Mujeres trabajan por un Mozambique libre de minas

04 abr 2014

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“Se podría decir que mi trabajo es emocionante”, afirma Margarida Luis Sitoe, una especialista en remoción de minas a mano que colabora con Apopo, uno de los asociados humanitarios del PNUD en remoción. “Es un trabajo duro, pero lo disfruto, y como mujer africana me siento empoderada realizándolo.”

Sitoe es una de las muchas mujeres que trabajan para uno de los cuatro organismos asociados al PNUD en tareas de remoción de minas: Handicap Internacional, Ayuda Popular de Noruega, The Halo Trust y Apopo.

Con su ayuda, es posible que Mozambique alcance su objetivo de ser territorio libre de minas en diciembre de este año. Desde 2012, se han limpiado de minas 18 millones de metros cuadrados de terreno, lo que deja otros 5,2 millones por liberar.

La participación de las mujeres en las actividades de desminado ha sido otra manera de empoderarlas, mediante salarios y participación en la toma de decisiones. Pero esto va mucho más allá.

Debido a su papel en el trabajo de la tierra, el acarreo de agua y el transporte de madera fuera de los caminos trillados, las mujeres y niños son los más afectados por las minas terrestres. Además, en situaciones de conflicto, ellos se hallan en situación de desprotección, por cuanto no forman parte de ningún grupo organizado o de los esfuerzos de desmovilización.

Esto explica por qué la participación de las mujeres es fundamental en todas las etapas de la acción contra las minas: desde la inspección de las áreas minadas a decidir por dónde empezar la remoción, hasta proporcionar educación sobre riesgo de minas y realizar las acciones necesarias a posteriori.

“Con la participación conjunta de mujeres y hombres de las comunidades en la remoción de minas, se obtiene una visión mucho más completa de todas los temas que están en juego”, afirma Jennifer Topping, Coordinadora Residente de las Naciones Unidas y Representante Residente del PNUD en Mozambique. “Los esfuerzos para fortalecer a las comunidades productivas serán mucho más eficaces.”
 
En los últimos dos años, el PNUD ha trabajado con el Instituto Nacional de Desminado (IND) para aplicar las recomendaciones de un análisis de género realizado por un programa de género de actividades relativas a las minas.

Las minas terrestres son un legado de la historia del país, que incluye una guerra de independencia, ataques desde Rhodesia –ahora Zimbabwe– y una brutal guerra de 16 años entre el ejército gubernamental y fuerzas rebeldes.

La contaminación en Mozambique es compleja. Incluye grandes campos de minas alrededor de las principales infraestructuras, campos de minas defensivos alrededor de instalaciones militares, y un gran número de pequeños campos de minas y restos explosivos de guerra que se encuentran dispersos al azar en todo el país.

Con el liderazgo del Gobierno, el compromiso de los donantes internacionales y la coordinación del PNUD, las cifras están disminuyendo considerablemente. Sólo el mes pasado, por ejemplo, la provincia de Maputo fue declarada la sexta provincia, de las diez del país, libre de todas las zonas minadas conocidas.

Los operadores de desminado humanitario han reconocido que tener a mujeres y hombres en el terreno representó un gran desafío al principio, pero que, con el tiempo, la igualdad de género ha contribuido a impulsar ese esfuerzo.

En junio de este año, el PNUD ayudará a coordinar la Tercera Conferencia encargada del examen de la Conferencia del Tratado de Prohibición Total de Minas Antipersonal, evento que será testigo del regreso de los Estados partes a Mozambique quince años después de su primera reunión en Maputo, para analizar conjuntamente lo que se ha logrado, así como lo que queda por hacer. Durante esta actividad, Mozambique exhibirá los éxitos que ha  logrado.

Es a través de estos esfuerzos, junto con la dedicación y el compromiso de mujeres y hombres trabajadores como Margarida Sitoe y sus colegas, que buena parte de Mozambique es ahora un lugar seguro para los niños, sus juegos y sus trayectos a la escuela; para que los agricultores cultiven sus cosechas y que las mujeres, los hombres y las comunidades en su totalidad comiencen a llevar una vida normal.