Nepal pone en marcha programas de formación laboral para jóvenes migrantes

12 ago 2013

imageGracias a una iniciativa conjunta del Gobierno de Nepal y el PNUD, el ProgramaMEDEP ha permitido a Dhal Bahadur Karki (en la foto) y otros beneficiarios abrir una próspera fábrica de muebles en el distrito Dolakha, Nepal. (Foto: PNUD Nepal)

Dhal Bahadur Karki, de 37 años, ha pasado la mayor parte de su vida adulta trabajando en la obra. Gracias a sus habilidades de ebanista, años atrás había trabajado en distintas fábricas de muebles en Katmandú y Banepa, en Nepal. Pero cansado de cobrar tan poco y de encontrarse en una situación laboral tan inestable, decidió contratar a un agente de recursos humanos nepalí, a quien pagó una gran suma de dinero para que lo ayudara a emigrar a los Emiratos Árabes Unidos como trabajador migratorio.

Sin embargo, cuando llegó a Dubái, no le dieron el trabajo de carpintero que le habían prometido y lo obligaron a trabajar de peón a cambio de un sueldo muy bajo.

Las cosas se complicaron cuando, después de más de un año de trabajar de peón, aún no había ganado lo suficiente para poder devolver los 1.200 dólares que había pagado al agente laboral.

«Pensé que, tal como estaban las cosas, mi vida no podría empeorar, así que me escapé de la fábrica y empecé a trabajar por mi cuenta», explica Karki.

Poco tiempo después, la policía de Dubái lo detuvo por trabajar ilegalmente y lo deportó a Nepal. En su país, la situación no mejoró: se quedó sin empleo, con una familia de seis a la que mantener y con el estigma social de regresar a casa sin dinero.

«Estuve a punto de caer en una depresión», recuerda Karki.

En ese momento, la oportunidad que le ofreció el Programa para el Desarrollo de Microempresas (MEDEP, por sus siglas en inglés), una iniciativa del Gobierno de Nepal y del PNUD para reducir la pobreza, arrojó un halo de esperanza. El MEDEP ofrece formación en administración de empresas a personas pobres y menos favorecidas, y las ayuda a crear pequeños negocios. El programa da cobertura a 38 distritos, ha formado a más de 56.000 microemprendedores y ha contribuido a la creación de unos 8.000 empleos.

«Yo tenía experiencia como ebanista, pero no tenía espíritu emprendedor, desconocía la existencia de los instrumentos de crédito y no sabía cómo establecer contactos comerciales. Gracias al MEPED me di cuenta del potencial que tenía crear una empresa, en la cual podría ser trabajador y propietario», añade Karki.

El MEPED también lo ayudó a diseñar un plan de negocios para crear una fábrica de muebles en su barrio. Junto con cuatro socios, formaron el Grupo de Desarrollo Microempresarial y fundaron una fábrica de muebles. El MEPED ayudó al grupo a comprar herramientas para la fábrica, a adquirir y actualizar sus conocimientos, a acceder a un crédito para empezar la empresa y a consolidar contactos comerciales.

Karki ha contratado a cinco personas para trabajar en su fábrica de muebles en Namdu, a unos 150 km de la capital, Katmandú. Menos de cuatro años después de su fundación, la fábrica ya goza de una gran reputación por la calidad de sus muebles, que incluyen mesas, sillas, sofás, armarios y otros productos. Dichos muebles se venden en un mercado del lejano Katmandú.

Los microemprendedores que han contado con el apoyo del MEPED ganan una media de dos veces más de lo que ganaban antes de entrar en el programa. La tercera fase del programa (2008-2012), financiada por el PNUD, Australia y Canadá, contó con un presupuesto de 14,1 millones de dólares.