Helen Clark: La Conferencia Ministerial de Montreal sobre Haití

25 enero 2010

Montreal, Canadá - Quiero unirme a todos para agradecer al Gobierno de Canadá por ser el anfitrión de esta importante conferencia preparatoria. Apreciamos el liderazgo mostrado por el Gobierno así como su activa participación y su preocupación común a los que hoy nos reunimos aquí para hacer frente al desastre que ha devastado a Haití. Quiero destacar igualmente el papel especial que han tenido muchos países e instituciones de la región, la cual se distingue por su solidaridad con los necesitados.

En primer lugar quiero referirme al estado de las necesidades presentado por el Coordinador del Socorro de Emergencia de la ONU, John Holmes. Haití es una emergencia humanitaria generalizada, y el financiamiento se necesita sin demoras para todos los aspectos del Llamamiento Urgente.

Como es el caso muchas veces frente a las emergencias humanitarias, la recuperación temprana en Haití no tiene suficientes recursos. Espero que uno de los resultados de esta Conferencia sea el compromiso de movilizar recursos para la recuperación temprana como parte esencial del llamamiento humanitario. La recuperación temprana actúa como un puente hacia la fase de recuperación y de desarrollo, y no debemos permitir que exista ninguna brecha en la transición entre la acción humanitaria y el desarrollo.

En calidad de presidente del Grupo de las Naciones Unidas para el Desarrollo, desearía hablar de una serie de áreas que el sistema de las Naciones Unidas estima vitales tanto para la recuperación inmediata como para la recuperación a mediano plazo de Haití.

Necesitamos apoyo financiero inmediato para extender los programas de dinero por trabajo e inyectar así dinero en las comunidades afectadas. La dignidad del trabajo dará esperanza a aquellos que la han perdido. La creación de empleos pensada para reconstruir las infraestructuras es esencial en el corto plazo. Ya hemos iniciado los programas “dinero por trabajo”, pero es preciso hacer más: necesitamos más programas de dinero y alimentos por trabajo para integrar a un gran número de haitianos, utilizando las capacidades locales, apoyándonos en nuestra vasta experiencia en este campo en esfuerzos anteriores de recuperación de desastres, y en nuestra asociación con la iniciativa “Better Work Haiti” (“Mejor trabajo en Haití”) lanzada por el Presidente Clinton en noviembre.

Las siguientes áreas están entre las que requieren una atención inmediata:
 
Limpieza de escombros: Limpiar los escombros de los edificios colapsados de manera respetuosa con el medio ambiente es una prioridad inmediata y esencial. Hay mucho que hacer manualmente y, con el programa de dinero por trabajo, generará empleos para los haitianos. Sin embargo, gran parte de la limpieza de escombros tiene que ser realizada mecánicamente, contratando compañías y organismos especializados. Es preciso limpiar los escombros de modo de reducir las probabilidades de que tengan consecuencias negativas para el medio ambiente, y salvar lo que sea posible para que sea utilizado en la reconstrucción.

Viviendas de transición: Otra prioridad urgente es proveer viviendas de emergencia e intermedias para las personas que perdieron sus viviendas en el terremoto. Esto nos da la oportunidad de alcanzar una colaboración innovadora entre los muchos involucrados, incluyendo el sector privado. China, por ejemplo, estableció 400.000 viviendas semipermanentes después del terremoto en Sichuan. Habrá que considerar y apoyar iniciativas de este tipo en Haití.

Seguridad alimentaria: Mucho antes de este desastre, Haití ya tenía serios problemas de seguridad alimentaria, con precios altísimos de los alimentos y disturbios por la misma razón. Actualmente hay miles de personas que están abandonando Puerto Príncipe para ir a vivir con sus familias en áreas rurales empobrecidas, donde hasta ahora ya se encontraba asentada el 60% de la población. El sistema de la ONU usará sus capacidades de recuperación temprana para aunar sus programas de ayuda alimentaria con la asistencia inmediata para aumentar la producción de alimentos, comenzando con insumos para la próxima estación de siembra en marzo, al tiempo que se aumenten los programas de seguridad alimentaria.

Restablecimiento de las capacidades básicas del Estado: La gobernanza es esencial y en las Naciones Unidas estamos equipados y comprometidos en ayudar a los gobiernos nacional y local a liderar la recuperación y la reconstrucción. Es preciso trabajar para fortalecer la gobernanza y las instituciones de modo que den una respuesta frente al terremoto y al desastre, y para fortalecer la capacidad del gobierno de liderar y coordinar ese esfuerzo. Es primordial dar apoyo a la Policía Nacional de Haití y a todo el sector de la seguridad.

Las reformas de las leyes económicas deben ser priorizadas para ayudar a la recuperación. Sin embargo, los pobres han sufrido tanto con este desastre, que no debemos olvidar que las reformas económicas y jurídicas tan necesarias deben tomar en cuenta los derechos de los pobres y de todas las víctimas de este desastre. El fortalecimiento jurídico de los pobres puede tener una función catalizadora para restablecer el estado de derecho y evitar un conflicto.

Ya se está trabajando en todas las áreas mencionadas, pero se necesitará el pleno apoyo de la comunidad internacional para permitir que el sistema de la ONU pueda incrementar rápidamente el trabajo. Más allá de esta emergencia y de las necesidades de recuperación temprana, Haití se enfrenta a un enorme desafío de recuperación y reconstrucción.

La comunidad internacional debe responder haciendo uso de todos los recursos a su disposición de manera decidida pero también altamente coordinada. Tenemos la oportunidad de apoyarnos en las lecciones aprendidas de otros desastres ocurridos en el mundo, incluyendo el tsunami acaecido en el océano Índico en 2004. Sabemos que es importante mantener una perspectiva a largo plazo desde el principio, con el fin de poder reconstruir mejor. Si bien nos podemos apoyar en la buena práctica, no tenemos que perder de vista el contexto nacional de Haití y las condiciones existentes localmente.

Tenemos que recordar que incluso antes del terremoto, Haití tenía la tasa más alta de mortalidad infantil, de niños menores de 5 años y de madres en el hemisferio occidental, resultante de la mala nutrición persistente y de la gran cantidad de enfermedades prevenibles. Además, la reciente violencia armada y los servicios limitados que da el gobierno, combinado con un alto nivel de pobreza y con el impacto de la crisis de la urbanización y la macroeconomía, han hecho de Haití uno de los entornos más difíciles del mundo para lograr el desarrollo de todos sus ciudadanos, hombres, mujeres y niños por igual.

Tenemos que planificar cuidadosamente pero de forma rápida una serie de pasos esenciales para establecer el programa de recuperación del terremoto en Haití. Para que un programa de recuperación de esa envergadura tenga éxito, se necesitará el compromiso sostenido a largo plazo de la comunidad internacional, de modo de apoyar al gobierno y al pueblo de Haití durante un período realista que irá mucho más allá de los próximos tres o cuatro años. La recuperación y la reconstrucción requieren más atención que el momento efímero de la noticia; será necesario el compromiso permanente de todos nosotros.

La recuperación implica llevar a cabo numerosas acciones, generalmente de manera simultánea. Se necesita:

•    Restablecer los servicios básicos y dar protección social, poniendo un énfasis especial a las necesidades de las mujeres (en especial las embarazadas), los niños, los discapacitados recientes y los ancianos;
•    Crear capacidades institucionales, incluyendo las instituciones de la administración pública y de gobernanza local;
•    Reconstruir la infraestructura, incluyendo escuelas para niños y centros de salud seguros;
•    Impulsar la recuperación económica y volver al camino del desarrollo;
•    Fomentar que se comparta y coordine la información;
•    Integrar los temas y las capacidades relativas a la prevención de desastres en la recuperación y la reconstrucción, y asistir el Gobierno haitiano a establecer una entidad de verificación de los estándares que supervise todos los esfuerzos de reconstrucción para que cumplan con los estándares de resistencia a los terremotos.

Reconstruir mejor quiere decir que los gobiernos tienen que incluir, ante todo, actividades de reducción de riesgos de desastres y de recuperación, así como de respeto al medio ambiente. En este sentido, hay que dar atención urgente al tema crítico de la gestión de la basura, incluyendo los desechos de la demolición, los desechos médicos de los hospitales destruidos, la basura de las casas que actualmente se amontona en las calles y que sólo ahora se ha comenzado a recoger, así como los desechos secundarios y productos químicos peligrosos de industrias o lugares de almacenamiento que hayan sufrido daños.

Tenemos que tener en cuenta también el impacto medioambiental negativo de los grandes movimientos de población hacia las áreas rurales y urbanas menos afectadas del país. Si bien nos enfrentamos a una oportunidad de lanzar programas de desarrollo rural, ello impone a corto plazo una presión adicional a los recursos naturales de por sí exhaustos.

Un primer paso necesario para hacer frente a estas múltiples preocupaciones de manera integrada y coordinada es haciendo una evaluación de las necesidades post desastre. Hay metodologías y procesos acordados para ello. En el caso de Haití, las Naciones Unidas han establecido una excelente colaboración con el Banco Mundial, la Comisión Europea y el Banco Interamericano de Desarrollo en la fase de planificación, de modo de impulsar la evaluación de las necesidades post desastre bajo la dirección del Gobierno.

Queremos asegurarnos que la evaluación de las necesidades post desastre sea un ejercicio detallado y amplio que cubra todos los sectores y segmentos afectados de la sociedad. Tenemos que discutir sobre cómo conseguir la información precisa de los daños y de las pérdidas e identificar las necesidades de recuperación. Todos tenemos que comprometer nuestros mejores recursos técnicos para la evaluación de las necesidades post desastre, ya sea que emanen de la Comisión Económica para América Latina y el Caribe o de los muchos otros que aportarán sus capacidades y conocimientos a este ejercicio.
 
Me complace ver que los colegas del Banco Mundial, de la Comisión Europea y del Banco Interamericano de Desarrollo están hoy aquí presentes, porque la reconstrucción necesita recursos. El apoyo financiero internacional a Haití tiene que seguir las prioridades de socorro y de recuperación temprana detalladas en el Llamamiento Urgente y en el marco de recursos de la evaluación de las necesidades post desastre. Sin este apoyo, el gobierno y el pueblo de Haití no podrán librarse de la dependencia de la ayuda para pasar a la recuperación y al desarrollo a largo plazo.  

Todo mecanismo de financiamiento internacional que sea establecido para respaldar los esfuerzos de recuperación, incluyendo un Fondo Fiduciario de Varios Donantes, tiene que prestar especial atención a la necesidad de dar fondos rápidos y flexibles para las actividades de recuperación temprana y de reconstrucción, y a que el gobierno tenga una función líder en la gobernanza del mecanismo. Creo también que tenemos que establecer un mecanismo que se inspire en las ventajas y puntos fuertes complementarios del Banco Interamericano de Desarrollo, del Banco mundial, y de todas las Naciones Unidas.

La recuperación también requiere coordinación, y el Gobierno tiene que estar a cargo. Sin embargo, tenemos que ponernos de acuerdo rápidamente sobre cómo podemos trabajar mejor juntos, tanto sobre el terreno como en todo el mundo. Las Naciones Unidas también están dispuestas a utilizar herramientas tales como una Plataforma de Gestión de la Ayuda que ha sido utilizada en crisis recientes para coordinar la ayuda.

Los temas relativos a la equidad y a la inclusión son extremadamente importantes para planificar e implementar los programas de recuperación y reconstrucción. Un programa exitoso de recuperación tiene que colmar las aspiraciones de las personas de manera equitativa. Tenemos que fortalecer a las personas y a las comunidades al tiempo que protegemos a los más vulnerables, especialmente a las mujeres, los niños, los enfermos y los discapacitados, incluyendo a las personas que viven con VIH/SIDA.

La participación de las mujeres es primordial. En otros desastres hemos ayudado a crear mecanismos locales que incluyen a los hombres y a las mujeres en la solución de asuntos relacionados con la tierra, la asignación de viviendas y los recursos de propiedad común. También contratamos a mujeres ingenieras y capacitamos a mujeres para ser albañiles. La igualdad de género es esencial para reconstruir mejor, y la perspectiva de género debe incluirse en nuestros planes de evaluación y de recuperación. La violencia de género, que era un problema ya existente en Haití, necesitará una atención inmediata para evitar que aumente. Trabajar con el Ministerio de Derechos de la Mujer de Haití, con las organizaciones haitianas de mujeres y con las instituciones de la sociedad civil fortalecerá la sostenibilidad de estos esfuerzos.

Bajo la dirección del Secretario General, y con la energía, disposición y compromiso del Presidente Clinton, Enviado Especial del Secretario General para Haití, las Naciones Unidas asumen el compromiso de trabajar con todos. Queremos apoyar el establecimiento de un movimiento único liderado por el Gobierno y el pueblo de Haití; esta coalición amplia incluirá a la diáspora haitiana, a ciudadanos de otros países, a las ONG, a la Cruz Roja, a fundaciones bilaterales y multilaterales y al sector privado en el propósito de reconstruir al país.

Las personas de todo el mundo se han visto conmovidas por esta tragedia. Si trabajamos juntos, podemos crear una respuesta sólida que ponga las necesidades del pueblo haitiano en el centro de lo que hacemos.

Apoyándonos en el excelente trabajo del Enviado Especial Presidente Clinton después del tsunami, aprovecharemos esta oportunidad para reconstruir mejor. Esto quiere decir mucho más que construir edificios resistentes a los terremotos: quiere decir cumplir con la promesa de lograr una transición a un desarrollo a largo plazo para Haití, y crear capacidades institucionales sostenibles en todas las áreas, incluyendo la educación – donde se han perdido tantos maestros – la salud, la agricultura, el medio ambiente, la ciencia y la cultura.

Este es el momento de las tres C: compromiso, coherencia y coordinación. Si decidimos hoy que mantendremos el esfuerzo por mucho tiempo, que trabajaremos con el único objetivo de plasmar las prioridades de Haití, y que nuestros esfuerzos individuales serán mejores si son coordinados, daremos una respuesta eficaz a las necesidades de los haitianos.

El programa de recuperación y reconstrucción de Haití será un desafío complejo y exigente. Por lo tanto, tenemos que comprometernos a aunar las experiencias y los recursos de todo el mundo para ayudar a Haití a llevar a cabo la recuperación y reconstrucción esenciales, a construir un país que salga renovado de esta tragedia.

Quiero enfatizar una vez más la función irremplazable del Gobierno de Haití en este esfuerzo, y la necesidad de que todos asistamos a este Gobierno a hacer la coordinación necesaria de todos los socios en el esfuerzo de recuperación. También tenemos que comprometernos a apoyar y a trabajar en el marco de una evaluación de necesidades única y detallada para la recuperación inmediata y a largo plazo dirigida por el Gobierno haitiano, comenzando con lo solicitado en el Llamamiento Urgente que requiere un financiamiento inmediato.

La solidaridad haitiana es una realidad. Haití mostró una resistencia extraordinaria ante este desastre. Tenemos que asegurarnos que el pueblo participe plenamente en la reconstrucción de su nación, más que ser considerado como simple espectador o beneficiario del proceso.

Finalmente, insto a todo el sistema de las Naciones Unidas, a todos sus organismos, fondos y programas, a las instituciones financieras internacionales, a los socios multilaterales, bilaterales y de la sociedad civil, a trabajar de manera coordinada y coherente para reducir la carga del Gobierno haitiano, y para usar las mejores prácticas existentes de modo de reconstruir mejor, incluyendo el uso de mecanismos financieros conjuntos que reconozcan las necesidades especiales de la recuperación temprana y que apoyen el esfuerzo a largo plazo en materia de reconstrucción.