Discurso de Rebeca Grynspan: Día Internacional contra la homophobia

15 mayo 2009

He dedicado la mayor parte de mi carrera a combatir la pobreza arraigada y a luchar por la igualdad de género y los derechos de las mujeres. Estoy muy consciente de cómo los problemas sociales se complican y se transmiten de una generación a otra socavando el desarrollo y la justicia. Sin embargo, fue solamente hace poco tiempo que realmente comencé a comprender con mayor profundidad la homofobia y la transfobia y cómo estas actitudes socavan los derechos humanos, refuerzan patrones de género perjudiciales tanto para hombres como para mujeres y contribuyen, como muchas otras injusticias, a sostener desigualdades sociales y a abusos más amplios.

En agosto del año pasado tuve el honor de participar en la Conferencia Internacional sobre el SIDA en la Ciudad de México. Me fue posible ver y escuchar de primera mano sobre los nexos entre la homofobia,  transfobia y la vulnerabilidad al VIH. Pero también aprendí sobre la gran capacidad de recuperación, resistencia y cambio social positivo que se pueden generar en respuesta a la discriminación sistemática. En un panel de discusión que tuve la oportunidad de moderar, pude escuchar a una persona trans (de hombre a mujer) de una comunidad indígena del sur de México. Y aunque ella contó una experiencia  plagada de múltiples desventajas y discriminación sistemática, lo más convincente fue la historia cómo superó esos retos para convertirse en una líder en su comunidad, respondiendo al VIH, luchando por los derechos de las comunidades indígenas y vinculando las numerosas dificultades de la salud pública, derechos humanos, desarrollo económico y justicia social.

Me dirijo a ustedes hoy 17 de Mayo, declarado por la sociedad civil el Día Internacional contra la homofobia. Hace 18 años, este mismo día, la Asamblea General de la Organización Mundial de la Salud reconoció que la “orientación sexual” (heterosexual, bisexual y homosexual) por sí misma no debe ser vista como un trastorno”. Antes de esta fecha,  la homosexualidad era clasificada como  un “trastorno sexual”.

Ha pasado una generación desde que la OMS tomó esta decisión y en este aniversario tengo tres mensajes que me gustaría compartir con ustedes:

  • Primero, a pesar del progreso internacional tanto en el ámbito de la salud pública como en los derechos humanos, la homofobia continua siendo una realidad muy común en Latinoamérica y en el Caribe, como en muchas otras partes del mundo;
  • Segundo, la homofobia y la criminalización del comportamiento sexual adulto consensual son barreras a la respuesta efectiva al VIH – no solo entre grupos de diversidad sexual y de identidad de género sino también en toda la sociedad; y
  • Tercero, que la homofobia no es inevitable y que los movimientos sociales y los Estados pueden y deben abordar  la homofobia.

Déjenme comenzar por reflexionar sobre la misma homofobia.

La homofobia tiene su origen en el miedo y causa miedo. Las personas que  no están incluidas dentro de los marcos sexuales y de género que dicta la sociedad son aun el blanco del estigma, la discriminación y la violencia.

La negación, el miedo, el estigma, la discriminación y la violencia son realidades cotidianas de los hombres que tienen sexo con otros hombres y las personas trans. Ellos son frecuentemente insultados, despedidos de sus trabajos, expulsados de los clubes y excluidos de las actividades comunitarias.

La violencia física que sufren es otra realidad. En países tan diversos como El Salvador, Argentina y Colombia, los activistas gay y trans han recibido algunas veces amenazas de muerte. En 2007, en Jamaica, una multitud de más de 100 hombres se reunió fuera de una iglesia donde 150 personas estaban atendiendo el funeral de un hombre gay. La multitud rompió las ventanas con botellas  y amenazaron con matar los participantes al sepelio.

El PNUD y ONUSIDA junto con otras agencias del Sistema de las Naciones Unidas han  hecho un llamado a los países para descriminalizar las relaciones sexuales consensuales entre adultos, pero varios países en esta región tienen aun leyes punitivas. A pesar del estatus legal del comportamiento homosexual, la policía en todas partes tiene una obligación de proteger a los ciudadanos de la violencia y la intimidación. Trágicamente, en muchos países, la policía y otros actores del Estado acosan y persiguen a estas poblaciones y muchas veces son víctimas de violencia de parte de la policía – justamente las personas que tienen la  responsabilidad y obligación de garantizarles seguridad.

La homofobia es un problema serio que daña las relaciones humanas, provoca fracturas en las familias y las comunidades e inflige dolor y sufrimiento. Es un obstáculo para el goce de los derechos humanos fundamentales  y la libertad.

Tristemente, la homofobia no solo inflige daños directos a la sociedad, también exacerba la epidemia entre las minorías sexuales e incluso en la sociedad en general.

En América Latina y gran parte del Caribe, la epidemia del VIH está concentrada en hombres que tienen sexo con otros hombres y las personas trans – grupos que ya son marginados por la sociedad.  Hay evidencia que en estos grupos los niveles de prevalencia del VIH son de 20 a 30 veces más altos que en el resto de la población general.

Desafortunadamente, este cuadro no es sorprendente. Sabemos, por los  25 años de experiencia de trabajo con la epidemia del SIDA, que las personas más afectadas por el VIH no tienen acceso a los servicios de salud, educación y apoyo social. Viven escondidos y alejados de los servicios de prevención, tratamiento, cuidado y apoyo.

Para prevenir y controlar la difusión del VIH debemos proteger los derechos de las personas más expuestas y poblaciones marginadas.

Las mujeres heterosexuales también están siendo afectadas cada vez más por el VIH en muchos países de esta región. Esta no es una epidemia separada o un fenómeno distinto de la epidemia del VIH entre las minorías sexuales. Una gran proporción de estas mujeres heterosexuales son infectadas por hombres que son bisexuales y con los cuales mantienen relaciones estables. De esta manera, también el abordar la transmisión del VIH entre minorías sexuales es un paso crucial para proteger a las mujeres. Y los mismos patrones de género que generan la homofobia también socavan la habilidad de las mujeres para protegerse.

Finalmente, es importante celebrar el éxito y el progreso y hacer un llamado para que el progreso continúe.

Los hombres que tienen sexo con otros hombres y las personas trans son parte de la sociedad, pero los prejuicios y las represiones han impedido el reconocimiento de sus derechos. El estigma, la discriminación y la violencia contra estas poblaciones acabará solo si la sociedad trabaja para erradicarlos.

Es imperativo que se desarrolle un ambiente favorable donde todas las personas –independientemente de su orientación sexual e identidad de género – sean tratadas con dignidad y respeto.

Hay muchos ejemplos positivos en la región: en 2006, Brasil lanzó el plan “Brasil sin homofobia”; en Argentina y en el Salvador han establecido que los servicios de salud no tolerarán la discriminación basada en la orientación sexual. En 2008, Nicaragua y Panamá, los últimos dos países en América Latina donde el sexo entre hombres estaba criminalizado, anularon estas leyes.

En el Caribe, el tema de la descriminilización de la homosexualidad fue discutido abiertamente en la 8ª Reunión General Anual de la Alianza Pan Caribeña contra el VIH-SIDA (PANCAP), que se realizó en Jamaica el pasado noviembre, pero existen aun seis países donde la homosexualidad es perseguida.

La situación está mejorando, pero no a la velocidad necesaria para cumplir con el ODM No 6- controlar y revertir la epidemia del VIH en el año 2015, como se comprometieron los Gobiernos.

A pesar de estos ejemplos positivos de reformas de leyes,  legislaciones basadas en derechos y diálogo político, queda aun mucho por hacer para cambiar las actitudes y las percepciones.  Solamente cuando las actitudes sociales se abordan paralelamente a las reformas legislativas y al mejoramiento del acceso a la justicia,  la ley podrá alcanzar su potencial y actuar como instrumento poderoso de cambio social.

Los países deben aprovechar el 17 de mayo para examinar los marcos legales, las políticas y los programas para proteger  los derechos de las minorías sexuales.

También deben revisar sus propias inversiones en la prevención del VIH y asegurarse que los grupos que trabajan con las minorías sexuales sean apoyados apropiadamente y que sean abordados los determinantes sociales como la homofobia y la inequidad de género.

Como protagonistas en el establecimiento de políticas internacionales, las Naciones Unidas deben liderar la promoción de acciones que respondan a la situación de los hombres que tienen sexo con otros hombres y personas trans. El 17 de mayo, el Programa conjunto de las Naciones Unidas en VIH/SIDA lanzará oficialmente el documento “Marco de Acción: Acceso Universal para los hombres que tienen sexo con otros hombres y personas trans”. Este marco de acción hace un llamado para una acción coordinada y ampliada de las Naciones Unidas, de parte del secretariado de ONUSIDA y las 10 agencias del sistema que conforman el programa para:

  • Primero, mejorar la situación de los derechos humanos de los hombres que tienen sexo con otros hombres y personas trans;
  • segundo, reforzar y promover la información basada en evidencia sobre los hombres que tienen sexo con otros hombres y personas trans;
  • tercero, asegurar un mejor y más amplio acceso a los servicios  para los hombres que tienen sexo con otros hombres, la población trans y el VIH.   

El PNUD está comprometido en apoyar a los países para responder mejor a la epidemia del VIH. Como agencia líder, en el marco del Programa Conjunto de las Naciones Unidas en VIH/Sida, de las áreas de derechos humanos, género y diversidad sexual, el PNUD apoya iniciativas que ayudan a los países a mejorar su entendimiento de la homofobia y transfobia, reducir las violaciones a los derechos humanos en todos los niveles y a mejorar la prestación de los servicios esenciales de manera que el acceso universal a prevención, tratamiento, cuidado y apoyo en VIH sea una verdadera realidad para cada ser humano.

Déjenme concluir con una reflexión, una vez más de mi experiencia en la Conferencia Internacional sobre el SIDA en México el año pasado.

Mencioné en mi discurso de apertura cómo me sentí inspirada por los activistas que han mostrado tanto coraje y que han construido importantes alianzas con otros movimientos sociales. Pero quiero mencionar también el coraje de los Gobiernos que estaban allí. Ministros de Salud y de Educación de toda la región prometieron  su apoyo para poner fin a la discriminación y asegurar derechos de acceso a los servicios públicos  a minorías sexuales y brindar una educación integral a los jóvenes, incluyendo la atención específica a la diversidad sexual y a los nexos entre machismo y homofobia. Este es un paso crucial y debe ir de la mano con unos programas de salud más fuertes, la protección más intensa de los derechos humanos y un mayor esfuerzo a desafiar la homofobia y el machismo de la cultura popular.

 Tenemos un largo camino por delante, pero sabemos lo que tenemos que hacer, sabemos que tenemos una oportunidad, el liderazgo de los Gobiernos y de los activistas. Nunca ha existido un mejor momento para comprometerse a eliminar la homofobia de nuestras sociedades.

Rebeca Grynspan, Administradora Auxiliar y Directora Regional para América Latina y el Caribe del PNUD