Declaración de Helen Clark en ocasión del Día Internacional para la Erradicación de la Pobreza

17 oct 2013

Los líderes mundiales reunidos hace unas semanas en el Evento Especial de la ONU sobre los Objetivos de Desarrollo del Milenio (ODM) subrayaron su compromiso “de liberar a la humanidad de la pobreza y el hambre con carácter de urgencia.”

En sus esfuerzos para acelerar los avances para alcanzar los ODM para la fecha prevista de 2015 y lograr un acuerdo sobre una nueva y ambiciosa agenda mundial para el desarrollo después de 2015, dichos líderes expresaron su determinación de asegurar que las personas más pobres y vulnerables del mundo siguen en primer plano.

El tema del Día Internacional para la Erradicación de la Pobreza de este año –“Trabajando juntos por un mundo sin discriminación, aprovechando la experiencia y los conocimientos de las personas en situación de pobreza extrema”– nos recuerda que este objetivo hace necesario que todos nosotros, en tanto que ciudadanos individuales, activistas comunitarios, agentes de desarrollo o responsables decisorios hagamos frente a la discriminación en todas sus manifestaciones.

La discriminación niega a las personas la oportunidad de mejorar sus vidas, cambiar sus perspectivas familiares y aportar su contribución a sus comunidades y países. La persistencia de la discriminación y la exclusión son una causa subyacente a las desigualdades que siguen lastrando las economías, fomentando la agitación social y desestabilizando las sociedades de todo el mundo. Muchas personas entre los 1.000 millones que actualmente viven en la pobreza extrema, con menos de 1,25 dólares al día, se enfrentan a ciclos retroalimentados de exclusión, discriminación y pobreza que los colocan ante múltiples vejaciones, con baja probabilidad de autoestima y pocas posibilidades de escapar a esa situación.

A pesar de los significativos logros en el cumplimiento de las metas de los ODM globales, los grupos marginados siguen atrasados en el cumplimiento de casi todos los objetivos y metas de los ODM. Las personas con discapacidad, por ejemplo, tienen tasas significativamente más altas de pobreza, logros educativos más bajos, peor salud y menor participación política y de otro tipo.

Asimismo, la discriminación por razones de género sigue impulsando la pobreza en todos los rincones del mundo. A las mujeres y las niñas se les sigue negando la igualdad de oportunidades a la hora de ganarse la vida, acceder a la propiedad de la tierra que trabajan, lograr una educación o demandar y obtener los servicios que necesitan para mantenerse saludables y construir un futuro mejor. Como resultado, las mujeres siguen muriendo de parto a un ritmo alarmante y están excesivamente representadas entre los grupos en situación de pobreza extrema, hambre y analfabetismo.

El PNUD ha apoyado a los países a hacer frente a esa discriminación. Ayudamos a los gobiernos a llevar a la práctica los compromisos de derechos humanos que han asumido y a formular políticas que aborden la pobreza como causa y consecuencia de la discriminación. También tratamos de empoderar y comprometer a las personas pobres, no como receptores pasivos de la ayuda sino como agentes activos del desarrollo. La gente sabe lo que quiere y entiende los desafíos que enfrenta.

Al facilitar un acuerdo sobre la próxima agenda mundial para el desarrollo después de 2015, la ONU está tratando de aprovechar la comprensión, los conocimientos y los  compromisos de las personas que conviven día a día con la pobreza y la exclusión. La ONU ha pedido a las personas de toda condición que compartan sus prioridades para el nuevo programa, y ha buscado activamente las opiniones de aquellos que normalmente no estarían en condición de contribuir a los debates sobre políticas globales: entre otros, niños, jóvenes, lesbianas, gays, bisexuales y transexuales, indígenas, sindicalistas, microempresarios, desplazados, personas sin hogar, agricultores y población reclusa. Al mismo tiempo, la búsqueda de la plena representación de los puntos de vista de las mujeres ha sido una prioridad en todo momento.

Más de un millón de personas de más de 190 países han participado. Escuchando y respondiendo a estas voces, los Estados miembros de la ONU pueden explorar nuevos territorios y generar el tipo de propiedad pública que pueda convertir las aspiraciones del mundo –entre otras la erradicación de la pobreza extrema– en acciones, mediante una agenda que esté controlada y defendida por las personas a quienes más importa.

Liderazgo
Helen

Helen Clark entró en funciones como Administradora del Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo el 20 de abril de 2009, convirtiéndose en la primera mujer en dirigir la organización. Es también Presidenta del Grupo de las Naciones Unidas para el Desarrollo, un comité compuesto por los directores de todos los fondos, programas y departamentos de la ONU que trabajan en cuestiones relacionadas con el desarrollo.

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