Heraldo Muñoz: Lanzamiento IDH 2010

04 noviembre 2010

Palabras del Subsecretario General de la ONU y Director Regional para América Latina y el Caribe del PNUD, Heraldo Muñoz durante el lanzamiento del informe sobre desarrollo humano 2010 en Montevideo.

Montevideo, 4 de noviembre de 2010

Estimado Señor Presidente de la República Oriental del Uruguay, José Mujica
Ministros, Excelencias, Colegas,
Señoras y Señores

Es un honor para mí estar hoy aquí en Montevideo para el lanzamiento en América Latina y el Caribe del Informe Mundial sobre Desarrollo Humano 2010.  Agradecemos muy especialmente, señor Presidente, su presencia.

El Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo encomienda cada año, a un grupo independiente de investigadores de alto prestigio, la elaboración y publicación del Informe Mundial sobre Desarrollo Humano.  Su objetivo es brindar a las autoridades y a la ciudadanía instrumentos que promuevan el debate sobre agendas de desarrollo en los países, agendas que reflejen las preocupaciones y las expectativas de los habitantes.  La tradición de los Informes globales ha ido además acompañada por una importante producción de reportes regionales, nacionales y locales.  Tanto el concepto del Desarrollo Humano como el Índice de Desarrollo Humano han alcanzado hoy aceptación y relevancia universales.

El enfoque del Desarrollo Humano, concepto rector para el PNUD, persigue ampliar las potencialidades humanas, no sólo a través de un mayor ingreso, sino sobre todo con mayores libertades y equidad social.  La variable económica es clave pero no única, ni excluyente.  Desarrollo Humano es un concepto íntimamente ligado a la ciudadanía.  Si la libertad política se debilita y si no existe justicia social, la democracia entonces no otorga derechos a sus ciudadanos ni condiciones necesarias para un desarrollo humano sostenible.

Esta edición del Informe es muy especial, pues marca su 20° aniversario.  Esta vigésima edición, titulada “La Verdadera riqueza de las Naciones: caminos hacia el Desarrollo Humano”, analiza las principales tendencias y patrones en el Desarrollo Humano en los últimos 40 años, con algunos resultados sorprendentes.  También presenta una versión actualizada del Índice de Desarrollo Humano (IDH) y tres nuevos índices:

  • El Índice de Desarrollo Humano ajustado por Desigualdad
  • El Índice de Desigualdad de Género
  • El Índice de Pobreza Multidimensional

El Informe presenta evidencia para sostener que es posible lograr un alto Desarrollo Humano aún sin crecimiento económico rápido o aumentos del ingreso.  Muchos de los países que más han avanzado en Desarrollo Humano en los últimos 40 años no pertenecen a la lista convencional del alto crecimiento.

Un aspecto esencial de este Informe es que nos ofrece un seguimiento del progreso logrado por nuestra región en los últimos 40 años, en materia de salud, educación, e ingresos.  Pone su foco en los progresos nacionales en el largo plazo, medidos por el Índice de Desarrollo Humano.  En la región ha habido mejoras generalizadas en el IDH desde 1970, con logros que deben ser reivindicados.  Pero, por lo general, a estos logros se le anteponen asignaturas pendientes y grandes desafíos.  Para destacar lo positivo, hace 40 años apenas la mitad de los niños de la región en edad escolar asistían a la escuela.  Hoy la cifra es mayor a las cuatro quintas partes, (con algunos países gozando de una tasa de matrícula cercana al 100 por ciento).  En paralelo, varios de nuestros países se acercan a un promedio de esperanza de vida de 80 años.

En 2010, entre las regiones con países en desarrollo, América Latina y el Caribe ocupa el primer lugar en el mundo en términos de niveles de IDH -con países destacados como Barbados, Bahamas y Chile-.  El Informe Señala por otra parte que algunos de nuestros países, como Guatemala, Bolivia ó Brasil, figuran entre aquellos con importantes progresos en términos de IDH en estos 40 años.

Aunque el nivel del IDH promedio para la región de América Latina y el Caribe haya aumentado en casi un tercio desde 1970, este queda por debajo del promedio mundial.  Tenemos países con importantes logros, pero no hay países de la región entre los “Top 20” del ranking de mejora del IDH en el período 1970-2010.

En todo caso, en estos 40 años, la esperanza de vida promedio aumentó de 60 a 74 años en la región, y la matrícula escolar aumentó de 52 a 83 por ciento.  Hay, sin embargo, diferencias importantes entre los países en ambas dimensiones.  Por ejemplo, la esperanza de vida hoy en Costa Rica es similar a la de Portugal (79 años), y muy superior a los 62 años en Haití.

La desigualdad es un importante obstáculo para el desarrollo pleno de nuestros países.  América Latina sigue siendo la región más desigual del mundo, tal como documenta el Informe Mundial 2010. 

A pesar de los progresos en la última década, la región se ve perjudicada por la muy sesgada distribución del ingreso. Cuando al IDH se le descuenta la desigualdad en cada una de sus dimensiones (salud, educación y nivel de vida), el valor promedio de la región se reduce en casi una cuarta parte, más notablemente en Haití (-41 por ciento), Bolivia (-38 por ciento) y Guatemala (-34 por ciento).

Nuestros países son los campeones mundiales de la desigualdad aún cuando algunos países como Brasil y Chile han hecho un gran progreso en el cierre de estas brechas.  Las estimaciones sobre otras desigualdades también son altas; por ejemplo las tasas de desigualdad de género.

La pobreza sigue siendo un inmenso desafío.  En nuestra región, todavía una de cada 10 personas se enfrenta a la pobreza multidimensional, mientras que en Europa Oriental y Asia Central son sólo una de cada 33 personas. 

Hemos avanzado en reducir la pobreza.  Pero, ello no basta, hay que disminuir la desigualdad.

En términos de Desarrollo Humano, Uruguay, en particular, ha tenido muy importantes progresos en estos años.  En esta edición, el IDH muestra un valor de 0.765, en la categoría de alto Desarrollo Humano, lo que posiciona al país en el número 52 entre 169 naciones.  Entre 1985 y 2010, el IDH de Uruguay creció de 0,65 a 0,77, un crecimiento de 19 por ciento.

Entre 1985 y 2010, la expectativa de vida al nacer creció en Uruguay 5 años, mientras los años de escolaridad aumentaron cerca de 2 años, y la expectativa de años de escolaridad creció 3 años.  El ingreso bruto per cápita aumentó 121 por ciento en el mismo período.

A la vez, 12 por ciento del Parlamento Uruguayo está compuesto por mujeres, y 57 por ciento de las mujeres adultas tienen educación secundaria o superior, comparado con el 52 por ciento de los hombres.  La participación de la mujer en el mercado de trabajo es de 64 por ciento comparado al 85 por ciento de los hombres.  El resultado del Índice de Género da a Uruguay 0,51, puesto 54 en el ranking de 138 países, según datos del 2008.

Pero en un aspecto Uruguay no escapa a la situación general de la región.  La desigualdad tiene impacto en la calificación del país.  Si bien el IDH de Uruguay en 2010 es de 0,77, una vez que este índice es ajustado por la desigualdad, cae a 0,64, una pérdida del 16 por ciento.  Los países cercanos a Uruguay en el Índice, Costa Rica y Panamá, muestran, por culpa de la desigualdad, pérdidas de 21 y 28 por ciento respectivamente.

Este Informe global 2010 no sólo se inscribe en la tradición del PNUD de ofrecer instrumentos para el análisis, el conocimiento y el debate, sino que coincide con el primer Informe Regional sobre Desarrollo Humano en América Latina y el Caribe, y con el Segundo Informe sobre Democracia, que elaboramos junto a la OEA.  El Primer Informe de Desarrollo Humano Regional transmite un mensaje político fundamental, muy en línea con los hallazgos del IDH global 2010: nuestra región es la más desigual del mundo y no puede esperar más.  La desigualdad impacta negativamente a las personas, a la economía, a la política, a la sociedad en su conjunto y afecta seriamente la calidad de vida, la libertad y el Desarrollo Humano.

El Informe Regional muestra ejemplos de lo que es posible hacer para reforzar el camino hacia un mayor crecimiento con mayor igualdad.  Se requiere crear instrumentos que lleguen de manera eficaz a las poblaciones más pobres y vulnerables y, por otra parte, reforzar la efectividad de las políticas universales, para lo cual es indispensable aumentar la cantidad de recursos que el Estado tiene a su disposición para políticas sociales sostenibles.

En este sentido, se hace necesario modificar las estructuras tributarias regresivas de Latinoamérica, a través de pactos fiscales que aseguren la sostenibilidad de las políticas sociales.  En nuestra región predominan los impuestos indirectos y al consumo, en vez de los impuestos directos al ingreso y a la propiedad.  La presión tributaria en Latinoamérica es entre 10 y 23 puntos porcentuales más baja que en otras regiones del mundo.  A todo esto se suma la evasión tributaria que en algunos países supera el 50 por ciento.

En tanto, nuestro Segundo Informe de la Democracia, elaborado junto a la OEA, analiza las deficiencias y debilidades de las democracias latinoamericanas y recomienda priorizar la fiscalidad, la inclusión social y la seguridad pública.  Hay un problema de calidad en nuestras democracias.  La democracia no sólo se caracteriza por el insustituible acto electoral, sino también por la forma en que se ejerce el poder y se logran mínimos efectivos de ciudadanía.  El informe hace un llamado a trabajar en temas como la disminución de las desigualdades de ingreso, de género, y de etnia; a reevaluar la limitación a los privilegios y abusos del poder; a profundizar la democratización del debate económico y social.  Es un llamado a construir democracias sustentables en la región, donde el poder esté mejor y más simétricamente distribuido entre los ciudadanos, donde los derechos ciudadanos estén garantizados para todos.

Señor Presidente, colegas: tanto el Informe global que hoy presentamos, como los dos recientes trabajos que el PNUD ha elaborado a nivel regional, identifican logros importantes y denuncian grandes desafíos para América Latina y el Caribe.  Existe capacidad en la región para aplicar políticas eficaces y enfrentar con éxito las graves crisis, algunas de las cuales, como la última crisis financiera global, no nos han tenido protagonistas sino como víctimas. 

Tanto el inmenso potencial de esta región, como sus grandes retos de lograr una mayor desigualdad y consolidar una democracia de ciudadanía, no pueden más que estimularnos a seguir trabajando, en conjunto, en la planificación e implementación de políticas equitativas, sostenibles y justas que promuevan un mayor desarrollo humano, para beneficio de todos los ciudadanos y ciudadanas de nuestra región.