¿Sabías que Rennes es la ciudad más pequeña de Europa con un metro?

 

"¿Sabías que Rennes es la ciudad más pequeña de Europa con un metro?" Es a menudo una de mis frases cuando conozco gente nueva. ¿Quién pensaría que esto podría conducir al tema de la igualdad de género?

Vengo de Rennes, (Bretaña, Francia), una ciudad con poco menos de 215.000 habitantes, la cual, a pesar de su tamaño, cuenta con un sistema de metro. El transporte público de la ciudad está muy bien implementado y desarrollado, tomamos el metro y el autobús, y podemos viajar fácilmente sin un automóvil.

Es por ello que cuando llegué por primera vez a Camboya el año pasado, esto fue probablemente lo que más me sorprendió: los tuks-tuks son la única forma de llegar a Phnom Penh. También tuve la oportunidad de visitar Kuala Lumpur y, por primera vez en mi vida, abordé un transporte "reservado solo para mujeres". Un hombre mayor subió de todos modos, se sentó a mi lado y dijo cosas que no debía decir. Fue ahí cuando algo más me impactó: después de meses en Camboya, sin metro ni autobús, casi había olvidado lo que era ser acosada en el transporte público.

Sin embargo, es difícil olvidar la primera vez que me pasó algo así, solo tenía 15 años. Es difícil olvidar todos esos momentos, en el concurrido metro de la mañana, cuando algunos aprovechan esa oportunidad para acercarse demasiado a otros. No puedo olvidar todas esas veces en que tomar el autobús por la noche parecía igual de peligroso que caminar a casa en la oscuridad. 

Para mí, la campaña #EscúchameTambién fue una oportunidad para destacar las diferentes formas de violencia que experimentan las mujeres. Si bien solemos asociar la violencia de género con la violencia doméstica física, hay muchas formas diferentes de violencia que deben denunciarse.

Los transportes públicos tienen muchas ventajas: son más seguros que los vehículos individuales, mejoran la movilidad, crean comunidades y otorgan cohesión. Es por todas estas razones que no debemos ignorar el hecho de que la violencia contra la mujer es omnipresente en la esfera pública. Ya sea en la calle o en el transporte público, el acoso amenaza la movilidad de las mujeres.

A menudo, en el transporte público, mujeres y hombres son hostigados o atacados por primera vez.

Este es un problema que tiene lugar alrededor del mundo: desde Francia hasta Sri Lanka, las mujeres no se sienten seguras en el transporte público. Hoy, más del 54% de la población mundial vive en ciudades y esta cifra aumentará a 60% en 2030. Según un informe del Consejo Superior Francés para la Igualdad de Género, el 100% de las mujeres entrevistadas dijeron que habían sido víctimas de acoso sexual al menos una vez en el transporte público. En Sri Lanka, el 90% de las mujeres han sufrido acoso sexual en el transporte. Como muestran estas cifras, algo simple como viajar en transporte público, puede ser un verdadero desafío para las mujeres. 

Un desafío que algunas enfrentan a diario.

 

A fines del año pasado, lanzamos la Campaña de 16 días de activismo contra la violencia de género con el hashtag #Escúchametambién. 16 días para aprender, hablar y reflexionar sobre nuestras propias experiencias. Unas semanas más tarde, ahora parece un buen momento para poner esas reflexiones en papel y pensar en lo que esto significa para mí.

Muchas ciudades están tratando de desalentar el uso de los automóviles para abordar el problema de la contaminación. Algunas están experimentando con hacer el transporte público gratis para que las personas dejen sus autos en casa. Pero si queremos seguir mejorando los espacios urbanos para que puedan beneficiar a todos, debemos incorporar la necesidad de la seguridad para las mujeres. A la vez, debemos abordar los comportamientos violentos en nuestra sociedad que permiten a los hombres sentirse con el derecho de acosar a las mujeres en espacios públicos. 

Es por eso que necesitamos campañas como #Escúchametambién, para que finalmente se denuncien estos comportamientos.

Así que seguiré preguntando a las personas si saben que vengo de la ciudad más pequeña de Europa con un metro, pero espero que pronto pueda pensar en ella como un espacio seguro para todos. 

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Susie Marie es pasante en el Equipo de Género en el Centro Regional del PNUD en Bangkok. Recientemente obtuvo un máster Erasmus Mundus de la Universidad de Groningen, en los Países Bajos.

Publicado originalmente aquí

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