La pobreza y la marginalización marcan el camino de jóvenes africanos hacia el extremismo

07-sep-2017

Según el 71% de los reclutas entrevistados, una forma de acción gubernamental u otra fue "el desencadenante". Foto: PNUD Somalia

Basado en cientos de entrevistas con extremistas, este estudio del PNUD, primero de su tipo, destaca los principales factores que desencadenan las decisiones de unirse a los grupos extremistas violentos en África.

Nueva York, EE.UU. – Las carencias y la marginalización, junto a una gobernanza deficiente, son las principales causas que llevan a los africanos jóvenes al extremismo violento, según un estudio llevado a cabo recientemente por el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD).

Este nuevo estudio está basado en entrevistas con 495 reclutas voluntarios de organizaciones extremistas como Al-Shabaab y Boko Haram, y entre otras cosas concluye que es a menudo la violencia de Estado o el abuso de poder el punto detonante en la decisión de unirse a un grupo extremista.

Viaje hacia el extremismo en África: motores, incentivos y punto detonante del reclutamiento presenta los resultados de un estudio de dos años del PNUD en África sobre el reclutamiento en los grupos extremistas más prominentes del continente.

El estudio habla de un individuo frustrado marginalizado y desatendido a lo largo de su vida, desde la infancia. Con pocas perspectivas económicas o una verdadera participación cívica que puedan aportar un cambio, sumado a la poca confianza en el Estado en lo referente a dar servicios o respetar los derechos humanos, el estudio sugiere que dicho individuo puede, después de ser testigo o víctima de un abuso de poder por parte del Estado, inclinarse hacia el extremismo.

“Este estudio hace sonar la alarma sobre el hecho de que, en tanto que región, la vulnerabilidad de África ante el extremismo violento está aumentando”, dijo el Director del PNUD África Abdoulaye Mar Dieye en la presentación hoy en la Sede de las Naciones Unidas. “Las regiones fronterizas y las áreas periféricas siguen estando aisladas y mal atendidas. La capacidad institucional en áreas esenciales tiene dificultades a la hora de seguir el ritmo de la demanda. Más de la mitad de la población vive bajo el nivel de pobreza, incluidos muchos jóvenes crónicamente mal empleados.”

“Dar servicios, fortalecer las instituciones, crear caminos para el empoderamiento económico son temas del desarrollo”, agregó Dieye. “Hay una necesidad urgente de establecer un enfoque con base en el desarrollo más firme para los desafíos en materia de seguridad.” El estudio analiza las condiciones y los factores que dan forma a la dinámica del proceso de reclutamiento, que hacen que algunas personas se inclinen por el extremismo, mientras que la gran mayoría de los demás no lo hacen.

ELEMENTOS DE UN VIAJE

Se preguntó a los participantes del estudio acerca de su entorno familiar, incluidas su infancia y educación, sus ideologías religiosas, sus factores económicos, sobre el Estado y su ciudadanía y, finalmente, el "punto detonante" para unirse a un grupo. Con base en las respuestas a esas preguntas, el estudio determinó que:

            •           La mayoría de los reclutas son originarios de zonas fronterizas y de áreas periféricas que, durante generaciones, han sido víctimas de marginalización y declararon haber tenido menor presencia parental durante su infancia.

            •           La mayoría de los reclutas expresaron frustración sobre sus condiciones económicas, siendo el empleo la necesidad más crucial en el momento de unirse a un grupo. También indicaron un profundo sentimiento de descontento con el gobierno: 83% cree que el gobierno solo se ocupa de los intereses de unos pocos, y más del 75% no tiene confianza en los políticos o en la estructura de seguridad del Estado.

            •           El reclutamiento en África se hace sobre todo a nivel local y de persona a persona, más que por internet como es el caso en otras regiones, factor que puede alterar las maneras y los modelos de reclutamiento a medida que mejora la conectividad.

            •           Alrededor del 80% de los reclutas entrevistados se había unido al grupo en menos de un año de haber sido presentados al grupo extremista violento, y casi la mitad de ellos se unieron en solo un mes.

            •           En lo que respecta a salirse de un grupo extremista violento, la mayoría de los entrevistados que se entregaron o pidieron amnistía lo hicieron después de haber perdido la confianza en la ideología, en sus líderes o en las acciones del grupo.

LAS ACCIONES DEL GOBIERNO COMO PUNTO DETONANTE

En una de las conclusiones más notables del estudio, el 71% de los reclutas entrevistados dijeron que había sido algún tipo de acción del gobierno el punto detonante que los condujo a la decisión final de unirse a un grupo extremista. Las acciones que se mencionaron con más frecuencia fueron el asesinato o el arresto de un miembro de la familia o de un amigo.

LA EDUCACIÓN COMO FACTOR DE RESILIENCIA

El estudio también analiza el rol relativo que tiene la religión como motivo de volcarse al extremismo. La información muestra que, a pesar de lo que se suele creer, las personas que se unen a los grupos extremistas tienden a tener niveles inferiores de educación religiosa o formal y una menor comprensión del significado de los textos religiosos.

Aunque más de la mitad de los entrevistados mencionaron a la religión como una razón para unirse a un grupo extremista, 57% de ellos también admitieron comprender poco o nada los textos o interpretaciones religiosas, o no leer los textos religiosos en absoluto.

De hecho, el estudio sugiere que el comprender la religión que se tiene puede aumentar la resiliencia a la llamada del extremismo. Entre los entrevistados, el haber recibido por lo menos seis años de educación religiosa mostró ser un factor a la hora de reducir la posibilidad de unirse a un grupo extremista en hasta un 32%.

DERECHOS HUMANOS, ESTADO DE DERECHO, INTERVENCIÓN LOCAL

El estudio hace un llamamiento a los gobiernos para que reevalúen las respuestas militares al extremismo teniendo en cuenta el respeto del estado de derecho y de los compromisos en materia de derechos humanos.

Entre las principales recomendaciones del estudio se encuentran la intervención a nivel local, incluso a través del apoyo a las iniciativas comunitarias que buscan la cohesión social, y amplificar las voces de los líderes religiosos locales que abogan por la tolerancia y la cohesión. Sin embargo, el estudio advierte que estas iniciativas deben estar lideradas por representantes locales confiables.

“Lo que sabemos con certeza es que, en el contexto africano, el mensajero en contra del   extremismo es tan importante como el mensaje en contra del extremismo”, dijo Dieye. “Esa voz local confiable también es esencial para reducir el sentimiento de marginalización que puede aumentar la vulnerabilidad a ser reclutado.”

LIBRO DEL SOBREVIVIENTE

A fin de hacer hincapié en la sensibilización sobre el costo humano del extremismo violento, se editó un nuevo libro que incluye una colección de fotografías para acompañar este estudio, que recuerda las devastadoras consecuencias finales del viaje hacia el extremismo.

Sobrevivientes: historias de sobrevivientes del extremismo violento en el África subsahariana contiene fotografías e historias de 2016 de seis países africanos que se han visto directamente afectados por el extremismo violento: Burkina Faso, Camerún, Côte d’Ivoire, Nigeria, Somalia y Uganda.

El PNUD estima que unas 33 300 personas han perdido la vida en África debido a ataques extremistas violentos entre 2011 y principios de 2016. Solo las operaciones de Boko Haram se han cobrado por lo menos 17 000 vidas y han contribuido a desplazar a unos 2.8 millones de personas en la región del Lago Chad. Los ataques extremistas violentos también han tenido un impacto sobre el turismo y las inversiones extranjeras directas en países como Kenya y Nigeria.

Contactos

En Nueva York:

Adam Cathro; adam.cathro@undp.org; +1 212 906 5326.
Lamine Bal; lamine.bal@undp.org; +1 212 906 5937.
Sandra Macharia; sandra.macharia@undp.org

En Ginebra:

Sarah Bel; sarah.bel@undp.org; +41 799 341 117

PNUD En el mundo

A

Afganistán Albania Algeria Angola Arabia Saudita Argentina Armenia Azerbaiyán

B

Bahrein Bangladesh Barbados Belarús Belice Benin Bhután Bolivia Bosnia y Herzegovina Botswana Brasil Burkina Faso Burundi

C

Cabo Verde Camboya Camerún Chad Chile China Chipre Colombia Comoras Congo (República del) Congo (República Democrática del) Corea (República Popular Democrática de) Costa Rica Côte d'Ivoire Croacia Cuba

D

Djibouti

E

Ecuador Egipto El Salvador Emiratos Arabes Unidos Eritrea Etiopía

F

Filipinas

G

Gabón Gambia Georgia Ghana Guatemala Guinea Guinea Bissau Guinea Ecuatorial Guyana

H

Haití Honduras

I

India Indonesia Irán Iraq

J

Jamaica Jordania

K

Kazajstán Kenya Kirguistán Kosovo (según Res 1244 del Consejo de Seguridad ONU) Kuwait

L

Lao RDP Lesotho Líbano Liberia Libia

M

Macedonia (ex República Yugoslava de) Madagascar Malasia Malawi Maldivas Malí Marruecos Mauricio y Seychelles Mauritania México Moldova Mongolia Montenegro Mozambique Myanmar

N

Namibia Nepal Nicaragua Níger Nigeria

O

Oficina del Pacífico

P

Pakistán Panamá Papua Nueva Guinea Paraguay Perú Programa de Asistencia al Pueblo Palestino

R

República Centroafricana República Dominicana Rusia Federación de Rwanda

S

Samoa Santo Tomé y Príncipe Senegal Serbia Sierra Leona Siria Somalia Sri Lanka Sudáfrica Sudán Sudán del Sur Suriname Swazilandia

T

Tailandia Tanzania Tayikistán Timor-Leste Togo Trinidad y Tabago Túnez Turkmenistán Turquía

U

Ucrania Uganda Uruguay Uzbekistán

V

Venezuela Viet Nam

Y

Yemen

Z

Zambia Zimbabwe