Declaración de Kemal Dervis, Administrador del Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo, en ocasión del Día Internacional para Eliminar la Violencia en contra de las Mujeres

25 de noviembre de 2005

Cuando la Asamblea General estableció, hace cinco años, que este día sería el Día Internacional de las Naciones Unidas para Eliminar la Violencia en contra de las Mujeres, reconoció tanto el alto costo de esta trágica y generalizada violación de los derechos humanos como la fuerza y la determinación del movimiento mundial para erradicarla.

La violencia en contra de las mujeres no sólo destruye vidas y comunidades sino que impide también el desarrollo. Si bien es difícil cuantificar su incidencia dado que por lo general no se la denuncia, la Organización Mundial de la Salud estima que un 25% de las mujeres del mundo serán violadas, agredidas, forzadas a tener sexo o abusadas de algún modo en el transcurso de su vida. No hay ningún país ni ninguna sociedad que pueda jactarse de no tener violencia doméstica; se da en todas las culturas, las clases sociales, los niveles de educación, los niveles económicos, las etnias y las edades.

Hoy por hoy, la violencia en contra de las mujeres sigue siendo un crimen universalmente tolerado y que generalmente no se castiga. Se ataca a las mujeres en la calle, en los lugares de trabajo, en sus casas, estando bajo custodia policial y en situaciones de conflicto.

La violencia que se tolera en tiempos de paz muchas veces se intensifica en tiempos de guerra y de conflictos armados. Por siglos se ha utilizado a la violación como arma en la guerra, para humillar a las mujeres y destruir a las familias y a las comunidades. Pocas veces vinculamos los casos de mujeres violadas o agredidas por soldados enemigos con los casos de mujeres violadas o agredidas por soldados amigos, por las fuerzas de paz, o por miembros de sus familias. Sin embargo, las dos instancias no son diferentes. La fractura de la ley y del orden, y el desplazamiento de las personas y de las familias genera tensiones, frustración e impotencia entre los hombres que se manifiesta muchas veces por una mayor violencia en contra de las mujeres.

En octubre del año 2000, el Consejo de Seguridad aprobó una resolución instando a todas las partes de los conflictos armados a tomar medidas especiales para proteger a las mujeres y a las niñas de la violencia basada en el género, especialmente las violaciones y otras formas de violencia, en las situaciones de conflictos armados.

Al día de hoy, más de 45 países han adoptado leyes en el ámbito nacional para declarar ilegal la violencia basada en el género y juzgar a los culpables de la misma. Se está formando y movilizando a una gran cantidad de partes interesadas en todo el mundo – el sistema judicial, la policía, los servicios de salud, los maestros, y los responsables de establecer las políticas – para que contribuyan a hacer frente a la violencia basada en el género.

A pesar de que el problema de la violencia en contra de las mujeres sigue siendo enorme, se están viendo progresos en la comunidad internacional en los esfuerzos por erradicarla. En 1993, la Declaración de las Naciones Unidas sobre la Eliminación de la Violencia en contra de las Mujeres fue el primer instrumento internacional de derechos humanos que tratara específicamente de la violencia en contra de las mujeres; la Conferencia Mundial sobre Derechos Humanos de ese mismo año reafirmó el concepto de que la violencia en contra de las mujeres viola las normas de los derechos humanos. Desde entonces, una serie de conferencias mundiales de las Naciones Unidas, especialmente la Cuarta Conferencia Mundial sobre la Mujer, de 1995, han mantenido que hay una necesidad crucial de eliminar la violencia basada en el género. Recientemente, en la Cumbre Mundial de 2005, los Jefes de Estado y de Gobierno enfatizaron que los progresos en asuntos relativos a las mujeres son progresos para todos y se comprometieron a eliminar la discriminación y la violencia en contra de las mujeres.

En 1996, la Asamblea General de las Naciones Unidas pidió que se crease un Fondo Fiduciario en apoyo de las medidas para eliminar la violencia contra la mujer en el seno del Fondo de Desarrollo de las Naciones Unidas para la Mujer (UNIFEM). Desde entonces, ese Fondo Fiduciario ha dado más de $ 10 millones a 198 iniciativas en más de cien países, generando al mismo tiempo conocimientos y lecciones sobre las estrategias que funcionan. Estos fondos no son suficientes: sólo este año el UNIFEM recibió más de mil pedidos pero pudo financiar sólo 24.

Erradicar la violencia en contra de las mujeres es un asunto demasiado importante para que no haya fondos. Debemos comprometer los fondos necesarios para ampliar las exitosas estrategias que el Fondo Fiduciario financia cada año, de modo de poder pasar de ser una “buena práctica” a ser una práctica corriente en todos los países.