Sévaré, región de Mopti, Malí, febrero de 2020. El Sahel y África occidental se enfrentan a una inminente emergencia alimentaria, ya que se espera que unos 14,4 millones de personas enfrenten una crisis o algo peor en los próximos seis meses. Sin una acción inmediata, la crisis de COVID-19 magnificará estas emergencias, y las mujeres estarán entre las más afectadas. Foto: PNUD/Aurélia Rusek

 

La primera muerte por COVID-19 el mes pasado en Níger, un país sin litoral que ocupa el puesto 189 en el Índice de Desarrollo Humano, marcó un nuevo hito en la crisis del coronavirus COVID-19. La pandemia que se extendió en cuestión de semanas en algunas de las principales economías avanzadas y emergentes del mundo, provocando un sufrimiento humano incalculable, ahora está afectando a algunos de los más pobres y frágiles, y podría golpearlos con fuerza.

La crisis económica y financiera mundial de 2007-08 mostró que ningún país es inmune al impacto de un shock global. La crisis de hoy se desarrolla en un contexto de comercio global ya tenso, con un estancamiento en los presupuestos de ayuda exterior, una caída de los precios de las materias primas, conflictos prolongados y un margen fiscal limitado en los países en desarrollo. Grandes grupos de personas con trabajos precarios volverán a caer en la pobreza en países hoy clasificados como de "ingresos medios", recordándonos una vez más  que es engañoso clasificar a los países por ingresos en lugar de resiliencia. Las mujeres estarán entre las más afectadas. Los pequeños estados insulares en desarrollo cuyas economías dependen en gran medida del turismo están en riesgo de ir en caída libre hacia un colapso económico. Y así como esta enfermedad no conoce fronteras, tampoco tomará partido en países devastados por la guerra. El mes pasado se produjo la primera muerte reportada de COVID-19 en Siria, cuyo sistema de salud ya se ve devastado tras una década de guerra.

Evaluar el impacto

Tomará tiempo evaluar el impacto del daño en nuestras economías y sociedades, y reconstruir para que sean más sostenibles y resilientes. Pero a tan solo cinco años de la implementación de los Objetivos de Desarrollo Sostenible, no podemos esperar para tomar la acción colectiva que podría marcar la diferencia. Como nos recuerda acertadamente el primer ministro etíope y premio Nobel Abi Ahmed, si no se combate en África, COVID-19 resurgirá en otros lugares.

Aquí hay seis medidas que instamos a los gobiernos y líderes empresariales a tomar ahora.

 

1. Los gobiernos deben impulsar el gasto de ayuda exterior ahora y mantenerlo

El lanzamiento de la respuesta humanitaria a COVID-19 de US$2 mil millones establece las necesidades inmediatas de los países más vulnerables ante una oleada de la enfermedad que ya ha paralizado los sistemas de salud avanzados. Los esfuerzos de ayuda deberán mantenerse a lo largo del tiempo. No podemos darnos el lujo de ver una repetición de las "oleadas del ébola" que vimos en algunos países, donde la afluencia de ayuda humanitaria se interrumpió rápidamente con pocos o ningún recurso para apoyar a las comunidades, o economías enteras, a volver a la normalidad. No debemos perder de vista el papel de la ayuda externa en el desarrollo de la resiliencia global, incluida la resiliencia a las amenazas de pandemia.


2. Los escasos suministros médicos deben dirigirse a donde tendrán el mayor impacto, en lugar de al mejor postor

La cobertura de los medios en los últimos días ha arrojado luz sobre cómo, incluso en algunas de las economías avanzadas del mundo, los gobiernos compiten entre sí por respiradores y equipos de protección. Si no se controla, lo mismo podría suceder cuando surja una vacuna o una cura. Si esto está sucediendo en países con buenos sistemas de salud y un fuerte poder de negociación, solo podemos imaginar cómo afectará la competencia a aquellos que no lo tienen.

 

3. Las fronteras deben mantenerse abiertas a los bienes y servicios.

Incluso cuando las restricciones temporales al movimiento de personas se hacen necesarias para contener la propagación de enfermedades, debemos asegurarnos de que esto no obstaculice el comercio. En muchas regiones, el comercio transfronterizo de bienes agrícolas es el alma de economías enteras. El Sahel y África occidental se enfrentan a una inminente emergencia alimentaria, y se espera que unos 14,4 millones de personas enfrenten una crisis o algo peor en los próximos seis meses. Sin una acción inmediata, la crisis de COVID-19 magnificará estas emergencias.

 

4. Los líderes empresariales tienen una oportunidad única de reducir el costo de las remesas a los países en desarrollo

Mil millones de personas en todo el mundo se benefician de las remesas, fondos enviados por trabajadores migrantes y familiares en el extranjero. En tiempos de crisis, estos pueden ser un salvavidas, especialmente en países con redes de seguridad social limitadas. Sin embargo, enviar dinero a casa cuesta alrededor del 7% de la cantidad que se envía, un monto muy elevado. Si alguna vez hubo un momento para que el sector financiero aceptara el desafío y redujera las tarifas de transferencia para las personas más vulnerables del mundo, es ahora.


5. El aumento de la deuda debe abordarse con urgencia

Muchos países muestran signos de problemas de deuda que podrían agravarse con esta crisis. Abordar estas cuestiones puede ser más difícil ahora que hace 15 o 20 años. Una proporción cada vez mayor recae en la deuda privada y los prestamistas de clubes que no pertenecen a París, y la disminución de los precios de las materias primas empeora el problema. El Banco Mundial y el Fondo Monetario Internacional han pedido una suspensión de los pagos de la deuda para los países más pobres. La Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE) ha ido más allá, instando a los líderes a considerar una "iniciativa fortalecida para los países pobres altamente endeudados". Los prestamistas deben abordar estas cuestiones en conjunto.

 

6. Abordar esta crisis no debe hacerse a expensas de otras

No podemos permitir que nuestros esfuerzos para apoyar a los países devastados por COVID-19 desvíen recursos de las crisis existentes, como atender las necesidades de los refugiados, abordar la emergencia climática global, poner fin a la violencia contra las mujeres y las niñas y poner fin a la discriminación en todas sus formas. El modo en que se implementan los planes de estímulo hoy será importante. En muchos países, las desigualdades ya se encontraban en niveles récord. La recuperación mundial debe ser justa, ecológica y, sobre todo, inclusiva.

 

La naturaleza de COVID-19 y su profundo impacto en los medios de vida en todo el mundo podrán ser nuevos, pero nuestro enfoque para superarlo, no tiene por qué serlo. Este año, la ONU celebrará su 75 aniversario y la OCDE cumplirá 60 años. Puede que no seamos jóvenes, pero con la edad viene el beneficio de la experiencia acumulada. Nuestras organizaciones nacieron de las cenizas de dos guerras mundiales y del reconocimiento de que la cooperación internacional es la única forma de superar desafíos verdaderamente globales.

Esperamos que en este momento crucial, podamos demostrar que trabajando juntos en solidaridad internacional en servicio de los más vulnerables sigue siendo la única solución a los desafíos de hoy y de mañana.

Este artículo fue publicado originalmente aquí.

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