Declaración de Magdy Martínez Solimán, Conferencia sobre diplomacia preventiva

30-may-2016

Excelencias, Señoras y Señores,

El mundo del Siglo XXI cambia de prisa, y no siempre para mejor. En este momento, 125 millones de personas necesitan asistencia humanitaria – como la población de Francia e Italia juntas - y el número de personas desplazadas va en aumento, especialmente en el interior de África y saliendo de Siria y Afganistán. La mayoría de los conflictos, como nunca antes, se prolongan en el tiempo sin que se llegue a una solución definitiva.

Esta situación es insostenible. No es materialmente posible, ni tampoco políticamente inteligente, continuar trabajando de esta manera. No hay presupuestos en el mundo capaces de absorber esta demanda ni de ofrecer la ayuda necesaria. De ahí que la estrategia haya pasado a ser, de proveer ayuda, a reducir las necesidades.Las crisis de duración prolongada como las que presenciamos actualmente generan décadas de retroceso en materia de desarrollo humano. El conjunto de la comunidad internacional, como ha quedado claramente expresado la semana pasada en la Cumbre Mundial Humanitaria en Estambul, ha llegado a la conclusión de que es imperativo trabajar más eficazmente en prevenir los conflictos y en reducir las necesidades humanitarias, en lugar de invertir nuestros limitados recursos, como es el caso actualmente, tratando de reconstruir en la post Guerra o el pos-desastre. Cada Euro de prevención ahora siete Euros de reconstrucción. La gente huye de algo – y es ese “algo” que hay que arreglar.

El tema de esta conferencia, la diplomacia preventiva es, en consecuencia, muy apropiado y su momento no podría ser el más adecuado.

En las Naciones Unidas, y en particular en su brazo de reconstrucción, el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo, ya no tenemos muchas dudas de que la prevención de los conflictos y de la violencia requiere de acciones tempranas, y esencialmente locales. Hemos aprendido que la ausencia de inclusión y de buen gobierno es una detonante directo de la violencia y el conflicto. Las causas profundas de las migraciones, el extremismo violento y la inestabilidad política son comunes: la falta de oportunidad, la falta de libertad, y la desesperanza; creer que no hay futuro, y por ello abrazar un presente de alto riesgo.

En países sin extremismo violento, los jovenes con oportunidades negativas, sin oportunidades positivas, ingresan a las Maras, a las bandas y a las mafias. En los países con extremistas violentos, ellos forman parte de las ofertas negativas para jóvenes sin oportunidades. En los países de la cuenca mediterránea, el sentimiento de exclusión contribuye a la radicalización. Ese es el caldo de cultivo donde recluta el extremismo violento a sus sicarios. No tiene por qué ser así. Los jóvenes han demostrado en muchas ocasiones, ser agentes de cambio en sus comunidades y en sus países.

La exclusión de las mujeres es otro aspecto fundamental de un presente sin futuro. En varios países de la cuenca mediterránea todavía hay leyes que limitan la plena participación de las mujeres en la vida política. En parlamentos de los países árabes, la media es de sólo el 13%, el porcentaje más bajo del mundo. La participación de las mujeres en las instituciones públicas contribuye a una mayor igualdad de género, a la reducción de la violencia de género y de la violencia a secas - y permite una participación más activa de las mujeres en la construcción de una sociedad cohesionada y pacífica. Más mujeres en los parlamentos y gobiernos locales quiere decir más niñas en las escuelas, mejor salud materno-infantil, más chicas en la universidad y más mujeres en el mercado laboral.

Junto con la construcción de sistemas políticos y economías inclusivas, el buen gobierno es otro de los elementos claves para la prevención de crisis y violencia. Es preciso construir Estados que provean servicios de cierta calidad para sus ciudadanos/as, en lugar de servir los intereses de unos pocos o de ofrecer prestaciones de categoría inaceptable. La transparencia en el manejo de los asuntos públicos, el fortalecimiento de la administración pública, los gobiernos municipales eficaces, así como la reforma de las instituciones de justicia y de la policía, son requisitos para la construcción de sociedades y Estados en los cuales sus ciudadanos tengan confianza.

Los esfuerzos que Túnez ha puesto en marcha para reformar radicalmente sus servicios de policía, identificada con la dictadura anterior, hacen presagiar que el país está en la vía correcta para culminar la transición política hacia una democracia inclusiva, y así terminar con varios años de violencia institucional e inestabilidad, de corrupción sistemática y de falta de libertades públicas.

En el esfuerzo de construir sociedades inclusivas y gobiernos al servicio de la población, las organizaciones de la sociedad civil tienen un rol esencial. Es más, diría que la salud de la sociedad civil es uno de los indicadores más fiables de la calidad de las democracias.

Excelencias, Señoras y Señores,

La cuenca mediterránea es posiblemente la cuna universal de la diplomacia preventiva, pero también ha vivido innumerables conflictos. Invertir y renovar esfuerzos en diplomacia preventiva es conectar con nuestro mejor pasado: el de la cultura, el comercio, el descubrimiento mutuo, la política, la civilización y la ilustración.

La diplomacia preventiva tiene desde el 2015 un instrumento muy poderoso. La Asamblea General de las Naciones Unidas aprobó por unanimidad 17 Objetivos de Desarrollo Sustentable, una agenda universal para proteger nuestro planeta y mejorar el desarrollo humano de nuestras sociedades. El objetivo 16 de la Agenda 2030 propone construir sociedades pacíficas y Justas, e instituciones fuertes. Es una agenda universal. Universal, porque abarca y compromete a todos. Universal, porque lo son los principios y los derechos que proclama. Y universal, porque aspira a no dejar a nadie atrás.

Los países de la cuenca del Mediterráneo son pueblos milenarios, culturas de sabiduría, que han dado al mundo ciencia y democracia, innovación y convivencia, ingenio y arquitectura social. Somos sociedades de conocimiento que necesitan revindicar su capacidad de superar, encauzar y prevenir los conflictos, para hacer que los “cien pueblos de Algeciras a Estambul” vivan en concordia e irradien paz a sus vecinos.

Muchas gracias por su atención

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