Proyectos de manejo de cuencas fortalecen la resiliencia en Haití

29 ago 2014

imageWildine Penoze utiliza un quiosco local de agua potable. Foto: PNUD en Haití

Conseguir agua potable confiable ha sido siempre un desafío para el pueblo haitiano, pero en los últimos años, el cambio climático ha exacerbado este problema.

Muchos haitianos dependen del agua de lluvia y subterránea para su uso diario. Durante las sequías, algunos caminan varios kilómetros en busca de este recurso y muchas veces encuentran de mala calidad, lo que provoca enfermedades como fiebre tifoidea y diarrea.

El cambio climático ha agravado este problema al reducir la recarga de aguas subterráneas, lo que conlleva la pérdida de muchas de las fuentes de agua potable.

En colaboración con el Ministerio de Medio Ambiente de Haití y la Oficina Regional de Agua Potable y Saneamiento, el PNUD ha puesto en marcha varios proyectos piloto en el sudeste de Haití para mejorar la disponibilidad y la calidad del agua, en un esfuerzo orientado a reducir la vulnerabilidad ante los efectos del cambio climático.

Mediante el uso de métodos artificiales de recarga de las aguas subterráneas, así como de reforestación y técnicas de conservación del suelo, los proyectos apuntan a aumentar la resiliencia de las personas y los ecosistemas de los que estas dependen. De este modo, por ejemplo, la construcción de muros de albañilería de piedra en las zonas de captación de agua ha ayudado a conservar el suelo y mejorar la calidad del agua.

Un proyecto en particular mejora los sistemas de agua potable al captar líquido contracorriente de las fuentes degradadas y almacenándola en tanques equipados con hipocloradores. De esta forma los pobladores tienen acceso al agua tratada en quioscos provistos de un medidor. Cada familia aporta una pequeña suma semanal para ayudar a mantener el sistema.

Wildine Penoze, de 34 años, se ha beneficiado de la nueva provisión de agua potable en Cyvadier, al sudeste de Haití, y afirma que este proyecto piloto ha ayudado enormemente a su familia y a la comunidad. Ella caminaba al menos 10 minutos para llegar al agua, que a menudo no era potable. Hoy le toma un minuto llegar al quiosco más cercano para obtener agua de buena calidad. Asegura que, además, el proyecto ha mejorado la seguridad de los niños de la zona, quienes estaban en riesgo de ser atropellados por los autos en sus largas caminatas para conseguir agua.

El suministro ha reducido las enfermedades transmitidas por el agua contaminada y los conflictos por este recurso. Junto con otras estrategias de manejo de cuencas, este tipo de proyecto impedirá que se produzcan más daños en los ecosistemas locales y ayudará a fortalecer la resiliencia a los impactos del cambio climático.