No permitamos que preocupaciones de ricos sean penurias de pobres

03 abril 2009

Nueva York – El Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD) celebra los recursos prometidos por los dirigentes del Grupo de los 20 a los países en desarrollo, aunque destaca que los países deben rendir cuentas al respecto.

“Se trata de un avance hacia el reconocimiento de que la crisis financiera y económica se está convirtiendo en una crisis del desarrollo humano, en particular en los países más pobres”, señaló el Administrador Interino del PNUD Ad Melkert. “No obstante, al analizar las medidas concretas anunciadas en el comunicado de la cumbre del Grupo de los 20 se observa una brecha entre las medidas destinadas a las instituciones financieras y las expresiones de preocupación general sobre el apoyo a los países en desarrollo.”

En una entrevista con Associated Press sobre la cumbre, Melkert afirmó que evidentemente, nadie podía calcular exactamente quiénes se beneficiarían de las distintas medidas ni de qué forma. Eso no figuraba en el comunicado.

“Así pues, para los que trabajamos en las Naciones Unidas, será sumamente importante que los donantes y los países rindan cuentas, para garantizar realmente que las preocupaciones de los ricos no sigan siendo las penurias de los pobres”, agregó.

“La discrepancia reside en que las medidas parecen destinadas especialmente a los sistemas e instituciones financieros  y a los recursos disponibles para préstamos a los países de ingresos medianos, y en mucho menor grado a los países más pobres”, señaló el Sr. Melkert.

Formuló un llamamiento a establecer “un mayor equilibrio al respecto … para zanjar la brecha” entre los países ricos y los países pobres. “Hay cierto reconocimiento político de que la crisis financiera y económica y la crisis del desarrollo humano están inextricablemente ligadas”.

El análisis de recesiones anteriores revela que los países pobres se ven mucho más afectados que los ricos, en lo que respecta no sólo a la pérdida de trabajos e ingresos, sino también en cuanto a los indicadores de salud y educación, es decir, bajan la esperanza de vida, la matriculación escolar y las tasas de finalización de la escuela. En países de ingresos bajos, las mujeres, los niños y los sectores más pobres de la sociedad son los más vulnerables al colapso económico. Los datos reunidos en desaceleraciones económicas anteriores indican que aun entre los niños pobres, es más probable que las niñas abandonen la escuela que los varones.

Con la reducción drástica de las remesas, la disminución del comercio y la gran volatilidad de los precios de los productos básicos, más familias caen en la pobreza extrema. El aumento de las tasas de pobreza se traduce casi automáticamente en un aumento de la mortalidad. Por ejemplo, una disminución del 3% del producto interno bruto en los países en desarrollo puede dar por resultado un aumento de la tasa de mortalidad infantil de 47 a 120 muertes por cada 1000 nacidos vivos. Ya en algunos países en desarrollo, la probabilidad de que muera un niño pobre es prácticamente cuatro veces mayor que la de que muera un niño más rico en el mismo país, y en épocas de desaceleración económica, el aumento de la mortalidad infantil es cinco veces mayor en el caso de las niñas que en el de los varones.

Actualmente, el PNUD está trabajando con los gobiernos para vigilar la situación y contribuir a mitigar la crisis, formular medidas de protección social, mantener los servicios de salud y educación, poner en marcha programas de generación de empleo y elaborar iniciativas de seguridad alimentaria.

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