Rebeca Grynspan: inauguración del Foro Latinoamericano de democracia

11 octubre 2010

  • Excelentísimo señor Presidente Felipe Calderón
  • Estimado Secretario General de la OEA José Miguel Insulza
  • Estimado Presidente del Instituto Federal Electoral
  • Señor Sergio Alcocer Martínez de Castro, Secretario general de la UNAM
  • Estimados Ministros, miembros del cuerpo diplomático, invitados especiales
  • Amigos y amigas

Es un gran privilegio estar con un grupo tan distinguido de personas y ser partícipe de la inauguración de tan importante evento.

Antes que nada quisiera agradecer al Instituto Federal Electoral por convocar, junto con la Organización de Estados Americanos y el Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo, este Foro, para reflexionar sobre la democracia en nuestra región.

También quiero aprovechar para reconocer el papel que el IFE está jugando a nivel internacional. Es una muestra de esta nueva realidad que estamos viviendo en el mundo de la cooperación internacional, un mundo que ya no se divide entre receptores y donantes sino en el cual todos tenemos algo que enseñar y que recibir.  Un mundo donde la cooperación sur-sur ha tomado verdadera relevancia y donde los países de ingreso medio están jugando un papel central.  Para muestra un botón…Vengo llegando de Haití, un pueblo extraordinario que ha recibido la solidaridad del mundo entero.  México y los mexicanos no se han quedado atrás. Hoy quiero enfatizar especialmente, dado el tema de este foro, la ayuda que hemos recibido en materia electoral del IFE y debo confesar que nos hemos robado parte de su personal y lo hemos hecho con su anuencia, nos hemos llevado a trabajar con nosotros durante este período hasta las elecciones a la Lic. Lourdes González, con su experiencia y entrenamiento, ¡está siendo una gran ayuda en el proceso! Muchas gracias al IFE y muchas gracias a México por este apoyo.

No hace mucho tiempo en México comenzaron las celebraciones del Bicentenario de la independencia de los países de la región. El hecho de que hoy estemos reunidos para reflexionar sobre cómo mejorar la calidad de nuestras democracias es también algo digno de celebración.

Nos demuestra lo mucho que ha progresado América Latina en las últimas décadas. Aunque todavía tenemos que estar alertas a intentos de desestabilización y en conjunto debemos defender la democracia, la situación actual es muy diferente a la de hace sólo un poco más de dos  décadas .

La región tiene muy válidas razones para estar optimista. Hemos conquistado la democracia, y digo conquistado porque en muchos de los países de la región hemos debido luchar contra el autoritarismo, las luchas fratricidas, la represión, la falta de derechos políticos y de respeto a los derechos humanos.  Ha sido una lucha ardua y es importante recordarla.  Tenemos el deber los que vivimos otra Latinoamérica de evitar que las nuevas generaciones lo olviden.

La convivencia en libertad, el Estado de Derecho, son valores en sí mismos. Hay naciones muy pobres en el planeta, que hacen enormes esfuerzos por construir instituciones representativas, tener parlamentos dignos, celebrar elecciones periódicas y frecuentes para elegir a sus líderes, invertir en la defensa de los derechos humanos. La democracia es un haz de valores que, por sí solo, ha motivado más luchas nobles, más sacrificios altruistas, más pensamiento ilustrado que ninguna otra causa en la historia de la humanidad.     

A veces lamento el debilitamiento del estudio de la historia en muchos de los programas de secundaria y de nivel Universitario en la región, como si fuera lo mismo ser ciudadano y profesional aquí que en cualquier otro lugar del globo, olvidando la especificidad institucional que se deriva de la especificidad histórica y cultural de los pueblos. El sábado que pude recorrer algunas de las maravillosas librerías que tiene México me emocionó  ver la  fuerza con que se ha planteado  la discusión histórica a raíz del bicentenario.  ¡Ojalá México contagie al resto del continente de esta euforia! 

Dije antes que la región tiene muy válidas razones para estar optimista y mencioné los logros democráticos.  Ahora añado que también tenemos razones económicas y sociales. Aunque yo diría que debemos ser cautelosamente optimista, ya que los esfuerzos deben tener continuidad  para consolidar los avances y porque hay todavía muchas tareas pendientes y muchos ciudadanos que todavía esperan una respuesta. Pero tenemos razones  para celebrar.

En términos económicos Latinoamérica vive hoy nuevamente un período de crecimiento (en promedio se espera entre el 5 y 6% para este año) y ha sido una  zona de excepción al no haber tenido una crisis financiera. El contexto económico es  muy positivo para la región, y se espera que a finales del 2010 su PIB esté por encima del nivel de 2008, a diferencia de otras regiones del mundo, tanto desarrolladas como en desarrollo.

Si bien las  diferencias entre países y al interior de los mismos son importantes, las cifras recientes que nos presenta el Banco Mundial y el FMI en el marco de sus reuniones anuales en Washington son alentadoras para la región en su conjunto. 

Parte de este éxito se debe a las “buenas políticas”.  No solo a las políticas macroeconómicas y financieras sino a la capacidad de la región de “interconectarse sólidamente a los mercados de Asia emergente”, a las políticas contra cíclicas, y a las políticas sociales.   Definitivamente la crisis encontró a ALC mejor preparada y con el espacio y la credibilidad necesaria para ejecutar políticas monetarias, fiscales y sociales contra cíclicas, lo que les permitió mitigar parcialmente el shock global.

Antes de la crisis, se redujo en millones la pobreza y se bajó  la desigualdad, no sólo por los programas de transferencias condicionadas, sino también por las políticas implementadas en el mercado de trabajo y por la expansión educativa.

Sin embargo, tenemos muchas tareas pendientes, la región es la más violenta del mundo si excluímos a los países en guerra lo que impone importantes retos a la democracia, los niveles de pobreza y desigualdad de la región son demasiado elevados respecto de su nivel de desarrollo económico.  Según la Cepal hay alrededor de 71 millones de indigentes and 180 millones de pobres en la región, casi un tercio de los latinoamericanos y como lo muestra el Primer Informe Regional de Desarrollo Humano sobre Desigualdad: 12 de los 15 países más desiguales del mundo están en América Latina. La región sigue siendo un  18 por ciento más desigual que África Subsahariana y 36% más que Europa y hay una transmisión intergeneracional no solo de la pobreza sino de la desigualdad.

Es interesante recordar que antes de la intervención del Estado la desigualdad en Europa y en América Latina es similar. Es la intervención del Estado y su capacidad redistributiva “post mercado” lo que hace la diferencia.

El  exceso de pobreza y desigualdad de la región tiene efectos negativos sobre la sostenibilidad de un crecimiento dinámico,  sobre la estabilidad democrática y sobre la posibilidad de construir instituciones públicas modernas, independientes y capaces de enfrentar los retos del mundo de hoy. 

Por un la democracia pone en juego la idea de la igualdad y, con altas y bajas, la realiza en el plano político al incluir extendidamente a la ciudadanía en la institucionalidad electoral. La democracia es políticamente inclusiva, pero al mismo tiempo existen mecanismos excluyentes que entran en tensión con aquella inclusividad política.

Es esta la base de lo que planteamos desde el primer Informe sobre la Democracia publicado hace algunos años por el PNUD y cuyo segundo informe presentamos mañana junto con la OEA en un gran esfuerzo de colaboración interinstitucional por lo que agradezco muy especialmente a José Miguel Insulza por su liderazgo.  Hemos planteado la existencia de un sentimiento de  desencuentro entre la ciudadanía y las instituciones democráticas de la región. Lo que llamamos el malestar en la democracia

Pero precisamente por las razones que mencioné antes, América Latina tiene posibilidades reales de resolver sus problemas de desarrollo y de elevar la calidad de su democracia. 

América Latina debe y puede aprovechar este momento. La discusión sobre cómo hacerlo es lo que este foro pretende motivar y enriquecer.  Motivar una discusión que cuestione y problematice, sin olvidar lo importante del camino recorrido. Una discusión que profundice sobre la relación que existe entre Estado y democracia, y entre economía y democracia. Una discusión que enriquezca el debate político y con ello obligue a la política a actuar. 

Afirmar o simplemente creer, que hemos ganado definitivamente la batalla por la democracia es un error y es un riesgo grave. Es un error, porque si bien el derecho a elegir y ser electo, la libertad de asociación, de expresión, de tránsito, de prensa e información alternativa es fundamental, ese conjunto indispensable de derechos políticos democráticos se apoya en otros derechos civiles y sociales que de ningún modo están efectivamente logrados, al menos universalmente en la región, para la ciudadanía, la democracia supone un conjunto de derechos y obligaciones  más amplio.

Y es un riesgo, porque al descansar en la idea de que ya tenemos democracia, prestamos insuficiente atención a ese otro conjunto de derechos y obligaciones que hacen a la médula de la ciudadanía y cuya vigencia social es intermitente y frágil, y creemos que lo logrado irá por sí mismo expandiendo la ciudadanía en una suerte de “evolución natural”. Sin embargo, en primer lugar, no hay nada en la experiencia histórica que permita justificar a ciencia cierta la esperanza en ese ‘evolucionismo democrático’; y en segundo lugar, porque allí donde no rigen extendidamente los derechos de ciudadanía y donde la ciudadanía democrática es tenue, existe una suerte de vacío regulatorio que se llena como nos ha advertido O´Donnell con otro tipo de ‘legalidad’ particularista, clientelar, patrimonial, siempre informal, que constituye una institucionalidad vigorosa y no necesariamente democrática.

Debemos recordar que la Democracia se construye cada día, en las escuelas, en los periódicos, en los espacios públicos, en las Cámaras Parlamentarias, en los municipios, en la calle y en casa. Su fuerza radica en la apropiación que cada ciudadano y ciudadana haga de sus valores. No se reduce la democracia a ser un conjunto de reglas para las instituciones. Es la puesta en escena de las libertades, de una convivencia respetuosa de los derechos propios y ajenos. Por eso, cada vez que consolidamos la democracia, avanzamos en la libertad; y cada vez que hacemos avanzar la con quista democrática, consolidamos nuestros derechos. Sin embargo, no es la democracia un zócalo inamovible de nuestras sociedades: ese zócalo puede temblar con grandes sacudidas, y puede ser soterradamente corroído hasta minar sus cimientos. No la podemos dar por sentada, ni cejar en el empeño de su defensa.

Por ello, la discusión central e impostergable sobre el Estado, que está detrás de esa ciudadanía y sobre qué tipo de instituciones pueden ser eficaces para expandir y garantizar esos derechos y para hacer efectiva universalmente la legalidad.  La frágil efectividad de a ley en América Latina, su intermitencia, su discontinuidad territorial, la discrecionalidad en su aplicación son el correlato de la desigualdad y la pobreza legal.

Estamos tratando de pensar sobre el Estado que la ciudadanía necesita para echar raíces más profundas en la región y para apalancar conjuntamente democracia y desarrollo. Ese Estado es antes que nada un desafío de la política. Mas precisamente un desafío de la política democrática. Claro está que ello supone recuperar la importancia decisiva de la política y su poder constructivo. Porque como hemos aprendido en todos estos años,  LA POLÍTICA IMPORTA.. En este sentido, creo que, en la región, ello supondría también que la política se haga cargo de la pluralidad y la diversidad constitutiva de nuestras naciones. El grito de representación, participación e inclusión es muy fuerte. La equidad de género, la representación de los pueblos indígenas y de la población afrodescendiente están aquí para quedarse. 

Termino señor Presidente citando su discurso de Diciembre pasado.  Abro comillas
“Los ciudadanos no están satisfechos, hay que reconocerlo, con la representación política y perciben una enorme distancia entre sus necesidades y la actuación de sus gobernantes, de sus representantes y de los políticos.

De ahí la urgencia de plantear cambios, a fin de que nuestro sistema político sea un espacio adecuado para procesar conflictos, para traducir en acciones públicas el mandato de la sociedad y, precisamente, para que el mandato de los ciudadanos en la representación política se pueda ejercer de mejor manera y mucho más cercana a su voluntad y a sus decisiones.
En esencia, hay que pasar, como lo he dicho, del sufragio efectivo a la democracia efectiva……”  y más adelante continua Ud. señor Presidente
“Sé que sí es posible cambiar las cosas. Que sí es posible ajustar las instituciones representativas y de Gobierno a la nueva realidad democrática del país. Que sí es posible que la política deje de ser sinónimo de conflicto y de parálisis, y se convierta en un instrumento de cambio al servicio de la sociedad.

Sí es posible cerrar la brecha entre política y ciudadanía; que sí es posible que construyamos, entre todos, una democracia con instituciones más sólidas, que rindan mejores cuentas, que sean más efectivas y más representativas.

En síntesis, reafirmo mi convicción de que sí es posible transformar a México.”

Permítanos señor Presidente unirnos a Usted y reafirmar nuestra convicción de que sí es posible transformar América Latina, hemos visto parte de esa transformación en nuestras propias vidas, tenemos una gran oportunidad por delante, este es el momento de América Latina! El momento de la consolidación y mejora democrática, el momento para pasar de ser sociedades divididas por la pobreza y la desigualdad a ser sociedades unidas por las oportunidades y los derechos.

Muchas gracias