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Latinobarómetro es un estudio de opinión pública anualmente recopila alrededor de 20.000 entrevistas en 18 países de América Latina y el Caribe. Durante los últimos veinte años (1995-2018), las encuestas de Latinobarómetro han generado un verdadero tesoro de información que puede utilizarse para investigar un amplio espectro de temas. Hemos realizado un análisis en profundidad de estos datos para comprender mejor las actitudes hacia la política en la región, así como la manera en que estas actitudes se relacionan con percepciones en otros ámbitos, especialmente el ámbito económico. A continuación, se presenta una mirada de lo que encontramos y la razón por la cual es importante para las respuestas a la COVID-19.

Disminución de la confianza en las instituciones democráticas

La satisfacción con el funcionamiento del sistema político en América Latina y el Caribe alcanzó un mínimo histórico en 2018, con 3 de cada 4 personas expresando un juicio negativo sobre la vida política en su país. Hay evidencia de que esta insatisfacción generalizada ya ha empezado a afectar el apoyo a la democracia como forma de gobierno en la mayoría de los países de la región.

Por primera vez en el año 2018 el porcentaje de personas que expresan pleno apoyo a la democracia como forma de gobierno fue por debajo del 50%, mientras que la proporción de personas que se describen como indiferentes entre regímenes autoritarios y democráticos llegó al 28%, el nivel más alto jamás registrado y el doble del mínimo histórico (14% en 1997).

A través de los años, las mujeres y los jóvenes han sido sistemáticamente menos propensos a expresar satisfacción con el funcionamiento del sistema político y menos propensos a expresar un apoyo incondicional a la democracia como forma de gobierno que el resto de la población.

La crisis causada por la COVID-19 presenta tanto riesgos como oportunidades para el futuro de la gobernabilidad democrática en América Latina y el Caribe. Por un lado, hay ciertamente terreno fértil en la región para la noción que los regímenes menos democráticos son más eficaces en responder a emergencias. Por otro lado, la COVID-19 abre espacios sin precedentes para reinventar la política y restablecer la confianza en las instituciones democráticas. En esta compleja coyuntura se necesita una nueva narrativa sobre la democracia. 

La importancia de la transparencia y la equidad distributiva

El desempeño económico percibido y la corrupción percibida parecen ser las determinantes principales de la satisfacción con el funcionamiento del sistema político, según los datos revisados por el estudio. Estos dos factores combinados explican cerca del 80% de la variación de la satisfacción con el funcionamiento del sistema político entre los países de la región para el año 2018.

Sin embargo, no siempre ha habido una correlación tan fuerte entre el desempeño económico percibido y la corrupción percibida, por un lado, y la satisfacción con el desempeño del sistema político, por otro. De hecho, el análisis de las series de tiempo revela que este vínculo solo empieza a consolidarse después de 2008, posiblemente como resultado de cambios en percepciones y expectativas debidos a la crisis financiera de 2007-2008.

Los países de América Latina y del Caribe entraron en la crisis de la COVID-19 con percepciones ya muy negativas sobre el desempeño económico y la desigualdad económica. Solo el 16% de los encuestados por Latinobarometro en 2018 se describen como satisfechos con el funcionamiento de la economía y el 80% de los encuestados considera que la distribución del ingreso en la región es injusta.

Es probable que el sufrimiento económico que está acompañando la pandemia de COVID-19 tendrá un impacto negativo significativo sobre las ya tensas relaciones entre el Estado y la sociedad. Sin embargo, los gobiernos tienen la posibilidad de apuntalar la confianza de los ciudadanos, al menos en parte, a través de medidas apropiadas contra la corrupción. Altos niveles de transparencia en la administración pública serán fundamentales no solo para garantizar que las respuestas a COVID-19 permanezcan libres de corrupción, sino también para garantizar que sean percibidas como tales. Y después de la crisis, la recuperación del PIB, o incluso la reducción del desempleo, probablemente no serán suficientes en sí mismos para cambiar opiniones negativas sobre el estado de los asuntos públicos. Los temas de justicia distributiva y las percepciones sobre la equidad de la economía también tendrán un rol muy importante.

El papel de la clase media

El análisis de los procesos sociales, económicos y políticos relacionados con la clase media es esencial para una comprensión profunda de la gobernabilidad en América Latina y el Caribe. En este sentido, es importante señalar que existen diferencias significativas en la región entre las percepciones de las personas que se identifican como clase "media baja" y las percepciones de las personas que se identifican como clase "media alta". Se necesita, por lo tanto, una conceptualización matizada de la noción de “clase media” para poder dar cuenta de estas diferencias.

El apoyo a la democracia como forma de gobierno en los países cubiertos por Latinobarómetro alcanza su nivel más alto entre las personas que se describen como pertenecientes a la clase "baja-media" o a la clase "media". Notablemente, estos grupos manifiestan un nivel de apoyo a la democracia como forma de gobierno superior a la media, a pesar de un nivel de satisfacción inferior a la media con respecto al funcionamiento de la democracia y al estado de la economía en sus países.

Al mismo tiempo, una gran parte de los que se identifican como pertenecientes a la clase media baja viven en situaciones de vulnerabilidad económica significativa. Además, considerando los niveles de insatisfacción con el desempeño del sistema político y la propensión a participar en manifestaciones, este grupo parece estar entre los más predispuestos a movilizarse fuera de las instituciones políticas formales.

La adopción de políticas fiscales con un enfoque demasiado estrecho antes de la COVID-19 presenta no solo el riesgo de consecuencias económicas negativas sino también el peligro de una reducción adicional del apoyo a la democracia y una intensificación de la conflictividad social. El espacio fiscal limitado sigue siendo un desafío importante, pero en la medida de lo posible, será fundamental diseñar programas de protección social que sean inclusivos y tengan en cuenta las circunstancias de la clase media vulnerable.

La pandemia de la COVID-19 amenaza con retrasar al mundo décadas en términos de desarrollo humano sostenible. Al mismo tiempo, la crisis actual tiene el potencial de convertirse en un momento decisivo para lograr avances con respeto a una gama de cuestiones económicas, sociales y ambientales de larga data. Observando los desafíos actuales y futuros desde la perspectiva de los ciudadanos, queda claro que una gobernabilidad eficaz e inclusiva será indispensable para construir una "nueva normalidad" que no solo sea "nueva", sino también "mejor". Es vital que no perdamos de vista este hecho en el desarrollo de las respuestas a la COVID-19 a lo largo de los próximos meses.

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