Helen Clark: porqué es importante la inclusión económica y política

06 abril 2011

Texto cotejado con la versión del orador

Helen Clark, Administradora del PNUD
“Empleos, Equidad y Voz: por qué es importante la inclusión económica y política”
Universidad de Georgetown Washington DC,
miércoles, 6 de abril de 2011

Deseo expresar mi agradecimiento a la Escuela de Servicio Exterior de la Universidad de Georgetown y a la decana Carol Lancaster por invitarme a dirigirme a ustedes en el día de hoy. Conozco la sólida reputación que la Escuela posee como educadora de quienes contribuirán a la conducción y a la comprensión de las relaciones internacionales.

Como neozelandesa, tengo conocimiento biendel Centre for Australian and New Zealand Studies (Centro de Estudios de Australia y Nueva Zelandia), y sé que Georgetown es la única universidad de Norteamérica que ofrece diplomaturas en este campo.

Me complació aceptar la invitación del Director del Centro Alan Tidwell para pronunciar la conferencia que conmemoraba el Día del Cuerpo de Ejército de Australia y Nueva Zelandia (ANZAC) el pasado año.

En un momento histórico como el actual, ante los acontecimientos acaecidos en los Estados Árabes, el mundo se encuentra en un momento decisivo y de enormes implicaciones para nuestro futuro común.

La exclusión económica y política, unida a la injusticia, ha empujado a millones de ciudadanos de la región de los Estados Árabes a salir a las calles para exigir un cambio.

Entre quienes exigen cambios se destacan en especial los jóvenes. Se calcula que el 56% de la población de la región tiene menos de 25 años. El desempleo juvenil supera el 25%, lo que constituye aproximadamente el doble del promedio mundial. Los jóvenes que han recibido una formación presentan mayores tasas de desempleo que los jóvenes que carecen de aptitudes profesionales.

Si se combinan estos factores con las tecnologías modernas de la información y las comunicaciones, no resulta sorprendente que los jóvenes hayan desempeñado un papel fundamental en los sucesos recientes.

Pero el deseo latente de dignidad y de participar en las decisiones que conforman las vidas de las personas, así como la voluntad de rebelarse contra la corrupción y la represión, se han puesto de manifiesto en todos los grupos de edad.

En Túnez y Egipto, estas exigencias ya han provocado la caída de sus regímenes. En Libia el intenso conflicto sigue vigente, y el asunto permanece en la agenda del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas. La comunidad internacional ha hecho un llamamiento en favor de la cesación de la violencia y el diálogo político en el Yemen, Bahrein y Siria para encontrar el modo de avanzar.

El PNUD lleva 20 años promoviendo el concepto de desarrollo humano y exigiendo la ampliación de las alternativas y las libertades de las personas y el incremento de su capacidad para vivir una vida larga y saludable, acceder a la educación y disfrutar de un nivel de vida decente.

Desde 2002 hemos encargado una serie de estudios elaborados por expertos árabes sobre el desarrollo humano en la región de los Estados Árabes, con el fin de identificar los desafíos para el desarrollo y la seguridad humanos y los modos en que la región podría afrontarlos.

Esos Informes Árabes sobre Desarrollo Humano han advertido continuamente de las consecuencias que la falta de inclusión y de oportunidades puede tener en la región. En ellos se han identificado las principales deficiencias que afrontan los países árabes en relación con el desarrollo humano, en la gobernanza, el empoderamiento de la mujer y los derechos humanos en general, en el acceso a la educación y a otros servicios, y en la seguridad humana en general. Su mensaje central ha sido claro: es necesaria una reforma, y no debe demorarse. Es probable que estos informes se hayan citado con mayor asiduidad en los últimos tres meses que en los últimos nueve años.

Las cuestiones mencionadas, así como los factores generales que han impulsado las revueltas en los Estados Árabes, no son exclusivos de esa región. La conclusión que he sacado es que, a fin de lograr y mantener la paz y la estabilidad que se requieren para el desarrollo, es esencial promover la inclusión económica y política.

Cómo lograr un crecimiento inclusivo

El pasado año, el PNUD elaboró una evaluación internacional destinada a identificar lo que hace falta para lograr los Objetivos de Desarrollo del Milenio.

Entre los numerosos factores clave que identificamos, figuraba la importancia de un crecimiento inclusivo cuyos beneficios fuesen ampliamente repartidos.

Con frecuencia, las tasas impresionantes de crecimiento económico no han producido una reducción considerable de la pobreza ni mayores oportunidades de acceso a un trabajo decente.

En los países ricos en recursos naturales, el crecimiento generado se ha producido con frecuencia en las industrias extractivas, que crean muy pocos empleos y unos ingresos fiscales demasiado escasos en el país en desarrollo, lo que limita su capacidad para elevar el nivel de desarrollo humano.

En mi opinión, los modelos de crecimiento más inclusivos tendrán que abarcar unas estrategias inteligentes que permitan a las naciones beneficiarse en mayor medida de sus dotaciones nacionales. Para ello, no solo es necesario buscar alternativas para crear empleo, empresas locales, transferencias de tecnología, infraestructuras e ingresos fiscales, sino también contar con unas instituciones sólidas y capaces y un liderazgo comprometido con el desarrollo humano.

Lograr un crecimiento inclusivo también implica dirigirse a los sectores, las actividades y las regiones donde viven y trabajan los pobres.

En las comunidades rurales de los países en desarrollo, en las que viven 2.500 millones de personas, se realizan pocas inversiones en infraestructuras y en su capacidad para mejorar la productividad de la tierra. En los países árabes más pobres no solo existe un elevado nivel de pobreza extrema, sino que además ese alto nivel desciende muy lentamente, en especial en las zonas rurales.

El impulso de la producción agrícola por medio de medidas tales como un mayor acceso a los fertilizantes, al crédito y a los servicios de irrigación, y las mejoras en las infraestructuras rurales, incluidas las capacidades de almacenamiento, contribuyen a reducir la pobreza, a la vez que mejoran la seguridad alimentaria.

El crecimiento inclusivo en los países de ingresos medios de la región de los Estados Árabes también debe abarcar estrategias destinadas a generar empleos decentes en sectores de mayor valor añadido, para lo cual la renovada educación superior y capacitación profesional puede educar a las personas. La disparidad entre la oferta de graduados universitarios y el tipo de trabajos disponibles es sumamente desalentadora para quienes no logran encontrar un trabajo adecuado.

Mohamed Bouazizi, el vendedor callejero tunecino que se prendió fuego el pasado mes de diciembre, expresó de forma extrema y trágica la desesperación que sienten muchos jóvenes de la región, incapaces de salir adelante en un sistema que consideran dispuesto en su contra.

La tasa de desempleo juvenil ha aumentado en todo el mundo a raíz de la crisis económica de los últimos años. Asimismo, la participación real en la fuerza de trabajo ha descendido entre los jóvenes, lo que significa que menos jóvenes buscan activamente trabajo.

Dado que los jóvenes desanimados no se contabilizan entre los desempleados, el nivel de desempleo juvenil tiende a subvalorarse.

El problema también trasciende el desempleo per se, ya que los jóvenes están representados de manera desproporcionada entre los pobres que trabajan. Las mujeres jóvenes se encuentran especialmente desfavorecidas.

El costo del desempleo juvenil no solo recae en los propios jóvenes, sino también en las economías y las sociedades en su conjunto. Los Informes sobre Desarrollo Humano en los Estados Árabes han estado advirtiendo sobre las consecuencias de la falta de inclusión y de oportunidades para los jóvenes de la región.

Por ejemplo, el Informe Nacional sobre Desarrollo Humano para Egipto, publicado el año pasado, se centraba en los desafíos profundamente arraigados que afronta la juventud de ese país, y ha resultado particularmente revelador dados los acontecimientos actuales.

El informe sostiene que la juventud de Egipto puede constituir una fuerza formidable para el desarrollo, si las condiciones permiten a los jóvenes egipcios sentir que son valorados y que sus voces sean escuchadas, tener la oportunidad de acceder a una educación de calidad, participar productivamente en la fuerza de trabajo y establecer sus propios hogares.

Liberar las indudables dotes empresariales y creativas de los Estados Árabes, diversificar las economías y proporcionar a las mujeres y los hombres los instrumentos y las oportunidades que necesitan para construirse una vida mejor sería clave para lograr unas economías y sociedades más inclusivas en el futuro.

Una gobernanza más inclusiva

Los recientes acontecimientos vividos en los Estados Árabes sugieren, sin embargo, que el crecimiento inclusivo y las mayores oportunidades de equidad que conlleva son solo una parte de la realidad.

Una gobernanza inclusiva también es importante para el desarrollo. La participación significativa en la toma de decisiones es una piedra angular de la estabilidad social y la paz que el desarrollo sostenido requiere.

Examinemos el caso de Túnez. Este figura en el séptimo lugar entre los diez primeros países del mundo con trayectoria ascendente en cuanto al rendimiento del Indice de Desarrollo Humano, con respecto a su punto de partida durante el período 1970-2010.

Los recientes acontecimientos de Túnez nos recuerdan, sin embargo, que el desarrollo humano depende de algo más que una mejora de la salud, la educación y los ingresos nacionales; también es necesario ampliar las alternativas y las libertades de las personas.

Como dice el antiguo refrán: no solo de pan vive el hombre, ¡aunque en nuestros días se requiere una traducción con género neutro!

Respuesta del PNUD ante las nuevas aperturas en los Estados Árabes

Hay momentos en que el cambio histórico y transformacional es posible. Este es uno de esos momentos en los Estados Árabes. Y ese cambio llegará de la mano de las poblaciones de Túnez, Egipto y otros lugares. Pero nosotros podemos colaborar.

Ayudarlos a diseñar una gobernanza más inclusiva y ampliar las libertades y las alternativas y el derecho a participar es fundamental para el mandato de gobernanza democrática del PNUD.

Actuando dentro de un conjunto de valores definidos por la Carta de las Naciones Unidas y la Declaración Universal de Derechos Humanos, apoyamos los propios esfuerzos de los países para establecer entornos donde se respeten los derechos humanos y las libertades fundamentales de las personas, y donde puedan florecer partidos políticos, una vibrante sociedad civil y unos medios de difusión libres e independientes.

Para apoyar las transiciones democráticas en los Estados Árabes podemos aprovechar la amplia experiencia que hemos acumulado en este ámbito durante nuestra labor en todo el mundo.

Tanto en Túnez como en Egipto contamos desde hace tiempo con programas para promover el desarrollo humano. Actualmente estamos trabajando con las autoridades nacionales para apoyar los pasos siguientes en sus respectivos países.

En Túnez se anunció recientemente una hoja de ruta para la transición política. Esta incluye la celebración de elecciones de una Asamblea Constituyente el 24 de julio. El PNUD está respondiendo a la solicitud de Túnez de recabar el apoyo de las Naciones Unidas con el fin de elaborar un nuevo proceso electoral y sentar las bases de un sistema democrático eficaz y la recuperación económica.

Nuestra labor probablemente incluirá apoyar el proceso de reforma constitucional y diseñar un servicio público que ofrezca una mejor respuesta y esté más orientado a los derechos humanos.

En Egipto existen posibilidades de que el PNUD ayude a abordar las causas de las protestas, incluido el apoyo a una transición democrática, la promoción de los derechos humanos y el acceso a la justicia, y de ayudar también a crear empleo y luchar contra la pobreza y la desigualdad.

Estamos organizando un foro para que un amplio sector de los ciudadanos egipcios pueda aprender directamente de quienes han dirigido transiciones a la democracia en otras partes del mundo. También estamos apoyando el proceso de diálogo nacional, y nos encontramos en condiciones de ayudar a las autoridades locales a identificar maneras de involucrar a los jóvenes en la toma de decisiones.

Estamos revisando nuestros programas en cada país de la región a fin de poder responder eficazmente a las circunstancias cambiantes.

Asociaciones para el desarrollo e implicaciones de las decisiones de los Estados Unidos de América
Dado que los organismos multilaterales como el PNUD trabajan para promover la inclusión política y económica en los Estados Árabes y en otros lugares, resulta fundamental recibir el apoyo constante de los Estados Unidos de América a nuestra labor.

En mi calidad de dirigente política desde hace tiempo, comprendo perfectamente por qué algunos electores ponen en entredicho el gasto en el desarrollo de países extranjeros, cuando los presupuestos para los servicios locales son tan ajustados. Los Estados Unidos de América están viviendo momentos difíciles, y muchas personas están sufriendo.

No obstante, todos salimos ganando si los países en desarrollo cuentan con economías vibrantes y con poblaciones capacitadas y saludables, disfrutan de una buena gobernanza y del estado de derecho, viven en paz y pueden desarrollarse de manera sostenible. Consideren la hipótesis contraria llevada al límite: un Estado fallido puede convertirse en un refugio para terroristas cuyo alcance mortal es, como sabemos, mundial. Un Estado corrupto puede ser un refugio para la delincuencia internacional y la trata en todas sus formas.

Dado que los países desarrollados reducen el número de países en los cuales se mantienen activos sus programas de ayuda bilaterales, las aportaciones que se realizan mediante el sistema de desarrollo de las Naciones Unidas y su infraestructura constituyen también un modo rentable de mantener una participación más amplia en el desarrollo.

Mediante la presencia imparcial y a largo plazo del PNUD en los países de todo el mundo, podemos crear un acceso a los asociados nacionales y fomentar la confianza en ellos. Ello nos permite responder a los desafíos para el desarrollo en cada país, incluso en la delicada gobernanza y los ámbitos de trabajo posteriores a la crisis en los que los asociados bilaterales y los donantes pueden realizar escasos avances.

El PNUD es financiado por los Estados Miembros de las Naciones Unidas de forma totalmente voluntaria, siendo los Estados Unidos de América el principal contribuyente. Con el apoyo de nuestros socios, mantenemos una presencia universal en los países en desarrollo, pero la mayor parte de nuestros fondos se destinan a los países menos adelantados y a los países de bajos ingresos. Los países que son vulnerables debido a conflictos o a desastres naturales, como Afganistán, Haití, Pakistán y la República Democrática del Congo, exigen una gran parte de nuestra atención y nuestros recursos.

Una serie de evaluaciones internas y externas demuestran que el PNUD ocupa una posición de liderazgo dentro de las Naciones Unidas en cuanto al aumento de la eficiencia general, de la rendición de cuentas y de la transparencia. El PNUD y el sistema de desarrollo de las Naciones Unidas en general también poseen un historial de pensamiento innovador y elaboración de propuestas que se traducen en políticas y en acciones y que producen resultados en materia de desarrollo.

Un ejemplo son los Objetivos de Desarrollo del Milenio, que desde 2000 han inspirado una labor sin precedentes para elevar el nivel de vida de varios cientos de millones de personas en todo el mundo.

Conclusión

Pese al impresionante progreso realizado en materia de desarrollo en numerosos ámbitos durante la última década, muchas personas se han quedado en el camino, experimentando una dañina combinación de exclusión económica y política.

No obstante esas personas también tienen sueños y aspiraciones, no solo de progreso material, sino también de la oportunidad de desarrollar todo su potencial, construir un futuro mejor para sus hijos y participar en la toma de decisiones que afectan a sus vidas.

El éxito de los amplios movimientos populares para forzar el cambio político en los principales Estados Árabes debe ir seguido ahora de la difícil y minuciosa labor de construir sociedades, economías y sistemas de gobernanza más inclusivos.

El PNUD cuenta con una buena posición para apoyar estas transiciones, al igual que lo hemos hecho en muchos países de otras regiones en las encrucijadas de su historia moderna.

El PNUD confía en el apoyo constante de los Estados Unidos de América, el cual nos permite trabajar en favor de un cambio transformacional que crea más trabajo decente y más oportunidades y da lugar a una ampliación de las libertades y las alternativas. Estos son los sólidos cimientos sobre los que pueden crecer la estabilidad y el desarrollo humano sostenible.