Helen Clark: Discurso en la Presentación del Informe de Desarrollo Humano para América Latina 2013-2014

12 nov 2013

Discurso de Helen Clark, Administradora del PNUD
Presentación del Informe de Desarrollo Humano para América Latina 2013-2014: Seguridad Ciudadana con rostro humano: diagnóstico y propuestas para América Latina
Edificio de conferencias  del Consejo Económico y Social de las Naciones Unidas, Nueva York

Me complace presentar hoy el Informe Regional de Desarrollo Humano 2013-2014, Seguridad Ciudadana con rostro humano: diagnóstico y propuestas para América Latina.

En los últimos diez años, América Latina ha reducido la pobreza, disminuido las desigualdades y logrado un crecimiento económico considerable. Estos logros notables han contribuido a impulsar el desarrollo humano y, en consecuencia, han mejorado las vidas de muchas personas.

A pesar de estos logros, los niveles de violencia y delito en la región han aumentado. En los últimos 25 años, el número de robos en la región se triplicó. Recientemente la Organización Mundial de la Salud se ha referido a las tasas de homicidio elevadas y en algunos países en aumento, que ya alcanzan niveles de epidemia. Las personas están cada vez más preocupadas por su seguridad. El 50% de los latinoamericanos entrevistados en 2012 creía que la seguridad en su país se había deteriorado. Estos niveles elevados de preocupación por la seguridad socavan la cohesión social, la confianza, las libertades y el empoderamiento, de los que depende el desarrollo humano.

En este contexto, la Dirección Regional de América Latina y el Caribe del PNUD decidió centrar su Informe Regional de Desarrollo Humano 2013-2014 en la seguridad ciudadana. Sin esta, las iniciativas de los países por alcanzar sus objetivos de economías y sociedades inclusivas y democracias consolidadas pueden verse limitadas o frustradas, y con frecuencia esto sucede.

El informe Seguridad Ciudadana con rostro humano diagnostica el alcance y la escala de los problemas de la región en materia de seguridad. Ofrece un conjunto de recomendaciones concretas sobre la forma en que los países pueden incrementar la seguridad ciudadana, basadas en la experiencia de qué funciona y qué no. He de referirme sucintamente a las conclusiones del informe sobre la naturaleza de este desafío, y de explayarme sobre cuatro de sus principales recomendaciones.

El informe examina detenidamente el estado de la seguridad ciudadana en 18 países de la región y se basa en otros estudios pertinentes. Llega a la conclusión de que la inseguridad ciudadana se ha convertido en un desafío apremiante de todos los países de América Latina. El grado de intensidad y la naturaleza de las amenazas difieren según los países, desde el delito desorganizado y oportunista hasta el dimanado de organizaciones delictivas de poca monta y de la presencia de grupos de delincuencia organizada. La violencia de género está extendida y la violencia ilegal perpetrada por el Estado también ha sido un factor en algunas partes.

Según las encuestas realizadas para este informe, el 65% de los latinoamericanos ha dejado de salir de noche debido a la inseguridad y el 13% ha informado de que se mudó por temor a ser víctima de un delito.

De este modo, la inseguridad ciudadana limita la capacidad y la libertad de las personas, impidiéndoles aprovechar las oportunidades que podrían mejorar sus vidas, contribuir a sus comunidades y crear  confianza social. El informe sugiere que, al adoptar un enfoque de desarrollo humano respecto del problema, los países pueden romper este ciclo de poca confianza y mucha inseguridad.

Con iniciativas visionarias e instituciones capaces, varios países de la región han podido incrementar la seguridad ciudadana y mejorar el bienestar de las personas. El informe llega a la conclusión de que el progreso es posible y de que tanto el liderazgo como la participación ciudadana son elementos fundamentales para tener éxito.

He de destacar ahora algunas de las principales recomendaciones contenidas en el informe: 

1.    Las políticas deben abordar el impacto especialmente negativo de la violencia y el delito en las mujeres y niñas y en los jóvenes. 

En América Latina, la violencia letal afecta en forma especialmente desproporcionada a los jóvenes. La tasa de homicidios entre los jóvenes más que duplica la tasa de la población en general; entre los varones jóvenes esta tasa es diez veces más alta.

Sin embargo, casi una de cada diez víctimas de homicidio es mujer. La tasa de femicidio, fenómeno por el cual los hombres eligen y matan a mujeres y niñas precisamente por su género, ha aumentado en varios países de la región. Las mujeres también están más expuestas a la violencia sexual, la violencia intrafamiliar y la explotación sexual.

El informe subraya la necesidad de formular respuestas especializadas que tengan en cuenta las necesidades de los jóvenes y las mujeres y niñas en situación de riesgo. Reducir las elevadas tasas de deserción de la enseñanza secundaria y la falta de oportunidades de empleo de los jóvenes, por ejemplo, contribuiría a evitar que estos se convirtieran en autores o en víctimas de delitos. Un estudio realizado por el PNUD de la población penitenciaria en seis países de América Latina reveló que más del 80% de los reclusos no había cursado 12 años de escolaridad y más del 60% no había cursado 9 años.

El liderazgo gubernamental para establecer alianzas estratégicas con el sector privado y los jóvenes permitiría crear oportunidades de trabajo decente. A fin de los efectos de estas iniciativas en la seguridad ciudadana, el informe sugiere orientarlas especialmente a los jóvenes que no estudian, trabajan, ni reciben formación y que viven en zonas urbanas en las que persisten tasas de pobreza elevadas.

El informe también exhorta a los encargados de la adopción de decisiones a respetar las leyes que previenen y sancionan la violencia de género. El 97% de los países de América Latina tiene leyes contra la violencia doméstica, pero hay problemas en su aplicación. El informe sugiere dar a la puesta en práctica de esas leyes una prioridad mucho mayor por medio de la elaboración de planes nacionales en que participen todos los niveles del sistema de justicia. Los programas sociales también son útiles si están concebidos específicamente para reducir la vulnerabilidad de las mujeres y niñas. La mejora del acceso a los servicios de salud sexual y reproductiva y a la educación también empoderará a las mujeres en sus hogares y comunidades.

2.    El informe señala que las políticas de “mano dura” no han logrado reducir los niveles de violencia y delito en la región. La comprensible indignación popular y el oportunismo político se han traducido a veces en medidas absolutas o de “limpieza total” que no tienen en cuenta las causas fundamentales de la violencia y el delito.

En algunos casos estas medidas han creado nuevos problemas, incluida la ocupación excesiva de las cárceles, o han agravado problemas antiguos al reproducir una cultura de violencia y delito. El informe  recomienda dejar de lado el enfoque de “mano dura” por ser contraproducente. 

3. El informe sugiere que la inseguridad ciudadana también puede abordarse eficazmente por medio de estrategias de prevención del delito diseñadas y puestas en práctica con la participación de las comunidades y poblaciones afectadas.

Las iniciativas y estrategias de este tipo han ayudado a varios países de América Latina a reducir las tasas de delito, mantener la seguridad ciudadana y proteger los derechos humanos. Las más eficaces de estas tienen una característica común: responden a las necesidades de las personas, tal como estas las han expresado, y se llevan a la práctica con su participación activa.

La participación de las personas en la formulación y la vigilancia de las intervenciones comunitarias las convierte en parte de la solución. Esta implicación en los programas de prevención lleva a una mayor confianza, en particular entre los ciudadanos, los dirigentes comunitarios y los organismos de seguridad y justicia. El informe llega a la conclusión de que la confianza es la base de políticas de seguridad eficaces, sostenidas y legítimas que satisfacen las necesidades de los grupos vulnerables, incluidas las víctimas de la violencia y sus familias.

Los gobiernos deben tomar la iniciativa de establecer espacios para la participación pública, velando por que las personas colaboren y se dé respuesta a sus inquietudes. La sociedad civil y los grupos comunitarios locales pueden desempeñar un papel de liderazgo, colaborando con sus contrapartes en el gobierno, el sector privado y los medios de comunicación, para ejecutar iniciativas de formas que impulsen la rendición de cuentas y aumenten la transparencia. También deben establecer una cultura de no violencia, fomentar espacios creativos y sanos para los jóvenes, alentar las conductas masculinas no violentas, fortalecer el diálogo entre los grupos y promover la participación de la comunidad.

4.    El informe recomienda ir más allá de los enfoques locales y nacionales de la seguridad ciudadana y formular respuestas regionales y mundiales. La inseguridad ciudadana es un problema común a todos los países de la región. La cooperación entre ellos es decisiva para prevenir eficazmente la violencia y el delito y responder al daño que infligen a las sociedades.

En el último decenio han aumentado las iniciativas encaminadas a fortalecer la cooperación internacional, entre otras cosas por medio de la cooperación Sur-Sur. Cabe destacar el ejemplo de colaboración eficaz entre los Carabineros de Chile y la Policía Nacional de Nicaragua

El informe señala que muchos líderes e instituciones latinoamericanos son actores importantes en los debates internacionales sobre seguridad. La región está impulsando las deliberaciones internacionales sobre formas de abordar el consumo de drogas como una preocupación de la salud pública y no exclusivamente como una cuestión delictiva o de la seguridad. La influencia de América Latina en el debate mundial se ampliaría por medio de una visión regional común sobre seguridad ciudadana.

A tal fin, el informe recomienda crear un Foro Regional de Seguridad Ciudadana que tenga el mandato de reunir a dirigentes y especialistas con el objeto de fortalecer la seguridad ciudadana. El Foro podría trabajar para mejorar la coordinación entre los países; aumentar la comprensión de los vínculos entre las políticas mundiales, regionales, nacionales y locales; y promover y facilitar las medidas regionales y mundiales.

También puede mejorarse el apoyo de las organizaciones multilaterales, incluido el PNUD. Se necesita una mayor coordinación, en particular entre las organizaciones que trabajan en el ámbito de la seguridad, por un lado, y en el del desarrollo, por el otro. Con el objeto de maximizar el impacto de nuestra asistencia, debemos definir las esferas en las que nuestros objetivos se solapan con el fomento de la seguridad ciudadana y luego ajustar plenamente nuestros esfuerzos a los objetivos, las necesidades y la capacidad de los países de la región. Es importante que el PNUD incorpore en su diálogo con los gobiernos y su programación las recomendaciones de este informe.

El PNUD ya está trabajando activamente para mejorar la seguridad ciudadana en la mayoría de los países de América Latina y el Caribe y por ello está en condiciones de contribuir al fortalecimiento de esa colaboración y a forjar alianzas. El PNUD ha prestado apoyo a algunos países para que elaboren políticas nacionales integrales de seguridad ciudadana, establezcan observatorios de violencia, diseñen planes locales de seguridad y reformen las leyes para mejorar el control de las armas. Hasta ahora los resultados son prometedores.

Mediante este informe, el PNUD ofrece a los países de América Latina recomendaciones sobre la forma de aprovechar lo que ya funciona para mejorar la seguridad ciudadana en aras del desarrollo humano y sostenible. En el PNUD esperamos con interés trabajar con los países de la región en esta dirección.

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Liderazgo
Helen

Helen Clark entró en funciones como Administradora del Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo el 20 de abril de 2009, convirtiéndose en la primera mujer en dirigir la organización. Es también Presidenta del Grupo de las Naciones Unidas para el Desarrollo, un comité compuesto por los directores de todos los fondos, programas y departamentos de la ONU que trabajan en cuestiones relacionadas con el desarrollo.

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Informe Regional de Desarrollo Humano para América Latina 2013-2014

Este segundo  Informe de Desarrollo Humano para América Latina es una publicación con independencia editorial del PNUD. Este informe fue elaborado con el apoyo financiero de la Agencia Española de Cooperación Internacional para el Desarrollo (AECID). Participaron del Consejo Asesor del informe mas de 20 autoridades entre ex presidentes, ministros, senadores, y los actuales líderes de las principales organizaciones multilaterales de la región.

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