Una comunidad rural llama a la eliminación de la MGF | Ignacio Artaza

01 dic 2014

Mujeres Algunas comunidades en Qena han unido fuerzas con organizaciones internacionales y la sociedad civil para poner fin a la MGF en Egipto. Foto: José Sánchez/PNUD Egipto

Algunas comunidades en Qena han unido fuerzas con organizaciones internacionales y la sociedad civil para poner fin a la MGF en Egipto. Crédito fotográfico: José Sánchez/PNUD Egipto

Recientemente visité la aldea Beir Anbar en el distrito de Koft, provincia de Qena, y escuché el poderoso mensaje que esta comunidad está transmitiendo al resto del país para poner fin a la práctica de la Mutilación Genital Femenina (MGF). Toda la aldea, desde escolares hasta ancianos influyentes, se unieron para denunciar la MGF como "violenta", "reprobable" y "nociva".

Incluso actualmente muchas niñas y mujeres jóvenes son sometidas a la mutilación genital en nombre de la "tradición". Según la Encuesta Demográfica y de Salud de 2008, al menos 91 por ciento de las mujeres egipcias de entre 15 y 49 años de edad han sufrido mutilación genital. La población de Beir Anbar dejó en claro que las niñas y las mujeres egipcias merecen una tradición nueva, una tradición de proteger y salvaguardar sus derechos.

El esfuerzo conjunto de familias, activistas de la comunidad, autoridades, agencias de desarrollo y medios de comunicación poco a poco está logrando cambios para eliminar esta práctica tradicional nociva. Seamos claros: no hay razón –moral, religiosa, cultural, médica ni de otro tipo– que justifique esta práctica. La ablación es degradante, deshumanizante y hace daño. Es una violación de los derechos humanos que debe combatirse hasta que se abandone.

Cuando nos reuníamos en el centro comunitario, un grupo de niñas escolares pasó al frente e hizo el siguiente comentario: "Yo nazco perfecta con mi cuerpo completo. ¿Por qué quieren cortarnos y quitarnos los derechos que Dios nos dio? Lo que nos están haciendo es un delito, que nos priva de nuestra niñez y nuestra inocencia." La audiencia –niños, padres y madres, docentes, autoridades locales– se pusieron de pie y las aclamaron demostrando su apoyo.

Un caso de MGF en particular, que ha llamado la atención en Egipto en el último año, es el de Soheir El-Batei.

Aunque algunos hechos pueden ser controvertidos, queda claro lo siguiente: Soheir era una escolar de trece años de edad. Era una niña. Y fue víctima de mutilación genital femenina. Murió en junio del año pasado por complicaciones causadas por un procedimiento ilegal, médicamente innecesario y "tradicional".

El mismo día que yo visitaba esta aldea, el Tribunal de delitos menores del distrito de Aga, en la provincia de Dakahlia, desestimó el caso.

Hace más de media década que existe legislación que proscribe la mutilación genital femenina en Egipto. Pero esa legislación debe ser reforzada para garantizar la protección total de los derechos de las mujeres y las niñas, y asegurar que los perpetradores de estos delitos atroces comparezcan ante la justicia.

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