Helen Clark en en la Ceremonia de Apertura de la 11ª Reunión de los Estados Parte de la Convención sobre la Prohibición de Minas Antipersonales en Phnom Penh

27 noviembre 2011

Me complace participar en la ceremonia de apertura de la 11ª Reunión de Estados Parte de la Convención sobre la Prohibición de Minas Antipersonales. Quisiera agradecer al Gobierno de Camboya por organizar esta reunión, la más importante que se ha llevado a cabo en este país.

En 1997, el Secretario General de la ONU calificó a esta Convención sobre la Prohibición de Minas como “un hito en la historia del desarmamiento” y “una victoria histórica para los sectores más débiles y vulnerables del mundo”. La sociedad civil y los estados con ideas afines realizaron una campaña a favor de la convención, con el objetivo de terminar definitivamente con las víctimas y los heridos que surgen a causa de las minas antipersonales.

Camboya se encuentra entre los países donde la población ha sufrido las consecuencias de estas armas devastadoras. De hecho, el reconocimiento de la situación apremiante de Camboya fue un factor que condujo a la adopción de esta convención, en Oslo, en 1997.

Esta reunión en Phnom Penh es una oportunidad para celebrar el progreso alcanzado hasta el momento en la superación de la amenaza de las minas antipersonales, y para reconocer que aún queda mucho trabajo por realizar para liberar al mundo de este peligro.

Luego de haber presenciado la rápida adopción e implementación de la Convención sobre municiones en racimo, esta reunión es también una buena ocasión para reconocer el poder de asociación entre los estados, la sociedad civil y organizaciones internacionales, en la búsqueda de la diplomacia humanitaria, preventiva por naturaleza, y nos permite construir un mundo más seguro y pacífico.

Aunque es difícil llevar un registro del número exacto de víctimas y de sobrevivientes, la Campaña Internacional para la Prohibición de Minas Terrestres ha estimado que estas armas han matado y mutilado más de un millón de personas en los últimos treinta años, entre las cuales un 71 % eran civiles y, entre ellas, un 32 % eran niños.

En 2001, el Monitor de Minas Terrestres registró noventa países en todo el mundo afectados por minas terrestres y restos explosivos de guerras. Muchos son países menos adelantados, cuyo desarrollo se ve significativamente perjudicado por este legado explosivo de conflictos, y son los menos capaces de financiar la remoción de estas armas.

En países que han atravesado conflictos, estas armas ralentizan la repatriación de los refugiados y el retorno de otras personas desplazadas. Asimismo, dificultan la provisión de ayuda y asistencia, y privan a las comunidades del uso seguro y productivo de la tierra y de los recursos naturales. Esta constante amenaza impide el uso de terrenos de caza tradicionales, el desarrollo de los medios de vida y el acceso a importantes sitios culturales y religiosos. El impacto general en la seguridad humana y en la libertad de desplazamiento básica es significativo.

La mayoría de los países afectados por las minas antipersonales ahora cuentan con programas de remoción de minas y están comprometidos con la erradicación de estas armas de su territorio. La responsabilidad principal es de los gobiernos de los estados y territorios afectados, pero la magnitud del problema requiere de la participación de socios internacionales para su solución.

Después de dos décadas de actividades de remoción de minas y de capacitación, y en el marco de asociaciones y de trabajo estratégico establecidos en el Tratado, muchos estados se encuentran en vías de completar la remoción de minas terrestres y de municiones sin explotar en sus territorios. Asimismo, numerosos proveedores de servicios civiles ahora ofrecen operaciones de recuperación de tierras y educación sobre los riesgos, lo que casi no existía antes de los años noventa.

Aún queda mucho trabajo por hacer. Actualmente, las Naciones Unidas respaldan los programas nacionales de remoción de minas en aproximadamente cincuenta países y territorios. En asociación con gobiernos y ONGs, hemos fortalecido con éxito la capacidad de las autoridades nacionales para planificar e implementar estos programas.

En la ONU, continuamos defendiendo la ratificación universal de la Convención sobre la Prohibición de Minas Antipersonales, la Convención sobre Municiones en Racimo y el Protocolo V de la Convención de Ciertas Armas Convencionales. Nos enorgullece la reciente adopción, por parte de Tuvalu, de la Convención sobre la Prohibición de Minas Antipersonales, así como el consentimiento de Sudán del Sur de adoptar esta Convención.

Entre los organismos de la ONU, el PNUD, UNICEF y el Servicio de Actividades relativas a las Minas (UNMAS) del Departamento de Operaciones de Mantenimiento de la Paz (DPKO) ofrecen respaldo técnico y de coordinación, proveen capacitación y ayudan a movilizar fondos para los estados afectados en todo el mundo. Otros departamentos y organismos de las Naciones Unidas también participan en las actividades de remoción de minas, según sus mandatos y áreas de experiencia.

Actualmente, el PNUD respalda programas nacionales de remoción de minas en aproximadamente cuarenta países. El marco de la Convención sobre la Prohibición de Minas Antipersonales, junto con la Convención sobre Municiones en Racimo y el Protocolo V de la Convención sobre Ciertas Armas Convencionales, facilita nuestro trabajo y moviliza las asociaciones y los recursos necesarios. Cada año, más estados informan la destrucción de arsenales de municiones, la recuperación de áreas perjudicadas y la asistencia ofrecida a sobrevivientes de minas terrestres, otras víctimas y comunidades afectadas.

A principios de este año, visité Yemen, país que ha desarrollado, durante los últimos quince años, una institución nacional de remoción de minas, con la ayuda de muchos de ustedes aquí presentes. A pesar de los recientes obstáculos, Yemen continúa intentando cumplir con sus obligaciones, conforme a la Convención, a través de la remoción de todas las minas terrestres, para el 1 de marzo de 2015. Actualmente, cuenta con la supervisión, la gestión y el conocimiento local para hacerlo, pero, al igual que en muchos otros estados afectados, aún necesita respaldo técnico y financiero para cumplir con su tarea. El programa de Yemen de remoción de minas terrestres aún necesita unos 10 millones de dólares para los próximos cuatro años, y es sólo uno de los muchos países que requiere más respaldo internacional.

Existe un fuerte vínculo entre la remoción de minas efectiva y el cumplimiento de los Objetivos de Desarrollo del Milenio. Tras décadas de conflicto, nuestros anfitriones en Camboya comprenden bien este vínculo. La gran cantidad de tierras en este país con minas terrestres ha provocado más de 63 900 muertes y heridos en las últimas tres décadas.

El Gobierno de Camboya ha incorporado el desminado, la remoción de restos explosivos de guerras y la asistencia a las víctimas como su noveno Objetivo de Desarrollo del Milenio, reconociendo que su continua presencia perjudica significativamente el desarrollo. En asociación con el PNUD y con otros socios de desarrollo, el Gobierno ha fortalecido las capacidades de su sector de remoción de minas. En 2010, adoptó una estrategia nacional de remoción de minas para alcanzar los objetivos establecidos por la Convención sobre la Prohibición de Minas Antipersonales y su noveno Objetivo de Desarrollo del Milenio.

En términos generales, el progreso de remoción de minas en Camboya durante las últimas dos décadas ha sido muy importante: se ha reducido el número de víctimas de 4320 en 1996 a 286 en 2010. La invaluable experiencia adquirida se comparte con otros países a través de la iniciativa Sur-Sur de intercambio de conocimientos.

Los operadores de desminado han removido unos 700 km2 de tierras afectadas por minas y restos explosivos de guerras, lo que permitió que cientos de miles de camboyanos volvieran a sus tierras, retomaran la agricultura y se beneficiaran del desarrollo de infraestructura. Quisiera felicitarlo, Primer Ministro, por el liderazgo de su gobierno en este programa, que ha sido central para su éxito.

Para expander el impacto en el desarrollo de la remoción de minas, esta actividad debe integrarse a las estrategias de desarrollo nacional. En Mozambique, por ejemplo, el plan nacional de remoción de minas para 2008-2014 respalda el plan nacional de reducción de la pobreza, como una cuestión trascendente con impacto en distintos sectores de desarrollo. El desafío consiste en garantizar que todos los ministerios y autoridades locales pertinentes tengan en cuenta las cuestiones de remoción de minas en la ejecución y en la implementación de sus respectivos planes de desarrollo.

Nuestro objetivo común de vivir en un mundo libre de minas requiere de un compromiso constante. El PNUD ha desarrollado un programa de iniciativas para abordar las amenazas restantes planteadas por las minas terrestres y las municiones en racimo. La financiación sostenida y predecible de fuentes nacionales e internacionales permitirá a todos los estados cumplir con sus objetivos de remoción de minas.

La sostenibilidad y asequibilidad de nuestros esfuerzos requerirán de un sólido liderazgo nacional para conducir la implementación de las disposiciones del tratado: remover las minas, destruir los arsenales de municiones y permitir a las víctimas llevar una vida digna.

Les deseo a todos los presentes una fructífera conferencia que ayude a alcanzar el objetivo de remover con éxito todas las minas terrestres.

Liderazgo
Helen

Helen Clark entró en funciones como Administradora del Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo el 20 de abril de 2009, convirtiéndose en la primera mujer en dirigir la organización. Es también Presidenta del Grupo de las Naciones Unidas para el Desarrollo, un comité compuesto por los directores de todos los fondos, programas y departamentos de la ONU que trabajan en cuestiones relacionadas con el desarrollo.

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