Efectos de la crisis

Foto: PNUD
La disminución en la demanda de servicios afectará el turismo en México.
América Latina y el Caribe hacen frente a la crisis económica mundial después de seis años consecutivos de desempeño económico positivo y estabilidad. La región está mejor preparada para enfrentarse con esta crisis que con las anteriores gracias a su mejor situación macroeconómica general. Además, muchos países están ejecutando importantes programas sociales, como el de Transferencias Monetarias Condicionales (TMC), que alientan la asistencia financiera a familias pobres a condición de que se cumplan determinados requisitos, como garantizar que los niños asistan a la escuela. Hoy, unos 85 millones de latinoamericanos se benefician de estos subsidios.
No obstante, en 2009 la región no crecerá; por el contrario, se empobrecerá. Según la proyección más optimista, de la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL), habrá un 1,9% de crecimiento; esto representa una disminución respecto a las tasas de crecimiento anteriores de 5,5% (2006), 4,6% (2007) y 4,6% (2008). El Fondo Monetario Internacional (FMI) ha pronosticado un crecimiento del 1,1% en 2009, en tanto que otras fuentes, incluidos bancos privados, prevén crecimiento negativo.
La crisis económica mundial se transmitirá a la región a través de muchos canales y probablemente los costos reales serán elevados y se distribuirán de forma desigual. La disminución drástica de la demanda mundial de las exportaciones de la región, como el petróleo, la soja y el cobre, se está traduciendo en una baja de los precios de los productos básicos, una reducción de la producción y un aumento del desempleo. Al mismo tiempo, la menor demanda de productos y servicios afectará a importantes industrias de la región, como el turismo en México, el Caribe y América Central. Todo esto estará acompañado de una menor inversión extranjera directa, principalmente a causa de la crisis de liquidez en los mercados monetarios y de una baja importante de las remesas, que ya se percibe en países como El Salvador, Jamaica y México.
Según un estudio reciente de la Organización Internacional del Trabajo (OIT), entre 2007 y 2009 podría haber 4 millones de nuevos desempleados en la región. Este deterioro de las condiciones de vida de la población, especialmente entre grupos urbanos y jóvenes que ya son vulnerables, podría representar una bomba de tiempo social en la región. La experiencia adquirida demuestra que en momentos de crisis, la pobreza se ha arraigado con efectos permanentes en el bienestar de las generaciones siguientes. Es importante impedir que millones de personas vuelvan a caer en la pobreza. Están en juego los logros alcanzados en relación con los Objetivos de Desarrollo del Milenio.
¿Qué estamos haciendo al respecto?
VÍdeo
El PNUD está trabajando con los gobiernos de América Latina y el Caribe para ayudar a los países a ajustar su planificación nacional, mantenerse en la senda del desarrollo de largo plazo y proteger a los más vulnerables, teniendo en cuenta la situación particular de cada país.
En Belice, esto supone centrarse en la agricultura como medio para reducir la pobreza en las zonas rurales, mientras que en el Paraguay estamos impartiendo capacitación a familias para que puedan usar de manera más productiva las remesas, especialmente en beneficio de los jóvenes del país. En el Ecuador, los organismos de las Naciones Unidas están prestando apoyo al Gobierno para ayudar a los migrantes que regresan de España a restablecerse y reconstruir sus vidas, ayudando a crear oportunidades de empleo, especialmente para los jóvenes. Desde agosto de 2008 hasta la fecha, se ha duplicado el número de ecuatorianos desempleados en España, de 25.000 a 50.000, y el número de consultas sobre el Programa de Retorno Voluntario ha aumentado siete veces en los últimos cuatro meses.
El PNUD también está ayudando a que los países de la región alcancen un consenso y forjen asociaciones para que puedan dar una respuesta amplia, eficaz y de largo plazo a la crisis económica, haciendo especial hincapié en las poblaciones más vulnerables, en particular, las mujeres y los sectores marginados de la sociedad. El PNUD está a favor de que los efectos de la crisis se encaren por medio de programas de protección social integrada. Debe ampliarse y perfeccionarse el sistema de TMC para dotarlo de la flexibilidad necesaria a fin de incluir a los afectados por la crisis. En los casos en que no se dispone de estas transferencias, deberían ejecutarse programas para mantener a los niños y jóvenes en las escuelas, y fortalecerse los planes de salud maternoinfantil. Además, deberían analizarse iniciativas destinadas a crear empleo como una posible opción de política, centrándose especialmente en las mujeres y las poblaciones urbanas.