En India, el uso estratégico de la tecnología en el cuidado de la salud ha ayudado a hacer grandes avances para reducir la tasa de mortalidad de niños menores de cinco años. Foto: PNUD India / Dhiraj Singh

 

Desde aplicaciones de salud que registran el azúcar en la sangre o la calidad del aire, hasta drones que administran vacunas, la tecnología está dando forma a cada aspecto de nuestras vidas. El potencial de la tecnología para transformar la atención médica es enorme, especialmente para las comunidades pobres, de difícil acceso y marginadas. Pero los avances en salud digital pueden traer desafíos de privacidad y seguridad de datos que amenazan los derechos humanos y exacerban las desigualdades.

Cuando los países en desarrollo tienen acceso a la tecnología, pueden implementarla para abordar aquellos desafíos de salud pendientes desde hace tiempo. En Guinea-Bissau, los trabajadores de salud registran los datos de la malaria a mano y luego los envían en transporte público para realizar su análisis, un proceso que puede demorar hasta tres semanas. Esto dificulta el seguimiento de los brotes o la toma de decisiones informadas y oportunas sobre a dónde dirigir los recursos. El PNUD, el Fondo Mundial y el Banco Mundial están trabajando con el gobierno para difundir tabletas móviles a los establecimientos de salud en todo el país, lo que permite a los trabajadores de la salud monitorear los datos de la malaria de forma electrónica. Esto ha contribuido a una disminución del 16 por ciento en el número de muertes relacionadas con la malaria desde 2017.

Grupos marginados

Sin embargo, los avances tecnológicos no necesariamente llegan a aquellos que más lo necesitan. Más de la mitad de la población mundial todavía no tiene Internet, y proviene de forma abrumadora de grupos marginados como las mujeres, los ancianos, las personas con discapacidad y los que viven en zonas pobres, remotas o rurales.

En los casos en que las tecnologías digitales sí llegan a estas comunidades, los problemas de seguridad y privacidad pueden exacerbar el estigma y la discriminación. Entre 2016 y 2017, hubo más de 1.300 incidentes registrados de violaciones en la protección de datos de salud en 27 países. La filtración de este tipo de información puede amenazar la seguridad y el bienestar de los grupos vulnerables, como las personas que viven con VIH, especialmente en los 75 países del mundo que penalizan la no divulgación del VIH.

Incluso si los datos se recopilan con fines altruistas, se pueden usar incorrectamente o compartir con otras personas que pueden usarlos para un fin distinto al previsto. Los acuerdos de intercambio de datos pueden proporcionar a los gobiernos información personal que podría usarse para atacar o monitorear grupos marginados. Esto puede conducir a una violación de la confianza en la relación confidencial entre el médico y el paciente, y prevenir que las personas vulnerables busquen atención.

La lucha por la privacidad

En algunos lugares, existe un rechezo ante estas posibles violaciones de la privacidad del paciente. La sociedad civil de Kenya se opuso al plan de las autoridades de salud de utilizar datos biométricos, como huellas digitales o escáneres oculares, en un estudio sobre el VIH. Argumentaron que esta información podría ser utilizada por la policía para atacar a grupos como trabajadores sexuales, hombres que tienen sexo con hombres, personas transgénero y personas que se inyectan drogas, para arrestarlos y procesarlos. Otros países están siguiendo su ejemplo. Los Tribunales Supremos de India, Jamaica y Mauricio afirmaron la necesidad de una fuerte protección al recolectar datos biométricos para garantizar la privacidad.

Los países deben tomar medidas para permitir que las comunidades vulnerables se beneficien de los avances en salud digital mientras se respeta su privacidad. Primero, todas las personas, no solo unos pocos privilegiados selectos, deberían poder disfrutar de los beneficios de la innovación y la tecnología. El objetivo de la salud digital debe ser la cobertura universal de salud que reduzca las desigualdades, en lugar de profundizarlas.

En segundo lugar, los marcos legales y éticos sólidos basados en los derechos son fundamentales para la salud digital. Deben estar acompañados de leyes y políticas que protejan la privacidad y la dignidad de los pacientes, particularmente aquellos que corren el riesgo de sufrir una mayor estigmatización y discriminación.

Distribución equitativa

Finalmente, se necesitan mayores esfuerzos para garantizar que los avances tecnológicos se distribuyan por igual, de modo que las comunidades más necesitadas puedan beneficiarse. Las asociaciones entre sectores pueden ayudar a acelerar la introducción de nuevas tecnologías en comunidades pobres, marginadas o remotas.

La tecnología ofrece nuevas oportunidades para abordar algunas de las enfermedades más desafiantes del mundo y, en última instancia, salvar vidas. La revolución de la salud digital ha sucedido. Es hora de cerrar la brecha digital y de que la gobernanza, las leyes y las medidas de seguridad globales y nacionales se pongan al día.

Este artículo fue publicado originalmente aquí.

 

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