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A medida que se confirman nuevos casos de coronavirus cada día, el miedo y la desinformación continúan propagándose más rápidamente que COVID-19. Las afirmaciones falsas o engañosas en los medios de comunicación, impulsadas por estereotipos dañinos, han alimentado la discriminación y la violencia, que reviven historias dolorosas de atribución de brotes de enfermedades a grupos marginados. Los funcionarios de salud han tomado nota de esta alarmante tendencia, advirtiendo que el estigma y la discriminación podrían socavar los esfuerzos para contener el brote.

Esta no es la primera vez que el estigma y la discriminación bloquean la respuesta a una epidemia creciente y dificultan el progreso hacia objetivos críticos de salud global, incluida la cobertura sanitaria universal. Cuando el VIH salió a la luz por primera vez en la década de 1980, la falta de información oportuna y precisa alimentó el estigma y la discriminación generalizados. Incluso cuando las pruebas, el tratamiento y las medidas de prevención estuvieron disponibles, las personas no accedieron a los servicios por temor a estar expuestas a una mayor estigmatización, discriminación, violencia o aprehensión.

Décadas más tarde, el estigma sigue teniendo efectos devastadores en las personas que viven con VIH en todo el mundo, especialmente para los grupos que ya enfrentan discriminación sistémica, como las mujeres y las niñas. Para demasiadas mujeres y niñas que viven con el VIH, el miedo a la violencia y el estigma puede ser una barrera para obtener atención médica, y evitar que busquen el apoyo de sus familias y comunidades. La salud para todos no se puede lograr a menos que todas las personas, especialmente los grupos marginados, puedan obtener servicios de salud sin temor a sufrir daños.

Defender los derechos de las mujeres

En un esfuerzo por combatir el estigma y la discriminación relacionados con el VIH, algunos países han utilizado sus sistemas judiciales para defender los derechos de las mujeres que viven con la enfermedad. La Corte Suprema de Namibia dictaminó que la práctica de esterilizar por la fuerza a las mujeres VIH positivas era una violación de sus derechos, permitiendo a las mujeres que habían sido sometidas al procedimiento buscar reparación por daños físicos y psicológicos.

En Malawi, una mujer fue condenada en virtud de una ley errada que hizo ilegal que las mujeres con VIH amamanten, a pesar de la evidencia de que las mujeres que están en tratamiento antirretroviral tienen una posibilidad infinitesimal de transmitir la enfermedad a sus hijos. El Tribunal Superior de Malawi revocó la condena, demostrando la importancia de fundamentar las decisiones judiciales en evidencia científica y proteger a los grupos vulnerables de "las consecuencias injustas del pánico generalizado".

Otros países están promulgando políticas para abordar el estigma y facilitar que las personas vulnerables reciban atención médica. El año pasado, Tanzania redujo la edad de consentimiento para las pruebas de VIH de 18 a 15 años, alentando a los adolescentes a hacerse la prueba y ayudando a normalizar las pruebas de VIH dentro de un grupo de edad con alto riesgo de transmisión. Colombia y Bielorrusia también revocaron leyes que criminalizaban la transmisión del VIH, lo que facilita a las personas buscar atención médica sin temor a la persecución.

Información precisa y oportuna

Para garantizar que los países estén preparados para responder a brotes como COVID-19, debemos implementar lecciones acerca de la importancia de invertir en programas para eliminar el estigma y la discriminación relacionados con el VIH. Los gobiernos, los medios de comunicación y la sociedad civil deben presentar información precisa y oportuna sobre cómo las personas pueden protegerse a sí mismas y a los demás del virus, y tomar medidas para combatir las narrativas falsas y discriminatorias, que en última instancia son contraproducentes. Junto con las medidas de preparación, los países deben garantizar que los esfuerzos para fortalecer los sistemas de salud y promover la cobertura sanitaria universal sean verdaderamente inclusivos, priorizando y protegiendo a los grupos vulnerables, incluida la implementación de leyes y políticas basadas en los derechos.

Hace unas semanas, en la Conferencia de Seguridad de Munich de 2020, el Director General de la Organización Mundial de la Salud, Dr. Tedros Adhanom, finalizó sus comentarios con una pregunta: “Tenemos elección. ¿Podemos aunarnos para enfrentarnos a un enemigo común y peligroso? ¿O permitiremos que el miedo, la sospecha y la irracionalidad nos distraigan y nos dividan?" Para combatir el estigma y la discriminación y lograr una cobertura sanitaria universal, no debemos dividirnos más. En última instancia, los virus no discriminan por raza, religión, identidad de género u orientación sexual. Aprendamos las lecciones del VIH y revitalicemos nuestro compromiso de respetar la dignidad y la igualdad humanas.

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