Rebeca Grynspan: presentación del Informe Trabajo y Familia

25 enero 2010

Informe Trabajo y Familia: Hacia nuevas formas de conciliación con corresponsabilidad social

Rebeca Grynspan
México, 25 de Enero de 2010

Distinguida Licenciada. Margarita Zavala, Presidenta del DIF Nacional

Excelentísima Embajadora Patricia Espinosa Cantellano, Secretaría de Relaciones Exteriores

Sr. Javier Lozano Alarcón, Secretario del Trabajo y Previsión Social

Sra. Rocío García Gaytán, Presidenta del Instituto Nacional de las Mujeres

Estimados Parlamentarios y miembros del cuerpo diplomático

Director Regional de la OIT para AL y el Caribe, estimado amigo y colega Jean Maninat

Señora María Elena Valenzuela, coordinadora del trabajo que hoy presentamos

Estimados colegas del Sistema de Naciones Unidas en México

Sr. Magdy Martínez-Solimán Coordinador Residente y Representante Residente del Sistema de las Naciones Unidas en México

Señoras y señores,

Es un honor para mí presentar hoy en México, junto con mis colegas de la OIT, este trabajo conjunto de indudable alcance, ya que se refiere a dos pilares indisociables de nuestras vidas: el trabajo y la familia. Es una reflexión acerca de la manera en que podemos conciliar ambos, en medio de tensiones y retos. Es además un eslabón más en la larga serie de esfuerzos que venimos desarrollando en una fructífera asociación entre el Gobierno de México y las Naciones Unidas, cuya siguiente muestra será, en unas semanas, la presentación con el Inmujeres de un análisis sobre Mujer y Presupuesto, el impacto del gasto público sobre la igualdad de género en México.   

Como su nombre indica, el informe que presentamos hoy aporta una visión  particular de dos espacios fundamentales para el bienestar de las personas y de las sociedades: el espacio familiar y el espacio laboral, dos esferas en apariencia separadas y gobernadas por lógicas distintas, una privada y la otra pública. Pero el estudio señala precisamente su interconexión, por dos razones poderosas, la primera porque los grupos familiares necesitan proveerse de bienes de subsistencia y al mismo tiempo deben satisfacer la necesidad de reproducirse, de cuidarse y recibir afectos.Esto no sería tanto problema si no existiera la segunda razón, que es la restricción inexorable de las 24 horas.

En América Latina, la región más desigual del planeta, si algo se organiza de manera desigual, son los cuidados y la forma en que las mujeres y las familias administran la tensión entre vida familiar y vida laboral, es decir, el tiempo que se destina, por un lado, a la generación de ingresos y, por el otro lado, el tiempo destinado a los afectos, a los cuidados, un tiempo que requiere de una gran cantidad de esfuerzo, dedicación y de trabajo no remunerado. En ambas esferas, los seres humanos alcanzamos en parte nuestra realización personal.

Por eso este tema es central para el desarrollo humano y para la agenda de la equidad, porque si las mujeres son las cuasi-únicas cuidadoras, los cuidados tensionan la igualdad. Segundo, porque no puede haber desarrollo humano pleno de las  personas si se consideran los cuidados un asunto de segunda categoría, de menor valoración social y económica.
Sin cuidados no hay instituciones, no hay economía, no hay Estado, no hay familia: no hay sociedad. Más aún, desde un enfoque de derechos y del paradigma de desarrollo humano, sin cuidados no hay capacidades y sin capacidades no hay libertad.

Es por eso, que el informe  parte de sus interrelaciones, y  muestra cómo, más allá de las responsabilidades individuales de hombres y mujeres, la sociedad y la política pública deben asumir un lugar más protagónico para promover el desarrollo humano ta como lo hemos enunciado, el trabajo decente, los derechos ciudadanos y la igualdad, pero también los objetivos relativos al crecimiento, la productividad y la competitividad. En este sentido, esta iniciativa cuyo resultado hoy presentamos, constituye un punto de inflexión en la documentación y en las recomendaciones disponibles para avanzar en materia de conciliación en América Latina y el Caribe

De allí que con el título  “TRABAJO Y FAMILIA: hacia nuevas formas de conciliación con corresponsabilidad social”, precisamente nos refiere a formas de conciliación que permitan que las tareas del cuidado sean compartidas no solo entre hombres y mujeres, pero también entre el Estado, el mercado y las familias. El cuidado debe ser corresponsabilidad de hombres y mujeres en el hogar, pero también es corresponsable el mundo del trabajo, de la política pública, de las empresas, de los sindicatos y de la sociedad en su conjunto.

Permítanme enfatizar lo anterior. La conciliación no sólo debe darse en el mundo del trabajo o de las empresas. Si bien las licencias por maternidad y por paternidad pertenecen al ámbito de las políticas laborales, tener en cuenta responsabilidades familiares y laborales compartidas en otras políticas públicas es igualmente fundamental, como por ejemplo en el sistema educativo donde la corta jornada, días lectivos imprevisibles, la rotación horaria, por poner algunos ejemplos, no son diseños adecuados para conciliar el vínculo trabajo-familia, como tampoco lo son para alcanzar una alta calidad educativa.

Uno de los cambios contemporáneos más profundos reside en las modificaciones en la organización del tiempo en general, y del tiempo de las mujeres en particular, buena parte de ello debido a que las mujeres son hoy masivamente parte del mundo laboral que a su vez se ha transformado fuertemente en las últimas dos décadas. Los datos son que el 70% de las mujeres entre 20 y 40 años en ALC son económicamente activas.  Pero así como en la vida laboral predominan los cambios, en el mundo de los  cuidados parecen  primar las continuidades.

La organización de la sociedad y del trabajo productivo y reproductivo alrededor de un solo modelo donde el padre es proveedor y la madre cuidadora, no responde a los profundos cambios que se han dado en el ámbito demográfico, en la estructura familiar, y en la organización del trabajo.  No menos importantes son los cambios en las aspiraciones y espacios de decisión de las mujeres unidos a sus nuevas responsabilidades.  Sumadas hoy, son más las familias en que tanto el hombre como la mujer trabajan remuneradamente y las familias donde la mujer es jefa de hogar, que las familias organizadas en torno a las mujeres que se quedan en casa. 

Sin embargo, como dijimos, en la esfera familiar, son las mujeres quienes continúan asumiendo, prácticamente solas, la responsabilidad de los cuidados. Además ellas se insertan en trabajos carentes de medidas de conciliación, ya que la organización del trabajo, al igual que la mayoría de los servicios públicos, son insensibles a quién asume la responsabilidad en materia de cuidados necesaria para la sociedad.

Algo no estamos haciendo bien como sociedad cuando para atender económicamente a la familia debemos descuidarla. El resultado es un alto costo no solo para las mujeres, sino también para las familias. Cuando se espera que las familias puedan proveerse todo solas, de manera autárquica, lejos de fortalecerse, las familias se debilitan.

Así, cuando los mecanismos de conciliación tradicionales no dan respuesta a las nuevas necesidades, las familias concilian de alguna manera, pero ello sucede con altos costos para la sociedad y las personas, y al precio de grandes ineficiencias.

El mundo de las mujeres en tanto cuidadoras es además, un mundo dividido. Por un lado nos encontramos con aquellas, las de mayores ingresos y educación formal, que han postergado el matrimonio y el nacimiento de su primer hijo/a, tienen menos hijos, están plenamente integradas al mercado laboral y cuentan a menudo con apoyos – el de otras mujeres de menores recursos – para generar los cuidados. Por otro lado están aquellas, las de menores ingresos y educación formal, con embarazos tempranos o precoces, tres o más hijos/as, y una inserción laboral precaria. Unas y otras viven en hogares con arreglos familiares diversos. Sin embargo, las segundas tienen alta probabilidad de ser únicas proveedoras de ingresos de su hogar, al tiempo que tienen largas jornadas de trabajo no remunerado, en combinación con el tiempo de otras mujeres de la familia, como sus madres e hijas. Unas y otras son las principales responsables de los cuidados. Sin embargo las primeras tienen mayor capacidad de comprar servicios privados, de acceder a la generalmente escasa oferta pública de servicios, y de contar con parejas que, aunque asimétricamente, participan de los cuidados.

Estos dos “mundos” de la vida de las mujeres latinoamericanas atraviesan países y subregiones. El primero de los mundos es de la mayoría de las personas, especialmente mujeres, preocupadas por promover cambios en la manera en que vida familiar y vida laboral se relacionan entre sí. Es un mundo de relativa “voz”. El segundo de los mundos está mayoritariamente integrado por mujeres cuyos “malabarismos” entre vida familiar y laboral son principalmente privados. Cuentan con escasa “voz”. Si bien esta diferenciación es válida para el planeta en su conjunto, en América Latina es particularmente importante para corregir desigualdades el promover la conciliación con corresponsabilidad social

No es invisibilizando e ignorando la tensión descrita, que late con fuerza, como vamos a poder avanzar. Y no es culpabilizando a las mujeres o creyendo que podemos imponer una solución que forma parte del ayer como vamos a defender a la familia, a mejorar la productividad del trabajo, la competitividad de nuestras empresas y las condiciones de vida de los ciudadanos y ciudadanas latinoamericanas.

La incorporación de la mujer al trabajo remunerado y los cambios en la gestión del tiempo son irreversibles. Esto impone la necesidad de sacar una agenda considerada hasta hace poco sólo “cosa de mujeres” al ámbito de la discusión general y por tanto al ámbito de la discusión y del diálogo social más amplio. Por eso es importante por ejemplo la incorporación de este tema dentro de la propuesta de Trabajo Decente y el ámbito de negociación tripartito.  Es por ello que estamos particularmente agradecidos hoy de poder contar en este presídium no solo con la responsable de las políticas de igualdad de México, sino también con la Primera Dama, la Canciller y el Secretario de Trabajo.

Como dijimos antes para muchas mujeres, la ausencia de políticas implica que un buen número de ellas se desempeña en trabajos por debajo de su calificación o en áreas donde no están capacitadas. El subempleo, desempleo e inactividad reproducen las condiciones de pobreza y precariedad laboral, que además se transmiten inter-generacionalmente.

Unos pocos niños y niñas tienen acceso a la estimulación temprana. Muy pocos adultos mayores acceden a cuidados especializados. Una pequeña proporción de mujeres recurren al mercado en búsqueda de servicios de apoyo, la gran mayoría cuenta con la ayuda no remunerada de otras mujeres, cuyas posibilidades de educación y de trabajo se ven reducidas por esta razón

Si se considera que aproximadamente el 70% de la población económicamente activa de las mujeres en México tienen hijos, entonces los cuidados deberían articularse bajo dos grandes “sombrillas”: las políticas de empleo (que crean trabajo decente) y los sistemas de protección social (que hacen suya la responsabilidad mediante una oferta socialmente disponible en materia de cuidados).

Permítanme decir que, sin duda, debemos hablar de los costos de implementar esta agenda, de los costos de las políticas públicas, de quién los paga, y de cómo se distribuyen. En estos tiempos de austeridad presupuestaria, es imprescindible hacer cuentas. Pero también debemos hablar de los costos que se pagan por la ausencia de políticas de conciliación con corresponsabilidad social.

Quienes se oponen o defienden políticas mínimas en materia de conciliación, tienen “temor a no poder enfrentar los gastos asociados a estos servicios. Por otra parte, temen que estos servicios generen una menor competitividad porque implicarían costos para las empresas. Además, suponen que la presencia de lazos familiares solidarios permitirá subsanar el cuidado infantil y los cuidados de otras personas que lo necesiten.”

El argumento que señala que tener políticas cuesta más que no tenerlas es un mito, “especialmente cuando se contrastan los beneficios a mediano plazo con los costos de su ausencia. Son claros los beneficios que las políticas conciliatorias pueden hacer a la productividad de las empresas, así como al sostenimiento y ampliación de las capacidades productivas de la población.  Además, al formalizar los mecanismos de conciliación, se genera un importante potencial de trabajo decente, especialmente para las mujeres. Las consecuencias negativas (de mediano y largo plazo) de la falta de este tipo de iniciativas exceden las situaciones individuales; generan costos sociales y amenazan el rendimiento económico de los países”… en tres dimensiones: a nivel macroeconómico, de las unidades productivas, y de la calidad de vida individual y familiar (p. 100).

Además, “existe un costo para la democracia y el ejercicio de los derechos ciudadanos, pues la falta de conciliación restringe la participación de las mujeres en la vida pública” (p. 100).
Así, el gran aporte del informe regional al debate sobre los costos de las políticas, es tener un abordaje integral que permite argumentar a la luz de distintas preocupaciones y posiciones. Están quienes, preocupados por la promoción de la igualdad de género y por una visión de los cuidados como un derecho a dar y a recibir, ven los costos como un asunto secundario. Están también quienes comparten los objetivos de promoción de derechos e importancia de los cuidados, pero se alarman ante sus potenciales costos y además, su prioridad está en otro tipo de medidas. También están quienes explícitamente tienen prioridades que, en principio, suenan más urgentes, como la reducción de la pobreza o la creación de empleo. Además, el informe le “habla” a quienes, aunque no necesariamente lo digan, continúan siendo escépticos con respecto a la promoción de la equidad de género.

El informe regional que presentamos adopta una posición de principios basada en las convenciones y acuerdos internacionales pero simultáneamente incorpora una gran dosis de pragmatismo. Es menos costoso movilizar recursos – institucionales, técnicos, financieros – que no hacerlo. Más aún, la conciliación con corresponsabilidad social necesariamente tiene un “retorno” es rentable y repaga con creces la inversión, es económica, social y políticamente rentable. 

Algunas subregiones y países cuentan con buenos ejemplos de conciliación con corresponsabilidad social Ya se identifican  buenas prácticas o prácticas prometedoras que permiten compartir responsabilidades y conciliar.

México ha experimentado importantes avances en términos de la condición de las mujeres. El país cuenta con un marco jurídico y con infraestructura institucional y de programas importantes. Destaca la firma y ratificación de los convenios internacionales más importantes, la creación del Instituto Nacional de las Mujeres, su Programa de Cultura Institucional y su Modelo de Equidad de Género, que impulsan justamente la conciliación entre lo familiar y lo laboral, tanto en el ámbito público como en el de la iniciativa privada.

Debo destacar también que Ley General de Igualdad entre Mujeres y Hombres y la Ley de Acceso de las Mujeres a una Vida Libre de Violencia son pilares a partir de los cuales se puede construir un México más justo.

Este marco normativo e institucional puede continuar avanzando. La armonización legislativa  del marco normativo federal y su aterrizaje en los marcos jurídicos de los Estados es urgente para poder aterrizar estos logros a nivel estatal y municipal. El PNUD actualmente colabora en este sentido con el INMUJERES y con los gobiernos de Zacatecas, Guerrero, Estado de México y Chiapas. Y sin duda recibimos con satisfacción el incremento en presupuestos etiquetados para mujeres en 2010, un año en que la discusión de ingresos y gastos públicos fue particularmente compleja, en México y en casi todo el mundo. Otro ejemplo es el programa opotunidades  

Sin duda el contexto de crisis es una amenaza a los avances en materia de conciliación con corresponsabilidad social, y se corre el riesgo de que como asunto de política pública, quede sepultado bajo la demandas sociales generadas por las necesidades coyunturales y la competencia entre necesidades. Pero es importante no desistir precisamente ahora porque la recuperación debe venir de la mano de la equidad, de la mano de la reducción de la discriminación, aportando al desarrollo de ciudadanas y ciudadanos plenos, a través de políticas públicas articuladas multisectorial e intersectorialmente en el papel que les corresponde para que sean eficaces.  

A veces, cuando estamos inmersos en el ámbito público, usamos palabras enormes para referirnos a cosas pequeñas. En el caso de este informe podría ser al revés: estamos usando palabras pequeñas para referirnos a cosas enormemente importantes.

En definitiva, son las relaciones primarias, con nuestros hijos e hijas, con nuestras madres y nuestros padres, las que dan a nuestras vidas una parte fundamental del sentido de la vida. Estas relaciones implican mutuos cuidados. Lejos de negar su valor, se trata de reconocer su importancia, a partir de formas de conciliar la vida familiar y la vida laboral desde la corresponsabilidad social.

Por último, concluyo con una reflexión de esperanza: en la ruta hacia la igualdad y los derechos de todas las personas, con estas políticas ganarán las personas, ganarán las mujeres, ganarán las empresas, ganarán las organizaciones laborales, ganará la sociedad. Lejos de negar su valor, se trata de reconocer su importancia, a partir de formas de conciliar la vida familiar y la vida laboral desde la corresponsabilidad social.

Esta es nuestra contribución, que sin duda hemos construido sobre trabajos precursores realizados por la CEPAL, el UNFPA y la UNIFEM.
Quiero agradecer muy especialmente a las autoras del trabajo Maria Elena, Juliana, y del resumen hecho en México Marta .

Quisiera finalizar agradeciendo al Gobierno de México, y al Instituto de las Mujeres por su liderazgo en estos temas; quisiera destacar el apoyo que a esta reflexión y a la acción brinda siempre la Lic. Zavala; me parece de justicia reconocer que México es pionero en la región a través del apoyo que presta su Canciller y su Secretario del Trabajo a las organizaciones de Naciones Unidas que tratan de hacer avanzar un debate sustantivo sobre un tema fundamental para nuestro presente. Avanzar en esta agenda es de vital importancia para el bienestar de las personas, del futuro de nuestras hijas e hijos, y para construir sociedades más democráticas e igualitarias.