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Prólogo: reforma, renovación y resultados
Al pasar revista a las actividades del Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD) del último año, es evidente que nos enfrentamos con un doble reto. El primero es el de la coherencia general y el programa “unidos en la acción”, decisivos para todo el sistema de desarrollo de las Naciones Unidas. En su calidad de presidente del Grupo de las Naciones Unidas para el Desarrollo, el Administrador del PNUD cumple la función especial, junto a sus colegas de las Naciones Unidas, de impulsar la reforma. Al aplicar las medidas necesarias para aumentar la eficiencia y eficacia del sistema de las Naciones Unidas en el plano nacional, no se trata de fusionar los distintos mandatos u organizaciones, sino de consolidar sus competencias y conocimientos para que las Naciones Unidas actúen con mayor coherencia y eficacia al vincular las actividades a nivel nacional y el debate mundial de políticas. El segundo reto se relaciona con el PNUD propiamente dicho. El PNUD es un asociado fundamental en la creación de capacidad para el desarrollo humano centrado en cuatro esferas: la lucha contra la pobreza, la gobernanza democrática, el medio ambiente y la energía, y la prevención de crisis y recuperación. Como se estableció en el plan estratégico del PNUD 2008-2011, debemos continuar prestando servicios sobre el terreno en estos ámbitos, suministrando conocimientos, asesoramiento normativo, promoción y apoyo técnico a los países en que se ejecutan programas sobre la base de las buenas prácticas adquiridas y nuestras ventajas comparativas. Es importante que al hacerlo, el PNUD también se retire gradualmente de las actividades sectoriales y subsectoriales que deberían realizar quienes tienen el mandato concreto para ello. Así pues, lejos de perpetuar lo que puede considerarse un conflicto de intereses, una organización estratégica y orientada a la formulación de políticas centrada en nuestro mandato básico y un sistema de Coordinadores Residentes que abarque todo el sistema de las Naciones Unidas serían plenamente complementarios y permitirían a las Naciones Unidas cumplir su función como asociado fundamental para el desarrollo de los países. Un PNUD renovado, bien administrado y bien dotado de recursos, como lo reconoce el Grupo de Alto Nivel sobre la coherencia en todo el sistema de las Naciones Unidas, se constituiría en un medio de apoyo indispensable tanto para el sistema de Coordinadores Residentes como para el sistema de desarrollo de las Naciones Unidas en general. La principal fortaleza del PNUD reside en esta doble función. Por este motivo, nuestra labor será cada vez más estratégica, integradora y orientada a abordar las vinculaciones intersectoriales, centrándonos en nuestro mandato básico de trabajar con países en desarrollo en el proceso de fortalecimiento de la capacidad destinado a consolidar instituciones nacionales sólidas y un marco de gobernanza que acelere el desarrollo y beneficie a todos los ciudadanos. Ahora que hemos llegado a la mitad del plazo de 2015 establecido para alcanzar los Objetivos de Desarrollo del Milenio (ODM), el PNUD tiene un papel decisivo que desempeñar en el sistema de desarrollo de las Naciones Unidas: trabajar con los países en desarrollo apoyando sus iniciativas para abordar la pobreza y fomentar el crecimiento inclusivo y favorable a los pobres, y el desarrollo humano para todos.
Kemal Dervis | |
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