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¿Cómo medir el progreso alcanzado en materia de reducción de la pobreza?

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En Rwanda, una mujer trabaja en su taller de costura. El Banco Mundial actualizó recientemente la línea de la pobreza a US$ 1.90 al día, lo que refleja los cambios en el precio promedio de los bienes y servicios que las personas adquieren en 15 países en desarrollo, incluyendo Rwanda. Foto: Alice Kayibanda/PNUD Rwanda

La Agenda para el Desarrollo Sostenible de 2030 es nuestra nueva hoja de ruta en lo que respecta al desarrollo. Sus 17 objetivos y 169 metas dan a los países –ricos y pobres – las referencias del nuevo "norte del desarrollo", que más de 190 países se han comprometido a lograr en los próximos 15 años.

¿Cómo calibrarán, sin embargo, sus "instrumentos de navegación" para marcar la ruta?

La Agenda de 2030 es muy clara en este aspecto. El párrafo 55 indica que: "[…] Las metas son definidas como aspiracionales y globales, siendo cada Gobierno el que establece sus propias metas nacionales guiado por el nivel mundial de ambición y teniendo en cuenta las circunstancias nacionales".

Por ejemplo, tomemos en cuenta el ODS 1 y sus metas correspondientes. Para empezar, los países, tanto ricos como pobres, tendrán que tener líneas de pobreza (no todos los países las tienen) para marcar metas y medir el progreso de este objetivo. Los países tienen diferentes opciones y estas dependen en su mayor parte de su nivel de ingresos respectivo.

Las líneas de pobreza absoluta (opción 1) son utilizadas en general por los países en desarrollo, ya que grandes sectores de su población dependen de una cantidad limitada de bienes para satisfacer sus necesidades básicas. Los países de ingresos medios y altos pueden también decidir adoptar líneas de pobreza absoluta, como es el caso de los Estados Unidos. Sin embargo, estas deberán ser "socialmente relevantes" y se calcularán sobre la base de una serie de bienes (comestibles y no comestibles), la que según se entiende representa el mínimo absoluto bajo el cual los medios de vida y la inclusión no son posibles para ese país y en ese contexto social en particular.

A medida que aumenta el nivel de ingresos, los países pueden optar por usar líneas de pobreza relativa (opción 2). Las líneas de pobreza relativa se definen en relación con la distribución general de los ingresos en un país – se les establece como un segmento (generalmente entre el 40 y el 60 por ciento) del ingreso medio del país –, y son más aptas para medir la pobreza en países de ingresos medios y altos.

Una tercera opción es la línea de pobreza subjetiva, establecida sobre la base de lo que las personas estiman que constituye el ingreso mínimo (o el consumo) que la persona o la familia necesita, en una sociedad específica que no es considerada como pobre. Las líneas de pobreza subjetiva surgen de encuestas de percepción que no se utilizan mucho.

Al elegir cualquiera de estas opciones es importante prestar atención a cómo se comportan con el paso del tiempo las líneas de pobreza absoluta y relativa. Si bien las líneas de pobreza absoluta no son corregidas con frecuencia, las líneas de pobreza relativa cambian con las variaciones en la distribución del ingreso. Ello, por ejemplo, significa que el crecimiento que aumenta proporcionalmente el consumo en todos los sectores de la sociedad, pero que no se ocupa de la desigualdad, puede dejar sin cambios a la pobreza relativa. El uso de una o de otra tiene claras implicaciones en materia de política.

Como la igualdad y la erradicación de la pobreza están en el centro de la Agenda 2030, ¿deberían los países – tanto ricos como pobres – tomar en consideración la adopción de una mezcla de líneas de pobreza absoluta y relativa? Esto puede ponerlos camino al nuevo norte del desarrollo.

 

Alessandra Casazza Blog Reducción de la pobreza y la desigualdad Planificación del desarrollo y monitoreo Desarrollo sostenible Agenda 2030

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