El PNUD México exhorta a los gobiernos, sociedad civil, academia, sector privado, organismos internacionales y desde el mismo núcleo familiar, a entender cómo las mujeres viven de forma diferenciada la pandemia del COVID-19. Foto: PNUD México

 

La pandemia del COVID-19 que tiene al mundo en jaque y México no es la excepción. Sin embargo el virus, a pesar de su escala y velocidad de transmisión sin precedentes, representa muchos de los mismo desafíos que las mujeres ya enfrentan en otras crisis. Las mujeres están en la primera línea de respondientes como profesionales de la salud, voluntarias, cuidadoras o varias de estas labores a la vez. Son también ellas las que pueden verse desproporcionadamente afectadas por la falta de acceso a servicios de salud, por el rol asignado a su género en labores de cuidado o por la violencia de género que se vive en estos espacios, ya sean públicos o privados.

Es imprescindible analizar nuestra respuesta a COVID-19 con la mira en las mujeres, ya que podemos predecir que habrá impactos diferenciados para ellas.

Para frenar la propagación del virus, el Gobierno de México ha cerrado las escuelas públicas y privadas y todos los negocios no esenciales y ha promovido el 'distanciamiento social', aconsejando a los ciudadanos a quedarse en casa en la medida de lo posible y mantener una distancia con otros de dos metros en lugares públicos.

Con las y los niños fuera de la escuela, las mujeres soportan una mayor carga en las tareas de cuidado. Se estima que en México tres cuartas partes del trabajo de cuidados no remunerado es realizado por mujeres, lo que equivale a US$287.291 millones o un 23,5% del PIB nacional. También, de acuerdo a Oxfam, ellas constituyen dos terceras partes de la mano de obra que se ocupa del trabajo de cuidados remunerado a nivel mundial.

Ante esta situación, las políticas de cuidado deberían considerar una prestación extraordinaria de seguridad social para madres y padres que, en crisis sanitarias como la actual, deban ausentarse del trabajo para cuidar a hijas e hijos. Esto permitiría que tanto hombres como mujeres no tengan consecuencias negativas en términos económicos, profesionales y en el uso de su tiempo.

En México, de las 475 mil personas que se dedican a la enfermería, solo un 15% son hombres, por lo que serán mujeres las que estarán en primera línea de la atención médica, exponiéndose de manera directa al virus.

Apuntalar la seguridad y salud plena de las y los primeros respondientes es prioritario. Sin embargo, al ser las enfermeras las que probablemente estén a cargo de las labores de cuidado en sus hogares, es importante que los sistemas de salud consideren permisos para el personal sanitario, independientemente de su sexo, para ausentarse y cuidar a sus familias.   

En los últimos 10 años, 43,9% de las mujeres y niñas mayores de 15 años en México (19,1 millones)  ha enfrentado violencia por parte de su actual o ex pareja. Estas cifras plantean un escenario que podría aumentar el riesgo de violencia contra las mujeres y las niñas.

Las mujeres sobrevivientes de violencia podrían enfrentar obstáculos adicionales para escapar de situaciones violentas, debido a la obligatoriedad de compartir el espacio del hogar con sus agresores.

Es vital que los servicios esenciales de respuesta ante la emergencia cuenten con protocolos que permitan prevenir, controlar y minimizar este riesgo de violencia, y, en su caso, actuar frente a estos contextos.

Las desigualdades que enfrentan las mujeres para su desarrollo son amplias. El Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD) en México exhorta a los gobiernos, sociedad civil, academia, sector privado, organismos internacionales y desde el mismo núcleo familiar, a entender cómo las mujeres viven de forma diferenciada la pandemia del COVID-19. Esto permitirá impulsar políticas equitativas e igualitarias que eviten reproducir las desigualdades que tanto esfuerzo ha costado disminuir, y garantizar no dejar a nadie atrás.

 

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