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Los ODS no son los ODM 2.0.
14 ene 2016 por Rosemary Kalapurakal, asesora líder del PNUD sobre la Agenda 2030 y coordinadora ejecutiva adjunta del Programa de Voluntarios de la ONU
Como nueva asesora principal del PNUD para la Agenda 2030, es poco sorprendente que me haya interesado en este tema. Pero, personalmente, los ODS (¡todos los 17!) me parecen mucho más contundentes que sus antecesores, los Objetivos de Desarrollo del Milenio (ODM). ¿Por qué?
En una época en que la paz y los desafíos del desarrollo parecen irresolubles, el hecho que la agenda 2030 haya sido adoptada unánimemente por los 193 gobiernos es histórico.
Los ODS no son los ODM 2.0. Se tratan de amplios aspectos económicos, sociales y ambientales del desarrollo. Son normativas francas y sin concesiones («erradicar la pobreza y el hambre en todos lados», «proteger los derechos humanos»). Abordan los problemas actuales de las sociedades pacíficas, el desarrollo urbano, el consumo sostenible y la energía, y los bosques y océanos protegidos.
La Agenda aborda frontalmente las persistentes y crecientes desigualdades entre los países y dentro de ellos. Por primera vez, no se trata solo de una propuesta para el “mundo en desarrollo”, sino para todos los países. En resumen, describen el mundo que yo quiero para mí y mis hijos. Quizás no sorprenda, porque fueron diseñados no solo por tecnócratas, sino con aportes de millones de personas comunes en todo el mundo sobre sus problemas más acuciantes.
¿Es esto un romanticismo sin remedio? Los registros del progreso de los ODM indican lo contrario. Demuestran inequívocamente el valor de un conjunto unificador de objetivos para hacer que el mundo sea sustancialmente mejor ahora. Mil millones de personas han salido de la extrema pobreza. Las tasas de niñas que asisten a la escuela primaria son iguales que las de los niños. El número de niños y niñas que mueren antes de su quinto cumpleaños se ha reducido a la mitad. Aunque podemos argumentar que estadísticas tan asombrosas se deben en gran medida al rápido crecimiento de algunas economías en Asia, es innegable que los ODM tuvieron enorme éxito en centrar su atención y recursos financieros en los problemas más urgentes.
La Agenda reconoce que esta nueva y ambiciosa visión requiere de nuevos y ambiciosos modos de trabajar. Las organizaciones de desarrollo tradicionales deben aprender a trabajar mejor con las compañías privadas, organizaciones comunitarias, y voluntarios, uniendo intereses sumamente diferentes para lograr una agenda común. Y, sí, esto requiere de una Organización de las Naciones Unidas más ágil y coordinada que nunca.
Con un mandato para abordar la pobreza y la desigualdad y un extenso historial de apoyar a los países con sus agendas nacionales de desarrollo, el PNUD se encuentra en una posición única para apoyar un enfoque integral. Por lo tanto, trabajamos con otros socios de la ONU en el desarrollo para asistir a los países en áreas específicas: convirtiendo los Objetivos Mundiales en una agenda relevante y bien entendida a nivel de países; identificando prioridades y vínculos para acelerar el progreso; y facilitando a los gobiernos el acceso a la idoneidad de la ONU en todas las etapas de la implementación. Un enfoque crucial también será ayudar con los datos y sistemas necesarios para monitorear el progreso hacia los objetivos.
“Estamos decididos a liberar a la raza humana de la tiranía de la pobreza... Y prometemos que nadie se quedará atrás” (Preámbulo, Agenda 2030).
Sé que nuestro trabajo no será nada fácil. Pero no podríamos haber pedido una agenda más inspiradora para apoyar.
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