún al PIB del Pacífico ha aumentado en dos tercios, y los empleos en el sector prácticamente se han duplicado.

Energía

Con el apoyo del PNUD, 1,4 millones de hogares encabezados por mujeres, y 1,2 millones en las zonas rurales, han logrado acceder a fuentes de energía limpias y asequibles que les permitirán mejorar su resiliencia y mitigar la pobreza. Gracias a la alianza entre el PNUD y el Fondo Mundial, 652 centros de salud en ocho países están funcionando con energía solar. El PNUD ha movilizado fondos para ayudar a los países en su transición hacia el uso de fuentes de energía ecológicas, incluidos US$ 50 millones en financiamiento del sector privado para fomentar la eficiencia energética y la biodiversidad en Kazajistán y, en cooperación con el Fondo de las Naciones Unidas para el Desarrollo de la Capitalización, emitió una garantía por US$ 10 millones para atraer inversiones comerciales hacia el sector de la energía solar en Gambia, uno de los 100 países con los que trabajamos para promover el uso de energías sostenibles.

Género

Más de 23 millones de mujeres lograron acceder a servicios, y un 48 % de los votantes nuevos inscriptos con el apoyo del PNUD fueron mujeres. Trabajamos con 80 países para disminuir la violencia de género, por ejemplo, a través de la iniciativa Spotlight, patrocinada por las Naciones Unidas y la Unión Europea. Un total de 750 empresas en 16 países han sido distinguidas con el Sello de Igualdad de Género del PNUD. Con el apoyo del PNUD, 74 países integraron las cuestiones de género en sus políticas, planes y marcos climáticos y ambientales, y 97 naciones potenciaron el liderazgo y la capacidad decisoria de las mujeres en lo referido a la gestión de los recursos naturales.

Pero a pesar del progreso, el PNUD enfrenta desafíos persistentes. Es necesario intensificar nuestros esfuerzos para potenciar el liderazgo de las mujeres en lo concerniente a la prevención de las crisis y la recuperación posterior, y trabajar con ahínco para promover su capacidad de acción, derribando las normas sociales patriarcales, fortaleciendo las instituciones inclusivas y asegurando que la transformación digital vaya en beneficio de todos. Son los mismos desafíos que se plantean en las tendencias y las conclusiones generales del Informe sobre el Desarrollo Humano 2019, según el cual las capacidades aumentadas son las más difíciles de alcanzar. Nuestro compromiso con la igualdad de género es aún más importante en el contexto de la COVID-19.

Soluciones integradas para enfrentar la complejidad

El examen de mitad de período del Plan Estratégico demuestra que para aprovechar plenamente el valor de los resultados alcanzados a través de nuestras soluciones emblemáticas es necesario brindar a los Gobiernos lo que nos piden con cada vez más frecuencia: frente a la complejidad, no buscan soluciones sectoriales, sino soluciones a escala que beneficien a toda la sociedad.

En realidad, la integración funciona mejor: los análisis de desempeño demuestran que aplicar varias soluciones emblemáticas a entre un 30 % y un 60 % de los productos mejora los resultados generales de los programas.

La Promesa Climática

Fue por ese motivo que, por ejemplo, en 2019 el PNUD lanzó nuestra ambiciosa Promesa Climática, como una manera de poner a prueba nuestra capacidad de diseñar y llevar a cabo programas que integren con rapidez y a escala nuestras carteras de pobreza, gobernanza, resiliencia, medio ambiente, género y energía.

Para febrero de 2020, superamos nuestro objetivo de ayudar a 100 países a alcanzar sus ambiciones climáticas. Actualmente, seguimos impulsando la Promesa Climática en 110 países en cooperación con los socios estratégicos del PNUD en materia de acción por el clima, incluidos el Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente (PNUMA), la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO), el Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia (UNICEF), la Agencia Internacional de Energías Renovables (IRENA), el Banco Mundial, ONU-Hábitat, el Fondo para el Medio Ambiente Mundial (FMAM) y el Fondo Verde para el Clima (FVC).

#NextGenUNDP

La promesa climática ilustra tres características fundamentales de #NextGenUNDP que surgieron durante los primeros dos años de este Plan Estratégico: primero, nuestro compromiso de ayudar a los países a enfrentarse a la complejidad; segundo, nuestra ambición de promover el desarrollo sostenible a escala, y tercero, nuestra certeza de que en lo referido a las Naciones Unidas, trabajando juntos somos más fuertes, que es justamente lo que se busca con las reformas del sistema de desarrollo de la Organización.

Desde colaborar con la Oficina de las Naciones Unidas para la Coordinación de Asuntos Humanitarios (OCHA) para fortalecer la resiliencia en la cuenca del lago Chad hasta nuestra labor en curso con la Organización Mundial de la Salud (OMS) y los organismos del Sistema de las Naciones Unidas para el Desarrollo (SNUD) para fortalecer los sistemas sanitarios, nuestra cooperación con otros organismos de las Naciones Unidas es importante y va en aumento, y es un aspecto clave del funcionamiento de #NextGenUNDP.

#NextGenUNDP no es solo un eslogan, y no surgió de la noche a la mañana. Es el fruto de una serie de esfuerzos intensos y deliberados de reestructuración dentro del PNUD y con nuestros socios para mejorar nuestra manera de pensar, actuar, invertir y gestionar.

Actualmente, mientras las Naciones Unidas trabajan para ayudar a los países en sus esfuerzos de preparación, respuesta y recuperación frente a la COVID-19, nuestras inversiones están demostrando su valor. A continuación, mencionaremos algunos aspectos destacados de las medidas que adoptamos y sus impactos.

Mayor eficacia y eficiencia

Comenzamos eliminando el déficit de la organización en 2017 y equilibrando las cuentas, ya por tres años consecutivos. Racionalizamos 150 procesos operacionales y realizamos inversiones para seguir mejorando nuestro modelo operacional. Controlamos los costos y aumentamos la productividad, destinando 91 centavos de cada dólar a programas de desarrollo, frente a 88 centavos en el período comprendido entre 2014 y 2017; eso representó unos US$ 240 millones recursos adicionales destinados al desarrollo en 2018-19.

Gracias a la estrategia Personal para 2030, potenciamos las inversiones del PNUD para conformar una fuerza de trabajo talentosa, diversa y centrada en los resultados, entre otras cosas mediante nuestra galardonada iniciativa de cooperación con Voluntarios de las Naciones Unidas (VNU) para contratar a personas con discapacidades.

Se ha alcanzado el equilibrio de género y la diversidad geográfica en los cargos de jefaturas y jefaturas adjuntas del PNUD en 140 países y territorios. Si bien la paridad de género del personal se mantuvo, es necesario mejorar la paridad de género del personal directivo intermedio y la representación de personal de los países donde se ejecutan programas en la categoría D-1 y categorías superiores.

El PNUD ha obtenido buenos resultados en la versión 2.0 del Plan de Acción para todo el Sistema de las Naciones Unidas, donde alcanzó o superó el 88 % de los indicadores del desempeño en 2019, y obtuvo uno de los mayores puntajes en el índice de género y salud elaborado por Global Health 50/50 en 2020. Hemos trabajado con ahínco para mejorar nuestra cultura de trabajo, lo que ha incluido la adopción de medidas concretas para prevenir el acoso sexual y la explotación y los abusos sexuales.

Además, seguimos esforzándonos por transformar al PNUD en un institución más limpia y ecológica, por ejemplo, mediante nuestra iniciativa Greening Moonshot, dirigida a reducir nuestras emisiones de gases de efecto invernadero en un 25 % de aquí a 2025 y en un 50 % de aquí a 2030.

Ahora que hemos llenado todas las vacantes de los puestos de dirección sobre el terreno, en el PNUD nos esforzaremos por aumentar la productividad, la eficiencia y la eficacia en los próximos dos años del Plan.

Estamos muy conscientes de los efectos que la COVID-19 podría tener sobre nuestras posibilidades de lograrlo. Se trata de una cuestión de la que estamos haciendo un cuidadoso seguimiento y que intentamos mitigar en la medida de lo posible.

Servicios mejorados a nuestros socios de las Naciones Unidas

El PNUD, que brinda servicios de nómina, viajes y adquisiciones y contratación a diversos organismos de las Naciones Unidas, sigue siendo el eje operacional del SNUD y la entidad que más contribuye al sistema de coordinadores residentes de la Organización, con una calificación de 4,2 estrellas de un máximo de 5 por los servicios que le brinda.

Al mismo tiempo, el PNUD alberga funciones clave para la labor de las Naciones Unidas alrededor del mundo, incluida la Oficina de los Fondos Fiduciarios de Asociados Múltiples, que en 2019 gestionó US$ 1.250 millones en nombre del SNUD, y Voluntarios de las Naciones Unidas, que tiene una reserva de talentos de 200.000 voluntarios en más de 100 categorías profesionales. En 2019, Voluntarios de las Naciones Unidas desplegó 8.202 profesionales, un 17 % más que en 2018, y en este momento tiene 700 voluntarios sobre el terreno dedicados a la respuesta a la COVID-19.

El PNUD también alberga a la Oficina de las Naciones Unidas para la Cooperación Sur-Sur, que en 2019 desempeñó un papel fundamental en reunir a los países para la conferencia PABA+40 en Argentina, y al Fondo de las Naciones Unidas para el Desarrollo de la Capitalización (FNUDC), a través del cual 3 millones de personas con acceso escaso o nulo a los servicios bancarios pudieron acceder a diversos servicios digitales y financieros. En la reunión de la Junta correspondiente a septiembre, durante la cual el FNUDC presentará su examen de mitad de período del marco estratégico y su informe anual, se dará más información sobre el tema.

Los insto a que apoyen la labor fundamental de estos organismos de las Naciones Unidas.

Mayor innovación y espíritu de iniciativa

La Red de Laboratorios de Aceleración del PNUD se estableció en 78 países en apenas 12 meses y recibió el Premio de Apolitical de los mejores equipos de servicio público para el año 2019 por su labor en políticas basadas en datos empíricos. Ya se está trabajando en la ampliación de la red.

Un 24 % de quienes se unieron a la Red de Laboratorios han regresado a sus países de origen para desempeñar su labor, lo que prueba que el PNUD está logrando que profesionales de primera línea regresen a los países en desarrollo de los que provienen.

El PNUD estableció el Concentrador del Sector de Finanzas de los ODS para aportar coherencia y escala a su labor de financiación de los ODS, lo que ha incluido iniciativas con nuestros socios de las Naciones Unidas y la Unión Europea para promover el uso de marcos nacionales integrados de financiación, que ya funcionan en 19 países; con socios del sector privado, como Samsung, Mars y Microsoft, y una amplia gama de inversores a través del programa SDG Impact, y con la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE) y numerosos Estados miembros para impulsar el programa denominado Inspectores Fiscales Sin Fronteras.

En el marco de nuestra Estrategia Digital, se están probando nuevos programas sobre el terreno al tiempo que se mejora la alfabetización digital institucional, con un 20 % del personal que ya ha recibido capacitación. El PNUD ganó el premio FutureEdge 50 por nuestra plataforma de ciberseguridad, y el mes pasado lanzamos una nueva estrategia de tecnología de la información para acompañar y potenciar la transformación digital del PNUD.

La confianza de los socios se refleja en la financiación

De los más de 3.100 socios que participaron en nuestras encuestas de socios de 2020, un 80 % afirmó considerar al PNUD un socio valioso. Las constantes contribuciones financieras al PNUD en el periodo 2018-19 refuerzan la confianza de los socios. En total, el PNUD gestionó US$ 14.900 millones en recursos disponibles, incluidos US$ 1.250 millones en contribuciones a los recursos ordinarios.

El PNUD recibió US$ 1.820 millones en contribuciones de participación de los Gobiernos en la financiación de los gastos, la mayor parte de los cuales se destinó a nuestras labores de gobernanza con los países donde se ejecutan programas. Este tipo de contribuciones, junto con las contribuciones de los Gobiernos para sufragar los gastos de las oficinas locales, reflejan el apoyo que los Estados miembros brindan a los programas y las oficinas del PNUD, al igual que otras contribuciones complementarias.

Por ejemplo, frente a 2018, en 2019 las inversiones en las ventanillas de financiación temática del PNUD aumentaron un 54 %, la participación de los fondos mancomunados del Fondo Fiduciario de Asociados Múltiples aumentó un 27 %, y las promesas plurianuales de contribución a los recursos ordinarios o “básicos” aumentaron un 14 %.

Las donaciones y los préstamos otorgados por las instituciones financieras internacionales aumentaron a US$ 676 millones, un 50 % más que el bienio anterior. Al mismo tiempo, durante 2019 se produjo una disminución del 2 % en el uso de los recursos ordinarios para financiar el funcionamiento del PNUD, lo que permitió destinar US$ 19,5 millones adicionales de estos recursos a la programación para el desarrollo.

Los recursos ordinarios contribuyen a obtener mejores resultados

En respuesta a los pedidos, el PNUD está pasando de un enfoque basado en proyectos a uno basado en carteras, con el objetivo de ofrecer soluciones a toda la sociedad. No es una tarea fácil para una organización que en gran medida funciona mediante la financiación de proyectos.

Como aspecto fundamental del Convenio de Financiación de Secretario General, los recursos básicos sustentan la capacidad de innovación y de respuesta del PNUD, su capacidad operacional y flexibilidad, y nuestras redes y presencia en todo el mundo. El examen de mitad de período pone de relieve su efecto catalizador a todos los niveles de la Agenda 2030. Por ejemplo, los equipos del PNUD con una mayor proporción de recursos ordinarios tuvieron mejores resultados en materia de género.

Y sin embargo, nuestros recursos ordinarios apenas alcanzan. Es un desafío que podría agravarse en el próximo ciclo de planificación, por cuanto se prevé que el número de países de ingreso mediano aumentará. Si los niveles de recursos ordinarios no aumentan, las asignaciones de recursos básicos para los países de ingreso mediano se verán limitadas.

Por eso, quiero agradecer a los socios —tanto a los donantes como a los países donde se ejecutan programas— por sus contribuciones a los recursos básicos y complementarios del PNUD, y es mi deseo sincero que podamos seguir contando con su compromiso para tener a nuestra disposición recursos básicos sólidos y flexibles que nos permitan seguir adelante con este Plan y prepararnos para el próximo.

Se trata de un aspecto clave de la evolución hacia la siguiente generación del PNUD, para la que todavía queda un largo camino que recorrer.

La transformación de #NextGenUNDP no ha terminado

Desde 2018 hemos avanzado muchísimo. Con todo, algunas esferas no han alcanzado sus hitos o son experimentos todavía en curso, como se explica con mayor detalle en el examen de mitad de período. Por tanto, durante los próximos dos años nos centraremos en los siguientes aspectos:

-       Fortalecer la capacidad de aprendizaje del PNUD: la evaluación de 2018 de la pobreza de los países menos adelantados puso de manifiesto ciertas debilidades en el enfoque del PNUD y la necesidad de replantear nuestras herramientas y el diseño de nuestros programas. Con la determinación aprender de eso y del Informe sobre Desarrollo Humano 2019 sobre la desigualdad, estamos trabajando con ahínco para potenciar nuestros impactos en lo referido a la pobreza multidimensional y reorientar nuestro enfoque en materia de protección social, un aspecto que ha cobrado una importancia fundamental.

-       Aprovechar los conocimientos con mayor eficacia: los extraordinarios conocimientos y experiencias que posee el PNUD no siempre se vinculan con eficacia. La Red Global de Políticas aún no es plenamente funcional ni está lo suficientemente vinculada con los Laboratorios de Aceleración, las oficinas en los países y las plataformas de apoyo a los países como para compartir experiencias, ampliar la escala del éxito y lograr impactos de gran alcance.

-       Potenciar el apoyo integrado: Las soluciones emblemáticas han sido diseñadas para tener efectos multidimensionales, pero persisten las deficiencias. Por ejemplo, la energía limpia no siempre está bien integrada en las intervenciones más amplias. La información que surge de los análisis de desempeño está siendo útil para determinar qué combinaciones de soluciones emblemáticas son más idóneas para obtener los mejores efectos a nivel de resultados. Y aunque hemos establecido 60 plataformas de apoyo a los países, algunas todavía no son verdaderos “motores de integración”, sino que necesitan seguir desarrollándose.

-       Gestión de las auditorías y el riesgo: la transparencia y la rendición de cuentas por los resultados y los efectos continúan siendo prioridades principales del PNUD, como lo prueba el hecho de que según el índice de transparencia de la ayuda, somos una de las organizaciones de ayuda más transparentes del mundo. El PNUD obtuvo su 14º dictamen de auditoría sin reservas de la Junta de Auditores de las Naciones Unidas, y la Oficina de Auditoría e Investigaciones nos otorgó la calificación de “parcialmente satisfactorio con algunas mejoras necesarias” en los ámbitos de gobernanza, gestión de riesgos y controles. Extraer enseñanzas de esta calificación y actuar en consecuencia sigue siendo esencial, y ya se están adoptando medidas para hacerlo.

El Plan Estratégico dejó al PNUD listo para la reforma. Sentó las bases para el diseño de nuevos documentos de los programas para los países y reinventó las funciones de nuestros representantes residentes. Un 73 % de nuestros socios señalan estar complacidos con el apoyo que el PNUD brinda a los coordinadores residentes para situar estratégicamente a las Naciones Unidas a nivel de los países, un porcentaje que nos esforzaremos por seguir aumentando en cooperación con el sistema de coordinadores residentes.

Nuestro trabajo en equipo será sometido a prueba a medida que fijemos el rumbo para los siguientes dos años de este Plan Estratégico y más allá.

Una prueba de fuego para la reforma de las Naciones Unidas

La pandemia de la COVID-19 será una prueba de fuego para el compromiso que hemos asumido de brindar un apoyo de mayor calidad, más rápido y más eficaz a los países donde se ejecutan programas.

Las inversiones que se realizaron en el marco de #NextGenUNDP durante los primeros dos años de la ejecución de nuestro Plan Estratégico y el apoyo constante de nuestros socios y de la Junta Ejecutiva complementan nuestra capacidad de ayudar hoy a los países en sus esfuerzos de preparación, respuesta y recuperación, entre otras cosas como el organismo que las Naciones Unidas han designado como el líder técnico en materia de recuperación socioeconómica.

Colaborar con nuestros socios dentro del sistema de las Naciones Unidas es un aspecto indispensable de nuestra respuesta. El PNUD está trabajando con la oficina del Coordinador Residente (RCO), con Voluntarios de las Naciones Unidas y con ONU-Mujeres para ayudar a los trabajadores de la economía informal y a las pequeñas empresas en Argentina, y se ha asociado con el Banco de Tecnología de las Naciones Unidas para los Países Menos Adelantados y con la OMS en Turquía en el marco de la plataforma de acceso a la tecnología

Estamos trabajando con la OMS, con el Fondo de Población de las Naciones Unidas (UNFPA), con el Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia (UNICEF), con la RCO, con socios del sector privado y con la Agencia Espacial Europea para establecer en la República de Moldova una plataforma de macrodatos para tareas de análisis casi en tiempo real, y con el Banco Mundial en Cote d’Ivoire —uno de los 70 países donde el PNUD lidera o colidera evaluaciones de impactos con los equipos de las Naciones Unidas en los países y con instituciones financieras internacionales— para realizar un seguimiento periódico de la vulnerabilidad de los hogares.

El análisis sobre el terreno de la respuesta a la COVID-19 indica que las claves del éxito del SNUD incluyen una firme implicación nacional, una única voz de las Naciones Unidas, y la existencia de iniciativas conjuntas y mecanismos de financiación comunes que puedan activarse y ampliarse en escala con rapidez. Entre los obstáculos se cuentan la necesidad responder con celeridad ante la complejidad que plantea la crisis en los ámbitos humanitario, de la paz y del desarrollo, y la convergencia de estructuras de financiación que podrían incentivar la competencia y no la cooperación.

Para reconstruir mejor tras la COVID-19, es necesario trabajar en pro de quienes aun antes de la pandemia no tenían acceso ni a la educación, ni al empleo, ni a Internet ni a la electricidad. Las regiones afectadas por los conflictos, donde el contrato social ya está dañado, no pueden quedar relegadas en el mundo y recibir únicamente asistencia a corto plazo.

Por ende, este es un momento clave para salvar la brecha entre la asistencia humanitaria y el desarrollo sobre la que han evolucionado los sistemas de asistencia internacional, de forma tal que en la competencia por los recursos financieros, el desarrollo sostenible a largo plazo no quede excluido por la emergencia humanitaria, que al igual que aquél, también reviste una importancia fundamental.

Puntos de inflexión: las decisiones que determinarán el futuro

El impacto sistémico que han tenido la pandemia y la respuesta a ella puede compararse a experimentar la crisis climática de 80 años en una emergencia sanitaria de 18 meses de duración. No obstante, esta profunda conmoción podría crear el espacio necesario para que los responsables de la adopción de decisiones tomen medidas que hasta ahora no se contemplaban en los ámbitos normativo, jurídico o regulatorio.

Por tanto, los próximos meses serán cruciales, por cuanto las decisiones que tomen los gobiernos hoy podrían dar paso a cambios radicales que transformen nuestras sociedades y nuestro planeta para mejor. Una respuesta con visión de futuro a la COVID-19 podría poner punto final a una era en la que, mientras que 1 de cada 10 personas pasa hambre, la tercera parte de los alimentos que se producen se desperdicia, y en la que el gasto para subsidiar a los combustibles fósiles es 10 veces mayor que el total de las inversiones en energías renovables.

La siguiente fase de nuestra oferta de preparación, respuesta y recuperación ha sido diseñada para ayudar a los responsables de la adopción de decisiones a hacer elecciones y enfrentarse a la complejidad en un entorno sumamente incierto. Se centra en cuatro esferas principales que han sido definidas en función de los pedidos de nuestros socios sobre el terreno: gobernanza y poder de acción, protección social, economía verde y disrupción digital.

Gobernanza y poder de acción: establecer un nuevo contrato social

Esta esfera de trabajo nunca había sido tan importante para el PNUD, en un contexto en que los gobiernos se ven sometidos a una presión nunca antes vista para enfrentarse a la crisis y la incertidumbre, brindar servicios digitalizados, facilitar el acceso a la información y la protección social y funcionar de una manera transparente, responsable y eficaz que promueva la cohesión social y proteja los derechos humanos y el Estado de derecho, en particular en contextos de fragilidad donde las preocupaciones en materia de justicia y seguridad podrían ser más profundas.

El PNUD apoyará a sus socios para que adopten decisiones que promuevan para prestación de servicios inclusivos y sienten las bases para el futuro, un nuevo contrato social que refleje plenamente la capacidad de acción de las personas, que fomente la confianza en las instituciones y que cierre la brecha entre las personas y el Estado. Esto incluirá ayudar a los Gobiernos a desarrollar estrategias inclusivas de recuperación económica, a invertir en los mercados prioritarios y a fortalecer sus vínculos con el sector privado.

Este apoyo ya se está brindando. Por ejemplo, en Uzbekistán, donde la presión sobre los insumos médicos está aumentando, el PNUD está ayudando al Gobierno a evaluar el sector de la salud para detectar y gestionar los riesgos de corrupción. En Viet Nam, el PNUD está ayudando al Gobierno a comunicarse con las minorías étnicas y las personas con discapacidades sobre el avance de la COVID-19.

En el Sudán, el PNUD está apoyando a las autoridades centrales para que sigan funcionando a fin de brindar servicios, gestionar la asistencia y continuar avanzando hacia una transición pacífica.

Protección social: erradicar las disparidades

En el mundo se está produciendo un cambio en los conceptos relacionados con la salud, la protección social, los sistemas de cuidado y el bienestar. Pedirle a las personas que se laven las manos si no tienen acceso al agua no significa nada. Hablar de trabajar desde casa no tiene sentido si no se tiene un empleo o un lugar donde vivir, o si las cadenas de suministro a través de las cuales los agricultores y los trabajadores rurales informales se ganan la vida están paralizadas.

El empleo, la protección social (incluida la cobertura sanitaria universal) y el acceso a otros servicios básicos serán factores clave para erradicar las desigualdades que las sociedades acusaban antes de la COVID-19 y que ahora han quedado totalmente al descubierto. La promoción de la igualdad de género está a la vanguardia de una ola de cambios que debe apoyarse a fin de luchar contra la discriminación y el prejuicio que surgen de ciertas normas sociales arraigadas, entre otras cosas con respecto a la redistribución de las tareas de prestación de cuidados no remuneradas, el liderazgo y la esfera digital.

Para poder invertir en estos ámbitos, los Gobiernos necesitan espacio fiscal. El PNUD se hace eco del llamamiento del Secretario General a suspender los pagos de deuda para todos los países vulnerables. Estamos analizando de qué manera esto podría traducirse en un ingreso temporal básico, y si el pacto social renovado debería incluir un ingreso básico universal.

Como se explica en el Informe sobre Desarrollo Humano 2019, reconocemos la necesidad de que el futuro del empleo se defina a través de una revolución de las capacidades liderada por los jóvenes y basada en la adquisición continua de habilidades y la adopción de las tecnologías digitales.

La solidaridad y las alianzas entre los sectores público y privado serán fundamentales para crear estrategias dirigidas a los trabajadores de los sectores informales y una nueva generación de empleos resilientes y ecológicos que promuevan el espíritu emprendedor entre los jóvenes. El PNUD está cooperando estrechamente con la Organización Internacional del Trabajo (OIT), UNICEF y otros socios con ese fin.

Una economía verde: de una vez y para siempre

Al igual que el cambio climático, la pandemia ha demostrado, como si todavía fuera necesario hacerlo, que todas las formas de vida en la Tierra están interconectadas. Hace años que los científicos vienen advirtiendo que la deforestación descontrolada, el comercio ilícito de fauna y flora silvestres y la zoonosis desencadenarían una pandemia incontrolable.

Por tanto, este es el momento de restaurar el equilibrio entre las personas y el planeta, diseñando soluciones basadas en la naturaleza y reduciendo su riesgo como parte de una nueva red mundial de seguridad social; promoviendo alianzas sostenibles entre los sectores público y privado, por ejemplo, mediante iniciativas de ecoturismo basadas en la naturaleza y sistemas de transporte inocuos para el medio ambiente; transformando la agricultura de una actividad generadora de carbono a un sumidero de carbono, e integrando ideas y acciones con el sector sanitario para luchar contra la contaminación atmosférica, que mata a siete millones de personas todos los años.

Según las investigaciones de la Agencia Internacional de Energías Renovables (IRENA), los beneficios que se generarían en materia de atención de salud y servicios de educación equivaldrían a ocho veces el costo de descarbonizar la economía mundial de aquí a 2050. Frente a un escenario en que todo sigue igual, en el mismo período el PIB mundial aumentaría en US$ 98 billones, y el número de empleos en el sector de las energías renovables se cuadruplicaría para alcanzar los 42 millones.

Mediante una respuesta integrada, los subsidios a los combustibles fósiles que financia el sector público, que cuestan a las sociedades US$ 5,3 billones (equivalentes al 6,3% del PIB mundial), podrían reorientarse para financiar la prestación de servicios públicos esenciales e iniciativas de protección social. Desde que en 2015 se firmó el acuerdo internacional sobre el cambio climático en París, 33 de los bancos más importantes del mundo han invertido en conjunto US$ 1,9 billones en los combustibles fósiles. Se trata de inversiones en un modelo energético que ya no tiene futuro. Los períodos en que los precios del petróleo se reducen, como ahora, son ideales para introducir reformas que establezcan un nuevo precio para la energía.

Es por eso que hoy, a medida que deciden de qué manera invertir los recursos públicos, los Gobiernos tienen ante sí dos opciones: o siguen estimulando las industrias de los combustibles fósiles y otros rasgos de un sistema que pertenece al pasado (soluciones transitorias que reavivarán el conflicto con la naturaleza), o invierten en el futuro, en una recuperación más resiliente y armonizada con el planeta e impulsada por sistemas de energías renovables que nos ayuden a enfrentarnos con eficacia a la crisis climática.

Ya se está trabajando en ese sentido. Por ejemplo, el PNUD y Sudáfrica están explorando maneras de potenciar el programa nacional de obras públicas Working for Water, que ya emplea a 30.000 trabajadores por año, para ampliar la creación de empleos inocuos para el medio ambiente, mientras que en Malawi estamos utilizando el Fondo de Innovación para promover el turismo basado en la naturaleza e impulsar la recuperación económica. 

Estamos trabajando con la FAO para traducir las contribuciones determinadas a nivel nacional y los planes de adaptación en soluciones climáticas para la agricultura y el uso de la tierra, entre otras cosas para lograr que la recuperación de la pandemia sea resiliente e inocua para el medio ambiente, mientras que Antigua y Barbuda, Indonesia, Kirguistán y Nigeria han solicitado asistencia al PNUD sobre la economía política de la reforma relacionada con los subsidios a los combustibles fósiles.

Disrupción digital e innovación para aumentar la velocidad y la escala

El cierre de las escuelas ha puesto de relieve las profundas brechas en el acceso al aprendizaje en línea, y el PNUD estima que un 86 % de los niños que asisten a la escuela primaria en países con índices bajos de desarrollo humano han quedado fuera del sistema educativo, frente a apenas un 20 % en los países con índices de desarrollo humano muy altos. Este retroceso, el más profundo de que se tiene registro, nos lleva de vuelta a la década de 1980, cuando todavía no se habían establecido los Objetivos de Desarrollo Sostenible ni los Objetivos de Desarrollo del Milenio.

Se estima que cerrar la brecha en el acceso a Internet en los países de ingreso bajo e ingreso mediano costaría US$ 100.000 millones, alrededor de un 1 % de los extraordinarios programas fiscales con que el mundo ha respondido a la COVID-19. Además de ser sumamente asequible, una iniciativa de ese tipo sería suficiente para reinsertar a los niños en el sistema educativo (aunque sea en una modalidad remota) y reducir a la mitad la regresión en el desarrollo humano que la pandemia podría ocasionar.

Se trata apenas de un ejemplo de los beneficios inmediatos que podrían tener las inversiones en la digitalización. Como nuestros socios en UNICEF, la OIT, la Unión Internacional de Telecomunicaciones (UIT), el FNUDC y en otros organismos saben, el rápido aumento en el uso de las herramientas de pagos digitales y de educación, trabajo y medicina a distancia durante la crisis de la COVID-19 no es más que el comienzo de la transformación digital.

Gracias a las inversiones para innovar nuestra arquitectura y a nuestra nueva Estrategia Digital, que permitió a nuestros equipos dedicados en todo el mundo continuar trabajando y a nosotros mantener nuestras puertas “abiertas” durante los últimos meses, el PNUD está hoy en una posición mucho mejor para responder a la pandemia que lo que habría estado hace 12 meses. Desde el comienzo de la pandemia, más de 40 Gobiernos han solicitado ayuda al PNUD para no interrumpir sus servicios públicos, y desde las Maldivas, pasando por el Brasil y hasta el Sudán, estamos haciendo eso posible.

También estamos ayudando a movilizar los recursos monetarios a través de la financiación digital, un ámbito que se analizará con mayor detalle en el próximo informe del Equipo de Tareas del Secretario General sobre la Financiación Digital de los ODS. En Uganda, por ejemplo, los comerciantes informales se están conectando en línea con sus proveedores para mantener sus caderas de suministro. Sobre la base de nuestras iniciativas de cooperación en materia de financiación digital, el PNUD y el FNUDC están trabajando con el Banco Mundial, la Organización Internacional para las Migraciones y los Estados miembros para mejorar el flujo de remesas, de forma tal que los migrantes y sus familias puedan seguir cubriendo sus necesidades y servicios básicos de alimentación, vivienda, educación y salud durante la pandemia.

Excelencias,

La crisis de la COVID-19 encontró a cada sociedad en una situación distinta. Para algunas, la crisis sanitaria llegó antes que la crisis socioeconómica; sucedió lo opuesto en el caso de otras, que primero experimentaron una drástica disminución del ingreso y del empleo en los sectores rurales y de la economía informal. En los países que estaban atravesando situaciones de conflicto o recuperándose de ellas, la crisis podría relacionarse con la súbita pérdida del impulso hacia el logro de la paz o con haber pasado a un plano secundario en la atención internacional, con las consecuencias sumamente negativas que ello trae aparejado.

Sin importar cuál sea el punto de partida, el PNUD, apoyado en su Plan Estratégico, ayudará a nuestros socios a adoptar decisiones y a diseñar planes nacionales de respuesta para enfrentar la incertidumbre, recurriendo a los conocimientos de sus socios en los ámbitos público y privado y armonizando las inversiones de ambos sectores, entre otras cosas mediante los marcos nacionales integrados de financiación, que ya hemos comenzado a aplicar en más de 50 países.

En esta segunda etapa de nuestra respuesta a la COVID-19, nuestra labor se centrará en estas cuatro esferas integradas, que nos permitirán sentar las bases para una transición justa y equitativa hacia el futuro una vez que la pandemia haya pasado. Estas esferas podrían evolucionar a medida que las necesidades de los países cambian y nos adaptamos juntos a los efectos de la pandemia y aprendemos de ellos.

El PNUD redoblará sus esfuerzos para lograr resultados de desarrollo rápidos y a escala en este nuevo contexto, entre otras cosas elevando los niveles de ambición de casi todas nuestras metas correspondientes a los resultados de desarrollo 2021. Nuestra respuesta a la COVID-19 será un aspecto clave del período restante de nuestro Plan Estratégico, y junto con el cambio climático, será fundamental para definir el contexto del siguiente.

Me gustaría expresar mi aprecio a cada uno de los Estados miembros y los socios que han trabajado estrechamente con nosotros en este examen de mitad de período de nuestro Plan Estratégico y que nos han apoyado en nuestro progreso hasta el momento. Sus aportes han sido invalorables, y su participación, su implicación y su orientación constantes serán fundamentales de cara al futuro.

Como señaló Amartya Sen, si bien no podemos vivir sin historia, tampoco debemos quedarnos en ella. La Gran Depresión de las décadas de 1920 y 1930 tuvo repercusiones en las economías de todo el mundo, y los cambios políticos y sociales que produjo definieron el resto del siglo XX, entre otras cosas al crear un conflicto entre la economía y la ecología.

En la recuperación frente a la COVID-19 debemos transitar un camino distinto. Más allá de la tragedia, nosotros, como actores multilaterales, tenemos la oportunidad de transformar el mayor retroceso en el desarrollo humano que nuestra generación ha visto en un salto histórico hacia un futuro sostenible, inclusivo, pacífico y resiliente, con los ODS como nuestro principio rector. Esta es la senda que el PNUD está determinado a seguir, y contamos con su apoyo y su aliento para transitarla.

Gracias por su apoyo constante.

 

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