Programa sobre VIH y Desarrollo

Documento de Trabajo No. 29

LA EPIDEMIA DEL VIH Y EL DESARROLLO HUMANO SOSTENIBLE
Por Desmond Cohen

 

Me propongo estudiar dos aspectos diferentes del tema para este componente de la sesión. El tratamiento será inevitablemente muy de pasada, por lo que no haré otra cosa que indicar algunas de las relaciones que vienen al caso y luego tratar de sacar algunas conclusiones útiles.

Me propongo abordar las dos interrogantes siguientes :

¿QUÉ ES EL DESARROLLO HUMANO SOSTENIBLE? y

¿CUÁL ES LA RELACIÓN ENTRE LA EPIDEMIA DEL VIH Y EL DESARROLLO HUMANO SOSTENIBLE [DHS]?

 

A. ¿QUÉ ES EL DESARROLLO HUMANO SOSTENIBLE?

Quienes se dedican a la práctica del desarrollo no han llegado a acuerdo sobre lo que es y lo que no es el desarrollo humano sostenible, si representa algo verdaderamente nuevo, como parece considerar el PNUD, o si se trata simplemente de una reformulación de los objetivos de desarrollo que durante mucho tiempo han sido el fundamento de la política de desarrollo. No digo esto porque quiera alegar que ese concepto no tiene valor, lo que no es en modo alguno mi posición, sino más bien dar a entender que el desarrollo humano sostenible, cualquiera que sea su importancia retórica, posiblemente en la realidad contenga pocas cosas nuevas, y en la práctica tal vez ofrezca poca orientación OPERACIONAL para quienes tienen la responsabilidad de elaborar políticas y programas.

Hay una larga historia de debate sobre el desarrollo que se remonta al menos a los análisis relacionados con la industrialización soviética de los años 1920. Si bien tal vez no sea necesario irse tan atrás, vale la pena pasar revista a las ideas acerca del desarrollo a partir de 1945, que fue cuando, por así decirlo, los economistas y otros profesionales de las ciencias sociales y naturales comenzaron a teorizar profusamente acerca del desarrollo. Las interrogantes básicas fueron siempre por qué unos países eran ricos y otros pobres, y la manera de cambiar las condiciones socioeconómicas, culturales y políticas para que un porcentaje mayor de la población mundial tuviera los beneficios reales e hipotéticos del desarrollo. Lo central en esa teorización era la hipótesis de que lo que se presumía tácitamente como equivalente de los valores y beneficios materiales comunes a los países ricos (pero que no disfrutaban TODOS los que vivían en esos países) era lo que necesitaban adquirir mediante el desarrollo los países pobres que carecían de esas cosas. Se alegaba que era obvio que los países pobres tendrían mejor posición económica con más posesiones materiales que sin ellas, y que éstas eran alcanzables si sólo adoptaran los valores y las instituciones que habían llevado a la abundancia general en los países ricos.

De manera que el desarrollo era tanto un conjunto de metas como un proceso. Implícita en el proceso estaba la hipótesis de que existían modelos o vías de desarrollo tales que los países que los siguieran conseguirían sus frutos con el tiempo. Desde luego que el hincapié en diferentes elementos del modelo de desarrollo cambiaba con el tiempo, por lo que los distintos teóricos y profesionales insistían en diferentes factores que eran centrales en el proceso. Algunos decían que el aumento de las tasas de inversión era la manera de avanzar (y veían en la formación de capital el elemento central del proceso, partiendo de las investigaciones de economistas como Kuznets y en las teorías de Harrod y Domar , consagradas a veces en la teoría y en la práctica, como en el caso de los Mahlanobis en la India, al igual que en muchas economías de planificación centralizada). Otros insistían en la función de los factores humanos en el proceso de desarrollo, en este caso la educación y la capacitación técnica se consideraban decisivas para el desarrollo. Sin embargo, otros se centraban en los elementos institucionales y culturales que, según se decía, obstaculizaban el desarrollo. Había otros incluso que argumentaban en favor de los mecanismos de mercado, y especialmente, en aquellos procesos asociados con la apertura de los países a los beneficios del intercambio comercial, la inversión internacional y la transferencia internacional de tecnología, basada por regla general, en la idea de que el comercio y la movilidad del capital y la tecnología eran el motor del crecimiento y la transformación, en la que la movilidad del capital era el mecanismo de transferencia tanto de tecnología como de gestión de manera que la producción se reubicaba a nivel mundial de conformidad con los cambios dinámicos en las ventajas relativas.

Para la mayoría de estos modelos de desarrollo el elemento central eran los diferentes conceptos de la función del Estado, en cierta medida parecía posible seleccionar, como se puso de manifiesto en la reformulación de la cuestión por el Banco Mundial de los últimos tiempos. Es instructivo observar la manera en que el Banco ha oscilado en sus nociones de la función del Estado en el proceso de desarrollo. Hasta finales del decenio de 1970, el Banco prestaba cuantiosas sumas a los gobiernos del mundo en desarrollo para todo tipo de proyectos de infraestructura, desde carreteras hasta regadío para la agricultura, lo que ponía de manifiesto su convicción del momento de que el Estado podía ser un instrumento de desarrollo. Pero cuando se introdujeron los programas de ajuste estructural (decenio de 1980) el Banco empezó a creer en el Estado minimalista y a aplicar políticas y programas para lograr esto en muchos países. De la noche a la mañana, en el Informe sobre el Desarrollo Mundial de 1997: El Estado en un mundo en evolución, el Banco demostró que podía cambiar totalmente su posición para que el Estado volviera a resurgir como elemento esencial del desarrollo. Tal es el poder de una teoría que no tiene nada que ver con la experiencia histórica del desarrollo.

Las lecciones de la historia en el sentido de que el Estado realiza la función decisiva de proporcionar las estructuras esenciales que el mercado no puede aportar con eficacia son sólo demasiado evidentes para quienes tienen ojos para verlo. ¿Quién si no el Estado puede asegurar la salud general de la población, proporcionar los conocimientos especializados y la educación requeridos, establecer y mantener una infraestructura de comunicaciones y transporte, establecer y aplicar con justicia un conjunto de leyes y apoyar a aquellos elementos del capital social que son esenciales para una sociedad libre? ¿Quién si no el Estado tiene la responsabilidad de crear un marco macroeconómico dentro del cual es menester adoptar microdecisiones? En realidad, sólo cuando el Estado no determina los parámetros relacionados con el tipo de cambio, las estructuras fiscales y la tasa de inflación es que se han generado asignaciones inadecuadas de recursos en tan gran escala en muchos países pobres. Pero si el Estado no realiza esas funciones con eficacia y en forma realista, ¿quién podría hacerlo? En última instancia es el Estado el que tiene la responsabilidad de velar por que los resultados del desarrollo reflejen objetivos sociales que cuentan con el apoyo general, y de que los beneficios del desarrollo se distribuyan equitativamente.

En los últimos 50 años aproximadamente, en los que se ha procurado el desarrollo en forma consciente en todos los países pobres, los medios con los que se habría de lograr han cambiado según la moda intelectual y, en menor grado, con la experiencia. Lo que rara vez se impugnó, si es que alguna vez se hizo, en los debates acerca del desarrollo y lo que sigue estando más o menos implícito en la política y los programas de desarrollo, son las presuntas metas del desarrollo. EL DESARROLLO SE CONSIDERABA INTRÍNSECAMENTE ALGO BUENO. Lo que han hecho los debates acerca del desarrollo humano sostenible ha sido plantear cuestiones fundamentales tanto acerca del proceso como, en menor grado, los fines del desarrollo.

¿Sobre qué bases sería posible alegar que el desarrollo era, de hecho, cuestionable tanto en lo que se refiere al CÓMO se logra como en lo que se refiere al QUÉ es lo que se supone que logre?

Lo que resulta obvio es que el desarrollo representado por la experiencia de los países ricos es una bendición ambivalente: ese desarrollo, si bien puede posibilitar que se atiendan las necesidades materiales de la mayoría de la población en los países ricos no lo hace para todos; que el desarrollo parece ir de la mano de la destrucción del capital social en muchos países, con pérdidas de valores básicos como la confianza y la comunidad, y la exaltación de otros valores como la anomía y formas de exclusión social, económica y política. Mucho más importante es el hecho de que los procesos de mercado que dominan cada vez más la forma de desarrollo en los países ricos no pueden abordar las EXTERIORIDADES, ni lo hacen. Estas exterioridades son parcialmente sociales (una profundización de la diferencia entre ricos y pobres en casi todos los aspectos y no solamente en lo que se refiere a los ingresos) y parcialmente ecológicas (factores como el calentamiento del planeta que son internos a los procesos de mercado del crecimiento económico y que ya están socavando el desarrollo sostenible tanto en los países ricos como en los pobres).

Es más, no hay manera de que los sistemas de mercado puedan crear resultados tomando en cuenta el género, como no sea los que siguen perpetuando la discriminación contra la mujer en el trabajo y los mercados de crédito y en el acceso a los cargos políticos y de decisión económica, a pesar de la palabrería de muchos decenios acerca de la necesidad de rectificar esa situación. En este caso la diferencia entre la presunta intención pública y los resultados es mucho más amplia en los países en desarrollo que en los ricos, lo que tiene consecuencias para la epidemia del VIH que son evidentes para todos.

¿QUÉ CABE INFERIR DE LO QUE ANTECEDE?

1. Que el desarrollo representado por la experiencia de los países ricos crea muchos problemas. Lo primero que destaca entre ellos es un recrudecimiento de la desigualdad social y económica en muchos países en lo que atañe a las clases y al género, que a menudo guarda relación con presiones para que disminuya el papel del Estado y se reduzcan las funciones de otras instituciones sociales que en el pasado tal vez hayan paliado los excesos de los procesos de mercado. La comprensión gradual de que la cohesión social en muchos países y regiones se ve amenazada por políticas y procedimientos que han atribuido prioridad al crecimiento económico pasando por encima de otros objetivos de política convenientes. Y las pruebas de que la búsqueda del interés privado, impulsada casi siempre por la avaricia, está muy lejos de la eficiencia propugnada por Pareto en el sentido de que el crecimiento económico genera en la práctica perdedores y ganadores y que las pérdidas de bienestar social de los primeros pueden ser mucho mayores que las de los últimos. Entre los perdedores están las futuras generaciones que tendrán que cargar con los costos para el medio ambiente y otras exterioridades que reducirán el bienestar en el mundo del futuro para todos. Entre los perdedores en prácticamente todas partes están las mujeres a las que, por regla general, se les niega el acceso a las oportunidades y al poder tanto económico como político, con el resultado inevitable de que se les explota y a la vez se les niega la posibilidad de desempeñar una función cabal en la sociedad.

2. Que en la búsqueda del desarrollo hay que preocuparse tanto de los objetivos de desarrollo como de los procedimientos para alcanzar esos objetivos. El desarrollo humano sostenible tiene la ventaja de centrar la atención en los fines del desarrollo, en el sentido de que el objetivo del desarrollo es aumentar el bienestar humano en todos sus aspectos y NO simplemente los económicos. Por consiguiente, está mucho más cerca de los conceptos filosóficos de lo que constituye una "buena vida" en la que todos los ciudadanos tienen la posibilidad de verse libres de privaciones materiales para que puedan participar activamente en las estructuras nacionales y de las comunidades mediante el ejercicio de sus derechos sociales y políticos. El hecho de que en muchos países se nieguen a la mujer esos derechos es quizás en realidad el problema más grave al que tendrán que hacer frente.

3. Que el logro del desarrollo humano sostenible requiere mecanismos que son en si mismos de inclusión y participación si, en la práctica, los resultados van a representar verdaderamente lo que la población desea y no lo que las élites prefieran. Decisivos para esos mecanismos son los principios de inclusión social, política y económica que se basan tanto en los derechos como en las responsabilidades. Sólo cuando el factor humano se considere central para los mecanismos de desarrollo, los objetivos del desarrollo representarán lo que los hombres y mujeres desean y, por consiguiente, serán realizables.

4. Por útil que el desarrollo humano sostenible sea como concepto que ayuda a redefinir los objetivos y mecanismos del desarrollo, es menos claro acerca de las cuestiones operacionales. Aun cuando exista acuerdo en cuanto a los objetivos y compromiso con los mecanismos de inclusión, es muchísimo menos clara la manera de crear condiciones políticas y económicas en todos los países en los que el bienestar general ha de prevalecer donde entre en conflicto con intereses sectoriales. A la larga tal vez, el desarrollo humano sostenible no falte a su compromiso con los objetivos sociales y su interés por la sostenibilidad sino más bien por ingenuidad respecto de sus hipótesis políticas: la idea de que poderosos grupos económicos y políticos irán en contra de sus propios intereses y de los intereses de clase. Lo más importante en estas preocupaciones acerca de las relaciones de poder son las relaciones entre hombres y mujeres que, en última instancia, se refieren a la voluntad del hombre de ceder poder a la mujer.

De lo que antecede se infiere que,

  • La participación de una población culta y con poder es decisiva para establecer un programa de desarrollo;
  • Una población con poder es fundamental para los mecanismos encargados de lograr el programa de desarrollo de manera de asegurar resultados equitativos y sostenibles;
  • El bienestar humano deber ser el objetivo único del desarrollo y
  • Lo que no está claro es cómo pasar de lo que es, es decir el presente, a donde se desea ir..

 

B. ¿CUÁL ES LA RELACIÓN ENTRE LA EPIDEMIA DEL VIH Y EL DESARROLLO HUMANO SOSTENIBLE?

Esta es una cuestión compleja, por lo que a continuación se ofrece una simplificación radical de lo que son asuntos de los que se conoce poco. No hay que olvidar que tenemos delante una relación bidireccional; de manera que

LA EPIDEMIA DEL VIH SURTE EFECTOS EN EL DESARROLLO HUMANO SOSTENIBLE y

EL DESARROLLO HUMANO SOSTENIBLE SURTE EFECTOS EN LA EPIDEMIA DEL VIH

A continuación presento una selección de sólo algunos aspectos del problema, los que me parece que tienen la mayor repercusión para las políticas y los programas. En modo alguno me propongo en el presente documento hacer un análisis completo o empírico, en realidad he sido deliberadamente selectivo tanto respecto de las cuestiones planteadas como al poner en orden las pruebas que apoyan las conclusiones presentadas más adelante.

 

1. POBREZA, DESIGUALDAD Y GÉNERO

Habrá acuerdo general en el sentido de que el objetivo primordial del desarrollo humano sostenible es erradicar la pobreza, y es que si esto no se logra, no puede haber manera de que los ciudadanos disfruten de una vida plena y productiva y puedan ser el sostén de sus hijos y participar en actividades políticas, económicas y sociales que son el sello distintivo de una sociedad democrática. En una región como Asia y el Pacífico, esta es una tarea enorme, ya que probablemente en ella resida el 70% de los que viven en la pobreza absoluta en todo el mundo. La pobreza en esta escala simplemente no va a ser erradicada en un futuro previsible, como no variará la desigualdad de ingresos y bienes que le acompaña. Y es que en muchos países de la región no sólo hay un gran número de hombres, mujeres y niños que viven en la miseria, sino que también experimentan las consecuencias de observar los estilos de vida de los que son ricos, y con frecuencia suelen ser explotados por éstos. Es obvio que existen diferencias en la incidencia de la pobreza y la desigualdad entre países y dentro de los países, pero el elemento esencial que define a esta región en su conjunto es la magnitud del problema de la pobreza y la consiguiente envergadura del problema de formular políticas y programas que traten de reducirla.

¿De qué manera se relaciona la epidemia del VIH con este estado de cosas y cuáles son las implicaciones de la pobreza y la desigualdad para el logro del desarrollo humano sostenible? La pobreza y la transmisión del VIH guardan una relación obvia, pero ésta en ningún sentido es una relación simplista. Los pobres de todo el mundo representan probablemente la mayoría de los que están infectados o se ven afectados por el VIH, pero hay muchos que no son pobres y que están infectados o se ven afectados también. De manera que no puede ser simplemente la pobreza lo que determine comportamientos que llevan a la infección por VIH, ya que quienes no son pobres (los de buena posición y los ricos, los cultos y los que gozan de buena salud) también suelen ser infectados por el virus en todos los países, incluida la región de Asia y el Pacífico. De lo que se deduce que la falta de limitaciones en los ingresos y el conocimiento de los riesgos de adquirir el VIH no impide observar una conducta que lleve a la infección, por ejemplo, el de los jóvenes que toman el avión en Kuala Lumpur hacia Bangkok para pasar una noche de fin de viernes de entretenimiento sexual.

De manera que la infección por VIH no se limita a los pobres; los ricos y los más cultos también quedan infectados por el VIH y esto tiene importantes consecuencias para el desarrollo humano sostenible, ya que estos grupos poseen precisamente los conocimientos, la instrucción, la capacitación y la experiencia que son tan fundamentales para lograr el desarrollo humano sostenible. Representan gran parte de la inversión acumulada en recursos humanos de la región, y si el desarrollo humano sostenible tiene razón al afirmar que el factor humano es El aporte importante para lograrlo, entonces el aumento de la infección por VIH amenaza todo lo que ha de ser factible.. Me parece que una de las conclusiones más importantes es que:

  • El desarrollo humano sostenible como meta se ve amenazado por un elemento clave del proceso de desarrollo: los cultos, los experimentados, los competentes también son infectados por el VIH, por lo que se reducen los recursos humanos que son decisivos para el desarrollo de la región. También se reducirá la capacidad de ahorro de esta clase, y los ahorros son necesarios para las inversiones de capital en la agricultura y en la industria. La capacidad de ahorro, de inversión y de gestión de las empresas y los servicios públicos de esta clase es fundamental para lograr el desarrollo humano sostenible.

¿Y qué pasa con los pobres que son absolutamente el grupo más numeroso de la región y que se supone que sean también beneficiarios del desarrollo humano sostenible? Los pobres no lo son solamente en cuanto a los ingresos y los bienes, lo son también porque carecen de las características de instrucción y buena salud que son tan importantes para una economía y una sociedad que se modernizan. Entre los pobres, las mujeres y, entre ellas, las que son cabeza de familia suelen ser las más pobres de los pobres, a menudo privadas del más mínimo acceso a la educación, la vivienda, los servicios de salud y carentes de todo lo que pudiera calificarse de "medios de vida sostenibles". No es extraño que en tales circunstancias los pobres adopten estrategias de supervivencia que les expongan cada vez más al VIH. Esto parece ser cierto en el caso de las mujeres, sobre todo de las jóvenes, que, como ya se señaló en otra ocasión, son objeto de discriminación social, económica y política, y a menudo de la explotación en todas partes. No hay por qué extrañarse pues de que el grupo que está experimentando la tasa más rápida de infección por VIH en todo el mundo sea el de las mujeres, y es que en muchos países la tasa de infección de las jóvenes menores de 20 años quintuplica o sextuplica la de los hombres jóvenes. La distribución característica por edades y por sexo en la mayoría de los países, incluido Tailandia como buen ejemplo, es que las mujeres jóvenes superen en número a los hombres entre los infectados a edades más tempranas (de manera que las mujeres pierden más años de vida como resultado de una infección a edad temprana y debido a que en prácticamente todos los países tienen un acceso, por regla general, reducido al tratamiento).

Las conductas que exponen a los pobres al VIH también limitan sus posibilidades de hacer frente a la infección: su falta de bienes/ahorros, la vulnerabilidad e incertidumbre de sus fuentes de ingreso, su falta de acceso a la información sobre los procesos de la infección, incluso su conocimiento de las enfermedades oportunistas, y su falta general de acceso a los servicios de salud y a otros servicios de apoyo. En la mayoría de los lugares se niega a los pobres el acceso incluso a los medicamentos menos costosos y a suminstros materiales baratos para el cuidado de los enfermos, lo que tiene importantes consecuencias para las tasas de progresión del VIH. Los infectados por VIH mueren innecesariamente debido a infecciones oportunistas que pueden tratarse con medicamentos relativamente baratos, y por consiguiente pierden años de posible vida productiva durante los cuales pudieron haber sido su sostén propio y el de sus familias. De nuevo queda demostrado que para los pobres, al igual que para los ricos, pero con consecuencias más desastrosas para los pobres, la experiencia de la infección por VIH recrudece la pobreza personal y familiar que suele verse acompañada de formas de discriminación y aislamiento sociales y económicos.

De lo que antecede cabe deducir importantes conclusiones:

  • La epidemia del VIH tiene sus raíces en la pobreza generalizada que impera en la región, aunque la pobreza no es el único factor que ha impulsado la epidemia. Pero si las causas de la pobreza se abordan con políticas y programas apropiados (desarrollo humano sostenible) hay probabilidades de que se pueda modificar la conducta de manera de reducir la transmisión del VIH en el futuro.
  • Dado que la infección por VIH y sus costos guardan estrecha correlación con los factores de género, cabe inferir que, al tratar la cuestión de los orígenes de la desigualdad por motivo de sexo por medio del desarrollo humano cabría la posibilidad de reducir la transmisión del VIH en el futuro y, por consiguiente, los costos de la epidemia. La eliminación de la desigualdad entre los sexos es un objetivo central del desarrollo humano sostenible y su reducción facilitará el tratamiento de las causas fundamentales de la transmisión. El aumento del acceso a medios de vida sostenibles y a mejores servicios sociales atenuará los efectos de la epidemia para los afectados.
  • Es triste que la epidemia del VIH intensifique la pobreza y las privaciones y aumente la exclusión social de los infectados y los afectados. Como tal la epidemia hace mucho más improbable el logro del desarrollo humano sostenible dado que la pobreza imperante en la región es ya un problema grave y dado que el nivel y la incidencia de la epidemia podrían aumentar. La epidemia del VIH hace aún más grande la tarea de lograr el desarrollo humano sostenible de lo que hubiera sido si no hubiera VIH, además reduce simultáneamente la capacidad de recursos humanos de la región que podría encargarse de actividades esenciales para los programas orientados a la pobreza y al género.

 

2. MEDICIÓN DE LOS EFECTOS DE LA EPIDEMIA EN EL DESARROLLO HUMANO SOSTENIBLE – EL ÍNDICE DE DESARROLLO HUMANO DEL PNUD

El índice de desarrollo humano del PNUD se utiliza ampliamente como medida total del progreso con desarrollo humano y es un buen sustituto para evaluar los resultados económicos de los países. Presenta algunas desventajas como cualquier otro índice ponderado. En su forma usual, el índice de desarrollo humano combina la esperanza de vida, la medida del nivel de instrucción y el PIB per cápita, todos ellos indicadores verdaderamente importantes del desarrollo humano. Es obvio que hay problemas con la medición de los diferentes componentes del índice, ya que hay un desacuerdo enorme entre los países en cuanto al alcance y la calidad de los datos básicos. Hay otros problemas, como la ausencia de indicadores de la distribución, que se manifiesta con más evidencia en la utilización del PIB per cápita que resulta un indicador insatisfactorio de la distribución de los ingresos (y en modo alguno un indicio directo de la desigualdad de riqueza que puede estar aumentando). También están los importantes problemas relacionados con el establecimiento de las ponderaciones para ese índice, ya que hay un elemento de arbitrariedad en su selección.

No obstante, a pesar de todas esas notas de cautela, el índice de desarrollo humano es probablemente el mejor indicador general que tenemos del desarrollo humano. Está claro que nadie considera que el desarrollo humano sostenible se logrará si no aumenta el PIB per cápita; el crecimiento económico es un requisito necesario, aunque no suficiente, para reducir la pobreza y aumentar el nivel de vida. Pero, lamentablemente, por distintas razones, es probable que la epidemia del VIH reduzca las tasas medidas de incremento del PIB (en el crecimiento económico). Esto será el resultado de los efectos de las pérdidas de recursos humanos debidas a la morbilidad y la mortalidad; a la reducción de los ahorros nacionales a medida que los recursos se desvíen de los usos productivos hacia el consumo (sobre todo, aumentando los gastos en salud y otros gastos sociales), y a las pérdidas de capital social (en la medida en que la sociedad experimente los efectos de los cambios en los valores y las pérdidas de eficiencia de las instituciones afectadas por la epidemia). Lo que ha quedado demostrado en países de alta prevalencia de África que están experimentando epidemias más desarrolladas es que las tasas de crecimiento del PIB pueden llegar a reducirse entre 0,5 to 1,0 % anual debido a la epidemia. Estas pérdidas pueden ser mucho mayores donde el personal competente, con educación superior y experimentado constituye una proporción significativa de los infectados con el VIH, y cuando se tienen en cuenta los efectos generales de la epidemia para el funcionamiento eficaz de la economía.

  • De manera que queda demostrado que las tasas de crecimiento del PIB se ven afectadas negativamente por la epidemia del VIH y que esas pérdidas pueden llegar a ser significativas con el tiempo de acuerdo con la estructura de las economías, la distribución de la infección entre la población y su incidencia, y los efectos totales de las pérdidas de recursos humanos para la eficacia del sistema de producción tanto en los sectores estructurados como en los no estructurados.

No está claro cuáles serán los efectos de la epidemia de VIH en el nivel de instrucción que representa la tercera parte del índice de desarrollo humano. Lo que parece estar ocurriendo en muchos países es que se está reduciendo la matrícula en la enseñanza oficial a medida que los hogares van respondiendo a las presiones sobre sus recursos sacando a los niños de la escuela. Hay una clara tendencia en la respuesta de muchos padres al tomar su decisión a discriminar según el género: es mucho más frecuente que se saque a las niñas de la escuela cuando la familia se ve en la necesidad de hacer frente a la situación creada por la epidemia. Hay razones para esta parcialidad en cuanto al género determinada, en parte, por los ingresos, ya que la asistencia a la escuela representa costos directos (derechos de matrícula, uniformes, etc.) y, en parte, por los costos de oportunidad (el trabajo de los menores, especialmente de las niñas, resulta más valioso para la familia en la medida en que los ingresos se ven cada vez más limitados por la epidemia, incluso también la desviación de la atención de la mujer hacia funciones de vocación humanitaria y las cargas adicionales para el hogar causadas por el aumento de los gastos en salud, transporte, etc. o ambas cosas, que están directamente relacionadas con la enfermedad en la familia).

Cualquiera que sea la explicación, todo parece indicar que la única consecuencia de la epidemia será una reducción del nivel de instrucción, sobre todo de las niñas y las adolescentes, lo que impedirá el logro de uno de los principales objetivos del desarrollo humano sostenible, es decir una mayor igualdad de género como fin en si mismo y como medio de alcanzar niveles más altos de vida para todos. Desgraciadamente, la epidemia del VIH puede aumentar la desigualdad de género de muchas maneras, y una no despreciable es la reducción del acceso de las niñas a la educación y también a una mejor salud, ya que la educación es un factor importante para entender cómo se vive de manera más sana.

  • Cabe inferir que el nivel de instrucción, marcado por la tendencia a discriminar por motivo de sexo en la región, lo estará aún más como resultado de la epidemia del VIH y no lo contrario. Esto dificultará en mayor medida el logro de una mayor igualdad para la mujer, a pesar de ser ésta uno de los objetivos básicos del desarrollo humano sostenible.

Por último tenemos el efecto que surtirán en el desarrollo humano sostenible los cambios en la esperanza de vida atribuibles directa e indirectamente a la epidemia del VIH. En este caso hay pruebas más que evidentes; la epidemia puede aumentar considerablemente las tasas de mortalidad de adultos por factores de 5 o 6 veces lo que habría sido sin el SIDA. Dado que la epidemia se concentra en los grupos de edad laboral de 15 a 45 años, en los que la mortalidad habría sido mínima, en sentido general, los efectos del VIH (y la tuberculosis) son desastrosos: en otras circunstancias, estos grupos habrían registrado una tendencia a la disminución de las tasas de mortalidad. Para dar un ejemplo de África donde la epidemia está más avanzada; en Tanzanía el VIH y el SIDA constituyen actualmente la causa primordial de mortalidad de hombres y mujeres con edades entre 15 y 59 años.

En los gráficos 1 y 2 se ofrecen datos sobre la esperanza de vida de determinado número de países de África al sur del Sáhara donde la epidemia se ha desarrollado más que en la región de Asia y el Pacífico. Las proyecciones para el año 2010 deberían considerarse más como predicciones hipotéticas dadas las dificultades que existen para calcular las probables tendencias en el VIH en un período de hasta 15 años. Lo que si es evidente es que los efectos de la epidemia sobre la esperanza de vida ya se hacen sentir en muchos países de África, cuya esperanza de vida ha disminuído a niveles muy significativos en muchos países de la región. De ahí que en Zambia la esperanza de vida sin el SIDA en 1996 habría sido de aproximadamente 60 años, mientras que con el SIDA se calcula que en 1996 era de unos 35 años. Los datos proyectados sobre la esperanza de vida para el 2010 plantean una situación mucho más grave, ya que en muchos países de África se registrarán nuevas disminuciones. En algunos países, la situación es poco menos que calamitosa. En Zimbabwe, para poner un ejemplo, se pronostica que la esperanza de vida sería de 70 años si no hubiera SIDA, pero que disminuirá a unos 32 años debido al SIDA.

También son evidentes los efectos del VIH/SIDA en la esperanza de vida. Ya deben estarse observando efectos análogos en países de Asia y el Pacífico con la más alta prevalencia y epidemias más desarrolladas (como en Tailandia y Myanmar).

  • Los efectos de la epidemia del VIH en la esperanza de vida en la región de Asia y el Pacífico podrían ser calamitosos a medida que se intensifique la epidemia y aumenten las tasas de mortalidad de adultos. Es posible que la esperanza de vida pueda reducirse muy significativamente en los próximos 25 años, lo que tendría enormes repercusiones si se quiere lograr el desarrollo humano sostenible. Uno de los objetivos centrales del desarrollo humano sostenible es el aumento de la esperanza de vida con el aumento de los niveles de vida de la población, pero la epidemia del VIH podría imponer drásticas reducciones a este indicador importantísimo del desarrollo humano.

Podría hacerse el cálculo del efecto de la epidemia del VIH en el índice de desarrollo humano con el objeto de evaluar el efecto de la epidemia en el desarrollo humano: para medir las repercusiones de la epidemia del VIH en el desarrollo humano sostenible. Resulta mucho más fácil evaluar los efectos de los cambios en la esperanza de vida que los otros dos componentes del índice. Hacer esto puede demostrar lo importantes que serán los efectos de la epidemia en el desarrollo sostenible de la región; y la prueba es que éstos pueden cobrar una importancia significativa en la práctica.

GRÁFICO 1

TASA DE LA ESPERANZA DE VIDA* CON EL SIDA

Y SIN EL SIDA EN ÁFRICA: 1996

B.F - Burkina Faso
R.C.A. – República Centroafricana
C.I. - Côte d'Ivoire
*La esperanza de vida es el número de años que se espera que viva una persona. Fuente: International Programs Center - Population Division U.S. Bureau of the Census,Washington, D.C.

 

GRÁFICO 2

TASA DE ESPERANZA DE VIDA* CON EL SIDA

Y SIN EL SIDA EN ÁFRICA: 2010

B.F. - Burkina Faso
R.C.A. – República Centroafricana
C.I - Côte d'Ivoire
*La esperanza de vida es el número de años que se espera que viva una persona. Fuente: International Programs Center - Population Division U.S. Bureau of the Census, Washington, D.C.

 

3. MECANISMOS DE INCLUSIÓN Y EXCLUSIÓN

Uno de los objetivos del desarrollo humano sostenible es lograr una mayor participación de la sociedad civil en los procesos de adopción de decisiones. Ahora bien, para decirlo de otra manera, el objetivo del desarrollo humano sostenible es el fortalecimiento del capital social mediante actividades que creen capacidad en las instituciones y mediante cambios en los valores que apoyen una mayor participación de todos los grupos en la adopción de decisiones a nivel social. Para lograr esto tienen suma importancia las políticas que promuevan una mayor democracia, sistemas de ejercicio del poder más abiertos y responsables y una mayor autoridad de quienes tienen la responsabilidad de velar por que todos observen los derechos humanos y jurídicos. Claro está que la diferencia entre los objetivos y la realidad es actualmente enorme, y en muchos países de la región de Asia están muy lejos de alcanzar el ideal en ese aspecto. De hecho hay una controversia permanente en algunos países sobre si hay derechos naturales y derechos intrínsecos, y hay dirigentes que alegan que no existe tal cosa. Si existe o no algo que pueda calificarse de derechos naturales que son comunes a todos no es lo importante para nuestra preocupación actual, por importante que sea, no cabe dudas, para el progreso socioeconómico de la región.

Lo básico para nuestras preocupaciones actuales es si la epidemia del VIH ha creado condiciones que han acercado a los países a los ideales del desarrollo humano sostenible o si ha ocurrido lo contrario. En este caso, sin embargo, la práctica demuestra mucho de lo uno y de lo otro. En muchos países de la región, la epidemia del VIH sigue considerándose un problema de salud pública y la responsabilidad recae aún en los ministerios de salud. Cabe deducir que la epidemia ha seguido considerándose en muchos lugares como parte de la respuesta normal a las enfermedades infecciosas que hay que abordar dentro del marco tradicional de leyes y reglamentos y aplicando los criterios de salud tradicionales. En realidad, en muchos países la respuesta inicial a la epidemia ha sido en la mayoría de los casos encontrar los medios de aplicar la ley, como si el utilizar la ley como amenaza fuera la respuesta adecuada. Lo importante de este método es la conceptualización de la epidemia, en la que se considera que el problema es de "grupos básicos" que se dedican a conductas antisociales reprimibles. El objetivo de la política es determinar cuáles son esos "grupos básicos" y poner en práctica políticas y programas que cambien su comportamiento. En lo esencial el criterio ha sido, y en muchos países sigue siendo aún, opuesto a la inclusión, es decir, el de definir el problema y luego tratar de imponer una solución.

Se considera que el problema no es el virus sino las personas, y los mecanismos que se apliquen en la mayoría de los países son los tradicionales de los programas de salud pública. Desde luego que esto no ocurre así en todas partes de la región, y Australia es un notable ejemplo de la manera de crear un nuevo consenso en la sociedad acerca de los que son estos problemas, cómo crear capital social y cómo elaborar políticas y programas que verdaderamente logren la participación y la inclusión. Es más, en la elaboración de esas políticas y programas pueden, y deben, participar personas infectadas y afectadas por la epidemia del VIH. Para lograr estos objetivos deseables de inclusión y participación hace falta crear un marco jurídico propicio que apoye una respuesta efectiva a la epidemia. Vale decir, establecer un conjunto de principios de acción para las actividades programáticas que asegure que éstas se basen en mecanismos de colaboración y que no sean simplemente ejecutadas e impuestas por el gobierno.

Paradójicamente, la epidemia del VIH puede hacer que procesos que se consideran esenciales para el logro del desarrollo humano sostenible sean más alcanzables y no menos. Y es que, pese a que la respuesta que se dio en un inicio a la epidemia en la mayoría de los países fue, y sigue siendo, inadecuada (por no decir algo peor) para lo que se requiere como respuesta eficaz, en algunos países se han dado cuenta de que las cosas tienen que hacerse de una manera diferente. En sentido real, la epidemia plantea problemas que trascienden la identidad de las clases y los grupos de interés, y es que constituye una amenaza para el desarrollo social y económico, y puede incluso socavar la estabilidad política. De ahí que en un número cada vez mayor de países, y también a nivel regional, existan organizaciones no gubernamentales y redes de PLWHA, redes jurídicas, éticas y de derechos humanos y grupos de apoyo a los afectados – hay que admitir que muy pocos aún, pero apenas comienzan. Algunos gobiernos han llegado a percatarse de que tienen que ampliar su respuesta a la epidemia y que en ella debe participar el resto de la sociedad civil y por el camino han comprendido que la única manera de seguir adelante es fortaleciendo la capacidad de las organizaciones no gubernamentales y de las organizaciones basadas en la comunidad y haciéndolas participar en la formulación de políticas y programas. Todavía queda un largo camino por recorrer, pero lo que está por delante ha comenzado a verse mucho más claro de lo que estaba hace apenas 5 años.

Si bien las respuestas de la región en cuanto a políticas y programas representaron al principio un repliegue respecto de los principios de inclusión del desarrollo humano sostenible, en algunos países están comenzando a percatarse de que una respuesta eficaz requiere la participación activa de la sociedad civil. Paradójicamente, la epidemia del VIH ha creado la necesidad y la posibilidad de aplicar criterios innovadores del ejercicio de poder que propicien que los mecanismos necesarios para lograr el desarrollo humano sostenible estén más al alcance y no lo contrario. Pero sigue habiendo una enorme diferencia entre los países que han dado una respuesta eficaz creando capital social y los que todavía no lo han hecho.

 

CONCLUSIONES

No parece ser necesario hacer una recapitulación de las principales conclusiones a que se ha llegado en el presente documento, ya que se han ido señalando en la medida en que ha ido avanzando el análisis. Lo que se ha estado afirmando es que es improbable que en muchos países con altos niveles de VIH y SIDA se pueda lograr el desarrollo humano sostenible, que es un conjunto de objetivos ponderados de carácter social, económico y político. Es improbable incluso si se dieran las mejores condiciones para procurar erradicar la pobreza en un futuro previsible, en parte debido a la envergadura de la tarea y, en parte, porque en la mayoría de los países muy pocas veces se dan las condiciones propicias para alcanzarlo. Algunos de los objetivos del desarrollo humano sostenible requieren medidas de colaboración entre países con intereses muy divergentes y es poco probable que se puedan alcanzar.

Pero el postulado fundamental, que se basa en pruebas empíricas de los efectos de la epidemia de VIH en muchos países de África al sur del Sáhara, es que las pérdidas de recursos humanos y el deterioro del capital social serán un grave impedimento para alcanzar el desarrollo humano sostenible. De hecho, en países con altos niveles de prevalencia del VIH es imposible analizar cómo sería factible alcanzar el desarrollo humano sostenible, dada la gravedad de las consecuencias socioeconómicas de la epidemia. Por otra parte, en países con poca prevalencia del VIH, muchos de los cuales se encuentran en Asia y la región del Pacífico, es precisamente en estos momentos que hay que intensificar los esfuerzos para lograr el desarrollo humano sostenible. Y es que precisamente el desarrollo humano sostenible lo que trata de corregir son las causas estructurales de la epidemia, como son la pobreza y la desigualdad entre los sexos, junto con las estructuras de ejercicio del poder que no tienen nada que ver con lo que hace falta hacer para dar una respuesta apropiada a la epidemia. Al poner en marcha las actividades esenciales para lograr el desarrollo humano sostenible se crearán las condiciones para disminuir la transmisión del VIH y paralelamente se fortalece la capacidad de los sistemas sociales y económicos para enfrentar los efectos de la epidemia.


 

NOTA BIOGRÁFICA

Desmond Cohen es economista con experiencia como profesor universitario en África, el Canadá, el Reino Unido y los Estados Unidos de América. Con anterioridad había sido Director y Miembro colegiado del Instituto de Estudios del Desarrollo, Universidad de Sussex (Reino Unido) y hasta 1990 fue Decano de la Escuela de Ciencias Sociales. Cuenta con experiencia en investigación y en materia de política macroeconómica aplicada en algunos países de África y Asia. Fue asesor de política financiera internacional de Hacienda Pública en el Reino Unido. En 1997-1998 fue Director del Programa sobre el VIH y el Desarrollo (PNUD), y actualmente es Asesor Superior sobre VIH y Desarrollo.