Nueva York
— Un nuevo estudio afirma que el debate sobre la eficacia de la asistencia será estéril a menos que se clarifique la actual confusión acerca de cuáles son los objetivos de la asistencia.
Típicamente, el
propósito de la asistencia es ayudar a los países pobres a alcanzar sus objetivos de desarrollo y, en particular, reforzar su capacidad de ayudarse a sí mismos. No obstante, en muchos casos es posible que los
donantes atiendan primordialmente a intereses estratégicos o comerciales.
Además, como afirman los editores de la publicación Bienes públicos mundiales, la asistencia se utiliza cada vez más para asegurar la
existencia de bienes públicos mundiales, como la sustentabilidad del medio ambiente, la salud mundial o la estabilidad económica o social, y para facilitar la convergencia de las políticas.
Probablemente, uno de
cada cuatro dólares destinados a la asistencia
se utiliza en apoyo de aquellos objetivos mundiales. Actualmente, la "asistencia" beneficia la capa de ozono, las reservas forestales mundiales y la protección de la diversidad biológica; y facilita la coordinación de las políticas en diversas esferas, desde el libre comercio hasta las finanzas y los derechos humanos. La asistencia contribuye a fomentar la mundialización y, por consiguiente, a menudo las corrientes de asistencia beneficiarán a los países en desarrollo que están en mejor situación, aun cuando sólo sea para subsanar situaciones de crisis y disturbios financieros mundiales, como ocurrió en los últimos años en los casos de Rusia, América Latina y Asia.
Los bienes públicos mundiales requieren recursos nuevos y adicionales
En el estudio encomendado por el PNUD se afirma que actualmente, el programa de cooperación tiene gran amplitud y es cada vez mayor y que
deberíamos deslindar la "asistencia" del "apoyo para la provisión de bienes públicos mundiales". Actualmente, ambos conceptos están fusionados en un conjunto de actividades de asistencia, para
las cuales los recursos están disminuyendo.
Los editores señalan: "Dicho deslinde sería conveniente debido a que, con frecuencia, la modalidad de asistencia no es la más eficaz o eficiente que puede
utilizarse para obtener bienes públicos mundiales". Para obtener estos últimos, tal vez darían mejor resultado mecanismos semejantes a los del mercado, como el trueque de derechos de contaminación.
Entre
otros métodos posibles figuran los acuerdos para distribuir la producción de bienes públicos mundiales entre países que poseen diferentes ventajas comparativas. Los conocimientos, la equidad, la salud, la
eficiencia del mercado, la estabilidad financiera o la sustentabilidad del medio ambiente (temas todos examinados en estudios monográficos que figuran en el libro) constituyen bienes públicos mundiales. Debido a
este hecho, son comparables, e incluso "comerciables"; por ejemplo, la "reducción de las emisiones de gases de efecto invernadero" podría ser trocada por "mayor acceso a los conocimientos o la
tecnología".
Los donantes aportan recursos a otros países para que se sumen a diversas "redes"
Además, es posible enfocar provechosamente muchos problemas mundiales desde la perspectiva de las
redes: cuanto más amplias sean las redes, mayores serán los beneficios que éstas ofrecen a sus miembros. Los clubes tienen interés en contribuir a que los futuros miembros reúnan los requisitos
necesarios, puesto que esos futuros miembros aportarán un aumento de los beneficios a los miembros existente.
En el libro,
Nancy Birdsall y Robert Lawrence postulan que el libre comercio es más eficaz dentro de un "club" de países que han armonizado sus normas o sus políticas;
Charles
Wyplosz afirma que debería haber diferentes "estratos" de liberalización financiera internacional, en función del grado de fortaleza de las instituciones nacionales; y
Se afirma que
cuanto mayor sea el número de personas y países que reconocen los derechos humanos, tanto más firmemente establecida estará la vigencia de dichos derechos.
Las disposiciones para proporcionar bienes públicos mundiales más eficazmente requerirán transferencias de diferentes tipos de recursos
Los países más ricos pueden prestar apoyo a los países más pobres a fin
de realzar la provisión de bienes públicos mundiales cuando estos últimos países están en mejores condiciones para proporcionar bienes públicos, pero no pueden sufragarlos por sí mismos sin ayuda. Un ejemplo es el
caso de los recursos forestales. Sería extremadamente oneroso promover la reforestación de un lugar, por ejemplo, como la ciudad de Nueva York. Pero si el Brasil o cualquier otro país proporciona ese
servicio para contribuir al interés mundial, el pago que reciba por esa causa no constituye asistencia; en cambio, debe considerarse un pago por un servicio mundial prestado.
Las transferencias de este último tipo no
deberían considerarse como mera asistencia, sino que constituyen Asistencia Oficial para el Desarrollo con propósitos mundiales: AOD-M, a diferencia de la AOD-P, la asistencia que corresponde a un programa
nacional.
Las cuentas de la AOD-M podrían financiar un nuevo Fondo para la Participación Mundial, cuya creación recomiendan los editores a fin de posibilitar que los países en desarrollo estén en mejores condiciones
de entablar negociaciones con respecto a la provisión de bienes públicos mundiales. Debería aportarse al Fondo un 0,1% adicional del PNB de los países donantes, importe que se abonaría todos los años durante un
período de cinco años. Esos recursos contribuirían a ampliar las tareas en esta esfera que está realizando el PNUD, así como la Conferencia de las Naciones Unidas sobre Comercio y Desarrollo (UNCTAD).
¿Cuál es el futuro de la asistencia?
Como observa Zéphirin Diabré, Administrador Asociado del PNUD, "Hay muchas cosas que pueden hacer bien los mercados y las finanzas privadas, pero también hay otras cosas
que sólo pueden ser apoyadas mediante fondos públicos. Por consiguiente, debemos estar a la altura de los retos actuales y comprometernos tanto a proporcionar asistencia como a estar al servicio de los bienes públicos
mundiales. El mundo necesita los dos".
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