En la mayoría de los casos, los desastres constituyen una carga adicional para mujeres y niñas, puesto que sobre ellas recae la responsabilidad del trabajo no remunerado. Foto: Mónica Suárez/PNUD Perú

La gestión del riesgo del cambio climático está adquiriendo una nueva urgencia para los hacedores de políticas públicas, así como para aquellos en primera línea a nivel comunitario. Las conexiones entre el cambio climático y el aumento en la incidencia de los huracanes, las sequías, las inundaciones masivas, los fenómenos destructivos similares y las consiguientes pérdidas humanas y materiales se tornan ahora más evidentes.

La temporada de huracanes 2017 en el Atlántico ha sido una temporada extremadamente activa e intensa que ha dejado destrucción sin precedentes en la región del Caribe. Destacan el huracán Irma categoría 5 con una fuerza jamás registrada en el Atlántico y el huracán María, igualmente de categoría 5. Ambos atravesaron una cantidad extraordinaria de islas, exponiendo a una población de 32 millones de personas a vientos de alta velocidad y dejando reportes de daños que ascienden a US$ 193 mil millones.

Estas amenazas de gran intensidad han evidenciado una vez más los niveles de alta vulnerabilidad en los que vive una gran población de Latinoamérica y el Caribe, recordando la necesidad de una mejor planificación del desarrollo donde la gestión del riesgo se entrelace con la gestión económica, la cohesión social y la gestión ambiental sobre la base de la equidad.

Las mujeres, los niños y las niñas son 14 veces más propensos que los hombres a morir durante un desastre. Es por ello que estos eventos nos recuerdan la importancia de que se tome en cuenta el impacto diferenciado en hombres y mujeres, y así mismo sucede con grupos excluidos como los niños, jóvenes o ancianos, quienes tienden a verse afectados desproporcionadamente.

Para entender los riesgos es indispensable incorporar consideraciones de género en los análisis de vulnerabilidades y capacidades comunitarias. En la mayoría de los casos, los desastres acarrean para mujeres y niñas una carga adicional, puesto que sobre ellas recae la responsabilidad del trabajo no remunerado (suministro de cuidados, agua y alimentos para los hogares, entre otros), al tiempo que se agudizan las condiciones de pobreza, acceso a la educación y participación en la toma de decisiones políticas y domésticas. Las desigualdades económicas y sociales hacen que las mujeres tengan menos activos y medios, lo que aumenta su vulnerabilidad a las amenazas; aunque, en contraposición, han desarrollado una serie de capacidades familiares y organizativas que contribuyen al desarrollo de la comunidad.

Desde el PNUD apoyamos este enfoque de género, considerándolo fundamental para garantizar la integración de las diferentes necesidades por parte de hombres y mujeres en todo el espectro de la gestión del riesgo de desastres y la recuperación. También se aplican esfuerzos para involucrar a las mujeres en los procesos técnicos y de toma de decisiones para que ellas puedan reconstruir un mundo más seguro y una sociedad más incluyente.

En los procesos de recuperación de los países caribeños afectados tras el paso de los huracanes Irma y María, el PNUD trabaja con enfoque de género el diseño y la ejecución de las oportunidades de empleo temporal de emergencia. Mujeres y hombres afectados se capacitan, reconstruyen sus casas, comunidades e infraestructura local, y se convierten en agentes activos de la recuperación aportando su experiencia única y conocimiento local.

En Haití, tras el paso del Huracán Matthew, muchas mujeres se encontraron en una situación aún más precaria al ver destruidos sus medios de producción, acceso limitado a ingresos o crédito, y muchas veces asumiendo el cuidado de familiares lesionados. Con apoyo de PNUD y como parte de la estrategia de recuperación, más de 40 mujeres empresarias de los municipios más afectados comenzaron un programa de capacitación para la revitalización y el fortalecimiento de sus empresas.

Asimismo, tras las recientes inundaciones como consecuencia de El Niño costero en Perú, el PNUD con el financiamiento del Departamento de Ayuda Humanitaria de la Unión Europea (ECHO), promueve una iniciativa que reúne a seis asociaciones de artesanas -unas 250 mujeres- para que a través del arte reconstruyan su economía y comunidades luego de la emergencia. También como parte de la estrategia de recuperación temprana, y con foco en los hogares con madres cabeza de familia, se implementó la metodología “Trabajo a cambio de dinero” para apoyar el retorno de la población a sus casas y darles un empleo temporal. A través de esta iniciativa mujeres participaron en la remoción segura de escombros y lodo en casas y espacios comunitarios como comedores populares, puestos médicos y parques, a la vez que reactivan sus medios de vida.

Cada emergencia es una oportunidad de recuperar mejor y de planificar el desarrollo de una manera más efectiva, incorporando la reducción del riesgo de desastres. Con el rápido desarrollo de nuestra región aumentan los riesgos de desastres urbanos y naturales; por ello, es esencial para el futuro de América Latina y el Caribe considerar las diferentes habilidades de las mujeres y los hombres afectados, de manera que cada uno, desde su rol y desde sus particulares características, aporte al desafío de lograr mayores condiciones de seguridad y resiliencia.

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