Helen Clark: Lecciones Aprendidas del Tsunami

24 abril 2009

Declaración de Helen Clark
Presidente del Grupo de las Naciones Unidas para el Desarrollo
en ocasión del evento sobre las Lecciones Aprendidas del Tsunami
24 de abril de 2009, Nueva York

Sr. Secretario General, Ban Ki-moon
Presidente Clinton,
Embajador Natalegawa,
Excelencia Mangkusubroto,
Excelencias,
Señoras y Señores:

El evento de hoy es el primero a que asisto en mi capacidad de nueva Presidenta del Grupo de las Naciones Unidas para el Desarrollo.

Hoy nos reunimos para discutir un informe muy importante sobre la respuesta a la crisis del tsunami de 2004, y el proceso de recuperación y reconstrucción que le siguió. Muchos organismos de la ONU han estado profundamente involucrados en el mayor esfuerzo internacional en las naciones afectadas. Las lecciones aprendidas de la respuesta y la recuperación se pueden aplicar en muchos otros países en los que trabajamos juntos.

Todos estamos de acuerdo en que el tsunami, acaecido en el Océano Índico el 26 de diciembre de 2004, fue un evento devastador cuyo impacto no olvidaremos nunca. La cantidad de muertos fue enorme: más de 228.000 personas perdieron allí la vida. Cientos de miles de sobrevivientes quedaron heridos, sin casa y traumatizados, y las comunidades pobres quedaron sumidas aún más en la pobreza.

Como el informe del que hablamos hoy deja claro, la mayoría de los que murieron fueron mujeres, personas mayores y niños.

En su momento vimos las terribles imágenes del tsunami y de los días que le siguieron en nuestras pantallas de televisión, y era difícil imaginar cómo podían las personas, comunidades y países devastados volver a una cierta normalidad.

Sin embargo, lo realmente alentador fue que esta horrible tragedia hizo aflorar lo mejor de la naturaleza humana y hubo enorme apoyo mundial para las víctimas.

Desde el comienzo, este esfuerzo de ayuda y recuperación dio lugar a una generosidad sin precedentes de parte de los países, corporaciones e individuos de todo el mundo. Se ha conseguido muchísimo y hay que agradecer a todos los involucrados.

Al principio de la fase de recuperación, se puso énfasis en la importancia de “reconstruir mejor”, con mayor flexibilidad para los riesgos futuros. Los gobiernos nacionales y locales, la sociedad civil y las organizaciones del sector privado, los actores internacionales humanitarios y del desarrollo, un gran número de organismos de la ONU y, sobre todo, las mismas comunidades afectadas, reconocieron la importancia, en la recuperación, de mejorar lo que había existido antes.

Por ejemplo, cuando se reconstruyeron las escuelas en las Maldivas, se hicieron construcciones más sólidas y, además, los programas de concientización en materia de desastres ahora se incluyen en los programas escolares.

En India, se están probando nuevos modelos de gestión comunitaria de la pesca en 55 aldeas, y se está dando ayuda para establecer pequeños negocios relacionados con la pesca.

En Tailandia, los esfuerzos en el sector de la educación han estado dirigidos a mejorar la calidad de las instalaciones para los grupos marginados, y se trae el agua potable a las escuelas en algunas de las comunidades más pobres.

En Sri Lanka, el reasentamiento y otros programas tuvieron como objetivo no sólo ayudar a las comunidades afectadas por el tsunami, sino también a las víctimas del conflicto en ese país.

Finalmente, en Aceh, en Indonesia, epicentro del desastre, más de 1.300 escuelas y 880 hospitales han sido construidos o reparados. Aquí también ha habido un progreso considerable en el logro de los Objetivos de Desarrollo del Milenio.

En una serie de países muy afectados por el tsunami, los organismos de la ONU han ayudado a establecer estructuras de administración de desastres de última generación, con capacidades de respuesta más rápidas. Igualmente, hay en operación, desde 2006, un sistema regional de alerta temprana de tsunami.

Ahora que muchas organizaciones están terminando sus proyectos de recuperación o los están transformando en actividades de desarrollo a largo plazo, tenemos la oportunidad de compartir las mejores prácticas sobre cómo responder y ayudar a las comunidades a recuperarse más rápidamente y más eficazmente de los desastres en el futuro.

Una de las lecciones principales del tsunami que se sacaron al comienzo es que todos los países tienen que estar mejor preparados para cuando hay un desastre natural. Sabemos qué medidas preventivas hay que tomar, y sabemos que salvan vidas. Lo que se necesita son acciones osadas de parte de los gobiernos, de la ONU y de otros socios, para asegurarse que existan las medidas apropiadas de reducción al riesgo de desastres.

Hay que incorporar esas medidas a los planes y acciones nacionales de desarrollo, de manera de poder reducir el riesgo para las comunidades vulnerables. Las inquietudes de género también tienen que reflejarse en los procesos de recuperación actuales.

El esfuerzo de recuperación del tsunami ha mostrado que si todos los socios, incluyendo a la familia de las Naciones Unidas, trabajan juntos – y colaboran con las comunidades locales en todo momento – se puede efectivamente “reconstruir mejor”.

En todos los organismos de las Naciones Unidas hay un compromiso por mantener el impulso de recuperación de los países afectados, y de seguir trabajando y de estar unidos en la acción para apoyar a los que siguen necesitándolo. 

Agradezco a todos los que hayan contribuido a elaborar este completo informe, Legado del tsunami: innovación, adelantos y cambio.

Debemos tomar la resolución de asegurar que las lecciones que hemos aprendido no se olviden, y que la mejor práctica en materia de recuperación se comparta ampliamente. Se lo debemos a todos cuyas vidas se vieron truncadas o cambiadas para siempre por el tsunami.

Gracias.

Es ahora un placer invitar al estrado a S.E. Ban Ki-moon, Secretario General de las Naciones Unidas. Secretario General, tiene la palabra.