© PNUD Perú/Monica Suarez Galindo

La Plataforma Global para la Reducción del Riesgo de Desastres y la Conferencia de Reconstrucción Mundial 4 organizada por la UE, el PNUD y el Banco Mundial es una oportunidad para que nos unamos y aceleremos nuestra implementación del Marco de Sendai, y mejoremos nuestros procesos de recuperación. Un tema común en estos dos eventos es la inclusión y la resiliencia. La reducción del riesgo de desastres y las prácticas de recuperación destinadas a fomentar la resiliencia y la inclusión son esenciales para abordar la desigualdad, una prioridad fundamental en el PNUD.  

En situaciones de desastre, los diferentes niveles de los Estados se activan para responder de manera rápida y efectiva, y cuentan con protocolos clave que involucran a distintos actores. Existen grandes redes y nodos que se articulan para poner sus esfuerzos en favor de las poblaciones afectadas y satisfacer las necesidades más inmediatas.

Luego de la respuesta, empieza el proceso de recuperación, en donde se apunta a restaurar la infraestructura, los sistemas de salud, educación y protección social, así como los medios de vida. Este último componente es fundamental para reactivar el desarrollo económico, social y sostenible de los grupos afectados, y puede acelerarse involucrando a otros actores como el sector privado, la academia y la sociedad civil.

¿Qué pasa con estas alianzas y el trabajo en red en la recuperación? Lo que ha sucedido en los últimos años en el Perú, es que estos actores han contribuido en distintas instancias con los grupos afectados, sin embargo, muchas veces de manera aislada e individual.

En el proceso de recuperación luego de las inundaciones del Niño Costero ocurrido en el norte del Perú durante el 2017, PNUD buscó articular los esfuerzos del sector privado, público, academia y sociedad civil para reactivar la economía de 300 artesanas de paja toquilla afectadas. Es así como nació Tejiendo Futuro. Esta propuesta, que duró dos años en ejecución, tuvo como eje la recuperación de los negocios de 5 asociaciones a través de las alianzas estratégicas en 3 etapas clave: la reinserción en el mercado de las mujeres artesanas, a través de una estrategia colectiva de comercialización, el fortalecimiento de sus capacidades de negocio, y la construcción de un Plan de Continuidad de Negocios que pueda asegurar la resiliencia de las asociaciones de paja toquilla en un futuro desastre.

¿Cómo funcionó? Se identificaron actores clave que podían contribuir para cada etapa, y aquellos que ya tenían intervenciones con las artesanas al inicio del proyecto. La empresa Red de Energía del Perú, aliados clave del PNUD en Tejiendo Futuro, activaron una potente red de voluntariado corporativo para potenciar la comercialización de los productos de las artesanas. Además, participaron diversas empresas, universidades, eventos nacionales y figuras públicas como Embajadores para reincorporar a las artesanas en el mercado y que puedan volver a tejer.

Para fortalecer sus capacidades de negocio, se elaboró un diagnóstico de necesidades post-desastre a dos años de ocurrido el Niño Costero con la metodología PDNA, lo cual permitió identificar brechas aún existentes y aliados estatales y privados que podían contribuir con este componente. El Ministerio de Trabajo y Promoción del Empleo participó a través del programa Impulsa Perú para desarrollar planes de negocio con las artesanas, y organizaciones como Belcorp y la UDEP fueron fundamentales para la mejora de sus capacidades de comercialización, y el desarrollo de habilidades blandas de autoestima, empoderamiento e independización.

El proyecto culminó con la elaboración de un Plan de Continuidad de Negocios implementado a través de una Mesa de Artesanía y Gestión del Riesgo que lideran las 5 lideresas de las asociaciones de Catacaos, la Dirección de Comercio Exterior y Turismo de la región de Piura, y la Municipalidad de Catacaos.

Tejiendo Futuro ha sido una experiencia clave para explorar las oportunidades del trabajo en red en el proceso de recuperación, y los grandes resultados que se pueden alcanzar cuando las organizaciones ponen sus recursos y capacidades en favor de las poblaciones afectadas luego de un desastre. Esta iniciativa nos ha demostrado que los países tienen la gran oportunidad de activar las redes y nodos ya existentes para la recuperación inmediata, aprovechando las capacidades de los distintos sectores. Imaginemos que el sector privado pueda tener un rol clave y formal para la reactivación de negocios y PYMES a través de herramientas con las que ya cuentan, como lo son los Planes de Continuidad de Negocio. O la academia que cuenta con amplias capacidades de investigación y mentoría que son fundamentales para la recuperación. La sociedad civil tiene por su parte herramientas para recoger data, identificar necesidades no resueltas y llevar las consultas y demandas de la ciudadanía al Estado para cerrar brechas y promover la igualdad.

La Agenda 2030 nos invita a trabajar en red, y es uno de los mayores retos que nos plantea el desarrollo sostenible. Durante situaciones de emergencia y procesos de recuperación y reconstrucción, la articulación de los actores es clave para no duplicar esfuerzos, aprovechar las capacidades e intervenciones existentes, llegar a las poblaciones más vulnerables y reactivar los medios de vida de los afectados, para no dejar a nadie atrás.

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