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Desarrollo sostenible y mantenimiento de la paz: dos caras de la misma moneda

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Recién saliendo de décadas de conflicto, Colombia ve a los ODS como una herramienta fundamental en su proceso de paz. © PNUD / Freya Morales

Más de 1.400 millones de personas, incluida la mitad de la población mundial extremadamente pobre, vive en entornos vulnerables afectados por conflictos. Se prevé que la cifra actual aumente en un 82 por ciento en 2030. Alrededor de 244 millones de personas se desplazan continuamente y 65 millones se han visto obligadas a abandonar sus hogares en todo el mundo. Se podría suponer que para los países sumidos en esta situación, lo que menos piensan en este momento es volver a encausar sus pasos para alcanzar los ambiciosos Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS).

Si así lo has supuesto, piensa de nuevo. El desarrollo sostenible es un factor decisivo para mantener la paz y viceversa. El mantenimiento de la paz, un concepto respaldado por la Asamblea General de la ONU y el Consejo de Seguridad, se centra en la importancia de tener una visión global a largo plazo en todas las respuestas a los conflictos violentos para poner fin a ciclos viciosos de violencia.

Muchos países en situaciones complejas han adoptado los ODS como parte de la solución. Afganistán, por ejemplo, presenta sus planes en el Foro Político de Alto Nivel de las Naciones Unidas, plataforma mundial para el seguimiento y examen de los ODS. En el mismo foro, Togo, un estado auto-declarado 'vulnerable', está presentando sus iniciativas para los ODS por segundo año consecutivo. Y Colombia, uno de los principales responsables de los ODS, los considera un instrumento fundamental en el proceso de consolidación de la paz en ese país.

Tradicionalmente, la paz se ha abordado en pasos independientes y consecutivos: primero, a través de misiones humanitarias de rescate; enseguida, asegurando un alto el fuego y desplegando soldados de las fuerzas de mantenimiento de la paz; luego, creando un nuevo sistema de gobierno; y, finalmente invirtiendo en el desarrollo económico, social y ambiental. Pero la consolidación de la paz y el desarrollo son simbióticos, al igual que ponerse en forma: no decides dejar de fumar durante un mes, hacer ejercicios el mes siguiente, y el próximo mes alimentarte bien, estos pasos deben abordarse simultáneamente. Es por ello que la Agenda 2030 en la que figuran los ODS y las Resoluciones sobre la estructura de las Naciones Unidas para la consolidación de la paz exigen reorganizar la estructura y avanzar hacia un enfoque más coherente e integrado reconociendo que el desarrollo, la paz y la seguridad, y los derechos humanos están estrechamente vinculados y se refuerzan mutuamente.

El núcleo mismo de los ODS es su promesa de que nadie se quede atrás y llegar primero a los más vulnerables. Este es un compromiso de mejora continua para las personas más pobres y vulnerables de todo el mundo que enfrentan conflictos violentos, enfermedades, desastres naturales y un gobierno inestable.

Las antiguas agendas de desarrollo podrían centrarse en impulsar una idea restrictiva de crecimiento económico, industrialización o servicios sociales. Sin embargo, ninguno de estos logros puede por sí mismo conducir al bienestar, la transformación económica sostenible o ayuda suficiente a un proceso de paz. Podrían incluso intensificar las tensiones en un país si el crecimiento no es inclusivo, los servicios son capturados por élites excluyentes o la industrialización genera desequilibrios entre regiones. Cuando la marea sube, todos los barcos flotan si todos tienen un barco.

La nueva agenda de desarrollo sostenible de la ONU se basa en su experiencia pasada en el ámbito de la reducción de la pobreza, el apoyo al crecimiento y los servicios públicos. Pero va aún más lejos para proporcionar los fondos y herramientas para abordar asimismo los riesgos ambientales, reducir las vulnerabilidades y promover la paz, la justicia y la igualdad. El mantenimiento de la paz y el desarrollo sostenible son dos caras de la misma moneda, y este es el principio fundamental que las Naciones Unidas del siglo XXI deben defender ahora.

Para que cualquier país alcance una paz duradera, el viaje debe ser siempre dirigido por su propia gente. El rol de la ONU es apoyar este viaje, proporcionando la experiencia y pericia, y utilizar su poder de convocatoria para proporcionar a los países en crisis la mejor oportunidad de estabilidad y prosperidad. El logro de una paz duradera no es simplemente un parámetro de referencia. Requiere una participación continua y dinámica de toda la sociedad en su buen gobierno y economía para asegurar que los conflictos no se conviertan en violencia. Es por eso que el desarrollo de un país debe ser inclusivo y sostenible para ofrecer a todos un interés en un futuro común.

Magdy Martínez-Solimán Gobernabilidad y consolidación de la paz Construcción de la paz Colombia Blog Agenda 2030

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