Helen Clark: Notas de apertura de la Reunión del Grupo Mundial de Gestión del PNUD

27 junio 2011

Nueva York

Es para mí un gran placer darles la bienvenida a Tarrytown para celebrar la Reunión del Grupo Mundial de Gestión del PNUD.

Secretario General, Ministra Izabella Monica Vieira Teixeira: es un verdadero honor contar con su presencia esta mañana y contribuir así a la inauguración de nuestra reunión.

Otros ponentes insignes se han desplazado o se desplazarán hasta Tarrytown esta semana en calidad de invitados distinguidos. Su presencia aquí ayudará a cuestionar y afianzar nuestras ideas y nos aportará una valiosa perspectiva y contexto para perfilar bien nuestro trabajo.

Han pasado cinco años desde que muchos de ustedes se reunieron en La Haya para celebrar la última Reunión del Grupo Mundial de Gestión del PNUD. En ese momento, yo aún estaba en Nueva Zelanda.

Cuando uno cambia un hogar por otro, algo que muchos de ustedes han experimentado muchas veces, siempre hay lecciones que aprender. Irme de la isla donde nací a la isla de Manhattan no fue una excepción.

En mi primera semana en el PNUD, quedó claro que necesitaba un curso intensivo en un idioma que no ofrece el servicio lingüístico de las Naciones Unidas, ni siquiera los cursos de Rosetta Stone: el idioma de las Naciones Unidas.

Necesitaba saber qué querían decir acrónimos utilizados comúnmente en inglés como “DSRSG/RC/RR/HC/DO” o términos como “la revisión cuadrienal amplia de la política” y “principal receptor del Fondo Mundial”.

He aprendido muchas cosas más desde que me incorporé al PNUD, y no sólo en lo que respecta a los acrónimos. Esto enlaza con los cinco puntos clave que querría señalar; cada uno de ellos se relaciona con el enorme valor de la tarea que realiza el PNUD, y con los motivos por los cuales es fundamental en este momento para nuestra organización transformar el desempeño de bueno a excelente, tal como nos plantea nuestra agenda para el cambio.

En primer lugar, el panorama del desarrollo está cambiando rápida y drásticamente.

Vivimos en tiempos de mayor conciencia sobre los límites naturales de nuestro planeta, el efecto de la actividad humana en nuestros ecosistemas y el papel que desempeñamos a la hora de proteger nuestros recursos naturales.

Vivimos con mayor conciencia sobre el poder de transformación de los movimientos sociales y sobre la importancia del crecimiento inclusivo y equitativo. Presenciamos cómo surgen tensiones provocadas por las crecientes desigualdades, la exclusión y la alienación, incluso donde los indicadores convencionales indicaban que se había conseguido cierto progreso.

Vivimos con mayor conciencia respecto a que, si bien necesitamos desarrollo para que la paz arraigue, del mismo modo necesitamos paz y seguridad para que el desarrollo tome impulso.

Asimismo, vivimos un momento de mayor conciencia sobre la necesidad de hacer más con lo mismo o con menos. Los presupuestos de ayuda al desarrollo tradicionales están sometidos a presiones. Escuchamos el mensaje de los donantes sobre la importancia de sacar el mayor provecho posible al dinero, mejorar la eficacia de lo que hacemos e informar y comunicar con un discurso claro que un público no especializado pueda entender. Sin embargo, también observamos un rápido crecimiento en la cooperación Sur-Sur y nuevas oportunidades para las asociaciones del PNUD.

Mi segundo punto clave radica en que los cambios que tienen lugar en el mundo que nos rodea no sólo se centran en los problemas y las dificultades.

En este momento, existe también un nivel de optimismo, confianza en uno mismo y aspiración por lograr un futuro mejor en la mayoría de países en desarrollo; muchos de ustedes lo experimentan de primera mano sobre el terreno al interactuar con sus países anfitriones.

Colmar estas aspiraciones produciría una transformación, y nosotros en el PNUD debemos transformar nuestra propia organización para participar plenamente en este proceso.

Los conceptos clave que creo imprescindibles en nuestro trabajo son los siguientes: transformar, ampliar, superar y acelerar. Si logramos aplicarlos conseguiremos realmente repercutir de forma importante.

En este momento vemos más claramente, mejor que antes, cómo se puede acelerar el progreso hacia la consecución de los ODM.

Entendemos mejor cómo el desarrollo y el cambio climático dependen el uno del otro.

Contamos con más herramientas a nuestra disposición para abordar cuestiones transversales como el VIH y la desigualdad entre los géneros, que no solo son desafíos en sí mismos sino que actúan como freno en el conjunto del ámbito del desarrollo.

Podemos contribuir a acelerar el progreso del desarrollo, sostenerlo y ayudar a los países a abandonar los modelos de desarrollo tradicionales que entrañan una fuerte huella de carbono.

El reto que nos debemos plantear en el PNUD y en el sistema de desarrollo de las Naciones Unidas en general es cómo responder adecuadamente a la creciente demanda de asesoramiento de alta calidad y crear impacto a medida que aumenta el deseo de contar con un desarrollo más inclusivo y a un ritmo más rápido.

Nuestra respuesta definirá la eficacia con que aplicamos el lema del PNUD: “Al servicio de las personas y las naciones”. 

Y aquí es donde cada uno de nosotros cuenta. No importa si trabajamos en la Sede, en un centro regional de servicios o sobre el terreno. Con esto abordo el tercer punto.

Son los Coordinadores Residentes/Representantes Residentes y sus equipos los que constituyen el eje principal del sistema de desarrollo de las Naciones Unidas en todo el mundo. Ustedes y sus oficinas actúan como centros neurálgicos, promoviendo la acción coordinada entre los diversos organismos de las Naciones Unidas.

Cada Coordinador Residente/Representante Residente se ha ganado el reconocimiento de haber sido nombrado por el Secretario General. Su trabajo para fomentar el desarrollo humano sostenible de forma integrada es fundamental no sólo para los países en desarrollo sino también para la futura relevancia del propio sistema de desarrollo de las Naciones Unidas.

La revisión cuadrienal amplia de la política del próximo año se centrará especialmente en los logros conseguidos en el proyecto piloto “Unidos en la Acción” y en los adoptantes voluntarios del enfoque.

Sin duda, el incentivo de una financiación adicional ha contribuido a que los esfuerzos realizados progresen. Ahora bien, las fuertes restricciones en cuanto a recursos han conllevado unas asignaciones de fondos menores para las oficinas de los Coordinadores Residentes. Cada vez más, los donantes esperan que el propio sistema de desarrollo de las Naciones Unidas asuma los costes. Personalmente lo encuentro razonable.

Con la vista puesta en el futuro, debemos impulsar la coordinación a nivel regional, nacional y de la Sede, no sólo porque forma parte de nuestro mandato sino porque realmente creemos que cuanto más coordinado esté nuestro sistema mayores serán nuestro impacto y los resultados.

Mi cuarto punto es que el PNUD, nuestros programas asociados del FNUDC y los VNU así como el sistema de desarrollo de las Naciones Unidas más general contribuyen a mejorar la vida de las personas, pero aún queda margen para mejorar.

Gracias a las visitas que realizo a los países, al reunirme con funcionarios del Gobierno y otros asociados, así como con nuestras evaluaciones, informes sobre resultados y encuestas a los asociados, me he familiarizado mucho con la acción que llevamos a cabo, como, por ejemplo:

  • respaldar las economías ecológicas y la sostenibilidad en los tres pilares del desarrollo sostenible. Me causó una gran alegría ver cómo hemos contribuido en Tayikistán a extender la producción de energía a pequeña escala, de bajo costo y renovable en las zonas rurales, cómo hemos logrado que los niños vayan a la escuela o que un hospital pueda funcionar durante el invierno.
  • prestar apoyo al hemisferio sur para que pueda compartir las experiencias en materia de desarrollo. En Egipto, el PNUD organizó a principios de este mes un debate muy constructivo entre una amplia sección transversal de ciudadanos egipcios y otros procedentes de la región con aquellos que han ayudado a dirigir la transición hacia la democracia en otras partes del mundo.
  • marcar la diferencia en las vidas de las personas más pobres del mundo. Presencié en India cómo hemos respaldado el diseño y la aplicación del programa Mahatma Gandhi National Rural Employment Guarantee Scheme. Este programa garantiza el derecho a un mínimo de cien días de trabajo al año, beneficiando así a unos 46 millones de hogares.
  • mejorar los resultados en materia sanitaria para el desarrollo en ámbitos cruciales. Desde 2003, nuestra asociación con el Fondo Mundial ha contribuido a fomentar la capacidad de programas a gran escala contra el VIH, la tuberculosis y la malaria, beneficiando a millones de personas de 37 países.
  • fortalecer la gobernabilidad a todos los niveles y fortalecer las capacidades para prevenir conflictos. En Kenia, pude ver cómo, durante los dos años precedentes a la terrible violencia en el 2008 ocurrida después de las elecciones, el PNUD había prestado ayuda a los comités de paz locales en algunas partes del país. Cuando estalló la violencia, la buena organización de los comités consiguió infundir una cierta calma a sus localidades, o ayudó a restaurar la paz rápidamente.
  • marcar la diferencia en países en transición de la ayuda al desarrollo. He sido testigo de la devastación causada por el terremoto de Haití y las inundaciones de Pakistán. Los equipos de las Naciones Unidas en estos países desempeñaron, y siguen desempeñando, un papel fundamental, incluida la creación de empleo para impulsar la recuperación.

Sin embargo, el amplio espectro de actividades del PNUD en materia de desarrollo no siempre se puede plasmar con indicadores claros en comparación con las importantes tareas realizadas por otros organismos como la entrega de alimentos, la construcción de refugios y la vacunación de niños.

Esto es especialmente cierto cuando se trata de ayudar a crear instituciones, políticas y legislación; asegurar que existe la capacidad de mantener el progreso hasta mucho después de que finalice nuestra implicación con programas; y trabajar para promover temas como los ODM, la conservación de los bosques y la importancia de reducir la carga mundial de la violencia armada.

Para este trabajo, se necesita tiempo. Sus resultados pueden no ser cuantificables de un día para otro. Pero el resultado será el cambio duradero y el desarrollo humano sostenible.

Hasta mediados de la década de los noventa, el Secretario General puede dar fe de ello, la República de Corea recibió asistencia para el desarrollo. Actualmente, Corea es miembro del Comité de Asistencia para el Desarrollo de la OCDE. El PNUD influyó en la transformación de Corea. Hoy en día Corea es un donante y trabaja con nosotros para compartir sus experiencias de éxito con los demás. La trayectoria de Corea puede ser, y lo está siendo, repetida una y otra vez en todo el mundo.

A lo largo de este año, los acontecimientos en la región de los Estados Árabes han protagonizado las noticias internacionales. Con una excepción, estos acontecimientos tienen lugar en países de ingresos medianos o con condición de contribuyentes netos. La presencia internacional y a largo plazo del PNUD nos sitúa en buena posición para actuar ante los nuevos desafíos y oportunidades que surgen cuando los países se alejan de un régimen autoritario.

En general, nuestro nivel a la hora de mantener el rumbo en los momentos buenos y en los malos; nuestra capacidad de participar en ámbitos de programa sensibles y en países cuando y donde otros asociados no puedan; nuestro compromiso de fomentar la capacidad; y nuestro papel coordinador dentro del sistema de desarrollo de las Naciones Unidas: todos estos aspectos significan que nuestro trabajo actual no sólo es de vital importancia sino que es posible que sea ahora más importante que nunca.

Permítanme resumir los cuatros puntos que he destacado hasta el momento. El ámbito del desarrollo está experimentando cambios profundos. Con el cambio, surge una enorme oportunidad. Como dirigentes, su papel a la hora de aprovechar esa oportunidad es crucial. Nuestra buena experiencia en materia de impacto del desarrollo nos avala.

Mi quinto punto hace referencia a estos aspectos, y reconoce la urgencia de aplicar cambios en nuestra manera de trabajar para que podamos seguir siendo el socio más fiable durante los próximos años.

Nuestra financiación futura radica en cumplir las expectativas sobre ofrecer resultados, informar sobre ellos y asegurar una transparencia aún mayor.

Debemos ser más estratégicos, concretos y coherentes en la calidad y la eficacia de nuestro trabajo, además de ágiles, para poder mantener nuestro papel líder en un ámbito de desarrollo cada vez más concurrido.

Debemos ser una organización orientada a encontrar soluciones y basada en el conocimiento que ayuda a los países en desarrollo a conseguir la transformación y contribuye a canalizar los puntos fuertes de todo el sistema de desarrollo de las Naciones Unidas hacia ese fin.

Para consolidar esa posición y nuestra relevancia continua, hemos emprendido una agenda más amplia a favor del cambio organizacional, tomando como base el plan de acción que se puso en marcha el año pasado. Nuestro objetivo es pasar a ser de una buena organización a una organización excelente.

Queremos asegurar que las oficinas y direcciones del PNUD presten el mejor apoyo posible a las oficinas de país para lograr un desempeño más coherente sobre el terreno, una esfera que según el examen de mitad de período de nuestro Plan Estratégico necesita mejorar.

Este miércoles nos centraremos en las implicaciones de la agenda para el cambio. Por ahora, permítanme destacar que en el plazo de dos a tres años queremos ver un PNUD con una cultura mejorada y la capacidad necesaria para establecer la planificación estratégica y la gestión basada en resultados; más capaz de ajustar recursos y acciones con prioridades bien definidas y servicios personalizados acordes a las necesidades del país; y con profesionales que puedan prestar ayuda de forma sistemática al nivel de las mejores instituciones en materia de desarrollo.

Debemos colaborar más estrechamente con los socios nuevos y existentes, dentro y fuera del sistema de las Naciones Unidas. Las asociaciones deben reunir a los distintos actores a fin de abordar problemas, y no sólo para recaudar fondos. Evidentemente, la Dirección de Alianzas y sus oficinas de enlace son claves, pero todos los aquí presentes tenemos también algo que aportar en cuanto a la divulgación. En efecto, las relaciones con los socios en materia de desarrollo sobre el terreno repercuten significativamente en nuestra reputación general.

Un cambio fundamental será ver hasta qué punto las Direcciones Regionales asumen la responsabilidad de supervisar el cumplimiento de los programas. Los Centros Regionales de Servicios estarán mucho más vinculados a las Direcciones Regionales y las prioridades que estas establezcan para la creación de programas.

Esperamos que Oficinas Centrales como la Dirección para la Prevención y recuperación de las crisis (BCPR), la Dirección para el Desarrollo de las Políticas (BDP) y la Dirección de Administración (BOM)  ofrezcan servicios técnicos, operacionales y de políticas que logren igualar, e idealmente superar, los que ofrecen otros organismos de desarrollo.

Asimismo, estamos elaborando una estrategia de capacidades de las personas para identificar la mezcla de dimensiones, naturaleza y habilidades de nuestros futuros profesionales así como impartir formación, y servicios de mentoría para el personal.

El cambio necesario en la Sede y los Centros Regionales de Servicios no significa que las Oficinas de País se excluyan de este enfoque. Este cambio les proporcionará una ayuda más efectiva, pero también se trata de desarrollar un PNUD en el que todas las Oficinas de País contribuyan a los sistemas de planificación, y en el que los resultados conseguidos por cada Oficina de País constituyan un eslabón imprescindible en nuestra cadena de resultados. El éxito de nuestro cumplimiento de programas y de los sistemas de creación de informes depende de la implementación y los resultados sobre el terreno.

Por otra parte, mediante una mejor comunicación, promoción, cuantificación de resultados y creación de informes, podemos explicar de forma más convincente qué es lo que hacemos realmente.

Esta reunión concentra al sistema de desarrollo de las Naciones Unidas y a los líderes del PNUD de todo el mundo. Existe en esta sala un enorme conocimiento en materia de desarrollo, una experiencia sin parangón y un compromiso entusiasta por construir un futuro mejor aprovechando la convulsión y las oportunidades actuales.

Todos ustedes saben lo que los equipos de las Naciones Unidas en el país en general, y el PNUD en especial, hacen bien y pueden mejorar. Esperamos sus comentarios sobre cómo prestar mejor apoyo a la tarea fundamental que realizan sobre el terreno.

La presencia internacional del PNUD es uno de nuestros puntos más fuertes, pero solo si estamos conectados entre nosotros, compartiendo la mejor práctica en todo lo que hacemos. Sistemas nuevos como Teamworks contribuirán a este fin. También ayudan reuniones como ésta y las reuniones regionales que celebran ustedes cada año.

Aprovechen estos cinco días que están juntos para intercambiar ideas, entablar amistad y establecer redes, y participar libremente en un debate abierto sobre cómo podemos responder mejor juntos a los desafíos en materia de desarrollo que se plantean actualmente.

Insisto: los CR/RR y sus equipos representan la piedra angular del PNUD y del sistema de desarrollo de las Naciones Unidas. Son los ojos, los oídos y las manos sobre el terreno. Son ustedes y sus equipos los que marcan la diferencia allí donde importa.

Esa diferencia es el motivo de nuestra existencia. El motivo por el que queremos trabajar aquí. El motivo por el que nuestro trabajo me emociona y me hace creer en el futuro.

Cada día, de hecho en cada hora de trabajo, podemos y debemos contribuir a conseguir cambios que permitan a las personas, sus comunidades y países progresar por una vía hacia la transformación. Sé que juntos podemos lograrlo.

Helen Clark
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Helen Clark entró en funciones como Administradora del Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo el 20 de abril de 2009, convirtiéndose en la primera mujer en dirigir la organización. Es también Presidenta del Grupo de las Naciones Unidas para el Desarrollo, un comité compuesto por los directores de todos los fondos, programas y departamentos de la ONU que trabajan en cuestiones relacionadas con el desarrollo.

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