Helen Clark: “Por qué la lucha contra el cambio climático es importante para el desarrollo”

08 nov 2012

“Por qué la lucha contra el cambio climático es importante para el desarrollo”
Lectura de Helen Clark
Administradora del PNUD y Presidenta del GNUD
Organizada conjuntamente con el Stanford Woods Institute for the Environment y el Stanford Program in Human Biology

Stanford, California
8 de noviembre de 2012

Los progresos hacia un nuevo acuerdo mundial sobre el cambio climático han sido desesperadamente lentos.

En mi conferencia de hoy hablaré sobre los principales temas de las negociaciones y sobre por qué una acción internacional concertada para hacer frente al cambio climático resulta tan importante para las personas y países pobres que son los más afectados por este fenómeno.

Mi hipótesis es que, a menos que se adopte pronto una acción más coordinada a nivel mundial para hacer frente al cambio climático, cada vez será más difícil reducir la pobreza en todas sus dimensiones, en particular en los países más pobres del mundo. Asimismo, los costos de la adaptación aumentarán considerablemente en todas partes.

El cambio climático amenaza con socavar el desarrollo humano y otros beneficios que tanto ha costado alcanzar; de hecho las repercusiones de las graves sequías e inundaciones en todo el mundo sugieren que ya lo hace.

La destrucción causada por el huracán Sandy en los Estados Unidos y el Caribe en las últimas semanas nos recuerda cuán destructivo puede ser un clima extremo y volátil.

Sin embargo, cada problema brinda una oportunidad. Ya existen importantes recursos financieros para la adaptación al cambio climático y la mitigación del mismo. Si los aplica a estrategias inteligentes, la comunidad mundial puede llevar a cabo la transición a una economía ecológica e incluyente que haga frente a la desigualdad, fomente el desarrollo y detenga la degradación de los ecosistemas.

La lucha contra el cambio climático puede contribuir a acelerar las transformaciones económicas y energéticas, impulsar revoluciones tecnológicas y estimular la creación de nuevos modelos de producción. Puede impulsar la creación de nuevos productos, servicios, empleos y exportaciones. Puede generar nuevas oportunidades para los países en desarrollo y los países desarrollados.

El cambio climático es tanto el resultado de las actuales pautas de desarrollo como una amenaza para ellas. Para hacer frente al cambio climático, el mundo entero debe desarrollarse de una manera diferente.

Para ello se requiere la participación de unos ciudadanos y dirigentes audaces, dispuestos y capaces de enfrentarse a los intereses creados y de dejar atrás los modelos que han fracasado. Los problemas y sus aspectos políticos son complejos y plantean un desafío. Es fundamental dejar a un lado las divisiones y la pasividad para prevenir sus peores efectos y resolver de forma eficaz la crisis mundial del clima.

Los enfoques multidisciplinarios que promueven el Stanford Woods Institute y el Program in Human Biology contribuyen a encontrar soluciones. Al igual que para resolver los problemas de salud no solo se requieren mejores hospitales, sino también una educación y una nutrición adecuadas, un medio ambiente limpio y paz, para hacer frente al cambio climático necesitamos prestar atención a la forma en que desarrollamos nuestras economías y sociedades. Debemos comprender mejor que los retos a los que nos enfrentamos están interrelacionados e incorporar esta comprensión a nuestro discurso a nivel nacional y mundial.

El cambio climático no puede dejarse al margen, como si fuera un problema al que únicamente deben enfrentarse los científicos y los ambientalistas, sino que debe integrarse en los debates sobre la forma de estimular el crecimiento económico, colmar deficiencias, generar empleos decentes, lograr la seguridad energética y sentar las bases de un mundo más estable y pacífico. Un simple vistazo al sitio web de Stanford me dice que muchos de los dirigentes aquí presentes contribuyen a realizar estas conexiones .

En esta conferencia primero expondré la forma en que el cambio climático afecta al desarrollo. A continuación abordaré la desconexión entre la magnitud del reto del cambio climático y los lentos progresos a nivel multilateral para hacerle frente.

Por último propondré lo que se puede hacer para resolver las crisis del clima y del desarrollo de una forma integrada, incluso en las negociaciones de la Conferencia de las Partes en la Convención Marco de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático (CMNUCC), que se celebrarán en Doha en unas cuantas semanas.

1. Cómo el cambio climático puede hacer que el desarrollo se estanque y dé marcha atrás
Para los habitantes de los países en desarrollo y, en particular, de los países menos avanzados y de los pequeños Estados insulares en desarrollo, las repercusiones del cambio climático pueden ser catastróficas. Al no tener la capacidad de elaborar planes para hacer frente a desastres o adaptarse a las cambiantes pautas meteorológicas, las personas y países pobres son los más afectados por el aumento de la frecuencia de las sequías, y las tormentas e inundaciones severas. 

Mientras que también los ciudadanos de los países desarrollados deben hacer un esfuerzo cada vez mayor para financiar elaborados sistemas de defensa contra las inundaciones, indemnizar a los agricultores y ajustar sus termostatos para soportar veranos más calurosos, el cambio de las pautas climáticas en África provoca la pérdida de cosechas, siembra el hambre entre la población y las niñas pasan menos tiempo en la escuela al tener que dedicarse a traer agua . Las crisis alimentarias que tuvieron lugar en el Cuerno de África el año pasado y en el Sahel este año han sido muy graves, y los efectos de la sequía se perciben incluso mucho más al sur. Hace poco visité Malawi, donde un 15% de la población necesita ayuda alimentaria debido a la gran escasez de la última cosecha.

Según el Informe sobre Desarrollo Humano del PNUD de 2008 sobre “La lucha contra el cambio climático”, se estima que si no hacemos frente al cambio climático, el 45% más pobre de la población mundial, unos 2.600 millones de personas, dispondrá de menos oportunidades en el futuro .

En ese informe se exponen las cinco formas principales en las que el cambio climático socava los esfuerzos destinados a reducir la pobreza extrema  y lograr los Objetivos de Desarrollo del Milenio.

•  Efectos en la agricultura y la producción de alimentos
Las proyecciones climáticas del IPCC indican que el incremento de las sequías y las temperaturas harán que el África subsahariana sea menos apta para la agricultura, lo que reducirá la duración de las temporadas de cultivo, los rendimientos y los ingresos. En algunos países africanos, los rendimientos agrícolas podrían reducirse en un 50% de aquí a 2050 .

Algunos investigadores que estudian el Océano Índico  han llegado a la conclusión de que el calentamiento causado por los seres humanos en esa región hará que las lluvias en el Cuerno de África resulten aún más irregulares y que las sequías severas sean más frecuentes.

Este clima volátil, más caluroso y extremo provocará la pérdida de más cosechas y, en vista de los modos actuales de producción, una menor producción agrícola en todas las regiones. Las altas temperaturas y la grave sequía que el medio oeste de los Estados Unidos experimentó este año, las peores en medio siglo, redujeron las cosechas y disminuyeron los rendimientos. Tengo entendido que aquí, en California, el aumento de la temperatura ya ha afectado a las cosechas de cereza y uva , y se prevé que provocarán costosos daños en los sectores vinícolas y lechero .

Como advertían los directores de los tres principales programas de alimentos y agricultura de las Naciones Unidas, el efecto acumulado del aumento de las temperaturas y la escasez de agua, en particular en el caso de productos básicos, como el maíz, el trigo, el arroz y la soja, harán que aumente todavía más la volatilidad de los precios mundiales de los alimentos .

En los últimos cinco años, el mundo ha experimentado dos drásticos picos de estos precios, provocados en gran parte por la combinación del aumento de la demanda y un clima caótico. La sequía y las olas de calor que se han producido este año en muchos países productores de alimentos —entre ellos los Estados Unidos y la India— han hecho que los precios de algunos alimentos básicos vuelvan a subir.

Aunque los picos de los precios de los alimentos nos afectan a todos, tienen un efecto desproporcionado entre la población pobre, que gasta hasta un 75% de sus ingresos en alimentos. Sus efectos en las poblaciones urbanas pobres han generado disturbios e inestabilidad en los últimos años. Actualmente se prevé que el precio medio de los alimentos básicos aumentará a largo plazo y algunas hipótesis sugieren que los precios del trigo se mantendrán un 15% por encima de los actuales en 2050 . El Programa Mundial de Alimentos estima que el cambio climático hará que el número de personas que corren riesgo de pasar hambre aumente un 20% hacia mediados de siglo.

• Mayor escasez de agua e inseguridad hídrica
Las proyecciones indican que si la temperatura aumenta por encima del límite de 2°C respecto a los niveles preindustriales, la distribución de los recursos hídricos del planeta sufrirá un cambio fundamental . Se estima que los cambios de las pautas de escorrentía y el deshielo de los glaciares harán que 1.800 millones de personas más sufran escasez de agua en 2080 .

La aceleración del deshielo de los glaciares del Himalaya agravará los problemas ecológicos en el norte de China, la India y el Pakistán, lo que hará que en un principio aumenten las inundaciones, antes de que se reduzca el caudal de agua hacia las principales cuencas hidrográficas que son vitales para la irrigación. En América Latina se prevé que la aceleración del deshielo de los glaciales amenazará el abastecimiento de agua para la agricultura y las centrales hidroeléctricas.

La escasez y precariedad de los recursos pueden convertirse en fuente de conflictos, tanto a nivel nacional como internacional. Las causas del conflicto en Darfur en el Sudán son complejas, pero también guardan relación con la degradación de los ecosistemas y la creciente escasez de agua. Los conflictos en general provocan importantes retrocesos en el desarrollo, cuya recuperación puede llevar mucho tiempo.

•  Elevación del nivel del mar y mayor frecuencia de los desastres climáticos
Algunas estimaciones indican que un aumento de la temperatura mundial entre 3°C y 4°C podría provocar una rápida elevación del nivel del mar e inundaciones, que podrían desplazar, de forma permanente o temporal, a más de 300 millones de personas. Según algunas previsiones, más de 70 millones de personas en Bangladesh y 22 millones en Viet Nam podrían verse afectadas .

Algunos pequeños Estados insulares del Caribe, el Océano Índico y el Pacífico Meridional también podrían sufrir inundaciones catastróficas y, en algunos casos, quedar inhabitables. Es ahora cuando debemos preocuparnos por garantizar el futuro a largo plazo de zonas como la parte baja de Manhattan.

El hielo del Ártico acaba de alcanzar su nivel más bajo en miles de años. De acuerdo con algunos modelos climáticos, la rápida desintegración de la capa de hielo del Ártico y el calentamiento de los mares ya han hecho que aumente la intensidad de las tormentas tropicales. La intensidad y trayectoria del huracán Sandy se ha vinculado con ambas tendencias . Para los más de 340 millones de personas que actualmente están expuestas a ciclones tropicales, el aumento de la intensidad de las tormentas amenaza sus vidas, bienes y medios de subsistencia . 

Aunque la atención que los medios de comunicación prestan a estos graves fenómenos es efímera, sus consecuencias son de larga duración. Algunos análisis realizados en la India indican que las mujeres nacidas durante una inundación tienen un 19% menos de probabilidades de asistir a la escuela primaria. En su desesperación, los hogares de bajos ingresos, sin seguros y con escasos recursos, hacen frente a estos fenómenos como pueden, por ejemplo, comiendo menos o sacando a sus hijos, a menudo niñas, de la escuela. Estas medidas para arreglárselas contribuyen a generar ciclos de desventaja que duran toda una vida .

• Enormes cambios en los sistemas ecológicos de la Tierra
El incremento de la acidez de los océanos constituye una amenaza para los arrecifes de coral y los millones de especies que dependen de ellos. Tan solo en Asia, más de mil millones de personas dependen de la pesca en zonas de arrecifes para obtener alimentos o ingresos. Las economías locales que dependen de las ostras, almejas o vieiras se encuentran amenazadas .

Aunque algunas especies se adaptarán, el ritmo del cambio climático será demasiado rápido para que muchas otras lo hagan. Se estima que con un aumento de la temperatura de 3°C, entre un 20% y un 30% de las especies terrestres podrían extinguirse , lo que devastaría los ecosistemas y a las personas cuya vida y medios de subsistencia dependen de ellos.

•  Repercusiones en la salud humana
La variabilidad y las condiciones extremas del clima, como las inundaciones, pueden desencadenar epidemias, como diarrea, malaria, fiebre dengue y meningitis. Los países ricos ya preparan sus sistemas de salud pública para hacer frente a las crisis climáticas, como la ola de calor que afectó a Europa en 2003. Sin embargo, las mayores consecuencias para la salud se sentirán en los países en desarrollo que tienen una capacidad de respuesta limitada.

El alcance de las principales enfermedades mortales aumentará. Se estima que entre 200 y 400 millones de personas más podrían estar expuestas a la malaria, enfermedad que actualmente se cobra un millón de vidas al año. Ya se han detectado casos de fiebre dengue en altitudes nunca antes vistas, como por ejemplo, en América Latina y partes de Asia Oriental .

Una mayor cooperación entre la comunidad meteorológica y las autoridades de salud pública a nivel internacional, nacional y local será crucial para salvar vidas. El número de muertes provocado por los ciclones en Bangladesh, por ejemplo, se redujo de 500.000 en 1970 a 3.000 en 2007, en parte gracias a la mejora de los sistemas de alerta temprana . Para facilitar estos esfuerzos, la Organización Mundial de la Salud y la Organización Meteorológica Mundial publicaron hace poco un atlas en el que se ilustran las numerosas intersecciones entre salud y clima.

En su conjunto, las evidencias muestran claramente que el cambio climático constituye una amenaza para el progreso del desarrollo de los países, tanto ricos como pobres.

Como ha dicho la Secretaria Ejecutiva de la Convención Marco de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático, Christiana Figueres, “el cambio climático se ha convertido en el amplificador y multiplicador de todas las crisis a las que nos enfrentamos, ya sean de salud humana, crecimiento demográfico, escasez de agua, alimentos u otros recursos o inseguridad energética” .

Sin embargo, se prevé que, de continuar las tendencias actuales, para 2050 las emisiones de carbono se habrán duplicado con respecto a los niveles de 1990 . La temperatura de la Tierra ha aumentado aproximadamente 0,8°C con respecto a los niveles preindustriales, mientras seguimos emitiendo gases de efecto invernadero a la atmósfera .

2. Así pues, ¿por qué el mundo no se apresura a luchar contra el cambio climático?
Esto nos lleva a preguntarnos: ¿por qué el mundo no se esfuerza más por evitar los elevados y multidimensionales costos del cambio climático?

Las negociaciones a nivel mundial avanzan lentamente. Las respuestas políticas están muy retrasadas respecto al lugar en que la ciencia nos dice que deberían estar. Para que la temperatura mundial no aumente más de 2°C, que es el umbral por encima del cual se cree que se produciría un cambio catastrófico e irreversible en nuestro clima, todos nosotros tenemos que hacer mucho más, primero para estabilizar las emisiones y luego para reducirlas de forma radical.

Para ello es necesario llegar a un acuerdo sobre lo que es preciso hacer, quién tiene que hacerlo y en qué plazo, y sobre los mecanismos necesarios para lograr una transición a una economía ecológica e incluyente. Todos los países deben poder adoptar tecnologías no contaminantes, mejorar su eficiencia energética y pasar a utilizar fuentes de energía y modos de producción y consumo más sostenibles.

Entre las razones del lento progreso logrado hasta ahora se encuentran las siguientes:

  • una tendencia a pensar a corto plazo y no a largo plazo y, por ende, a no ponderar los costos y beneficios de luchar contra el cambio climático de forma adecuada;
  • la falta de apreciación hasta ahora de la manera en que el cambio climático socava la equidad y la justicia; y
  • la percepción de que las negociaciones sobre el clima a nivel mundial no van a ninguna parte.

Ahora abordaré con más detalle cada una de ellas.

Superar la mentalidad de corto plazo
Los breves ciclos políticos no estimulan el pensamiento a largo plazo, en particular cuando los costos iniciales pueden ser elevados, sobre todo en épocas de recortes presupuestarios y bajo crecimiento. Sin embargo, como advierte Nicholas Stern en su innovador informe de 2006,  los costos de la pasividad en materia de cambio climático serán mucho más altos. Asimismo existen oportunidades importantes para generar crecimiento y empleo a través de la transición que es necesario llevar a cabo.

Un estudio reciente del PNUD descubrió que, aunque muy pocos se oponen a la idea de que la integración de soluciones al desarrollo y al cambio climático puede dar lugar a opciones políticas rentables que ofrezcan beneficios en todos los sectores, los gobiernos se muestran renuentes a destinar los recursos necesarios por considerar que implican elevados costos iniciales políticos y fiscales.

Sin embargo, hasta hace relativamente poco, existía la creencia generalizada de que el riesgo del cambio climático era algo que se plantearía en un futuro lejano. La mayor frecuencia de los fenómenos meteorológicos extremos está haciendo cambiar rápidamente esta percepción. Asimismo, mejores métodos de “detección y atribución” permiten a los científicos vincular los fenómenos meteorológicos con el cambio climático provocado por el ser humano con un cierto grado de probabilidad. Cada vez más personas entienden que el cambio climático tiene importantes consecuencias para ellas y para el futuro. Una encuesta reciente de Yale, por ejemplo, descubrió que el 74% de los estadounidenses están de acuerdo en que “el cambio climático afecta las condiciones meteorológicas en los Estados Unidos” .

La participación de ciudadanos que comprenden el costo del cambio climático puede ejercer presión sobre sus dirigentes para que actúen. La Conferencia de Río +20 de las Naciones Unidas sobre Desarrollo Sostenible, celebrada en el mes de junio, ha puesto de manifiesto que los ciudadanos se muestran más activos y participativos. En esta Conferencia quedó claro que la sociedad civil mundial, partes importantes del sector privado y muchos gobiernos de nivel subnacional, incluidos algunos de los Estados Unidos, se encuentran mucho más avanzados que el consenso que existe actualmente entre los Estados Miembros de las Naciones Unidas sobre lo que hay que hacer.

De hecho, los compromisos voluntarios asumidos por personas, a través del enorme alcance los Voluntarios de las Naciones Unidas y a través de ONG, organizaciones de la sociedad civil, empresas, ayuntamientos, gobiernos regionales e instituciones multilaterales, fueron algunos de los resultados más significativos de la Conferencia de Río. Se registraron más de 700 compromisos formales de organizaciones y empresas, que prometieron donar más de 500.000 millones de dólares de los Estados Unidos a acciones a favor del desarrollo sostenible. Muchos de ellos estaban dirigidos específicamente a la lucha contra el cambio climático. Por ejemplo:

  • las 1.800 mayores sociedades cotizadas en la Bolsa de Valores de Londres se comprometieron a divulgar sus emisiones de gases de efecto invernadero, y
  • los alcaldes de 58 megaciudades, reunidos en el marco del Grupo C40 de ciudades en la vanguardia de las políticas relacionadas con el clima, acordaron adoptar medidas que podrían reducir las emisiones de gases de efecto invernadero en más de mil millones de toneladas de aquí a 2030. 
  •  Comprender las implicaciones que tiene el cambio climático para la equidad y la justicia.

Según la encuesta de Yale antes mencionada, un creciente número de estadounidenses está de acuerdo no solo en que el cambio climático es una realidad, sino en que ya provoca daños a la población, tanto de su país como del exterior.

Este hecho refleja una mayor conciencia de las ramificaciones sociales de la crisis del clima. El siguiente paso consiste en comprender que estas ramificaciones violan conceptos básicos de equidad y justicia. Las personas y países pobres son mucho más vulnerables a los efectos del cambio climático, al que han contribuido muy poco, lo que resulta injusto.

Esta carga desproporcionada implica que las consecuencias del cambio climático exacerban las desigualdades ya existentes y, de este modo, difuminan las perspectivas de aquellos que menor responsabilidad tienen por la actual cantidad de carbono en la atmósfera y por el aumento de la temperatura a nivel mundial provocado por las emisiones.

Es esta relación inversa entre la responsabilidad por el cambio climático y la vulnerabilidad a este lo que hace que no luchar decididamente contra él constituya una violación de los principios fundamentales de equidad y justicia. Al no actuar socavamos la visión de cooperación y responsabilidad mutua a nivel mundial que tenían los autores de la Carta de las Naciones Unidas en San Francisco en 1945 y de la Declaración Universal de Derechos Humanos de las Naciones Unidas en 1948.

Para erradicar la pobreza extrema y construir un mundo sin hambre, discriminación y privaciones, es necesario cambiar los modelos de desarrollo y formas de vida que provocan daños a otras personas.

Se trata fundamentalmente de crear un futuro digno para todos. Tanto los países desarrollados como los países en desarrollo tienen que llegar a un acuerdo sobre las soluciones que son necesarias a escala mundial.

En muchos ámbitos de las relaciones internacionales, el costo de la pasividad o de retrasar acuerdos es reducido. Sin embargo, en el ámbito del cambio climático, cada año de retraso hace que aumente la cantidad de gases de efecto invernadero presentes en la atmósfera que a su vez hacen que aumente la temperatura . Los países más pobres son los primeros en verse afectados y, por ende, los más perjudicados por el retraso de las acciones. Esa es la razón por la que los países menos adelantados y los pequeños Estados insulares en desarrollo han presentado ambiciosas propuestas para limitar las emisiones mundiales y hacer que sus trayectorias de desarrollo resulten sostenibles. Sin embargo, a menudo tienen que luchar para que sus voces sean escuchadas.

El principio según el cual “los seres humanos constituyen el centro de las preocupaciones relacionadas con el desarrollo sostenible [y] tienen derecho a una vida saludable y productiva en armonía con la naturaleza” fue importante para el resultado de la Cumbre de la Tierra, celebrada en Río de Janeiro en 1992. Este acuerdo permitió que los dirigentes mundiales reunidos en ella llegaran a un acuerdo entre países en desarrollo y países desarrollados . 

Eso es lo que ahora debemos lograr en un nuevo acuerdo mundial sobre el cambio climático. Otro tanto puede decirse de las negociaciones sobre el clima. Los países desarrollados deben comprometerse a reducir de forma significativa sus emisiones y a apoyar la transferencia de tecnologías, financiación y asistencia para el desarrollo de capacidades que son necesarios para que otros se desarrollen de una manera sostenible .

Superar la percepción de que las negociaciones sobre el clima y las acciones conexas no pueden tener éxito
El lento progreso de las negociaciones sobre el cambio climático es motivo de preocupación, pero sería desastroso abandonarlas.

La Conferencia de las Partes celebrada en Copenhague en diciembre de 2009 no pudo obtener los resultados contemplados en la Hoja de Ruta de Bali de 2007. No obstante, a pesar de esta decepción y de la crisis financiera mundial y sus ramificaciones, la comunidad internacional ha continuado con las negociaciones y ha realizado avances importantes.

En Cancún, hace dos años, los países se comprometieron formalmente a examinar periódicamente sus progresos para mantener el aumento medio de la temperatura del planeta por debajo de 2°C , umbral que los científicos creen que nos mantendrá alejados de superar peligrosos límites planetarios.

El año pasado, en Durban, los países acordaron que, para ser legítimo y viable, un nuevo régimen sobre cambio climático debe ser de ámbito mundial y deben adoptarlo los países desarrollados y los países en desarrollo por igual.

Este fue un importante avance para dejar atrás el debate sobre “quién debe actuar primero”. Lo cierto es que todos deben esforzarse aún más para hacer frente al cambio climático.

El aumento del número de países que realizan grandes emisiones viene a reforzar aún más los argumentos a favor de un acuerdo a escala mundial. Entre 15 y 20 países son responsables del 75% de las emisiones mundiales, pero ningún país representa más del 26%. Los negociadores presentes en Durban se dieron cuenta de que un acuerdo mundial jurídicamente vinculante sería la única forma de garantizar que todos los países cumplan sus compromisos en materia de reducción de emisiones y de que los mercados de carbono funcionen a la escala requerida. Asimismo comprendieron la importancia de la amplia identificación y legitimidad que puede ofrecer un acuerdo de las Naciones Unidas, en particular a medida que aumentan los costos del cambio climático y aparecen nuevos emisores.

En Durban también se reconoció que los objetivos de reducción de emisiones tienen que ser más ambiciosos. Incluso si todos los países cumpliesen las reducciones de emisiones a las que ya se han comprometido, dichas reducciones solo representarían un 60% de las necesarias para mantener el aumento de la temperatura por debajo de 2°C.  Eso hizo que los Estados Miembros acordaran en Durban:

  • negociar de aquí a 2015 un marco legal que abarque todos los países a partir de 2020, y
  • estudiar las medidas necesarias para ajustarse a la “diferencia de 2°C” antes de 2020.

El tema principal de la Conferencia de las Partes que tendrá lugar en Doha en noviembre será la aplicación de los acuerdos celebrados hasta ahora, así como abordar las esferas pendientes en las que no se ha llegado a un acuerdo.

En las negociaciones siguen sin resolverse temas importantes; sin embargo, existen razones para ser optimistas y creer que el mundo avanza inexorablemente hacia un nuevo régimen mundial para hacer frente al cambio climático. Lo que aún no hace es actuar con la velocidad y a la escala que exige la ciencia.

Progresos nacionales
Para hacerse una idea más clara del camino a seguir, los negociadores deberían seguir el ejemplo de los países, subregiones y estados, como California, que están atentos a la oportunidad que brinda el cambio climático para avanzar en el logro de múltiples objetivos.

En los últimos 3 años, todos los países industrializados y 55 países en desarrollo han asumido compromisos voluntarios de mitigación que cubren aproximadamente un 80% de las emisiones a nivel mundial. Por ejemplo:

  • China comenzará el año próximo una serie de proyectos piloto sobre comercio de derechos de emisión en siete de sus mayores ciudades y provincias.
  • Un régimen de comercio de derechos de emisión muy amplio comenzará a funcionar el año próximo en California.
  • La Unión Europea cuenta con el régimen de comercio de derechos emisión más amplio y mejor establecido del mundo, que abarca el 40% de sus emisiones de gases de efecto invernadero.
  • En julio, Australia adoptó un ambicioso impuesto sobre las emisiones de carbono y se integrará en el mercado de emisiones de carbono de la UE en 2015. En medio de un intenso debate político, la perspectiva de ingresar en el régimen de la UE contribuyó a reducir las críticas que afirmaban que este impuesto pondría en desventaja a las empresas australianas. La decisión de unir los regímenes por encima de las fronteras contribuye a impulsar un sistema internacional de comercio de derechos de emisión. .
  • La India tiene previsto iniciar el comercio de derechos de emisión en 2014, que abarcará un 54% de su consumo industrial de energía.
  • Tailandia tiene la intención de implantar un mercado voluntario de comercio de derechos de emisión en 2014.
  • El año pasado, Etiopía, uno de los países más pobres del mundo, puso en marcha una ambiciosa estrategia de bajas emisiones de carbono, resiliencia climática y economía ecológica, en la que el Gobierno invertirá 150.000 millones de dólares de los Estados Unidos para luchar contra la pobreza y alcanzar, al mismo tiempo, el objetivo de que no aumenten las emisiones de carbono.

Algunos países, localidades y empresas del Norte y del Sur han comenzado a darse cuenta de que las formas de operación sostenibles pueden dar lugar a transformaciones económicas, sociales y ambientales.

3. Reunirlo todo en Doha
En las reuniones de la CMNUCC que tendrán lugar este mes en Doha, los negociadores podrían avanzar en una serie de ámbitos.

a)  Es necesario pasar de las prolongadas negociaciones sobre un segundo período de compromisos del Protocolo de Kyoto a su aplicación a partir del 1 de enero de 2013.

El año pasado en Durban, los Estados Miembros acordaron un segundo período de compromisos para el Protocolo, con lo que se garantiza que los países industrializados sigan siendo los primeros en comprometerse de forma jurídicamente vinculante a reducir sus emisiones.

Resulta evidente que el Protocolo de Kyoto no es ni con mucho suficiente en su forma actual, pues tan solo cubre entre el 10% y el 12% del total de las emisiones mundiales de gases de efecto invernadero. Sin embargo, su mantenimiento es importante, ya que es jurídicamente vinculante y contempla normas de infraestructuras y contabilidad que resultan cruciales para la viabilidad de un régimen mundial sobre el cambio climático.

Para mantener el marco de normas e instituciones contables del Protocolo y evitar una “laguna legal” en su aplicación, los negociadores de Doha deberán avanzar desde la decisión que adoptaron en Durban y acordar un segundo período de compromiso a partir del 1 de enero de 2013, fecha en que expira el primero.

Doha es la última oportunidad para realizar una transición sin dificultades de un período de compromiso del Protocolo de Kyoto al siguiente. Las futuras negociaciones se verán seriamente afectadas si dicho período no se acuerda en esta conferencia. Sin embargo, el acuerdo de todas las partes sobre una enmienda que prorrogue el Protocolo de Kyoto y sobre la adopción de compromisos ambiciosos e incondicionales en materia de reducción de emisiones podría contribuir a acelerar los progresos para llegar a un nuevo acuerdo mundial sobre el clima.  Los elementos de una decisión sobre dicha enmienda del Protocolo de Kyoto se debatieron en septiembre y los negociadores trabajan desde entonces en el texto acordado.

b)  En Durban, todos los países acordaron realizar exámenes internacionales periódicos a partir de 2013, con el fin de comprobar la realidad de las medidas adoptadas y previstas hasta ahora en materia de clima, en vista del objetivo general de la Convención consistente en luchar contra el cambio climático. Este examen podría ser importante para dar a conocer los problemas y fomentar la participación de los ciudadanos en todo el mundo. En Doha, los países intentarán dar más forma y definición a este examen.

c) En Doha también será necesario hacer más avances en las disposiciones sobre la financiación de iniciativas relacionadas con el clima.

Se necesitan recursos importantes para financiar las estrategias integradas en materia de clima y desarrollo. A fin de acceder a los recursos financieros disponibles actualmente, los países deben acudir a un laberinto de más de 50 fondos públicos internacionales, 60 mercados de derechos de emisión y unos 6.000 fondos de inversión privados. Deben cumplir diversos criterios para recibir financiación y tienen que poder utilizar los fondos públicos como catalizadores para obtener inversiones adicionales, en la mayoría de los casos privadas. Sin embargo, muchos países carecen de la capacidad institucional para acceder a la financiación disponible y por ello pierden oportunidades. Requieren ayuda para aumentar su “preparación para la financiación de iniciativas relativas al clima” por medio del desarrollo de capacidades, un ámbito en el que el PNUD participa activamente.

En Doha se debe llegar a un acuerdo para poner en funcionamiento rápidamente el Fondo Verde para el Clima, ya que se espera que una parte de la financiación adicional para el clima comprometida en el marco de las negociaciones internacionales pase por él. Este Fondo podría convertirse en una plataforma de la financiación relativa al clima al ofrecer un apoyo catalítico a los países con el fin de que obtengan los fondos que necesitan para adaptarse y mitigar el cambio climático.

Para que pueda desempeñar este papel, las decisiones sobre las normas y procedimientos del Fondo que se adopten en Doha deberán intentar reducir los costos de las transacciones para acceder a sus recursos. Asimismo deberá destinarse financiación suficiente a este Fondo. Tras la decisión de crear el Fondo Verde para el Clima, adoptada el año pasado en Durban, tan solo se han prometido 50 millones de dólares para la financiación inicial. Esta cantidad debe incrementarse de acuerdo con los compromisos asumidos por los países desarrollados en Copenhague de poner a disposición 100.000 millones de dólares anuales para 2020.  En el caso de los países en desarrollo, también es importante que los fondos prometidos no formen parte de recursos ya asignados a través de paquetes de ayuda ya existentes .

La financiación privada para el clima también es esencial. Se puede incentivar al sector privado para que invierta en energías sostenibles y soluciones con bajas emisiones de carbono.

Los mercados del carbono son una de las formas de lograrlo a la escala requerida. Como ya he señalado, un creciente número de países y estados, entre ellos California, están adoptando estos regímenes. Hace poco, el Banco Mundial señaló que el mercado del carbono crece a un ritmo acelerado .

En Durban, los gobiernos acordaron que los mecanismos de mercado serán un componente importante de un nuevo acuerdo más ambicioso sobre el clima. En Doha, los gobiernos deberán decidir arreglar y no eliminar el único mercado del carbono dedicado a los países en desarrollo, el mecanismo para un desarrollo limpio (MDL).

Este mecanismo, creado en el marco del Protocolo de Kyoto, permite que los proyectos que reducen las emisiones de gases de invernadero de los países en desarrollo obtengan derechos de emisión por cada tonelada de dióxido de carbono que eviten. El MDL ha contribuido a reducir las emisiones de carbono en 1.000 millones de toneladas y ha atraído 215.000 millones de dólares de inversiones ecológicas a países en desarrollo .

La lentitud de los procesos de aprobación y el desaprovechamiento de fondos en el marco del MDL han presentado algunas dificultades, pero actualmente están en curso importantes reformas. Se requieren medidas normativas, incluso en Doha, para acelerar estas reformas a fin de que el MDL siga siendo pertinente y sostenible. Se necesita un MDL reformado para financiar proyectos y atraer financiación para acciones de adaptación y mitigación en los países menos adelantados y más vulnerables del mundo. 

En Doha también podrían adoptarse medidas para facilitar que los gobiernos vinculen entre sí sus regímenes de comercio de derechos de emisión. Solamente a través de innovaciones de este tipo podremos gestionar el elevado precio que conlleva hacer frente al cambio climático .

d) Una cuarta manera en que los representantes reunidos en Doha pueden hacer progresos es acordando intensificar la cooperación para desarrollar, implantar y compartir tecnologías y conocimientos técnicos adecuados sobre la adaptación al cambio climático y la mitigación del mismo. 

En Cancún, los Estados Miembros acordaron crear un Centro y Red de Tecnología del Clima. En Doha tienen la oportunidad de definir el funcionamiento de este instrumento, de decidir dónde tendrá su sede y de hacerlo operativo. El Centro y Red de Tecnología del Clima puede contribuir a que la cooperación ya existente sea más sistemática y a llevar tecnologías y conocimientos técnicos a países vulnerables y pobres en la escala necesaria para ayudarlos a mitigar el cambio climático y adaptarse a él.

El PNUD ha aprendido, por ejemplo, lo importantes que son los sistemas de alerta temprana para salvar vidas. Ayudamos a países a crear estos sistemas allí donde sea posible. En Bhután ayudamos a crear un sistema de alerta para las personas que viven cerca de lagos glaciares para avisarles durante los períodos en que se produce un deshielo excesivo de nieve.

A fin de prevenir desastres y elaborar planes para el cambio climático también facilitamos una cooperación que permite a los países pobres acceder a proyecciones climáticas y datos metodológicos mejorados. El número de personas pobres que ya se han visto afectadas por el cambio climático hace que la intensificación de estos esfuerzos de cooperación sea una prioridad urgente.

A través de su labor, el PNUD ha aprendido que algunas de las innovaciones más importantes proceden de comunidades y personas que ya han adoptado medidas para adaptarse a los cambios del medio ambiente.   Es importante que en los debates sobre tecnología e innovación, incluso en Doha, los Estados Miembros examinen la ayuda que necesitan los países pobres a fin de identificar, estimular y reproducir buenas prácticas locales.

e) Una quinta oportunidad de la que disponen los Estados Miembros en Doha es abordar los factores y causas subyacentes de la deforestación y degradación de los bosques, que causan hasta una quinta parte de las emisiones mundiales de carbono.

El interés que se prestará en Doha a la prevención de la deforestación refleja el reconocimiento de la interconexión entre los factores económicos, sociales y ambientales del cambio climático. Las evidencias indican, por ejemplo, que la corrupción y la debilidad de las instituciones encargadas de la aplicación de la ley son las causantes de gran parte de la deforestación a nivel mundial.

Un informe reciente del Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente descubrió que la delincuencia organizada estaba detrás de hasta el 90% de la tala ilegal en algunas partes de África Central y Asia Sudoriental . En Doha, los negociadores deberían acordar medidas firmes para evitar la deforestación, entre ellas, la lucha contra las actividades delictivas.

Para ello y para hacer frente a otros ámbitos del cambio climático de una forma igualmente integral, será necesario aumentar la financiación y la asistencia técnica, a fin de ayudar a los países a hacer que sus instituciones de gobierno sean más eficaces, a luchar contra la corrupción y a responder mejor a las necesidades de las poblaciones vulnerables. Sobre la base de la experiencia que ha obtenido al promover la buena gobernanza en países de todo el mundo, el PNUD colabora y puede intensificar esta colaboración con los gobiernos para llevar a cabo las reformas e inversiones necesarias.

Conclusión
En Doha, las negociaciones sobre el clima deben centrarse en la aplicación de los acuerdos ya alcanzados y en acciones para resolver los temas pendientes. Los esfuerzos que se realizan actualmente no arrojan resultados a la velocidad y escala necesarias.

La Agencia Internacional de la Energía (AIE) advirtió en abril de este año que, en caso de continuar las actuales tendencias y políticas en materia de energía y emisiones, la temperatura mundial aumentará al menos 6°C para 2100, lo que pondría al mundo en una situación peligrosa y desconocida .

El costo de la pasividad resulta cada vez más claro para todos, a medida que las condiciones meteorológicas extremas provocan la pérdida de vidas y medios de subsistencia, y la destrucción de bienes e infraestructuras en comunidades de todo el mundo.

Algunas estimaciones recientes indican que nuestras economías emisoras de grandes cantidades de carbono cuestan al mundo alrededor de 1,2 billones de dólares de los Estados Unidos, es decir, un 1,6% del PIB mundial . Estas estimaciones advierten que con el nivel actual de emisiones y contaminación por carbono, estos costos podrían duplicarse en 2030. Por consiguiente, es fundamental que los costos de la pasividad resulten tan visibles como los costos de la acción. Cuanto más esperemos para actuar, más costosos serán los daños y las soluciones. La curva de costos ya ha aumentado considerablemente.

Todos los países pueden actuar para hacer frente a las peores consecuencias del cambio climático y, al mismo tiempo, crear nuevas industrias, empleos y modos de vida más sostenibles.

En Doha, los Estados Miembros deberán partir de la base de lo ya acordado y elaborar un régimen para el cambio climático lo bastante ambicioso, justo y jurídicamente vinculante.

Liderazgo

Helen Clark entró en funciones como Administradora del Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo el 20 de abril de 2009, convirtiéndose en la primera mujer en dirigir la organización. Es también Presidenta del Grupo de las Naciones Unidas para el Desarrollo, un comité compuesto por los directores de todos los fondos, programas y departamentos de la ONU que trabajan en cuestiones relacionadas con el desarrollo.

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