Alocución de Kemal Dervis, Administrador del PNUD, ante la
Junta Ejecutiva del PNUD y el UNFPA
6 de septiembre de 2005
Señora Presidenta, colegas, damas y caballeros:
Es un gran honor pronunciar mi primera alocución ante la Junta
Ejecutiva del PNUD en un momento tan estimulante y cargado de desafíos
para la organización y para todo el sistema de las Naciones Unidas.
En éste, el último período de sesiones de la Junta
saliente, quisiera comenzar por agradecer a la Presidenta de la Junta,
Su Excelencia la Sra. Carmen María Gallardo-Hernández,
Representante Permanente de El Salvador ante las Naciones Unidas, y
a la Mesa la ardua labor que vienen realizando desde enero.
Quisiera también aprovechar la oportunidad para agradecer a
los miembros de la Junta que han enviado sus condolencias por el súbito
fallecimiento el 23 de agosto de Poul Grosen, Director de la Oficina
del PNUD en los Países Nórdicos, y le han rendido tributo.
Sé que trabajó en estrecha colaboración con muchos
de ustedes; hemos perdido a un gran colega y amigo, y lo echaremos de
menos.
Comenzaré mi primera alocución oficial agradeciendo a
Mark Malloch Brown, a quien tengo el honor de suceder. Mark y sus colegas,
encabezados por Zéphirin Diabré, con la ayuda de todos
ustedes, han convertido al PNUD en una organización dinámica,
orientada a los resultados. El incremento de los recursos básicos,
así como de las contribuciones complementarias, tan necesarios,
permitirán aumentar considerablemente nuestra eficacia. No obstante,
habida cuenta de la magnitud del desafío, debemos proseguir nuestras
actividades de movilización de recursos, especialmente en pos
de la meta de 1.100 millones de dólares de los EE.UU. en calidad
de recursos básicos que, con su apoyo, confío alcanzaremos
en 2007.
En este contexto, además de agradecer a los donantes que nos
han permitido llegar a este punto, quisiera destacar que también
desearía ver un incremento de la base de donantes, que en la
década de 1990 de hecho disminuyó en relación con
el número de países que contribuyeron al presupuesto básico.
Hago votos por que podamos revertir esta tendencia. He comprendido inmediatamente
que los recursos básicos son decisivos para que el PNUD administre
sus recursos flexiblemente y en un marco de unidad estratégica,
y esté en condiciones de hacer frente a la demanda en caso de
necesidades imprevistas. La relación entre los recursos básicos
y los no básicos debe ser aproximadamente de uno a cuatro para
que el PNUD funcione de la manera que todos queremos. Por consiguiente,
espero que trabajemos en pos de la meta de 1.100 millones de dólares
y al mismo tiempo ampliemos el apoyo básico e incluyamos nuevos
países que deseen respaldar nuestros objetivos comunes.
Es un momento realmente histórico para nuestra organización,
un momento fundamental de las actividades mundiales de desarrollo. Soy
plenamente consciente de la responsabilidad que asumo como partícipe
en la dirección de esta organización en los próximos
años en pos de mayor eficiencia, eficacia y resultados de desarrollo
para las personas a quienes servimos. Por el bien del PNUD, debemos
aprovechar cada una de nuestras fortalezas en nuestra labor colectiva
de ayudar a los países en sus propias iniciativas de lucha contra
la pobreza extrema y a favor del crecimiento económico rápido
y el desarrollo humano sostenible, y hay razones para creer que es posible.
Espero que pueda ganarme y mantener su confianza en este empeño;
juntos haremos frente a los duros retos que tenemos por delante.
I. Aprovechar la asistencia global para el desarrollo eficaz
La Cumbre Mundial de 2005
La semana próxima, se reunirán aquí, en las Naciones
Unidas, Jefes de Estado y de Gobierno para acordar el establecimiento
de las políticas y los recursos necesarios para poner en práctica
los compromisos que asumieron en la Declaración del Milenio hace
cinco años, de no escatimar “esfuerzos para liberar a nuestros
semejantes, hombres, mujeres y niños, de las condiciones abyectas
y deshumanizadoras de la pobreza extrema, a la que en la actualidad
están sometidos más de 1.000 millones de seres humanos”,
1.000 millones de personas si utilizamos el indicador de un dólar
por día como parámetro de la pobreza extrema, de por sí
sumamente bajo; por muchas razones tal vez deberíamos utilizar
el indicador de dos dólares por día como una mejor representación
de la pobreza extrema.
Así como los países en desarrollo deben cumplir su compromiso
de poner en práctica políticas nacionales adecuadas de
mitigación de la pobreza, como se esboza en la Cumbre del Milenio
y en el Consenso de Monterrey, los donantes también deben cumplir
urgentemente su compromiso de apoyar las iniciativas de los países
en desarrollo.
Según las cifras del Comité de Asistencia para el Desarrollo
(CAD) de la Organización de Cooperación y Desarrollo Económicos
(OCDE), el análisis de la asistencia oficial para el desarrollo
(AOD) y la asistencia de donantes revela que, desde 2001, año
en que se registró el nivel más bajo de asistencia mundial
para el desarrollo, la AOD ha aumentado de unos 52 mil millones de dólares
a aproximadamente 79 mil millones de dólares, lo que representa
un incremento del 50 por ciento en tres años. A simple vista
esto parece positivo e indudablemente hubo cierta mejora. Pero no debemos
llegar a falsas conclusiones. Como bien saben, en este período
el dólar se depreció considerablemente; así pues,
si ajustamos la cifra por el tipo de cambio y la inflación, el
aumento del 50 por ciento pasa a ser un aumento de solamente el 20 por
ciento. Si bien un 20 por ciento en tres años es significativo,
está muy por debajo de un aumento del 50 por ciento. Asimismo,
debe tenerse en cuenta que ese aumento de la AOD incluye la reducción
de la deuda. Naturalmente, todos apoyamos la reducción de la
deuda, pues libera recursos para el desarrollo y el logro de los ODM,
pero en términos contables esto significa que en muchos casos
la reducción de la deuda se contabiliza como si la ayuda se recibiera
en el año en que la deuda se reduce; en cambio, la reducción
de la deuda permitirá la liberación de recursos futuros,
pero no implica un ingreso inmediato de recursos a los países
pobres. Además, la reducción de la deuda en ese período
se centró en determinados países, incluido el Iraq, al
que correspondió una proporción elevada. Así pues,
cuando realizamos estos ajustes, observamos que los recursos reales
para el desarrollo destinados a los países menos desarrollados
no han aumentado tanto como esperábamos.
También debe tenerse en cuenta la cuestión del precio
del petróleo. Si bien aún no hemos hecho los cálculos
detallados, estoy convencido de que en 2005 el impacto del aumento del
precio del petróleo superará con creces el incremento
de la AOD que han recibido los países en desarrollo que son importadores
de petróleo.
En suma, se está trabajando, hay compromisos sólidos,
la comunidad de donantes se está movilizando, pero estamos apenas
en una etapa inicial y si consideramos los últimos tres o cuatro
años aún no podemos afirmar que los recursos para el desarrollo
para los países menos desarrollados hayan aumentado realmente.
Alcanzar los ODM en el plazo establecido de 2015
Al comenzar mi mandato, diez años antes del plazo establecido
de 2015, quisiera expresar mi firme convicción de que los Objetivos
de Desarrollo del Milenio pueden alcanzarse, tanto técnica como
económicamente. Se han expresado ciertas dudas al respecto, pero
sostengo que desde el punto de vista técnico y económico
pueden alcanzarse. No obstante, lograrlo requiere los recursos propuestos
en Monterrey, la aceleración del fortalecimiento de la capacidad
y de las instituciones en los países menos desarrollados, y un
patrón de crecimiento más equitativo, incluso en las economías
de mercado incipientes. Pero si mantenemos el enfoque tradicional, que
carece de verdadera urgencia, no lo lograremos. De seguir así,
aceptaremos como algo natural el hecho de que muera una mujer por minuto
por causas relacionadas con el embarazo o el parto, o de que en África
mueran 500 niños por hora a causa de enfermedades relacionadas
con la pobreza. Podemos cambiar esto, pero debemos imbuirnos de la urgencia
y el propósito de los que hasta ahora carecemos.
Soy el primero en admitir que en última instancia el desarrollo
depende de los gobiernos y de los pueblos de los propios países
en desarrollo: extirpar la corrupción, establecer instituciones
capaces de brindar servicios a sus pueblos, alentar la inversión
y la empresa privada, respetar los derechos humanos y abordar las desigualdades.
Pero es evidente que los países ricos también deben cumplir
su parte del gran acuerdo como integrantes de la alianza mundial para
el desarrollo. Esto incluye, como se indica en el Objetivo 8, más
y mejor asistencia, condiciones comerciales favorables a los pobres
y un aumento del alivio de la deuda.
La duplicación de la asistencia solicitada por el Secretario
General sería un incremento significativo. En mi calidad de ex
Ministro de Asuntos Económicos, conozco perfectamente las limitaciones
presupuestarias y fiscales a que hacen frente los gobiernos. Sostengo,
empero, que en comparación con otros componentes del gasto presupuestario,
el componente de asistencia es muy pequeño en la mayoría
de los países ricos. Es posible realizar incrementos graduales
manteniendo la responsabilidad fiscal general. No olvidemos que los
países ricos asignan unos diez dólares a gastos militares
por cada dólar que asignan a la asistencia. También son
decisivas las normas de comercio internacional más orientadas
hacia el desarrollo, para que los países en desarrollo tengan
la oportunidad de salir de la pobreza mediante el comercio. Al mismo
tiempo, es fundamental fomentar la capacidad comercial de los países,
apoyando las necesidades de infraestructura básica como puertos
y carreteras, así como la infraestructura de servicios como la
vigilancia, los procedimientos aduaneros y la capacidad de negociación
en materia comercial. A este respecto, concibo al PNUD trabajando con
la Organización Mundial del Comercio (OMC), el Banco Mundial
y otros, cooperando en el Marco de Integración aún más
estrechamente que en el pasado. En lo que atañe a la cuestión
decisiva del alivio de la deuda para los pobres del mundo, es necesario
que las decisiones adoptadas en principio en este sentido se apliquen
urgentemente a fin de que los recursos liberados se destinen a gastos
relacionados con las prioridades fundamentales del desarrollo.
Evidentemente habrá que adoptar decisiones complejas sobre todas
estas cuestiones; pero hoy éstas deben hacerse sobre la base
de que en este mundo cada vez más interdependiente, la asistencia
para el desarrollo responde al interés común y refleja
los valores comunes de una humanidad compartida.
Hay, por supuesto, un debate real sobre la eficacia de los recursos
del desarrollo, y quisiera referirme brevemente a ello.
Pruebas a favor de la asistencia para el desarrollo
Las pruebas de que la asistencia para el desarrollo funciona cuando
se aplica en el marco de política adecuado son cada vez más
claras. Por ejemplo, en estudios recientes, como el de Burnside y Dollar
(2004), se examinó nuevamente la relación empírica
entre la asistencia y el crecimiento utilizando nuevos datos de la década
de 1990 y se comprobó una vez más que la asistencia estimula
el crecimiento en los países que tienen las instituciones y políticas
adecuadas. Asimismo, hay pruebas de que la eficacia de la asistencia
depende no sólo de las características de los países
sino también del objetivo de la propia asistencia. En el estudio
de Clemens, Radelet y Bhavani (2004), por ejemplo, se desglosaron cuidadosamente
las cifras de la asistencia y se analizó la correlación
entre el desempeño económico y la asistencia orientada
concretamente al desarrollo, dejando de lado la asistencia militar y
el socorro en casos de desastre. Este último es claramente necesario,
pero no debería sorprendernos que, al hacer la correlación
de la asistencia de socorro en un país que ha sufrido daños
extensos, no se obtengan resultados en materia de crecimiento porque
el socorro se brinda precisamente para compensar la caída del
crecimiento ocasionada por el desastre. Así pues, al examinar
las cifras más cuidadosamente se encuentra una correlación
positiva entre la asistencia y el desempeño económico.
No debemos olvidar que en el contexto general, durante muchas décadas
la asistencia tuvo como principal propósito (aunque no necesariamente
el único) objetivos políticos y militares. Desde la finalización
de la Guerra Fría hemos tenido la posibilidad de reorientar claramente
estos recursos hacia los objetivos del desarrollo. Si reformamos la
estructura y las condiciones de la asistencia dándoles una orientación
firme hacia el desarrollo y los ODM, los resultados superarán
con creces los obtenidos hasta ahora.
Asimismo, debemos reconocer que, si bien el crecimiento económico
es absolutamente necesario, el crecimiento por sí solo no es
suficiente para el desarrollo humano sostenible. Aun el crecimiento
mundial rápido puede excluir a un gran número de países
y personas, como lo demuestra el Informe sobre Desarrollo Humano 2005
que se presentará mañana. Observen que esto es cierto
para países ricos y pobres por igual. Es evidente que en algunos
países los pobres no se benefician automáticamente de
los patrones de crecimiento que mantienen verdaderos focos de pobreza
y a menudo discriminan contra determinados grupos. Hay datos de economías
de la OCDE que indican que algunas economías han crecido rápidamente,
pese a lo cual el ingreso familiar medio no se ha modificado. En respuesta
a ello, debemos trabajar arduamente para que el crecimiento sea más
favorable a los pobres y para fortalecer las estrategias de lucha contra
la pobreza garantizando que los ODM se integren plenamente en los programas
y presupuestos nacionales.
En mi opinión, la incorporación de una perspectiva de
género en toda nuestra labor será decisiva para el éxito
general del desarrollo. Hay pruebas sólidas de todo el mundo
que confirman que la igualdad entre los géneros acelera el crecimiento
económico general, fortalece la gobernanza democrática
y reduce la pobreza y la inseguridad. Al avanzar en la aplicación
de los ODM, es importante que nos comprometamos plenamente a invertir
en políticas y programas que den poder a la mujer y promuevan
la igualdad entre los géneros. Personalmente, estoy decidido
a dar prioridad a esta cuestión.
Asimismo, estamos analizando con nuestros asociados la estructura general
de la asistencia para el desarrollo y la cooperación institucional
que se requiere. Claramente, la asistencia para el desarrollo proviene
de los ciudadanos, los contribuyentes de los países desarrollados,
y los países que ustedes representan son, en última instancia,
el origen de la asistencia. Siempre debemos tener esto presente y agradecer
a los ciudadanos cuyos impuestos contribuyen a la asistencia para el
desarrollo en general. Hay cada vez mayor conciencia en la comunidad
de donantes de que la cooperación multilateral, junto con la
bilateral, en un marco general que armonice la asistencia y evite un
gran número de misiones y una carga excesiva para los países
receptores, es sumamente importante. Por consiguiente, procuraremos
establecer una estructura multilateral, en estrecha colaboración
con el Banco Mundial y la CAD de la OCDE, y el Grupo de las Naciones
Unidas para el desarrollo (GNUD) y los organismos de las Naciones Unidas,
para que en el marco de este acuerdo triangular multilateral podamos
aumentar nuestra eficacia, trabajando también con los bancos
regionales de desarrollo y el Fondo Monetario Internacional (FMI). Es
muy importante también una buena coordinación del sistema
de las Naciones Unidas dentro de esta estructura. Las Naciones Unidas
somos protagonistas y suministramos recursos importantes a la comunidad
mundial y al desarrollo mundial, pero a veces estamos sumamente fragmentadas.
Frecuentemente, a causa de esa fragmentación y de la falta de
coordinación, no cumplimos el papel que deberíamos en
función de nuestra presencia sobre el terreno, los recursos que
movilizamos y la experiencia y legitimidad del sistema de las Naciones
Unidas.
Si logramos todo esto y los países en desarrollo se centran
en sus políticas e instituciones, y la comunidad de donantes
actúa de manera más coordinada, con procedimientos armonizados,
y se centra en el desarrollo y no en otros objetivos, estaremos ante
un cambio de paradigma respecto de los que podemos alcanzar dentro de
este nuevo marco, que superará con creces todo lo que fue posible
en el pasado.
Quisiera referirme a otro tema que es importante para este debate y
que no necesariamente guarda relación con lo que el PNUD o los
organismos de las Naciones Unidas pueden hacer: el hecho de que la globalización
crea ganadores y perdedores. No podemos afirmar que sea un proceso en
el que todos ganan todo el tiempo, y esto se aplica incluso a determinados
grupos en los países ricos. En el contexto de este debate general,
también es importante considerar las necesidades de los perdedores
a corto plazo, pese a que a largo plazo, todos ganarán. Éstos
incluyen a los trabajadores desplazados de las viejas industrias de
Europa, los Estados Unidos y el Japón; los agricultores que podrían
verse afectados por los cambios a mejores políticas agrícolas
y que podrían necesitar cierto tipo de apoyo a corto plazo. Al
observar el proceso general de la globalización y el crecimiento
favorable a los pobres, también debemos tener en cuenta que incluso
los países ricos podrían requerir asistencia para los
que se vean afectados adversamente a corto plazo.
He de referirme ahora, en este marco general, a otros temas relacionados
con las actividades operacionales del PNUD.
II. El PNUD en un entorno de asistencia en permanente cambio
Gestión financiera y transparencia
En primer lugar, es evidente que, al tiempo que el PNUD promueve un
incremento de los recursos para el desarrollo que se distribuyan adecuadamente,
también debemos trabajar aún más arduamente para
garantizar la eficacia de nuestros propios sistemas financieros y prácticas
administrativas. Si bien sería prematuro referirme ahora a las
conclusiones del informe del Comité de Investigación Independiente
sobre el programa petróleo por alimentos que Paul Volcker presentará
mañana, emitiré una declaración y haré una
presentación por escrito a la Junta sobre las conclusiones del
Comité en lo que hace al PNUD, una vez que se haya publicado
el informe.
Para que el PNUD sea plenamente eficaz debemos mantener sistemáticamente
los niveles más elevados de conducta profesional y funcionar
con total transparencia. Pese a que reconozco que se ha hecho mucho
por mejorar la rendición de cuentas y la transparencia, es fundamental
que sigamos fortaleciendo los procedimientos y las salvaguardias que
nos permitan trabajar con los niveles más elevados de rendición
de cuentas y transparencia. La estructura descentralizada del PNUD es
una de nuestras principales fortalezas y permite que surjan nuevas ideas,
iniciativas y alianzas dinámicas. Al mismo tiempo, empero, es
evidente que debemos reforzar los valores fundamentales aplicables a
todos los que trabajamos en la organización. Esto debe ser una
de las principales prioridades del PNUD y es también una cuestión
administrativa fundamental. Garantizar que se ejerzan los controles
adecuados podría requerir recursos adicionales y estoy resuelto
a encontrar y asignar esos recursos. Comprendo que frecuentemente en
el trabajo sobre el terreno, cuando se está sujeto a las necesidades
apremiantes del desarrollo, por ejemplo, el problema de la pobreza o
de la gobernanza, tal vez se descuiden los procedimientos internos.
No podemos permitirnos hacerlo. Los procedimientos internos de supervisión
son un elemento esencial del éxito y realmente me propongo velar
por que se cumplan en toda la organización.
La reforma de las Naciones Unidas
La segunda cuestión importante está relacionada con la
reforma de las Naciones Unidas. En mis primeras semanas como Administrador,
ya surge claramente de mis reuniones con donantes y países en
los que se ejecutan programas que la reforma de las Naciones Unidas,
especialmente en el nivel de los países, es otra prioridad decisiva
tanto para el fortalecimiento de nuestra eficacia como organización
como para recabar el apoyo internacional. Hago votos por que la estrategia
para impulsar la reforma consista en la creación de un grupo
de gestión en el que podamos trabajar juntos sustantivamente
como equipo para ejecutar las políticas y estrategias necesarias
para lograr la reforma en el nivel de los países. Mucho depende
de nuestro desempeño, el de los directores de los distintos organismos
de las Naciones Unidas. Si actuamos como equipo, nuestro mensaje se
traducirá en un mayor espíritu de equipo en el nivel de
los países. Al mismo tiempo, deben definirse claramente la responsabilidad
y la rendición de cuentas.
Todos sabemos que el liderazgo de los equipos en los países
comienza por el coordinador residente (CR); y doy suma importancia a
la función del PNUD de dirigir el sistema de CR. Si éste
ha de funcionar de manera que las Naciones Unidas se movilicen cabalmente
para ayudar a los países a alcanzar los Objetivos de Desarrollo
del Milenio, deberá fortalecerse. Habida cuenta de las funciones
cada vez más complejas y la pesada carga de trabajo de los CR
y de conformidad con la resolución de la revisión trienal
amplia de la política, seguiré utilizando con carácter
experimental el modelo de director en el país en los países
en que la carga de trabajo sea excesiva, para que el director en el
país pueda ocuparse de los programas del PNUD y el CR tenga más
tiempo para dedicarse a cuestiones relativas al sistema de las Naciones
Unidas en general.
Este marco exige mucho del PNUD como organización, incluida
la utilización de nuestras redes de conocimientos de modo que
el sistema de las Naciones Unidas se beneficie en su conjunto mediante
sus conocimientos especializados y servicios a nivel de los países,
pero también exige que nuestros asociados trabajen con nosotros
para impulsar este programa.
Así pues, al examinar los desafíos que tenemos por delante,
cabe preguntarse cuál ha de ser nuestra visión común
para el PNUD en este entorno de la asistencia en permanente cambio y
cuál es nuestro objetivo final.
III. Una visión compartida para el PNUD
Ante todo, consideremos los recursos. Las propuestas del presupuesto
de apoyo del PNUD y las estimaciones conexas correspondientes a 2006-2007,
así como el presupuesto para el Fondo de Desarrollo de las Naciones
Unidas para la Mujer (UNIFEM) correspondiente a 2006-2007, son un tema
importante de este período de sesiones, que será presentado
a la Junta esta tarde por Jan Mattsson. Mientras que aún me estoy
familiarizando cabalmente con los detalles sobre la forma en que funciona
el presupuesto, otros colegas han estado trabajando activamente para
que la estrategia presupuestaria se integre plenamente al marco de financiación
multianual para 2004-2007, con cierta flexibilidad para realizar ajustes
a lo largo del año siguiente. Confío en que el presupuesto
será aprobado. Creo que se trata de un presupuesto adecuado,
pero habida cuenta de mi incorporación reciente al PNUD, espero
que comprendan si dentro de unos pocos meses les pido que hagamos ciertos
ajustes.
En la utilización de estos recursos, veo que la función
básica del PNUD como organización es atraer ideas y ejecutarlas.
El enfoque según el cual las ideas se generan por un lado y se
aplican por el otro no funciona. Las ideas son en muchos sentidos el
instrumento más eficaz que tenemos en la esfera del desarrollo,
pero éstas no pueden ni deben estar divorciadas de la realidad
sobre el terreno. Por ello es fundamental que el PNUD sea el centro
del debate sobre desarrollo y economía. El PNUD desempeña
una función decisiva en tanto aporta enfoques conceptuales y
alternativas normativas para ayudar a los países en desarrollo
a hacer elecciones informadas sobre sus propias sendas de desarrollo.
Se trata de una función que me propongo consolidar mediante el
fortalecimiento de la posición del PNUD como un centro de conocimiento,
competencia y mejores prácticas sobre desarrollo.
El trabajo en los países más pobres, especialmente
en África; alcance y prioridades mundiales
Otra cuestión importante es, desde luego, la de las prioridades
geográficas y el equilibrio entre las distintas partes del mundo.
El compromiso del PNUD con los países más pobres seguirá
siendo nuestra prioridad. Abordar los retos especiales sobre desarrollo
que enfrenta África, donde el progreso hacia el logro de los
ODM ha sido más lento, sigue siendo nuestra tarea fundamental.
Mi primera misión será al África, en octubre. Allí
espero volver a ver por mí mismo los complejos desafíos
económicos y sociales a los que hace frente África, y
los pasos que están dando los gobiernos y los pueblos para abordarlos.
Deseo subrayar que los datos indican que se han hecho progresos en África:
son desiguales, insuficientes, pero también muy alentadores.
Es el momento de aunar esfuerzos e impulsar el crecimiento, el comercio
y el desarrollo humano que darán a los pueblos de África
poder sobre sus vidas y la prosperidad que merecen. Entre nuestras múltiples
actividades, desearía referirme al Fondo de las Naciones Unidas
para el Desarrollo de la Capitalización, el FNUDC, que se centra
en los países más pobres. El FNUDC tiene ahora un nuevo
administrador, el Sr. Richard Weingarten, que proviene del sector privado
y que, espero, contribuirá a que el Fondo, una dependencia relativamente
pequeña, se convierta en un instrumento realmente útil
para el desarrollo en los países más pobres.
Actualmente el 90 por ciento de los recursos del PNUD están
destinados a los países de bajos ingresos, el 60 por ciento a
los países menos adelantados, y esta tendencia se mantendrá.
Aunque evidentemente debemos dirigir nuestros recursos a los países
más pobres, en que los desafíos para el desarrollo son
mayores, especialmente en el África subsahariana, en nuestro
carácter de institución mundial con presencia mundial,
debemos trabajar para que los ODM se cumplan en los países de
medianos ingresos, en los que también hay verdaderos focos de
pobreza extrema. Debemos mantener una presencia activa en los países
de medianos ingresos y de medianos a bajos ingresos, trabajando con
ellos en pos del logro de los ODM, pero también abordando los
demás retos del desarrollo que aún enfrentan.
Así pues, si bien nuestro enfoque estará dirigido a los
países más pobres, y si bien el grueso de nuestros recursos
estará destinado a éstos, el PNUD debe mantener su carácter
de organización mundial por muchas razones. Ante todo, para adquirir
experiencia y facilitar la cooperación Sur-Sur, para aplicar
la experiencia adquirida en América Latina en África,
o la de Asia en América Latina, y viceversa. Creo también
que aun en los países de medianos ingresos, no alcanzaremos los
ODM a menos que nos centremos en ellos ODM. El crecimiento ha sido desigual
y lamentablemente ha generado nuevas desigualdades durante los últimos
quince años en los países de medianos ingresos, de manera
que debemos examinar cuidadosamente este problema, desde una perspectiva
tanto intelectual como conceptual. Por más que no podamos utilizar
tantos recursos allí, esto no significa que no debamos analizar
sus problemas, examinarlos con ellos y apoyar las iniciativas de movilización
de recursos, impulsados por sus propios medios, para resolver estos
problemas.
Promoción de las estrategias de lucha contra la
pobreza basadas en los ODM
En lo que atañe al logro de los ODM, hemos llegado a un punto
crítico en que las metodologías de medición y cálculo
de costos han alcanzado un considerable desarrollo. Sin embargo, ahora
es muy importante vincular las estrategias de lucha contra la pobreza
elaboradas por los países con el firme apoyo del Banco Mundial
y el FMI, y el análisis presupuestario y el cálculo de
costos de los programas de gastos basados en los ODM. Éstos ahora
deben consolidarse para no tener por un lado una estrategia de lucha
contra la pobreza y por el otro una estrategia de aplicación
de los ODM. Una de las prioridades fundamentales de los próximos
seis meses será consolidar estas dos iniciativas trabajando en
estrecha colaboración con los países que son los principales
motores del proceso, pero también con el Banco Mundial, que tiene
una función sumamente activa en la esfera de la lucha contra
la pobreza. Creo que necesitamos establecer una alianza sólida,
en virtud de la cual estos dos enfoques se conviertan en un enfoque
conjunto.
Estoy convencido de que los ODM han sido sumamente útiles en
el debate sobre el desarrollo. Han dado a las metas de desarrollo un
carácter mucho más concreto y han estimulado la imaginación
de los habitantes tanto de países pobres como ricos. Lejos de
abandonarlos, debemos asegurarnos de que se los incluya en las estrategias
generales de crecimiento y lucha contra la pobreza. Ha llegado el momento
de impulsar esta idea, si bien no de una manera inflexible; cada país
en desarrollo tiene sus propias condiciones y cada país rico
puede tener su propio enfoque y forma de interpretar algunos de los
objetivos, pero por sobre todo hay algo que ha estimulado la imaginación
del público de todo el mundo. Ahora, pues, es el momento de hacerlo:
hemos movilizado la buena voluntad, hay promesas de recursos, y el verdadero
objetivo debe ser lograr que los ODM se conviertan en parte del proceso
de planificación y de formulación de políticas
en los propios países.
Prevención de crisis y recuperación después
de conflictos
Otra esfera en que lamentablemente deberemos trabajar arduamente es
la de la recuperación después de conflictos. Se trata
de una esfera en la que el PNUD ha desarrollado mayor capacidad y, habida
cuenta de la renovada atención sobre la interrelación
entre la seguridad y el desarrollo, la comunidad internacional está
recurriendo cada vez más al PNUD para obtener asistencia en estas
situaciones, desde la prevención de conflictos hasta la consolidación
de la paz y la recuperación. La ampliación de la capacidad
de la Dirección de Prevención de Crisis y de Recuperación
como un generador de ideas y mejores prácticas para responder
a estas necesidades es una prioridad fundamental. En este contexto,
hago votos por que el PNUD desempeñe un papel importante en el
apoyo de una nueva Comisión de Consolidación de la Paz
que fortalecerá la capacidad de la comunidad internacional para
abordar situaciones de conflicto, siempre que la Asamblea General convenga
con su establecimiento en la Cumbre que se celebrará la semana
próxima.
Gobernanza democrática
La gobernanza democrática es otra esfera importante en que nos
hemos centrado. Se trata de una tarea difícil, en la que debemos
mantener firmemente nuestra neutralidad política, al tiempo que
apoyamos la labor de los parlamentos, la sociedad civil, los medios
y los distintos niveles de gobierno. En este contexto, desde luego,
la neutralidad política de nuestra tarea de desarrollo es indispensable;
no podemos permitirnos de ninguna manera ser parte interesada ni convertirnos
en un agente político. Por otra parte, participamos activamente
en el fortalecimiento de los mecanismos de la gobernanza democrática.
En 2004, 132 países en que se ejecutan programas, es decir el
95 por ciento de nuestros países clientes, utilizaron nuestros
servicios de gobernanza democrática. En este momento, uno de
cada tres parlamentos del mundo en desarrollo está respaldado
en cierta forma por el PNUD, que apoya en promedio una elección
cada dos semanas en algún lugar del mundo.
Naturalmente, continuaremos trabajando junto a nuestros asociados en
las esferas de la energía y el medio ambiente, en las que sin
duda la práctica está produciendo resultados cada vez
más tangibles y útiles, así como en la lucha contra
el VIH/SIDA y otras enfermedades. Se mantendrán las cinco prácticas
que constituyen el eje de la labor del PNUD.
Como ya he dicho, es evidente que debemos incorporar una perspectiva
de género en todas las prácticas. He celebrado una serie
de conversaciones con la Directora Ejecutiva del UNIFEM, Noeleen Heyzer,
y he reiterado mi compromiso de que la incorporación de una perspectiva
de género sea una prioridad básica del PNUD, a fin de
que nuestro compromiso institucional se convierta en realidad mediante
la aplicación de una perspectiva de género y el seguimiento
de su progreso. En adelante, la Sra. Heyzer también participará
en todas nuestras reuniones del Equipo de Gestión Estratégica.
En enero de 2006 presentaremos a la Junta Ejecutiva nuestro plan de
acción en materia de género para 2006-2007 y recabaré
entonces su apoyo y orientación permanentes en relación
con ello.
Observaciones finales
No me ha alcanzado el tiempo para referirme a todas las esferas que
habría querido analizar, pero confío en que nuestro diálogo
franco y sincero sobre estas cuestiones proseguirá en el curso
de las próximas semanas y meses, y espero con interés
la celebración del período de sesiones de la Junta de
enero de 2006.
Desearía finalizar informándoles de que, si bien estaré
presente durante el resto de la reunión del PNUD de hoy, en razón
de compromisos asumidos con anterioridad a mi nombramiento como Administrador
que no me fue posible reprogramar, no podré permanecer aquí
durante el resto de la serie de sesiones que se celebrará hacia
fines de esta semana. Desde luego, espero con interés el período
de sesiones de enero, al que tengo previsto asistir en su totalidad.
Nos esperan semanas muy ajetreadas y confío en que juntos podremos
fortalecer las Naciones Unidas para que estén al servicio de
los ciudadanos de todo el mundo.
También deseo aprovechar esta oportunidad para expresar mi
más profunda solidaridad y apoyo a las personas damnificadas
por el terrible desastre natural, el huracán Katrina, que asoló
la zona de Nueva Orleáns la semana pasada. Se trata de una nueva
muestra de que ninguno de nosotros está exento de estos acontecimientos
y de que estas cosas suceden. Lo importante siempre es extender una
mano para ayudar y hacernos presentes con recursos, así como
con nuestro corazón.
Les doy las gracias y reitero que es un privilegio trabajar con ustedes.