Alocución de Kemal Dervis, Administrador del PNUD, ante la Junta Ejecutiva del PNUD y el UNFPA
6 de septiembre de 2005

Señora Presidenta, colegas, damas y caballeros:

Es un gran honor pronunciar mi primera alocución ante la Junta Ejecutiva del PNUD en un momento tan estimulante y cargado de desafíos para la organización y para todo el sistema de las Naciones Unidas. En éste, el último período de sesiones de la Junta saliente, quisiera comenzar por agradecer a la Presidenta de la Junta, Su Excelencia la Sra. Carmen María Gallardo-Hernández, Representante Permanente de El Salvador ante las Naciones Unidas, y a la Mesa la ardua labor que vienen realizando desde enero.

Quisiera también aprovechar la oportunidad para agradecer a los miembros de la Junta que han enviado sus condolencias por el súbito fallecimiento el 23 de agosto de Poul Grosen, Director de la Oficina del PNUD en los Países Nórdicos, y le han rendido tributo. Sé que trabajó en estrecha colaboración con muchos de ustedes; hemos perdido a un gran colega y amigo, y lo echaremos de menos.

Comenzaré mi primera alocución oficial agradeciendo a Mark Malloch Brown, a quien tengo el honor de suceder. Mark y sus colegas, encabezados por Zéphirin Diabré, con la ayuda de todos ustedes, han convertido al PNUD en una organización dinámica, orientada a los resultados. El incremento de los recursos básicos, así como de las contribuciones complementarias, tan necesarios, permitirán aumentar considerablemente nuestra eficacia. No obstante, habida cuenta de la magnitud del desafío, debemos proseguir nuestras actividades de movilización de recursos, especialmente en pos de la meta de 1.100 millones de dólares de los EE.UU. en calidad de recursos básicos que, con su apoyo, confío alcanzaremos en 2007.

En este contexto, además de agradecer a los donantes que nos han permitido llegar a este punto, quisiera destacar que también desearía ver un incremento de la base de donantes, que en la década de 1990 de hecho disminuyó en relación con el número de países que contribuyeron al presupuesto básico. Hago votos por que podamos revertir esta tendencia. He comprendido inmediatamente que los recursos básicos son decisivos para que el PNUD administre sus recursos flexiblemente y en un marco de unidad estratégica, y esté en condiciones de hacer frente a la demanda en caso de necesidades imprevistas. La relación entre los recursos básicos y los no básicos debe ser aproximadamente de uno a cuatro para que el PNUD funcione de la manera que todos queremos. Por consiguiente, espero que trabajemos en pos de la meta de 1.100 millones de dólares y al mismo tiempo ampliemos el apoyo básico e incluyamos nuevos países que deseen respaldar nuestros objetivos comunes.

Es un momento realmente histórico para nuestra organización, un momento fundamental de las actividades mundiales de desarrollo. Soy plenamente consciente de la responsabilidad que asumo como partícipe en la dirección de esta organización en los próximos años en pos de mayor eficiencia, eficacia y resultados de desarrollo para las personas a quienes servimos. Por el bien del PNUD, debemos aprovechar cada una de nuestras fortalezas en nuestra labor colectiva de ayudar a los países en sus propias iniciativas de lucha contra la pobreza extrema y a favor del crecimiento económico rápido y el desarrollo humano sostenible, y hay razones para creer que es posible. Espero que pueda ganarme y mantener su confianza en este empeño; juntos haremos frente a los duros retos que tenemos por delante.

I. Aprovechar la asistencia global para el desarrollo eficaz

La Cumbre Mundial de 2005

La semana próxima, se reunirán aquí, en las Naciones Unidas, Jefes de Estado y de Gobierno para acordar el establecimiento de las políticas y los recursos necesarios para poner en práctica los compromisos que asumieron en la Declaración del Milenio hace cinco años, de no escatimar “esfuerzos para liberar a nuestros semejantes, hombres, mujeres y niños, de las condiciones abyectas y deshumanizadoras de la pobreza extrema, a la que en la actualidad están sometidos más de 1.000 millones de seres humanos”, 1.000 millones de personas si utilizamos el indicador de un dólar por día como parámetro de la pobreza extrema, de por sí sumamente bajo; por muchas razones tal vez deberíamos utilizar el indicador de dos dólares por día como una mejor representación de la pobreza extrema.

Así como los países en desarrollo deben cumplir su compromiso de poner en práctica políticas nacionales adecuadas de mitigación de la pobreza, como se esboza en la Cumbre del Milenio y en el Consenso de Monterrey, los donantes también deben cumplir urgentemente su compromiso de apoyar las iniciativas de los países en desarrollo.

Según las cifras del Comité de Asistencia para el Desarrollo (CAD) de la Organización de Cooperación y Desarrollo Económicos (OCDE), el análisis de la asistencia oficial para el desarrollo (AOD) y la asistencia de donantes revela que, desde 2001, año en que se registró el nivel más bajo de asistencia mundial para el desarrollo, la AOD ha aumentado de unos 52 mil millones de dólares a aproximadamente 79 mil millones de dólares, lo que representa un incremento del 50 por ciento en tres años. A simple vista esto parece positivo e indudablemente hubo cierta mejora. Pero no debemos llegar a falsas conclusiones. Como bien saben, en este período el dólar se depreció considerablemente; así pues, si ajustamos la cifra por el tipo de cambio y la inflación, el aumento del 50 por ciento pasa a ser un aumento de solamente el 20 por ciento. Si bien un 20 por ciento en tres años es significativo, está muy por debajo de un aumento del 50 por ciento. Asimismo, debe tenerse en cuenta que ese aumento de la AOD incluye la reducción de la deuda. Naturalmente, todos apoyamos la reducción de la deuda, pues libera recursos para el desarrollo y el logro de los ODM, pero en términos contables esto significa que en muchos casos la reducción de la deuda se contabiliza como si la ayuda se recibiera en el año en que la deuda se reduce; en cambio, la reducción de la deuda permitirá la liberación de recursos futuros, pero no implica un ingreso inmediato de recursos a los países pobres. Además, la reducción de la deuda en ese período se centró en determinados países, incluido el Iraq, al que correspondió una proporción elevada. Así pues, cuando realizamos estos ajustes, observamos que los recursos reales para el desarrollo destinados a los países menos desarrollados no han aumentado tanto como esperábamos.

También debe tenerse en cuenta la cuestión del precio del petróleo. Si bien aún no hemos hecho los cálculos detallados, estoy convencido de que en 2005 el impacto del aumento del precio del petróleo superará con creces el incremento de la AOD que han recibido los países en desarrollo que son importadores de petróleo.

En suma, se está trabajando, hay compromisos sólidos, la comunidad de donantes se está movilizando, pero estamos apenas en una etapa inicial y si consideramos los últimos tres o cuatro años aún no podemos afirmar que los recursos para el desarrollo para los países menos desarrollados hayan aumentado realmente.

Alcanzar los ODM en el plazo establecido de 2015

Al comenzar mi mandato, diez años antes del plazo establecido de 2015, quisiera expresar mi firme convicción de que los Objetivos de Desarrollo del Milenio pueden alcanzarse, tanto técnica como económicamente. Se han expresado ciertas dudas al respecto, pero sostengo que desde el punto de vista técnico y económico pueden alcanzarse. No obstante, lograrlo requiere los recursos propuestos en Monterrey, la aceleración del fortalecimiento de la capacidad y de las instituciones en los países menos desarrollados, y un patrón de crecimiento más equitativo, incluso en las economías de mercado incipientes. Pero si mantenemos el enfoque tradicional, que carece de verdadera urgencia, no lo lograremos. De seguir así, aceptaremos como algo natural el hecho de que muera una mujer por minuto por causas relacionadas con el embarazo o el parto, o de que en África mueran 500 niños por hora a causa de enfermedades relacionadas con la pobreza. Podemos cambiar esto, pero debemos imbuirnos de la urgencia y el propósito de los que hasta ahora carecemos.

Soy el primero en admitir que en última instancia el desarrollo depende de los gobiernos y de los pueblos de los propios países en desarrollo: extirpar la corrupción, establecer instituciones capaces de brindar servicios a sus pueblos, alentar la inversión y la empresa privada, respetar los derechos humanos y abordar las desigualdades. Pero es evidente que los países ricos también deben cumplir su parte del gran acuerdo como integrantes de la alianza mundial para el desarrollo. Esto incluye, como se indica en el Objetivo 8, más y mejor asistencia, condiciones comerciales favorables a los pobres y un aumento del alivio de la deuda.

La duplicación de la asistencia solicitada por el Secretario General sería un incremento significativo. En mi calidad de ex Ministro de Asuntos Económicos, conozco perfectamente las limitaciones presupuestarias y fiscales a que hacen frente los gobiernos. Sostengo, empero, que en comparación con otros componentes del gasto presupuestario, el componente de asistencia es muy pequeño en la mayoría de los países ricos. Es posible realizar incrementos graduales manteniendo la responsabilidad fiscal general. No olvidemos que los países ricos asignan unos diez dólares a gastos militares por cada dólar que asignan a la asistencia. También son decisivas las normas de comercio internacional más orientadas hacia el desarrollo, para que los países en desarrollo tengan la oportunidad de salir de la pobreza mediante el comercio. Al mismo tiempo, es fundamental fomentar la capacidad comercial de los países, apoyando las necesidades de infraestructura básica como puertos y carreteras, así como la infraestructura de servicios como la vigilancia, los procedimientos aduaneros y la capacidad de negociación en materia comercial. A este respecto, concibo al PNUD trabajando con la Organización Mundial del Comercio (OMC), el Banco Mundial y otros, cooperando en el Marco de Integración aún más estrechamente que en el pasado. En lo que atañe a la cuestión decisiva del alivio de la deuda para los pobres del mundo, es necesario que las decisiones adoptadas en principio en este sentido se apliquen urgentemente a fin de que los recursos liberados se destinen a gastos relacionados con las prioridades fundamentales del desarrollo.

Evidentemente habrá que adoptar decisiones complejas sobre todas estas cuestiones; pero hoy éstas deben hacerse sobre la base de que en este mundo cada vez más interdependiente, la asistencia para el desarrollo responde al interés común y refleja los valores comunes de una humanidad compartida.

Hay, por supuesto, un debate real sobre la eficacia de los recursos del desarrollo, y quisiera referirme brevemente a ello.

Pruebas a favor de la asistencia para el desarrollo

Las pruebas de que la asistencia para el desarrollo funciona cuando se aplica en el marco de política adecuado son cada vez más claras. Por ejemplo, en estudios recientes, como el de Burnside y Dollar (2004), se examinó nuevamente la relación empírica entre la asistencia y el crecimiento utilizando nuevos datos de la década de 1990 y se comprobó una vez más que la asistencia estimula el crecimiento en los países que tienen las instituciones y políticas adecuadas. Asimismo, hay pruebas de que la eficacia de la asistencia depende no sólo de las características de los países sino también del objetivo de la propia asistencia. En el estudio de Clemens, Radelet y Bhavani (2004), por ejemplo, se desglosaron cuidadosamente las cifras de la asistencia y se analizó la correlación entre el desempeño económico y la asistencia orientada concretamente al desarrollo, dejando de lado la asistencia militar y el socorro en casos de desastre. Este último es claramente necesario, pero no debería sorprendernos que, al hacer la correlación de la asistencia de socorro en un país que ha sufrido daños extensos, no se obtengan resultados en materia de crecimiento porque el socorro se brinda precisamente para compensar la caída del crecimiento ocasionada por el desastre. Así pues, al examinar las cifras más cuidadosamente se encuentra una correlación positiva entre la asistencia y el desempeño económico.

No debemos olvidar que en el contexto general, durante muchas décadas la asistencia tuvo como principal propósito (aunque no necesariamente el único) objetivos políticos y militares. Desde la finalización de la Guerra Fría hemos tenido la posibilidad de reorientar claramente estos recursos hacia los objetivos del desarrollo. Si reformamos la estructura y las condiciones de la asistencia dándoles una orientación firme hacia el desarrollo y los ODM, los resultados superarán con creces los obtenidos hasta ahora.

Asimismo, debemos reconocer que, si bien el crecimiento económico es absolutamente necesario, el crecimiento por sí solo no es suficiente para el desarrollo humano sostenible. Aun el crecimiento mundial rápido puede excluir a un gran número de países y personas, como lo demuestra el Informe sobre Desarrollo Humano 2005 que se presentará mañana. Observen que esto es cierto para países ricos y pobres por igual. Es evidente que en algunos países los pobres no se benefician automáticamente de los patrones de crecimiento que mantienen verdaderos focos de pobreza y a menudo discriminan contra determinados grupos. Hay datos de economías de la OCDE que indican que algunas economías han crecido rápidamente, pese a lo cual el ingreso familiar medio no se ha modificado. En respuesta a ello, debemos trabajar arduamente para que el crecimiento sea más favorable a los pobres y para fortalecer las estrategias de lucha contra la pobreza garantizando que los ODM se integren plenamente en los programas y presupuestos nacionales.

En mi opinión, la incorporación de una perspectiva de género en toda nuestra labor será decisiva para el éxito general del desarrollo. Hay pruebas sólidas de todo el mundo que confirman que la igualdad entre los géneros acelera el crecimiento económico general, fortalece la gobernanza democrática y reduce la pobreza y la inseguridad. Al avanzar en la aplicación de los ODM, es importante que nos comprometamos plenamente a invertir en políticas y programas que den poder a la mujer y promuevan la igualdad entre los géneros. Personalmente, estoy decidido a dar prioridad a esta cuestión.

Asimismo, estamos analizando con nuestros asociados la estructura general de la asistencia para el desarrollo y la cooperación institucional que se requiere. Claramente, la asistencia para el desarrollo proviene de los ciudadanos, los contribuyentes de los países desarrollados, y los países que ustedes representan son, en última instancia, el origen de la asistencia. Siempre debemos tener esto presente y agradecer a los ciudadanos cuyos impuestos contribuyen a la asistencia para el desarrollo en general. Hay cada vez mayor conciencia en la comunidad de donantes de que la cooperación multilateral, junto con la bilateral, en un marco general que armonice la asistencia y evite un gran número de misiones y una carga excesiva para los países receptores, es sumamente importante. Por consiguiente, procuraremos establecer una estructura multilateral, en estrecha colaboración con el Banco Mundial y la CAD de la OCDE, y el Grupo de las Naciones Unidas para el desarrollo (GNUD) y los organismos de las Naciones Unidas, para que en el marco de este acuerdo triangular multilateral podamos aumentar nuestra eficacia, trabajando también con los bancos regionales de desarrollo y el Fondo Monetario Internacional (FMI). Es muy importante también una buena coordinación del sistema de las Naciones Unidas dentro de esta estructura. Las Naciones Unidas somos protagonistas y suministramos recursos importantes a la comunidad mundial y al desarrollo mundial, pero a veces estamos sumamente fragmentadas. Frecuentemente, a causa de esa fragmentación y de la falta de coordinación, no cumplimos el papel que deberíamos en función de nuestra presencia sobre el terreno, los recursos que movilizamos y la experiencia y legitimidad del sistema de las Naciones Unidas.

Si logramos todo esto y los países en desarrollo se centran en sus políticas e instituciones, y la comunidad de donantes actúa de manera más coordinada, con procedimientos armonizados, y se centra en el desarrollo y no en otros objetivos, estaremos ante un cambio de paradigma respecto de los que podemos alcanzar dentro de este nuevo marco, que superará con creces todo lo que fue posible en el pasado.

Quisiera referirme a otro tema que es importante para este debate y que no necesariamente guarda relación con lo que el PNUD o los organismos de las Naciones Unidas pueden hacer: el hecho de que la globalización crea ganadores y perdedores. No podemos afirmar que sea un proceso en el que todos ganan todo el tiempo, y esto se aplica incluso a determinados grupos en los países ricos. En el contexto de este debate general, también es importante considerar las necesidades de los perdedores a corto plazo, pese a que a largo plazo, todos ganarán. Éstos incluyen a los trabajadores desplazados de las viejas industrias de Europa, los Estados Unidos y el Japón; los agricultores que podrían verse afectados por los cambios a mejores políticas agrícolas y que podrían necesitar cierto tipo de apoyo a corto plazo. Al observar el proceso general de la globalización y el crecimiento favorable a los pobres, también debemos tener en cuenta que incluso los países ricos podrían requerir asistencia para los que se vean afectados adversamente a corto plazo.

He de referirme ahora, en este marco general, a otros temas relacionados con las actividades operacionales del PNUD.


II. El PNUD en un entorno de asistencia en permanente cambio

Gestión financiera y transparencia

En primer lugar, es evidente que, al tiempo que el PNUD promueve un incremento de los recursos para el desarrollo que se distribuyan adecuadamente, también debemos trabajar aún más arduamente para garantizar la eficacia de nuestros propios sistemas financieros y prácticas administrativas. Si bien sería prematuro referirme ahora a las conclusiones del informe del Comité de Investigación Independiente sobre el programa petróleo por alimentos que Paul Volcker presentará mañana, emitiré una declaración y haré una presentación por escrito a la Junta sobre las conclusiones del Comité en lo que hace al PNUD, una vez que se haya publicado el informe.

Para que el PNUD sea plenamente eficaz debemos mantener sistemáticamente los niveles más elevados de conducta profesional y funcionar con total transparencia. Pese a que reconozco que se ha hecho mucho por mejorar la rendición de cuentas y la transparencia, es fundamental que sigamos fortaleciendo los procedimientos y las salvaguardias que nos permitan trabajar con los niveles más elevados de rendición de cuentas y transparencia. La estructura descentralizada del PNUD es una de nuestras principales fortalezas y permite que surjan nuevas ideas, iniciativas y alianzas dinámicas. Al mismo tiempo, empero, es evidente que debemos reforzar los valores fundamentales aplicables a todos los que trabajamos en la organización. Esto debe ser una de las principales prioridades del PNUD y es también una cuestión administrativa fundamental. Garantizar que se ejerzan los controles adecuados podría requerir recursos adicionales y estoy resuelto a encontrar y asignar esos recursos. Comprendo que frecuentemente en el trabajo sobre el terreno, cuando se está sujeto a las necesidades apremiantes del desarrollo, por ejemplo, el problema de la pobreza o de la gobernanza, tal vez se descuiden los procedimientos internos. No podemos permitirnos hacerlo. Los procedimientos internos de supervisión son un elemento esencial del éxito y realmente me propongo velar por que se cumplan en toda la organización.

La reforma de las Naciones Unidas

La segunda cuestión importante está relacionada con la reforma de las Naciones Unidas. En mis primeras semanas como Administrador, ya surge claramente de mis reuniones con donantes y países en los que se ejecutan programas que la reforma de las Naciones Unidas, especialmente en el nivel de los países, es otra prioridad decisiva tanto para el fortalecimiento de nuestra eficacia como organización como para recabar el apoyo internacional. Hago votos por que la estrategia para impulsar la reforma consista en la creación de un grupo de gestión en el que podamos trabajar juntos sustantivamente como equipo para ejecutar las políticas y estrategias necesarias para lograr la reforma en el nivel de los países. Mucho depende de nuestro desempeño, el de los directores de los distintos organismos de las Naciones Unidas. Si actuamos como equipo, nuestro mensaje se traducirá en un mayor espíritu de equipo en el nivel de los países. Al mismo tiempo, deben definirse claramente la responsabilidad y la rendición de cuentas.

Todos sabemos que el liderazgo de los equipos en los países comienza por el coordinador residente (CR); y doy suma importancia a la función del PNUD de dirigir el sistema de CR. Si éste ha de funcionar de manera que las Naciones Unidas se movilicen cabalmente para ayudar a los países a alcanzar los Objetivos de Desarrollo del Milenio, deberá fortalecerse. Habida cuenta de las funciones cada vez más complejas y la pesada carga de trabajo de los CR y de conformidad con la resolución de la revisión trienal amplia de la política, seguiré utilizando con carácter experimental el modelo de director en el país en los países en que la carga de trabajo sea excesiva, para que el director en el país pueda ocuparse de los programas del PNUD y el CR tenga más tiempo para dedicarse a cuestiones relativas al sistema de las Naciones Unidas en general.

Este marco exige mucho del PNUD como organización, incluida la utilización de nuestras redes de conocimientos de modo que el sistema de las Naciones Unidas se beneficie en su conjunto mediante sus conocimientos especializados y servicios a nivel de los países, pero también exige que nuestros asociados trabajen con nosotros para impulsar este programa.

Así pues, al examinar los desafíos que tenemos por delante, cabe preguntarse cuál ha de ser nuestra visión común para el PNUD en este entorno de la asistencia en permanente cambio y cuál es nuestro objetivo final.


III. Una visión compartida para el PNUD

Ante todo, consideremos los recursos. Las propuestas del presupuesto de apoyo del PNUD y las estimaciones conexas correspondientes a 2006-2007, así como el presupuesto para el Fondo de Desarrollo de las Naciones Unidas para la Mujer (UNIFEM) correspondiente a 2006-2007, son un tema importante de este período de sesiones, que será presentado a la Junta esta tarde por Jan Mattsson. Mientras que aún me estoy familiarizando cabalmente con los detalles sobre la forma en que funciona el presupuesto, otros colegas han estado trabajando activamente para que la estrategia presupuestaria se integre plenamente al marco de financiación multianual para 2004-2007, con cierta flexibilidad para realizar ajustes a lo largo del año siguiente. Confío en que el presupuesto será aprobado. Creo que se trata de un presupuesto adecuado, pero habida cuenta de mi incorporación reciente al PNUD, espero que comprendan si dentro de unos pocos meses les pido que hagamos ciertos ajustes.

En la utilización de estos recursos, veo que la función básica del PNUD como organización es atraer ideas y ejecutarlas. El enfoque según el cual las ideas se generan por un lado y se aplican por el otro no funciona. Las ideas son en muchos sentidos el instrumento más eficaz que tenemos en la esfera del desarrollo, pero éstas no pueden ni deben estar divorciadas de la realidad sobre el terreno. Por ello es fundamental que el PNUD sea el centro del debate sobre desarrollo y economía. El PNUD desempeña una función decisiva en tanto aporta enfoques conceptuales y alternativas normativas para ayudar a los países en desarrollo a hacer elecciones informadas sobre sus propias sendas de desarrollo. Se trata de una función que me propongo consolidar mediante el fortalecimiento de la posición del PNUD como un centro de conocimiento, competencia y mejores prácticas sobre desarrollo.

El trabajo en los países más pobres, especialmente en África; alcance y prioridades mundiales

Otra cuestión importante es, desde luego, la de las prioridades geográficas y el equilibrio entre las distintas partes del mundo. El compromiso del PNUD con los países más pobres seguirá siendo nuestra prioridad. Abordar los retos especiales sobre desarrollo que enfrenta África, donde el progreso hacia el logro de los ODM ha sido más lento, sigue siendo nuestra tarea fundamental. Mi primera misión será al África, en octubre. Allí espero volver a ver por mí mismo los complejos desafíos económicos y sociales a los que hace frente África, y los pasos que están dando los gobiernos y los pueblos para abordarlos. Deseo subrayar que los datos indican que se han hecho progresos en África: son desiguales, insuficientes, pero también muy alentadores. Es el momento de aunar esfuerzos e impulsar el crecimiento, el comercio y el desarrollo humano que darán a los pueblos de África poder sobre sus vidas y la prosperidad que merecen. Entre nuestras múltiples actividades, desearía referirme al Fondo de las Naciones Unidas para el Desarrollo de la Capitalización, el FNUDC, que se centra en los países más pobres. El FNUDC tiene ahora un nuevo administrador, el Sr. Richard Weingarten, que proviene del sector privado y que, espero, contribuirá a que el Fondo, una dependencia relativamente pequeña, se convierta en un instrumento realmente útil para el desarrollo en los países más pobres.

Actualmente el 90 por ciento de los recursos del PNUD están destinados a los países de bajos ingresos, el 60 por ciento a los países menos adelantados, y esta tendencia se mantendrá. Aunque evidentemente debemos dirigir nuestros recursos a los países más pobres, en que los desafíos para el desarrollo son mayores, especialmente en el África subsahariana, en nuestro carácter de institución mundial con presencia mundial, debemos trabajar para que los ODM se cumplan en los países de medianos ingresos, en los que también hay verdaderos focos de pobreza extrema. Debemos mantener una presencia activa en los países de medianos ingresos y de medianos a bajos ingresos, trabajando con ellos en pos del logro de los ODM, pero también abordando los demás retos del desarrollo que aún enfrentan.

Así pues, si bien nuestro enfoque estará dirigido a los países más pobres, y si bien el grueso de nuestros recursos estará destinado a éstos, el PNUD debe mantener su carácter de organización mundial por muchas razones. Ante todo, para adquirir experiencia y facilitar la cooperación Sur-Sur, para aplicar la experiencia adquirida en América Latina en África, o la de Asia en América Latina, y viceversa. Creo también que aun en los países de medianos ingresos, no alcanzaremos los ODM a menos que nos centremos en ellos ODM. El crecimiento ha sido desigual y lamentablemente ha generado nuevas desigualdades durante los últimos quince años en los países de medianos ingresos, de manera que debemos examinar cuidadosamente este problema, desde una perspectiva tanto intelectual como conceptual. Por más que no podamos utilizar tantos recursos allí, esto no significa que no debamos analizar sus problemas, examinarlos con ellos y apoyar las iniciativas de movilización de recursos, impulsados por sus propios medios, para resolver estos problemas.

Promoción de las estrategias de lucha contra la pobreza basadas en los ODM

En lo que atañe al logro de los ODM, hemos llegado a un punto crítico en que las metodologías de medición y cálculo de costos han alcanzado un considerable desarrollo. Sin embargo, ahora es muy importante vincular las estrategias de lucha contra la pobreza elaboradas por los países con el firme apoyo del Banco Mundial y el FMI, y el análisis presupuestario y el cálculo de costos de los programas de gastos basados en los ODM. Éstos ahora deben consolidarse para no tener por un lado una estrategia de lucha contra la pobreza y por el otro una estrategia de aplicación de los ODM. Una de las prioridades fundamentales de los próximos seis meses será consolidar estas dos iniciativas trabajando en estrecha colaboración con los países que son los principales motores del proceso, pero también con el Banco Mundial, que tiene una función sumamente activa en la esfera de la lucha contra la pobreza. Creo que necesitamos establecer una alianza sólida, en virtud de la cual estos dos enfoques se conviertan en un enfoque conjunto.

Estoy convencido de que los ODM han sido sumamente útiles en el debate sobre el desarrollo. Han dado a las metas de desarrollo un carácter mucho más concreto y han estimulado la imaginación de los habitantes tanto de países pobres como ricos. Lejos de abandonarlos, debemos asegurarnos de que se los incluya en las estrategias generales de crecimiento y lucha contra la pobreza. Ha llegado el momento de impulsar esta idea, si bien no de una manera inflexible; cada país en desarrollo tiene sus propias condiciones y cada país rico puede tener su propio enfoque y forma de interpretar algunos de los objetivos, pero por sobre todo hay algo que ha estimulado la imaginación del público de todo el mundo. Ahora, pues, es el momento de hacerlo: hemos movilizado la buena voluntad, hay promesas de recursos, y el verdadero objetivo debe ser lograr que los ODM se conviertan en parte del proceso de planificación y de formulación de políticas en los propios países.


Prevención de crisis y recuperación después de conflictos

Otra esfera en que lamentablemente deberemos trabajar arduamente es la de la recuperación después de conflictos. Se trata de una esfera en la que el PNUD ha desarrollado mayor capacidad y, habida cuenta de la renovada atención sobre la interrelación entre la seguridad y el desarrollo, la comunidad internacional está recurriendo cada vez más al PNUD para obtener asistencia en estas situaciones, desde la prevención de conflictos hasta la consolidación de la paz y la recuperación. La ampliación de la capacidad de la Dirección de Prevención de Crisis y de Recuperación como un generador de ideas y mejores prácticas para responder a estas necesidades es una prioridad fundamental. En este contexto, hago votos por que el PNUD desempeñe un papel importante en el apoyo de una nueva Comisión de Consolidación de la Paz que fortalecerá la capacidad de la comunidad internacional para abordar situaciones de conflicto, siempre que la Asamblea General convenga con su establecimiento en la Cumbre que se celebrará la semana próxima.

Gobernanza democrática

La gobernanza democrática es otra esfera importante en que nos hemos centrado. Se trata de una tarea difícil, en la que debemos mantener firmemente nuestra neutralidad política, al tiempo que apoyamos la labor de los parlamentos, la sociedad civil, los medios y los distintos niveles de gobierno. En este contexto, desde luego, la neutralidad política de nuestra tarea de desarrollo es indispensable; no podemos permitirnos de ninguna manera ser parte interesada ni convertirnos en un agente político. Por otra parte, participamos activamente en el fortalecimiento de los mecanismos de la gobernanza democrática. En 2004, 132 países en que se ejecutan programas, es decir el 95 por ciento de nuestros países clientes, utilizaron nuestros servicios de gobernanza democrática. En este momento, uno de cada tres parlamentos del mundo en desarrollo está respaldado en cierta forma por el PNUD, que apoya en promedio una elección cada dos semanas en algún lugar del mundo.

Naturalmente, continuaremos trabajando junto a nuestros asociados en las esferas de la energía y el medio ambiente, en las que sin duda la práctica está produciendo resultados cada vez más tangibles y útiles, así como en la lucha contra el VIH/SIDA y otras enfermedades. Se mantendrán las cinco prácticas que constituyen el eje de la labor del PNUD.

Como ya he dicho, es evidente que debemos incorporar una perspectiva de género en todas las prácticas. He celebrado una serie de conversaciones con la Directora Ejecutiva del UNIFEM, Noeleen Heyzer, y he reiterado mi compromiso de que la incorporación de una perspectiva de género sea una prioridad básica del PNUD, a fin de que nuestro compromiso institucional se convierta en realidad mediante la aplicación de una perspectiva de género y el seguimiento de su progreso. En adelante, la Sra. Heyzer también participará en todas nuestras reuniones del Equipo de Gestión Estratégica. En enero de 2006 presentaremos a la Junta Ejecutiva nuestro plan de acción en materia de género para 2006-2007 y recabaré entonces su apoyo y orientación permanentes en relación con ello.


Observaciones finales

No me ha alcanzado el tiempo para referirme a todas las esferas que habría querido analizar, pero confío en que nuestro diálogo franco y sincero sobre estas cuestiones proseguirá en el curso de las próximas semanas y meses, y espero con interés la celebración del período de sesiones de la Junta de enero de 2006.

Desearía finalizar informándoles de que, si bien estaré presente durante el resto de la reunión del PNUD de hoy, en razón de compromisos asumidos con anterioridad a mi nombramiento como Administrador que no me fue posible reprogramar, no podré permanecer aquí durante el resto de la serie de sesiones que se celebrará hacia fines de esta semana. Desde luego, espero con interés el período de sesiones de enero, al que tengo previsto asistir en su totalidad.

Nos esperan semanas muy ajetreadas y confío en que juntos podremos fortalecer las Naciones Unidas para que estén al servicio de los ciudadanos de todo el mundo.

También deseo aprovechar esta oportunidad para expresar mi más profunda solidaridad y apoyo a las personas damnificadas por el terrible desastre natural, el huracán Katrina, que asoló la zona de Nueva Orleáns la semana pasada. Se trata de una nueva muestra de que ninguno de nosotros está exento de estos acontecimientos y de que estas cosas suceden. Lo importante siempre es extender una mano para ayudar y hacernos presentes con recursos, así como con nuestro corazón.

Les doy las gracias y reitero que es un privilegio trabajar con ustedes.