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Helen Clark: Día Mundial de la Lucha contra el SIDA

01-dic-2012

En este Día Mundial de la Lucha contra el SIDA tenemos muchas razones para ser optimistas:

A finales de 2011, al menos ocho millones de personas estaban recibiendo tratamiento vital, las tasas de nuevas infecciones de VIH habían disminuido drásticamente en muchos países, y 81 países habían aumentado su presupuesto nacional para el SIDA en más del 50 por ciento a lo largo de los cinco años precedentes. La respuesta mundial al SIDA ha impulsado una movilización más amplia en la salud mundial en general, incluso se ha generado una amplia respuesta multisectorial ante enfermedades no transmisibles, tales como la diabetes y la depresión. Teniendo acceso a tratamiento antirretroviral, las personas que viven con VIH pueden tener una vida saludable y productiva, una expectativa de vida dentro de la media y representar una demanda mucho menor a los sistemas de salud ya sobrecargados.

Sin embargo, aún persisten muchos de los desafíos de desarrollo que han frustrado la respuesta al SIDA y amenazan el progreso en esta área. El estigma y la discriminación abruma diariamente a las personas que viven con VIH y SIDA, y deja a muchos de los que se encuentran en riesgo de contraer la infección en la sombra, impidiendo el acceso a tratamiento y prevención que podrían salvarles la vida. A lo largo de los últimos dos años, el PNUD ha apoyado el trabajo de la Comisión Mundial sobre el VIH y la Legislación en lo relativo a algunas de las situaciones legales que entorpecen el progreso de la respuesta mundial al SIDA. El trabajo de la Comisión revela que existen leyes y prácticas con base empírica, sólidamente fundamentadas en los derechos humanos, que tienen el poder de afrontar el estigma, promover la salud pública y proteger los derechos humanos.

Los beneficios abarcan resultados amplios en salud y desarrollo. Por ejemplo, cuando la ley empodera a las mujeres, su vulnerabilidad ante el VIH y la violencia disminuye; cuando la ley permite que las personas con VIH participen de forma digna en la vida diaria, sin temor a la discriminación o persecución, hay mayores probabilidades de que soliciten servicios preventivos, atención médica y apoyo. Los trabajadores sexuales, las personas que consumen drogas, los hombres que mantienen relaciones sexuales con hombres y los transgénero son los que asumen una mayor y desproporcionada carga ante el VIH a nivel mundial. Estas personas también tienen muchas más probabilidades de acceder a los servicios para afrontar el VIH cuando viven sin temor a la violencia.

En miras a 2015, plazo propuesto para alcanzar los Objetivos de Desarrollo del Milenio, y con una nueva agenda de desarrollo mundial en proceso de elaboración, debemos mantener el esfuerzo que ya ha logrado tanto para tantas personas. Intensificar las acciones para reducir la desigualdad, promover los derechos humanos y aplicar las lecciones aprendidas para mejorar la salud y el desarrollo sigue siendo vital.