Términos de referencia de la ventana temática para
Juventud, empleo y migración
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| El presente documento proporciona directrices a los Equipos de las Naciones Unidas de apoyo a los países que deseen solicitar fondos con cargo a la ventana temática del Fondo para el Logro de los Objetivos de Desarrollo del Milenio (F-ODM) del PNUD - España para Juventud, empleo y migración. El marco, que se detalla a continuación, tiene por objeto exponer las metas de las políticas del Fondo en este ámbito, e ilustra los tipos de intervenciones a las que el Fondo prestará su apoyo. Estas orientaciones serán aplicables, asimismo, en el proceso de valoración técnica por el que se examinarán las solicitudes. Los presentes Términos de Referencia deben leerse conjuntamente con el “Documento Marco” que establece la estrategia global del F-ODM y el “Formato de Nota Conceptual” que presenta el formato que deberán tener las solicitudes. Lo anterior puede consultarse en la página Web www.undp.org/mdgf. Se ruega tomar nota de que las ventanas temáticas del F-ODM sólo aceptarán solicitudes de los Coordinadores Residentes de las Naciones Unidas en los países elegibles que presenten la solicitud en nombre de su respectivo Equipo de las Naciones Unidas de apoyo a los países. |
1. Antecedentes y justificación
2. Desafíos y oportunidades clave en este sector
3. Objetivos e intervenciones ilustrativas
4. ¿Cómo sabremos que nuestro apoyo está surtiendo efecto?
1.
Antecedentes y justificación
Nunca antes había existido tal cantidad de personas jóvenes (de edades comprendidas entre 12 y 24 años) en el mundo, de las que 1.300 millones viven en países en desarrollo. Su número seguirá creciendo moderadamente durante las próximas décadas y originará un visible aumento de este grupo etario en la estructura de la población mundial. Este perfil demográfico brinda a muchos países en desarrollo una oportunidad sin precedentes para avanzar de manera significativa en el logro del crecimiento y la reducción de la pobreza, y ello por dos razones principales:
- Esta generación de jóvenes ha recibido más educación y goza de mejor salud que generaciones anteriores, lo que constituye una base sólida para que los países se desarrollen en una economía globalizada, que exige algo más que habilidades básicas. Asimismo, muchos jóvenes aportan a sus sociedades dinamismo, apertura, creatividad, formas de autoorganización y habilidades para trabajar en red, lo que constituye un activo esencial para el desarrollo.
- Debido a la caída de la tasa de fecundidad, el gran número de personas jóvenes en la actualidad se traducirá en un aumento de la proporción de personas en edad de trabajar con respecto a la población total. Como ha quedado demostrado en el Asia oriental, este “dividendo demográfico” tiene el potencial de impulsar el crecimiento económico.
La inversión en capital humano desempeña un papel fundamental en la tarea de dar forma a las perspectivas de los jóvenes en el mercado laboral. Y debido a que entre los pobres el trabajo es el activo más abundante, y a menudo el único, la clave para reducir la pobreza es una transición exitosa de los jóvenes de hoy hacia la actividad laboral. La creación de oportunidades en pro de un empleo productivo y un trabajo decente es, por consiguiente, un instrumento directo para lograr el Objetivo de Desarrollo del Milenio de reducir a la mitad la pobreza extrema y el hambre. Asimismo, contribuirá a alcanzar otras metas relativas a la reducción de la mortalidad, la educación, la igualdad de género y la asociación mundial en favor del desarrollo a través de diferentes medios, desde la generación de ingresos y la reducción de la vulnerabilidad, a la mejora de los servicios esenciales como resultado del aumento de la inversión en capital humano en los sectores sociales.
En muchos países existe, sin embargo, un déficit creciente en la creación de tales oportunidades, y el reto adquiere especial importancia en lo que respecta a los jóvenes. Según estimaciones, 400 millones de jóvenes de todo el mundo – una tercera parte de todos los jóvenes de edades comprendidas entre 15 y 24 años – adolecen de la falta de oportunidades para conseguir un trabajo decente. En 2005, el número de jóvenes desempleados se situaba en torno a 85 millones, lo que representa casi la mitad de las cifras de desempleo en todo el mundo, a pesar de que los jóvenes sólo constituían el 25% del total de la población en edad de trabajar, es decir, de más de 15 años de edad. También es mayor que nunca el número de jóvenes subempleados o que desempeñan un trabajo precario. Más de 300 millones de estos jóvenes – cerca del 25% de la población mundial de jóvenes –vivían con menos del equivalente a 2 dólares USA al día, a pesar de estar trabajando. Por otra parte, unos 20 millones de jóvenes habían desistido por completo de buscar un puesto de trabajo tras haber perdido la esperanza de poder encontrar alguno. Millones de jóvenes de todo el mundo trabajan en sectores no estructurados de la economía (economía informal) o se encuentran atrapados en trabajos temporales, en trabajos a tiempo parcial que no fueron de su elección o en trabajos casuales que les ofrecen escasos beneficios y limitadas perspectivas de progreso. Las mujeres jóvenes deben hacer frente a dificultades añadidas porque sus probabilidades de verse confinadas a los puestos de trabajo menos protegidos y menos remunerados son mayores. Por otra parte, los jóvenes indígenas, que adolecen de la falta de oportunidades laborales en sus territorios ancestrales, también deben hacer frente a vulnerabilidades especiales cuando buscan un puesto de trabajo en otras zonas.
La situación en algunos países es tal que el problema del desempleo juvenil ha llegado a convertirse en un problema de seguridad. El desempleo juvenil puede exacerbar el conflicto y la delincuencia, dos fenómenos que, a su vez, pueden elevar aún más las tasas de desempleo por sus repercusiones en el rendimiento económico, la confianza de los inversores y en las estructuras sociales, físicas e institucionales. Los escenarios post conflicto se caracterizan por la vulnerabilidad generalizada y extrema de la población juvenil, lo que se une a que algunos colectivos son más vulnerables que otros (p.ej. los jóvenes con discapacidad) y también a que algunos grupos pueden suponer un riesgo inmediato para la seguridad (p.ej. los combatientes desmovilizados, que son propensos a volver a recurrir a la violencia si no reciben un dividendo de la paz). Asimismo, en sociedades con altos índices de VIH/SIDA, a menudo son los más jóvenes quienes constituyen la mayor parte de la población afectada y que, por consiguiente, necesitan intervenciones especiales que les permitan acceder a un empleo productivo y remunerado.
El desempleo suele ser además un factor clave “de expulsión” que motiva a la gente joven a desplazarse hacia otros lugares en los que se pueden encontrar más oportunidades. Las consecuencias de la globalización en los desplazamientos transfronterizos de personas han sido muy limitadas hasta la fecha; el flujo total de migrantes internacionales representaba en 2005 apenas el 3% de la población mundial. No obstante, la población total de migrantes en el mundo – el número de personas que viven fuera de su país de nacimiento – se ha duplicado ampliamente, pasando de los cerca de 75 millones en 1960 hasta alcanzar casi 191 millones en 2005. Los jóvenes constituyen una gran parte de los nuevos migrantes, mientras que las mujeres representan casi la mitad de todas las personas migrantes internacionales en todo el mundo, y su número se estima en 95 millones. La OIT calcula que el número de trabajadores migrantes – la proporción económicamente activa del total de la población migrante – se sitúa en torno a 94 millones, en su mayoría gente joven.
La migración de trabajadores cualificados y especializados así como la de aquéllos semicualificados o de mano de obra no cualificada puede tener graves consecuencias para los países en desarrollo, especialmente para los países menos adelantados (PMA). Muchos países, especialmente en África y el Caribe, ya no están en condiciones de seguir prestando servicios adecuados en los ámbitos de salud pública y educación a raíz del éxodo del personal sanitario y docente, que se siente atraído por unas perspectivas mucho mejores en el extranjero. Este fenómeno afecta evidentemente al acceso de los jóvenes a la educación y a la salud en estos países. Por otra parte, la pérdida de inversiones públicas en capital humano, las pérdidas de ingresos fiscales, la caída del beneficio del capital y la falta de mano de obra en sectores clave de la economía pueden ralentizar el desarrollo.
La migración puede tanto consecuencias adversas como positivas en las familias y comunidades que permanecen en su lugar de origen, en particular en los niños y las personas más jóvenes. Es frecuente que los hijos de personas migrantes abandonen la escuela o se encuentren en situaciones vulnerables o de riesgo. Al mismo tiempo, las remesas que los migrantes envían a casa, la transferencia de conocimientos y de tecnología que traen consigo los migrantes que regresan o que pasan por el país y las contribuciones de la diáspora constituyen el lado positivo de la migración para los países de origen. En 2006, las remesas enviadas a países en desarrollo alcanzaron, según estimaciones, cerca de 300.000 millones de dólares USA, cifra que incluye las remesas declaradas y no declaradas.
En los círculos políticos crece el consenso acerca de la necesidad de diseñar políticas y programas complementarios adecuados, que incluyan lo relativo a la protección social, para que la migración se convierta en un mecanismo eficaz de desarrollo en los países que exportan mano de obra. En una reciente declaración, el Secretario General de las Naciones Unidas describía la migración internacional como una “fuerza positiva para el desarrollo, siempre que esté apoyada por el conjunto correcto de políticas”.
El creciente fenómeno de la migración interna – en particular la migración del campo a la ciudad – puede estar teniendo una repercusión aún mayor en el proceso de desarrollo. El estancamiento de las economías rurales en muchos países, la incapacidad de estas economías de absorber a los nuevos aspirantes a convertirse en mano de obra rural de un modo productivo y lucrativo y las oportunidades de trabajo y de medios de subsistencia que ofrecen los sectores urbanos siguen siendo los principales factores impulsores de la migración masiva del campo a la ciudad. El fenómeno no está exento de retos, especialmente para los más jóvenes. Muchos de los jóvenes procedentes de zonas rurales terminan trabajando en la ciudad en sectores no estructurados de la economía, donde aún son más vulnerables a las difíciles condiciones de vida y a la explotación laboral. Además, por lo general, no tienen acceso a los servicios sociales básicos, que pueden estar restringidos a los residentes oficiales (empadronados) en el municipio. Al mismo tiempo, el desplazamiento masivo de personas hacia zonas urbanas supone una fuerte presión para los servicios sociales, como la vivienda, la sanidad y la educación, y podría derivar en una progresiva mayor marginación y vulnerabilidad de los migrantes procedentes del campo. Por otra parte, los jóvenes rurales de procedencia agrícola suelen estar más dispuestos a aceptar trabajos sucios, peligrosos y difíciles en las zonas urbanas.
2. Desafíos y oportunidades clave en este sector
La creación de oportunidades sostenibles de empleo productivo y trabajo decente para mujeres y hombres jóvenes constituye el núcleo de toda estrategia para crear economías más ricas, sociedades más prósperas y democracias más sólidas, a través de medios como una mejor integración de los problemas relacionados con el empleo, la juventud y la migración en las políticas nacionales de desarrollo y a través, también, de una mejor gestión de los potenciales y los obstáculos de la migración.
La superación de estos retos exige una serie de medidas, a saber:
Primero, es necesario dar prioridad al empleo en la formulación de políticas nacionales como preocupación central de las políticas económicas y sociales del país. La realidad en la mayoría de los países es que las políticas vigentes no lo hacen. Es necesario orientar la inversión, el comercio, la política fiscal, monetaria, sanitaria y del mercado laboral, entre otras, hacia el objetivo global de conseguir un puesto de trabajo decente y el logro de los Objetivos de Desarrollo del Milenio. Por ejemplo, en unos 35 países de África, las estrategias para la reducción de la pobreza siguen siendo el marco global por el que se rige la asignación de recursos. Es fundamental que el empleo, la migración y el empleo juvenil, así como otras cuestiones relacionadas con los jóvenes, adquieran un papel principal en los procesos de dichas estrategias con vistas a alcanzar y mantener una creación de empleo significativa y de mejorar la situación general de la gente joven.
Segundo, se requieren políticas y programas nacionales que tengan por objeto incrementar las oportunidades de empleo para los jóvenes y mejorar sus aptitudes para el empleo, que hagan especial hincapié en los jóvenes que se incorporan por primera vez al mundo laboral. En lo que respecta a la demanda, estas medidas pueden incluir inversiones e intervenciones en sectores con un alto potencial de empleo para los jóvenes (p.ej. las tecnologías de la información y las comunicaciones, la hostelería, el turismo, la venta al por menor y la distribución); el desarrollo del espíritu empresarial; sistemas de microcrédito; programas de empleo intensivo de mano de obra en el desarrollo de infraestructuras; y otras intervenciones como la concesión de subsidios salariales u otros incentivos fiscales a las empresas que contraten a personal joven. En lo que respecta a la oferta, las intervenciones pueden abarcar medidas como programas para mejorar los vínculos entre la escuela y el mundo del trabajo (p.ej. programas de aprendizaje, formación en el puesto de trabajo), y otras medidas como pueden ser proporcionar orientación profesional y laboral, e información sobre el mercado de trabajo. En muchos casos, ofrecer a los jóvenes la oportunidad de realizar trabajos iniciales voluntarios puede proporcionarles capacitación, aprendizaje y confianza, factores que pueden ser decisivos para superar algunas de las dificultades propias de la parte de la oferta.
Tercero, se requieren medidas que reduzcan al mínimo las repercusiones negativas de la migración, en particular, en los jóvenes. Los países de origen pueden adoptar una serie de medidas, como crear programas de aprendizaje previo a la salida del país, establecer políticas migratorias transparentes y creíbles que tengan como base la regulación de las agencias de contratación y prácticas de contratación éticas (para reducir al mínimo la fuga de cerebros), lanzar campañas de sensibilización y cooperar con los países de destino, entre otros medios, a través de acuerdos bilaterales. La mejora de la base de conocimientos sobre los flujos de salida y de regreso de la migración, las comunidades de diáspora y las remesas de dinero puede contribuir a mejorar el diseño de las políticas y al desarrollo de programas bien orientados que respeten la igualdad de género. Programas sociales innovadores y programas basados en la comunidad pueden ayudar a abordar los efectos sociales adversos en las familias y los hijos que quedaron atrás, potenciando así las repercusiones positivas de la migración. El papel y la participación de las mujeres en este contexto son esenciales.
Cuarto, se requieren medidas para potenciar al máximo los efectos positivos de la migración, en particular, en los jóvenes. Las políticas y estrategias nacionales en materia de desarrollo económico y social deben incorporar las cuestiones relacionadas con la migración, en particular, aquéllas que guarden alguna relación con o estén dirigidas al empleo juvenil. Podría incrementarse la repercusión potencial de las remesas que envían los migrantes fomentando una mayor confianza en los cauces institucionalizados, reduciendo los costos de transferencia e identificando las oportunidades de inversión que pueden beneficiar a toda la comunidad, al tiempo que se crean puestos de trabajo, en particular, para los jóvenes. Asimismo, debe prestarse atención al desarrollo de políticas que animen al regreso (voluntario) de los migrantes, en especial, de los más jóvenes, para que traigan consigo no sólo capital financiero y social, sino también pericia y conocimientos especializados.
Quinto, también son necesarias medidas para abordar o invertir la tendencia migratoria del campo a la ciudad que hagan especial hincapié en los jóvenes. En las zonas urbanas debe velarse por los derechos y las condiciones de trabajo de los migrantes rurales mediante sistemas adecuados de inspección laboral de los lugares de trabajo. En algunos países, la dotación de una mejor infraestructura económica y social en las zonas rurales y el desarrollo de ciudades de tamaño pequeño y mediano han resultado ser medidas eficaces para retener a los jóvenes rurales. Las asociaciones entre el sector público y el sector privado pueden ser un medio para promover la inversión y la formación ocupacional en el sector rural. Se puede alentar a los jóvenes a que emprendan actividades no agrícolas con ayuda de las remesas que reciben y el apoyo de redes económicas y de cooperativas, por ejemplo. La planificación del desarrollo a nivel local y regional también puede desempeñar un papel destacado en el fortalecimiento de los medios de subsistencia en el campo.
Sexto, es necesario reforzar la capacidad institucional para poder desarrollar y poner en práctica de una manera eficaz las medidas mencionadas más arriba. Este esfuerzo puede incluir: creación de capacidades del personal de los organismos gubernamentales que se encarga de los asuntos de empleo y migración que afectan a los jóvenes; creación de capacidades de los implicados en estos asuntos a nivel nacional, incluido el personal de las organizaciones de empleadores y de trabajadores así como el de las organizaciones juveniles, para que contribuyan al desarrollo y la ejecución de políticas y programas pertinentes; lanzar campañas de sensibilización y actividades de promoción; crear mecanismos para mejorar la acción coordinada y concertada entre los actores relevantes en ese ámbito, incluido el sector privado, y mecanismos que permitan hacer un seguimiento de las diferentes medidas y evaluar su progreso, sus logros y eficacia.
El Fondo para el Logro de los ODM se propone apoyar las intervenciones que promuevan el empleo productivo y sostenible, y el trabajo decente para los jóvenes, ya sea a escala nacional o local, incluyendo también acciones para una mejor gestión de las repercusiones (negativas y positivas) de la migración y para el fortalecimiento de las capacidades locales para desarrollar, ejecutar y supervisar políticas y programas eficaces en este ámbito.
3. Objetivos e intervenciones ilustrativas
El F-ODM invita a los interesados a presentar solicitudes de financiamiento que tengan por objeto obtener uno o más de los siguientes resultados:
- Convertir el empleo juvenil en una prioridad nacional e incorporar el empleo y el trabajo decente, especialmente para los jóvenes, en la corriente principal de los planes y marcos nacionales de desarrollo (transversalización/mainstreaming);
- Identificar, desarrollar e implementar medidas que ayuden a los jóvenes a acceder al mercado laboral y a permanecer en él, que hagan especial hincapié en los jóvenes desfavorecidos y vulnerables. También se tendrán en cuenta las intervenciones en favor del empleo juvenil en situaciones críticas – tales como situaciones post-conflicto y situaciones de altos niveles de violencia armada (p. ej. la violencia desencadenada por bandas);
- Fortalecer y/o desarrollar e implementar, en el contexto de los países de origen, intervenciones innovadoras que potencien al máximo el efecto positivo y reduzcan al mínimo las repercusiones negativas de la migración, en particular en los jóvenes;
- Fortalecer y/o desarrollar e implementar intervenciones innovadoras para abordar o invertir la migración del campo a la ciudad, que hagan especial hincapié en los jóvenes;
- Fortalecer la capacidad institucional necesaria para ejecutar de una manera eficaz las intervenciones en materia de empleo, juventud y migración, entre otros medios, a través de la mejora de la coordinación y de la coherencia de las políticas en estas esferas programáticas.
Para alcanzar estos objetivos, las propuestas deberán seguir un enfoque integrado y podrían contener una combinación de los siguientes elementos ilustrativos:
Esfera de resultados (i):
- Intervenciones encaminadas a incluir en los planes y marcos nacionales de desarrollo los problemas que afectan a los jóvenes, en particular el empleo y el trabajo decente para la gente joven así como las políticas de migración (p. ej. talleres de diálogo de políticas, actividades de apoyo y promoción);
- Marcos integrados que combinen la política de empleo juvenil con programas que abarquen diferentes esferas temáticas (p. ej. planes de acción nacionales sobre el empleo juvenil);
- Medidas que combinen el fomento del empleo juvenil con la protección de los jóvenes (p. ej. salario mínimo, legislación en materia de protección en el trabajo, negociación colectiva).
Esfera de resultados (ii):
- Políticas y programas de creación de empleo con vistas a mejorar la demanda de jóvenes – que incluyan subsidios salariales y el empleo intensivo de mano de obra en el desarrollo de obras públicas y servicios comunitarios – en combinación con el aprendizaje y la enseñanza de buenas prácticas laborales;
- Medidas encaminadas a mejorar los vínculos entre la educación y la formación y el mundo laboral (p. ej. cursos de capacitación, formación en el puesto de trabajo, planes de colocación laboral, formación empresarial);
- Programas de formación y capacitación que permitan a los jóvenes abandonar la economía informal e incorporarse en sectores estructurados y formales de la economía;
- Programas dirigidos a los jóvenes en situación de vulnerabilidad extrema que promuevan su integración social y económica (p. ej. a niños de la calle, bandas juveniles, jóvenes infractores, excombatientes que se encuentran en situaciones post-conflicto, madres adolescentes, jóvenes afectados de VIH/SIDA), que incluyan a los jóvenes en situaciones de marginación provocadas por la migración;
- Educación y educación compensatoria para jóvenes desfavorecidos (p. ej. que condicionen las transferencias de fondos a la asistencia escolar en los niveles de enseñanza primaria y secundaria y a la educación compensatoria para jóvenes alumnos que han abandonado la escuela);
- Programas de educación y de formación ocupacional dirigidos a jóvenes que han sido víctimas del tráfico y trata;
- Programas que incluyan formación empresarial en los niveles de enseñanza secundaria y superior;
- Políticas y programas que promuevan el espíritu empresarial destinados a jóvenes desfavorecidos y, en particular, a mujeres jóvenes, que incluyan el acceso a la información y la capacitación, así como a servicios financieros y no financieros;
- Diferentes servicios de empleo destinados y adaptados a jóvenes desfavorecidos, que incluyan información sobre el mercado de trabajo, orientación profesional y laboral, y planes de integración laboral;
- Apoyo a los servicios públicos de empleo con vistas a diseñar, supervisar y evaluar las políticas y programas de empleo juvenil.
Esfera de resultados (iii):
- Campañas de sensibilización y de promoción sobre cuestiones como los derechos laborales de los jóvenes, los riesgos de la migración irregular, el tráfico y la trata de personas, el VIH/SIDA;
- Diseño de políticas y medidas específicas que promuevan el envío de remesas para luchar contra la pobreza y crear empleo;
- Desarrollo e implementación de programas temporales y circulares en favor de la migración regular, que permitan abordar las presiones migratorias entre los jóvenes, al tiempo que responden a la demanda efectiva en los países de destino;
- Provisión de paquetes de orientación previa a la salida y de reintegración (Ej., el modelo Filipino), que informe a la población migrante sobre las oportunidades que ofrece la migración regular, las opciones que existen para el envío de remesas y los planes específicos de inversión que benefician a sus familias y a sus comunidades;
- Apoyo a las instituciones nacionales pertinentes con vistas a abordar la fuga de cerebros a través de la mejora de la base de conocimientos, un diálogo transparente y abierto e incentivos para retener a los trabajadores cualificados que son necesarios en su país y para animar a éstos a que regresen;
- Medidas de protección social que estén vinculadas al acceso a la salud y la educación y vayan dirigidas a las comunidades de origen de los migrantes.
Esfera de resultados (iv):
- Programas de desarrollo sectorial (p. ej. programas de creación de empleo juvenil en sectores como la agricultura, el turismo, las TIC, etc.);
- Iniciativas específicas que canalicen las remesas hacia programas de desarrollo económico local orientados hacia intervenciones en infraestructura y, especialmente, hacia programas de creación de empleo y formación ocupacional en favor de los jóvenes y de sus comunidades;
- Programas que ayuden a los jóvenes a emprender trabajos por cuenta propia así como a crear y dirigir su propia empresa, especialmente en zonas rurales;
- Programas encaminados a la creación de cooperativas y empresas sociales que creen oportunidades de trabajo para los jóvenes, entre otros medios, a través de asociaciones entre los sectores público y privado, la participación de los migrantes repatriados y/o iniciativas de asociaciones en la diáspora;
- Apoyo a los gobiernos nacionales y locales en: el establecimiento de inspecciones de trabajo en zonas urbanas; el desarrollo de infraestructuras económicas y sociales en zonas rurales; y la creación de asociaciones entre los sectores público y privado con vistas a promover la formación ocupacional en el sector rural.
Esfera de resultados (v):
- Apoyo a mecanismos eficaces de coordinación interinstitucional para mejorar la coordinación y la coherencia de las medidas que afectan al empleo juvenil y a los problemas de los migrantes, y que permitan hacer un seguimiento de los progresos;
- Empoderamiento de grupos de la sociedad civil, tales como las organizaciones de empleadores y de trabajadores, así como las ONG nacionales o locales, incluidas las agrupaciones juveniles, para que participen de una manera eficaz en el diseño y la implementación de políticas e intervenciones dirigidas a los jóvenes y a la población migrante;
- Apoyo a los institutos académicos y de investigación nacionales, a las oficinas de estadística y a las instituciones del mercado laboral con vistas a dar seguimiento y evaluar las políticas y programas de empleo juvenil y migración, así como de los progresos realizados hacia el logro de los ODM;
- Apoyo a los institutos académicos y de investigación nacionales, a las oficinas de estadística y a la Administración del trabajo con vistas a recoger y procesar datos estadísticos sobre la migración y dar seguimiento y evaluar las tendencias y los perfiles de la migración, con especial referencia a la migración de la población joven y el retorno de la población migrante.
4. ¿Cómo sabremos que nuestro apoyo está surtiendo efecto?
De los programas financiados con cargo al F-ODM en esta esfera programática se espera que demuestren que dan resultados creíbles y mensurables. En este sentido, las solicitudes que se presenten al Fondo deberán definir los indicadores clave que hagan posible una verificación objetiva y puedan utilizarse para medir y supervisar el éxito del programa, así como fuentes de verificación que, a su vez, permitan medir dichos indicadores.
Los indicadores deberán guardar relación con los destinatarios directos de los resultados previstos y, en su caso, con otros beneficiarios indirectos, con especial atención al desglose de datos por género. Entre los indicadores que deberán tenerse en cuenta en la formulación de las propuestas se incluyen las mediciones cuantitativas así como cualitativas de los progresos realizados, y podrán cubrir, por ejemplo, los siguientes ámbitos:
- El diseño de políticas y programas nacionales que incrementen las oportunidades de empleo para los jóvenes – p.ej. número y tipo de nuevas políticas diseñadas; número y tipo de nuevos planes lanzados y de inversiones efectuadas; número y tipología de los jóvenes que se benefician de intervenciones específicas;
- El establecimiento de programas que potencien la empleabilidad de los jóvenes – p.ej. número y tipo de nuevos planes de formación en el puesto de trabajo establecidos y número y tipo de beneficiarios afectados;
- La adopción de medidas que contribuyan a reducir al mínimo las repercusiones negativas de la migración – p.ej. número y tipo de beneficiarios de los planes de protección social dirigidos a las familias de migrantes que permanecen en el país; número y tipo de trabajadores altamente cualificados incluidos en programas encaminados a limitar el fenómeno de fuga de cerebros;
- La adopción de medidas que contribuyan a potenciar al máximo los efectos positivos de la migración – p.ej. número y tipo de planes adoptados para canalizar las remesas hacia proyectos de desarrollo de la comunidad y sus repercusiones en la creación de empleo para los jóvenes;
- La adopción de medidas que contribuyan a invertir la tendencia de la migración del campo a la ciudad – p.ej. número y tipo de nuevas infraestructuras económicas y sociales previstas; número y tipo de nuevas asociaciones públicas creadas para promover la formación ocupacional en el sector rural; número y tipo de establecimientos que prestan servicios sociales a las comunidades rurales marginadas;
- La mejora de las capacidades de gestión institucional, un aumento de la participación de los tres actores clave (administración, empleadores y trabajadores), una mayor conciencia de la población, más diálogo y mayor cooperación entre los diferentes actores – p.ej. número y tipo de personal relacionado con empleo y migración que han superado con éxito un proceso de formación; cambios y mejoras cuantitativos y cualitativos introducidos en la estructura de las administraciones que gestionan el empleo y la migración; cobertura total de las actividades de sensibilización dirigidas a la población; número y tipo de nuevos mecanismos de consulta y/o de planes de cooperación creados por el proyecto.
A pesar de que los indicadores cuantitativos y cualitativos que miden el progreso realizado en el ámbito del empleo juvenil a escala nacional (por ejemplo, las mediciones de los índices de inactividad y del subempleo basado en el tiempo) no están directamente relacionados con la repercusión inmediata de las medidas propuestas, se pueden utilizar para analizar la situación de partida y actualizar las tendencias de dichos indicadores en los países en cuestión. Por lo general, estos indicadores son comparados una vez al año con respecto a los valores del año de referencia.
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