Es claro que el conocimiento y el dinamismo de las comunidades es crucial para poner fin al SIDA como amenaza para la salud pública de aquí a 2030. ©ONUSIDA

En este Día Mundial del SIDA, queremos honrar las variadas y vitales contribuciones que las comunidades de todo el mundo hacen para responder al VIH. Estas acciones incluyen desde abordar el estigma y la discriminación y defender los derechos humanos, hasta aumentar el acceso a servicios que salvan vidas, pasando por garantizar un lugar central para las personas en la formulación y la implementación de las políticas.

Este compromiso se produce en un momento de numerosos obstáculos para la participación de las comunidades, como son la reducción del financiamiento de donantes orientado a responder al VIH, y las difíciles condiciones legales, sociales y políticas que impiden la participación, sobre todo de las comunidades que se han quedado más rezagadas. Estas incluyen a las mujeres y niñas, y a poblaciones clave como las de hombres gays y otros hombres que mantienen relaciones sexuales con hombres, trabajadoras y trabajadores sexuales, personas transgénero, personas que se inyectan drogas y la población carcelaria, quienes soportan una carga desproporcionada del fenómeno del VIH. Asimismo, en 2018, las poblaciones clave y sus parejas sexuales representaron el 54% de las nuevas infecciones por VIH. Por otra parte, la Comisión Mundial sobre el VIH y la Legislación constató que, entre 2012 y 2015, 60 países adoptaron leyes para restringir las actividades de la sociedad civil, lo que lesiona el empoderamiento de los socios clave en la labor contra el SIDA.

Sin embargo, la evidencia revela que las respuestas centradas en las personas y encabezadas por las comunidades pueden mejorar la calidad y el acceso a los servicios, incrementar la rendición de cuentas, y aumentar las intervenciones a escala. Por ejemplo, gracias a la valentía de las personas que viven con VIH y a la sociedad civil, el precio de los medicamentos antirretrovíricos ha disminuido considerablemente, lo que ha resultado en que 24,5 millones de personas de los 37,9 millones que viven con el virus se encuentren actualmente bajo tratamiento por VIH. Las comunidades también brindan servicios de prevención y tratamiento del VIH, promueven la supresión de las leyes y políticas punitivas que obstruyen la respuesta al virus y, además, aportan datos obtenidos del monitoreo de los sistemas y servicios de salud. Asimismo, desempeñan un papel destacado para mantener la lucha contra el VIH entre los principales temas de las agendas políticas, buscan la rendición de cuentas de quienes tienen a su cargo la formulación de políticas, y garantizan el respeto, la protección y el cumplimiento de los derechos humanos. De hecho, la Agenda 2030 para el Desarrollo Sostenible reconoce la función central de las comunidades para alcanzar los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS) y cumplir la promesa de no dejar a nadie atrás.

Queda claro que el conocimiento y el dinamismo de las comunidades es crucial para poner fin al SIDA como amenaza para la salud pública de aquí a 2030. Por ello necesitamos ampliar el rol fundamental de las comunidades en esta labor. Hoy y todos los días, el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD) manifiesta su solidaridad con las comunidades y expresa su compromiso de trabajar en estrecha relación con ellas y otros asociados en la lucha contra el SIDA para alcanzar las metas de los ODS relativas al VIH.  

Solo mancomunadamente podemos poner fin a las desigualdades y las injusticias que se mantienen como barraras para acceder a los servicios contra el VIH.

Achim Steiner, Administrador del Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD)

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