Poner fin a la desnutrición y la mortalidad materna e infantil en Guatemala representa uno de los mayores desafíos del país, y colaborar con este objetivo es uno de los principales retos del Fondo Fiduciario España PNUD “Hacia un Desarrollo Integrado e Inclusivo en América Latina y el Caribe”. En Totonicapán, una de las zonas más relegadas del país, un proyecto apoyado por el Fondo España PNUD e implementado por una ONG indígena líder, la Asociación de Cooperación para el Desarrollo Rural de Occidente (CDRO), apuesta al Capital Social para mejorar las capacidades de las misma población en hacer frente al problema de la desnutrición crónica y la mortalidad materna por causas diversas. El proyecto “Fortalecimiento del Capital Social para la reducción de la desnutrición crónica en el municipio de Totonicapán” contempla mejorar las condiciones de organización y establecimiento de sistemas comunales para formar los recursos humanos de una institución de vigilancia de la salud comunitaria.
La población guatemalteca –de composición multiétnica, pluricultural y multilingüe- se caracteriza por ser en su mayoría pobre, rural, joven e indígena. El país presenta uno de los índices de desarrollo humano más bajos de América Latina (0.649), lo que implica grandes diferencias en la distribución de la riqueza. Cerca del 57% de la población vive en la pobreza, y de ella alrededor del 21% en pobreza extrema, especialmente en las áreas rurales e indígenas. En tanto, los indicadores de desnutrición para niños menores de cinco años están entre los más altos de América Latina y muestran signos de un mayor deterioro. En 1998/99 la desnutrición crónica afectaba al 46.4% y en 2002 subió al 49.3% y a un 20% de desnutrición crónica severa. La desnutrición crónica es aún más grave en los niños de madres indígenas (68.8%) Entre los escolares, la desnutrición crónica alcanza a un 48.8%. Esta situación compromete gravemente el desarrollo de la capacidad de aprendizaje de los niños, vale decir el capital humano del país.
El municipio de Totonicapán es, según el Informe Nacional de Desarrollo Humano, uno de los más pobres del país. Cuenta con una extensión territorial de 328 kilómetros cuadrados y se encuentra a una altura de 2,495.30 metros sobre el nivel del mar, por lo que generalmente su clima es frío. El municipio está habitado por algo menos de 100.000 persones; de ellas un 48% está constituido por mujeres y un 84.2% vive en comunidades consideradas como área rural. En Totonicapán existe un predominio de población descendiente del Pueblo Maya K’iché (98%). Aquí se habla el idioma K’iche’, que utiliza aproximadamente el 96% de los habitantes.
Las causas básicas de la mortalidad y de las lesiones derivadas de la maternidad son las hemorragias, las infecciones, la hipertensión provocada por el embarazo, el parto obstruido, el aborto en condiciones antihigiénicas y otros trastornos ya existentes como la anemia y desnutrición. Los niños también mueren debido a los mismos factores que causan la muerte o la discapacidad de sus madres, y aquellos que las sobreviven corren un mayor peligro de padecer desnutrición y de morir a una edad temprana. El 95% de las muertes maternas son causadas por hemorragia, sepsis, y eclampsia y el 92 % de las muertes neonatales son causadas por asfixias debidas a mal presentación y trabajo de parto prolongado, sepsis y complicaciones derivadas de parto prematuro y bajo peso al nacer, producto muchas veces de la desnutrición de la madre, originada por una limitada dieta alimenticia.
La mayoría de lesiones y muertes maternas podrían ser evitadas si la mujer tuviera orientación nutricional y acceso a cuidados básicos durante el embarazo, parto y posparto, y fuera instruida para hacer uso de los servicios de salud materna. Vale destacar que las comadronas tradicionales ocupan un lugar estratégico en la asistencia de la madre y el recién nacido en las comunidades de Totonicapán.
Para dar respuesta a esta grave situación, se ha contemplado mejorar las condiciones de organización y establecimiento de sistemas comunales para formar a los recursos humanos de una institución de vigilancia de la salud comunitaria, de manera que se haga frente a los retos de la desnutrición que afecta en la mayoría de los casos a las mujeres en edad fértil y a los niños menores de cinco años.
Para el logro del objetivo del proyecto se pretende reforzar al Sistema de Capital Social de la Asociación de Cooperación para el Desarrollo Rural de Occidente, denominado POP (“petate” o “estera” en maya) y sus centros de servicio y articulación con la cultura y ciencia occidental denominados Pixab’ al Ja (Casa de los Consejos), de manera que se institucionalicen los programas en la cultura local comunitaria.
Como ha sucedido generalmente en Guatemala, la población del municipio ha sido excluida por generaciones de los servicios de salud y educación del Estado guatemalteco. Los resultados de las distintas formas de exclusión se han concretado en menores posibilidades de superación personal y en una psicología comunal que se basa en la baja autoestima, el desánimo y el temor. Sin embargo, las condiciones alimentarias y de nutrición de las familias de las comunidades rurales asociadas de la Asociación CDRO han mejorado, a través del fortalecimiento del sistema POP, un verdadero modelo de Capital Social de asociación: esto significa que las relaciones de confianza y del trabajo comunitario, que en la comunidad k’iche’ en la mayoría de ocasiones es voluntario, se ven mejoradas e incentivadas para la participación de jóvenes hombres y mujeres, madres y líderes hombres y mujeres que se involucran en un trabajo sistemático y que utiliza esas relaciones de confianza para llegar a los beneficiarios y lograr resultados a través de prácticas propias de la comunidad. Este trabajo tiene como fin que el Sistema Pop involucre programas de transmisión de conocimientos, buenas prácticas culturales de salud y nutrición, y prácticas productivas para asegurar la buena alimentación.
Estos programas utilizan la institucionalidad de los Pixab’ al Ja para establecer nexos con las agencias de Naciones Unidas involucradas en el proyecto, y con los Programas de Gobierno establecidos en Guatemala. En este marco, el seguimiento de los programas se garantiza con la institucionalización en el Sistema POP de conocimientos, buenas prácticas culturales y productivas y su inserción en la vida diaria de la comunidad. Para esto último se espera que grupos de jóvenes mujeres y hombres se conformen en grupos de diseminación, divulgación y seguimiento.
Paralelamente a esto, el Sistema POP ha desarrollado capacidades para relacionarse y recibir apoyo del Sistema de Naciones Unidas para desarrollar formas y métodos para la generación de información sobre el tema y han acordado con la municipalidad involucrada las formas de sistematizarla y utilizarla para la planificación, ejecución, monitoreo y seguimiento que incidan en la situación de la desnutrición crónica, sobre todo en los grupos más vulnerables (población pobre, mujeres embarazadas y en período de lactancia, niños y niñas menores de 36 meses).
En resumen, el proyecto pretende el cambio social en las familias, a través de la mejora en las capacidades del Sistema POP para hacer frente al problema de la desnutrición crónica.Este proceso de cambio implica el desarrollo de un sistema (instituciones, redes, organización, métodos, conocimientos y prácticas) implementadas por la comunidad misma, pero interrelacionadas con los programas oficiales de Gobierno.Este sistema tendría a cargo la afinación de la información sobre desnutrición, la capacitación, la mejora de prácticas y la sistematización de experiencias.
Beneficiarios directos: 1000 personas, entre mujeres y hombres jóvenes en edad fértil, mujeres embarazadas, y niñas y niños menores de 5 años de 900 familias habitantes de 20 comunidades rurales del Municipio y Departamento de Totonicapán. Beneficiarios Indirectos: 5,000 personas integrantes de familias beneficiadas directamente.