En Camboya, mujeres y niños son los más perjudicados por la crisis

08 abril 2009

 Phnom Penh, Vietnam - Poco después de la desoladora crisis de alimentos y petróleo, que obligó al 50% de las familias a reducir sus gastos en alimentos, las Naciones Unidas temen que la recesión en los principales mercados de exportación de Camboya tenga consecuencias graves y de amplio alcance para las mujeres y los niños del país.

“Las mujeres se verán afectadas de manera desproporcionada por esta crisis. Constituyen la mayor parte de la fuerza de trabajo y son la columna vertebral de esta economía. Sabemos que cuando se pierden los ingresos de las mujeres, sufre toda la familia, especialmente los niños”, advierte el Coordinador Residente de las Naciones Unidas, Douglas Broderick.

Después de un decenio de crecimiento de más del 10%, impulsado por los sectores de la manufactura, la construcción y el turismo, en 2009 se prevé una contracción significativa de la economía de Camboya. La reducción de la demanda de los mercados de los Estados Unidos de América y la Unión Europea ya ha causado la pérdida de 60.000 empleos en el sector del vestido. La disminución de la inversión extranjera directa se ha traducido en la pérdida de otros 25.000 empleos en la construcción.  La ocupación hotelera, my inferior a la del año pasado, ha determinado que las autoridades redujeran a la mitad la tarifa de admisión al templo de Angkor Wat. Por otra parte, los migrantes económicos camboyanos en países vecinos como Malasia, la República de Corea y Tailandia, hacen frente a una presión cada vez mayor para que regresen a su país.

“La crisis económica mundial tiene una dimensión humana. En Camboya no corren peligro solamente los medios de subsistencia de las personas, peligran sus vidas mismas”,agrega el Sr. Broderick.

Aproximadamente una tercera parte de los 13,4 millones de habitantes de Camboya viven actualmente por debajo del umbral nacional de la pobreza. La falta de un sistema oficial de bienestar social suscita preocupación, ya que la crisis económica mundial podría revertir las tendencias positivas y sumir en la pobreza y el hambre a más y niños camboyanos.

Menos empleos urbanos equivalen a menos remesas enviadas a familias de zonas rurales, en las que vive el 80% de los camboyanos. Un millón y medio de personas de zonas rurales dependen de las remesas de migrantes (mayormente de mujeres) como su principal fuente de ingreso. Los primeros datos indican que muchos trabajadores desempleados están regresando a sus aldeas, en las que las oportunidades de ganarse la vida fuera de la agricultura de subsistencia son sumamente limitadas. Para sobrevivir, un número cada vez más elevado de mujeres y niños camboyanos podrían verse a obligados a trabajar en el sector no estructurado de la economía, donde los salarios son más bajos, las condiciones más difíciles y los riesgos de ser víctimas de la explotación sexual y la trata de personas son mayores.

Las Naciones Unidas temen que muchas familias pobres adopten medidas “insalubres” para hacer frente a la situación, como reducir el número de comidas por día o ingerir alimentos menos nutritivos; economizar en los servicios de salud; sacar a los niños de la escuela para hacerlos trabajar; y vender los activos familiares o la tierra. Este temor se ha visto confirmado por la encuesta nacional antropométrica de nutrición, que mostró un aumento de la malnutrición aguda entre los niños menores de 5 años de zonas urbanas pobres, como resultado del aumento de los precios de los alimentos y la baja del ingreso de los pobres de zonas urbanas.

Todas las medidas no estructuradas para hacer frente a la crisis tienen consecuencias para el desarrollo humano de largo plazo, es decir, detienen el progreso en el ámbito de la salud, la nutrición y la alfabetización. El deterioro en estos sectores no sólo hace que el país se retrase hoy, sino que afecta su futuro, mucho después de que se haya recuperado Wall Street. Es imperioso desde una perspectiva humana ayudar a Camboya a mantener el crecimiento y prestar servicios de protección social a toda su población”, advierte el Sr. Broderick.

El nivel de mortalidad materna en Camboya ya es inaceptablemente elevado y mueren cinco mujeres camboyanas por día durante el parto. Ahora que los ingresos para alimentos y servicios de salud son aún menores, las Naciones Unidas temen que más mujeres renuncien a la buena nutrición y al cuidado de la salud durante el embarazo, lo cual aumentará las tasas de mortalidad materna y neonatal.

En parte como respuesta a ello, el sistema de las Naciones Unidas en Camboya está colaborando estrechamente con el Gobierno para diseñar un sistema de protección social eficaz destinado a proteger a los nacionales más vulnerables de las crisis económicas y de otra índole.

Invertir en las mujeres y los niños es la mejor manera de garantizar la prosperidad de largo plazo. Esta crisis encierra una verdadera oportunidad de transformar la vulnerabilidad actual en un futuro sostenible para todos los camboyanos. Las redes de seguridad social en los sectores de la salud, la educación, la alimentación y el empleo pueden contribuir a romper el círculo de pobreza y no debemos perder de vista este objetivo”, concluye Douglas Broderick, en nombre del equipo de las Naciones Unidas en el país.

Información relacionada:

El PNUD y la Crisis Económica

Información de contacto

Beth Neate
Oficial de Comunicaciones de las Naciones Unidas
Oficina del Coordinador Residente de las Naciones Unidas en Camboya
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